DOSSIER 2

CHINA


Sueño de JAVIER, primera misión de los JAVERIANOS

En la madrugada del 3 de diciembre de 1552, con los ojos puestos en el crucifijo y con el nombre de Jesús en los labios, moría en la isla de SANCHAN, frente a las costas de CHINA, San Francisco Javier.

Movido únicamente por la pasión de anunciar a Cristo, Francisco había quemado hasta el último aliento de su vida. No pudo llegar al continente, pudo solamente ver, desde lejos, las costas del Imperio Chino. Pudieron más que él la fatiga y las dificultades.

Francisco había nacido el 7 de abril de 1506. Era hijo de Don Juan de Jassu y de Doña María de Azpilcueta, señores de Javier, en el reino de Navarra.

A la edad de 27 años, siendo estudiante en la Universidad de París, Javier oyó la llamada de Jesús. Guiado por su compañero y maestro Ignacio de Loyola, decidió dejarlo todo y emprender un camino nuevo al servicio de Cristo.

Su amor a Jesús y su deseo de comunicarlo a todos lo llevó a emprender largos viajes para anunciar el Evangelio en Asia.

Recorrió en pocos años extensas regiones de India, de Indonesia y de Japón, afrontando toda clase de dificultades para ser testigo de Cristo, confortando a los pobres y fortaleciendo a los débiles.

Cuando oyó hablar de China y de su gran cultura, su ansia misionera le empujó a querer llevar el Evangelio también a aquel país. Pero, frente a sus costas falleció consumido por la enfermedad.

El ejemplo y el celo misionero de Francisco Javier, su querer llegar a todos, no iban a morir. Detrás de él, otros misioneros, yendo siempre contra viento y marea, sorteando una y otra vez los avatares de la historia, comenzando de nuevo una y otra vez, han continuado dirigiendo sus miradas hacia China, sin jamás desesperar.

 


China es la cuna de una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Su origen, en la cuenca del río Amarillo, se remonta al año 3.000 antes de Cristo.

Hace aproximadamente 2.200 años se estableció en todo el Imperio Chino el sistema de escritura que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Entre los siglos VII y XIII China logró una refinada civilización y alcanzó un nivel de desarrollo mucho más elevado que el de las naciones europeas..

Una de las figuras más influyentes de la cultura china fue el sabio Confucio, que vivió hace aproximadamente 2.500 años. Este filósofo inculcaba el respeto por los ancianos, la lealtad hacia los superiores en jerarquía social y la importancia fundamental de la familia. Su pensamiento determina aún hoy la cultura de China.

En el siglo XV, China empezó a tener contactos periódicos con los comerciantes de Europa.

Los chinos miraban a los europeos con desprecio, los consideraban "bárbaros" sin civilización, encontraban poco interesantes los productos que los portugueses les ofrecían en su comercio, pero, a pesar de ello, les autorizaron a usar algunos puertos comerciales.

Siglos más tarde, los ingleses encontraron el producto que podía interesar a los chinos a cambio del té, de la porcelana y de la seda, este producto era el opio de India.

Cuando el gobierno chino decretó que era ilegal el comercio del opio, Gran Bretaña le declaró la guerra en nombre del libre comercio.

Varias fueron las "guerras del opio" que China mantuvo con Occidente. Finalmente, vencida, tuvo que someterse con humillantes condiciones.

El comercio del opio empobreció China y su población se debilitó por la drogadicción cada vez más generalizada de su población.

En 1.898 estalló en todo el país una rebelión contra los blancos: la rebelión de los Bóxers, que fue reprimida por una expedición armada de ingleses, rusos, alemanes, franceses, y estadounidenses.

China tuvo una vez más que soportar la humillación de la derrota, hacer gravosas concesiones a los vencedores y pagar enormes compensaciones.

El país entró entonces en un periodo de guerras civiles producidas por la ambición desenfrenada de algunos generales.

Hasta que en 1911 se declaró la república que no logró traer la paz.

En 1.937 se produjo la invasión japonesa con terribles sufrimientos para la población civil.

Terminada la guerra con el Japón en 1.945 el país volvió a la guerra civil hasta que en 1.949 se proclamó la República Popular China bajo la guía de Mao, quien estableció el régimen comunista que aún hoy perdura.

 


CONTINUADORES DE JAVIER

Fue precisamente en China donde los misioneros JAVERIANOS iniciamos nuestro caminar por el mundo, continuando la obra de JAVIER.

Aunque hoy estemos esparcidos por los cinco continentes de la tierra, nuestra mirada continúa dirigida a aquel lejano país, donde tenemos nuestras raíces misioneras. Y, a pesar de haber tenido que abandonarlo, seguimos soñando el día de nuestro regreso para prolongar la tarea de anunciar allí el mensaje del Evangelio.

Todo empezó el año 1899. El Seminario de los Misioneros Javerianos apenas había cumplido cuatro años de edad, tenía algunos alumnos, pero la mayoría de ellos eran aún muy jóvenes y necesitaban muchos años de preparación.

El personal que Guido María Conforti, fundador de los Misioneros Javerianos, tenía a disposición para las tareas de su seminario misionero, era muy escaso y los medios económicos brillaban por su ausencia.

Pero Guido no dudó ni un instante en ofrecer sus dos primeros misioneros para ir a China, respondiendo a una urgente llamada del que luego sería mártir de la Iglesia, el obispo franciscano Mons. Fogola.

Así pues, el 4 de marzo de 1899, partieron los dos primeros misioneros javerianos, el padre Cayo Rastelli y el diácono Eduardo Manini hacia un país que, en aquel tiempo, era considerado lejano y misterioso.

Pocos meses después de la llegada de los dos javerianos estalló en China una violenta revolución anti europea desatada por los "Bóxers", rebeldes chinos que persiguieron todo lo que sabía a europeo. Era la consecuencia de las humillaciones que las potencias europeas habían infligido a China.

El padre Rastelli murió en China el día 28 de febrero de 1901, a consecuencia de las penurias sufridas en la persecución.

El diácono Manini, agotado a causa de la persecución y desanimado por la muerte de su compañero, tuvo que regresar a Italia.

Terminaba así, con el fracaso y, en cierto sentido, con el martirio, la primera expedición de los Misioneros Javerianos.

 


VOLVER A EMPEZAR

A los tres años de aquella primera expedición, el 4 de abril de 1902, Guido María Conforti ofrecía a "Propaganda Fide" (organismo encargado por el Papa de las misiones en todo el mundo) el segundo grupo de misioneros listos para marchar. ¿Destino? Otra vez China.

Por varias dificultades, tuvieron que esperar casi dos años, pero finalmente, el 21 de enero de 1904, los javerianos Luis Calza, Antonio Sartori, Juan Bonardi y José Brambilla, salieron de Nápoles con destino a Kin-Kia-Kan (en la región del Honan Meridional, al interior de China) donde llegaron el 24 de marzo del mismo año.

No tenían medios, el joven instituto de los Misioneros Javerianos había nacido pobre. Pero a aquellos misioneros, no les faltaban ganas de trabajar ni el deseo de continuar el sueño de Javier.

La situación era difícil, había que empezar algo nuevo, después de una terrible persecución, y eran sólo cuatro. Poco a poco irían llegando otros javerianos, pero por más que llegasen la tarea era siempre muy superior a sus fuerzas.

 


"MENDIGAMOS PARA COMER"

P. Luis Calza, desde la misión de China, escribía:

"¿Qué hemos encontrado aquí? El cólera, los bandidos, la guerra civil, el hambre...; ésta es la realidad de Honan en estos momentos.

La gente desesperada busca la salvación huyendo por los montes y, en su caminar, algunos abandonan a los niños que no pueden seguirles, los viejos se dejan morir lentamente... Los rebeldes reinan en las ciudades: continuamente luchan entre ellos, destruyen, saquean, incendian... Los horrores de la guerra son tremendos".

Unos años después volvía aún a escribir:

"Este año ha sido uno de los más difíciles en nuestra misión, toda esta región se ha convertido en el lugar de lucha entre los grandes generales de China...

Apenas formado un gobierno, se produce un nuevo golpe de estado y vuelta a empezar...

El pueblo regresa de sus refugios, creyendo que ya hay seguridad, y debe volver a escapar pues una nueva guerra empieza...

Nuestras residencias se han convertido en refugio de niños, viejos y viudas... Trabajamos en la huerta para comer, mendigamos, pero pocos son los días que logramos acostarnos habiendo acallado el hambre de nuestros estómagos... ¡Bendito sea Dios!".

Para que tengamos una idea de lo duro de aquellas circunstancias, baste recordar que, en los primeros años de aquella misión, el javeriano Vicente Dagnino murió, a los 24 años de edad, cuando apenas llevaba un año en China, víctima de la viruela, contraída asistiendo a los enfermos y agravada por el agotamiento y la falta de alimentación. También el padre Conrado Natale murió en la misión de China en aquellos inicios cuando tenía tan sólo 25 años de edad. Fue consumido por las fiebres y la falta de medicamentos adecuados.

Pero estas dificultades nunca hicieron disminuir el celo misionero de aquellos continuadores de Javier.

Roma había confiado al Instituto de los Misioneros Javerianos una misión de 50.000 kilómetros cuadrados, con una población de ocho millones de habitantes, con tan sólo unos 800 católicos y algunos catecúmenos, aspirantes al bautismo.

Había que hacerlo todo, los misioneros eran pocos y faltos de medios.

El lema de aquellos primeros javerianos era: EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA. No se asustaron y las ansias de anunciar a todos el Evangelio hicieron posible el milagro.

"En verdad, es el Señor quien nos sostiene y nos da fuerzas", escribía uno de ellos.

 


Un año crucial en la reciente historia de China fue el 1.966, cuando el ejercito y los jóvenes estudiantes de la "Guardia Roja", armados con el libro de las citas de Mao, iniciaron la "Revolución Cultural".

Fue un intento de Mao de restablecer su supremacía en el partido y en el estado.

Por parte de los jóvenes fue un momento de gran exaltación idealista. Pretendían erradicar la corrupción del aparato estatal e instaurar la "verdadera revolución".

La realidad fue que algunos oportunistas, especializados en la retórica revolucionaria, aprovecharon para poder ajustar cuentas personales y para hacerse con el poder.

Durante estos años de confusión murieron aproximadamente diez millones de personas, víctimas del furor revolucionario.

En estos años, China se consideraba la principal defensora de las causa del Tercer Mundo.

Tuvo una importante intervención en la creación del Movimiento de los Paises No Alineados.

Envió trabajadores para participar en proyectos de desarrollo en otros paises.

Muchos estudiantes del Tercer mundo se inscribieron en universidades chinas. Los movimientos de liberación de muchos paises se inspiraron en la política china y adoptaron las estrategias de la guerra campesina elaboradas por Mao Zedong.

En 1976 moría Mao, el líder indiscutible. Su ausencia provocó una larga disputa entre facciones rivales en el partido.

Los partidarios de Mao fueron alejados de los centros de poder, fueron rehabilitadas las víctimas de la "Revolución Cultural" y empezó la apertura a las naciones de occidente.

Se aceptó también una mayor libertad de expresión y de crítica, sabiendo que ésta se dirigía sobretodo al período precedente.

 


EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA

También la situación de las comunidades cristianas era complicada.

De los pocos cristianos que los primeros Misioneros Javerianos encontraron en la región a ellos confiada, la mayoría, a causa de las persecuciones y de la falta de misioneros, tenía muy poca formación, no tenían todavía el "poso" de una tradición cristiana, ninguno de ellos estaba preparado para ser catequista. Estaba todo por hacer.

Los misioneros tuvieron que empezar por aprender la lengua, conocer las costumbres y adaptarse a la cultura del pueblo chino.

No había ni iglesias, ni escuelas, ni casas para acoger a los javerianos...

Pero, con la gracia de Dios, el esfuerzo de aquellos primeros javerianos fue superando las dificultades y tres años después, en una relación a "Propaganda Fide", Guido María Conforti podía escribir: "La misión cuenta ya con 5000 bautizados y más de 6200 catecúmenos están preparando su bautismo. Se han construido, aunque de manera pobre, 10 residencias para los misioneros, 48 capillas, 59 escuelas...".

Desde Roma se decidió que aquella misión debía convertirse en diócesis (vicariato apostólico, se decía en aquellos tiempos), y así el 18 de septiembre de 1911, Luis Calza, uno de los javerianos de la primera expedición, era nombrado obispo de Cheng-Chow.

Posteriormente el 25 de mayo de 1929 la diócesis sería dividida en dos y se nombraba al también javeriano, Asuero Bassi como obispo de la nueva diócesis de Loyang.

 


EL CALVARIO DE LOS JAVERIANOS EN CHINA

En 1938 empieza, de hecho, un calvario de casi quince años que lleva, poco a poco, a todos los javerianos a dejar China, expulsados, enfermos, procesados y condenados, pero no desanimados, como veremos a continuación.

En 1938 los japoneses bombardean la catedral y parte de la residencia misionera de Cheng-Chow.

Pocos meses después, las autoridades militares chinas hacen saltar el dique del río Amarillo, a pocos kilómetros de Cheng-Chow, para bloquear a los japoneses en su avanzada, sin preocuparse de la desastrosa inundación y de la miseria que se abatirían sobre muchos pueblos de los alrededores.

Con el continuar de la guerra se incrementaron los sufrimientos de la población y de los misioneros. En 1942 el gobierno chino decretó que los misioneros italianos fuesen concentrados en la pagodas de Nerixiang y de Xichuan. Los javerianos tuvieron que abandonar sus lugares de trabajo y vivir unos años en los campos de concentración. hasta el final de la guerra.

Los misioneros javerianos al regresar a sus misiones encontraron sólo ruinas y destrucción. Era necesario volver a empezar. Se intentaba reconstruir el país, mientras se reparaban caminos y puentes, los misioneros volvían a levantar escuelas, hospitales y capillas.

El 8 de octubre de 1947 entran a formar parte de la familia de los misioneros javerianos los primeros jóvenes chinos. La misión en China empezaba a dar sus primeros frutos, se creía que el futuro era esperanzador.

 


LA EXPULSIÓN

Pero pronto volvieron las dificultades. El nuevo gobierno de ideología comunista, no deseaba la presencia de la Iglesia.

Volvieron las persecuciones, los javerianos tuvieron que sufrir la cárcel, los malos tratos y finalmente la expulsión.

Recordamos al javeriano P. Alfeo Emaldi que, en la cárcel y dándose cuenta de que estaba siendo drogado para que denunciase a sus cristianos, se cortó la lengua para, así, no poder hablar.

El 1 de mayo de 1954 el último javeriano, el obispo de Loyang, Asuero Bassi, dejaba la misión de China, expulsado después de humillaciones, un ignominioso proceso y muchos meses de cárcel.

Desde el año 1904 hasta el momento de la expulsión, los javerianos que habían sido enviados a la misión de China habían sido 116. Excepto 10 misioneros que allí murieron, los demás, incluidos tres javerianos chinos, tuvieron que abandonar el país.

China para los javerianos lo había significado todo. Se habían invertido allí todas las fuerzas del joven Instituto. Ahora había que volver a empezar.

Los javerianos expulsados fueron mandados a otros países. El Instituto de los Misioneros Javerianos se abrió a nuevas misiones en los varios continentes: Japón, Indonesia, Bangladesh, Filipinas, Zaire, Burundi, Camerún, Chad, Sierra Leona, Colombia, Méjico, Brasil...

Pero no podía apagarse el interés y el amor por China que habían presidido el comienzo de nuestra historia. Así pues, los Javerianos seguimos mirando a China y, como Javier, seguimos soñando que un día no lejano volveremos para anunciar allí el Evangelio del Amor. ¿Cuándo será?

El Señor de la mies conoce sus tiempos. Un día aquel enorme país se abrirá, podremos volver, podremos continuar aquel trabajo que empezaron nuestros primeros hermanos. Y esperando nos preparamos para aquel día.

 


En mayo de 1.989, miles de estudiantes ocuparon la plaza de Tiananmen, en el centro de la capital del país, Beijing.

Pedían mayor libertad y protestaban contra la corrupción del partido y de la sociedad.

Los jóvenes estudiantes acamparon en la plaza, su número iba en aumento día a día. Cientos de miles de ciudadanos comenzaron a manifestar su apoyo al movimiento estudiantil.

Se organizaron manifestaciones similares en otras ciudades del país. Fue la "primavera china".

El gobierno al principio se abstuvo de reaccionar, luego empezo a hablar de "contrarrevolucionarios".

Finalmente, el 4 de junio el gobierno envió tropas al centro de Beijing para desalojar a los estudiantes.

El ejercito abrió fuego contra las multitudes desarmadas.

Hubo cientos de muertos y miles de heridos. El grito por la democracia fue aplastado.

Se desencadenó, en todo el país, la persecución de los líderes de los grupos estudiantiles y de los movimientos obreros. Muchos fueron a parar a la cárcel, fueron torturados, humillados y varios de ellos fueron públicamente ejecutados.

El mundo asistía al horror contemplando la violencia a través de sus televisores. Todos conocieron el hecho, pero el mundo pronto olvidó aquella tragedia.

Los jóvenes chinos actuales, forman parte de una generación desilusionada, son testigos y víctimas de muchas esperanzas frustradas.

Muchos de ellos se acercan a las comunidades de cristianos en busca de algún ideal para poder vivir. Pero el gobierno no parece estar dispuesto a permitirlo.

 


LA IGLESIA HOY EN CHINA

La expulsión de los misioneros, el encarcelamiento de obispos y sacerdotes, la persecución a los cristianos, no han hecho desaparecer el cristianismo de China.

La semilla sembrada por los misioneros no ha muerto. Pero, ¿cuántos son hoy los cristianos chinos?, ¿cómo viven su fe? Estas y otras preguntas provocan la curiosidad y el interés de muchos.

Ultimamente se ha abierto el turismo en aquel enorme país y es frecuente que después de un viaje, los turistas nos cuenten que la libertad para los cristianos ha sido establecida. Dicen que se ven iglesias abiertas al culto (parece que en todo el país se han abierto unas 3.000 iglesias). También cuentan que los domingos estas iglesias se ven llenas de gente rezando y participando a la liturgia.

¿Hay, pues, libertad para el Evangelio?

Sin duda la situación ha mejorado; ya pasó el periodo de la persecución dura. Pero el control y la presión del gobierno continúan presentes.

En China hoy el cristiano tiene el derecho de existir pero sólo si se somete sin reservas a las directivas del partido y sin contacto alguno con la Iglesia Universal.

Algunos han aceptado esta situación con tal de poder vivir su fe y poder mantener la fe de las comunidades. Nació así la llamada Iglesia Patriótica China, en teoría separada de Roma.

Otros, que no han aceptado esta imposición, viven su fe en la clandestinidad, la celebran en pequeños grupos más o menos escondidos y se arriesgan siempre a ser detenidos y mandados en un "campo de reeducación".

Existe pues una iglesia oficial, sometida al Estado y que goza de una cierta libertad y a su lado una iglesia de las catacumbas que queriendo permanecer en comunión con la Iglesia Universal, vive en estado de persecución y martirio, dando muchas veces un gran testimonio de fidelidad.

En 1992 han muerto en la cárcel los obispos José Fan Xueyan y Pablo Shi Chunjie, auténticos mártires de la fe. Según los datos del mes de febrero de 1992, un obispo, doce sacerdotes y siete catequistas sufren penas de detención en varias cárceles. Además otros 16 obispos y varios sacerdotes están en domicilio incoado y controlados en todas sus actividades.

 


TESTIGOS DE CRISTO

Wang Xiaoling es una cristiana china que ha transcurrido 21 años en la cárcel a causa de su fe y de su fidelidad hacia la Iglesia.

Ella cuenta:

"El día 8 de septiembre de 1955 fui arrestada porque me dedicaba a enseñar el catecismo a los niños. Tenía 19 años.

Yo me negué a renunciar a mi fe. Me encarcelaron, estuve mucho tiempo aislada de todo y de todos. Día y noche me sometían a interminables interrogatorios. Usaron todos los medios para confundirme, para destrozar mis convicciones.

Pasé mucho miedo, pero el Espíritu Santo me daba luz para discernir los engaños y las mentiras de mis acusadores. Sentía muy fuerte en mi interior que no serviría de nada conservar mi vida si perdía mi fe y así me mantuve fuerte y resistí, con la gracia de Dios.

Me condenaron a 7 años de trabajos forzados. Al cumplir la condena, viendo que yo no renunciaba a mi fe, añadieron otros años en campos de trabajo y de reeducación, y luego otros años más. Así he pasado 21 años de mi vida entre la cárcel y los campos de trabajo. La vida allí fue muy dura, no logro encontrar palabras para narrarla.

Sentí los mordiscos de la desesperación, llegué a pedir a Dios que me hiciese morir.

A veces sólo podía repetir en mi oración "¡Señor sálvame!". La oración me procuraba una enorme paz interior, nada hay en la vida que se le pueda comparar, me sentía fuerte en las manos de Dios.

No hay nada en el mundo que pueda compararse a la paz que Dios nos da".

 


PREPARADOS PARA VOLVER

Los Misioneros Javerianos no olvidamos que en China se encuentran nuestras raíces, aquella fue nuestra primera misión.

Después de 40 años de la expulsión, un grupo de jóvenes javerianos se está preparando para volver a tomar contacto con aquel país.

Se encuentran actualmente en la isla de Taiwan y allí se preparan y esperan sabiendo la importancia que China tendrá en el mundo y en la misma Iglesia.

Taiwan (Formosa) también es China: la misma cultura, la misma lengua, el mismo pueblo aunque separado por barreras políticas. Desde allí hay que prepararse para acoger, comprender, ayudar sin prejuicios a los del continente. Desde allí se puede de vez en cuando viajar al interior de China, tomar contacto con el pueblo, conocerlo para comprenderlo y así amarlo.

Estos javerianos están empezando otra manera de ser misioneros, desde el silencio, sin obras, aprendiendo a conocer para servir, viviendo en lo provisional y confiando sólo en el Señor que guía los caminos de la historia. También esto es ser misionero.

 


VIAJE A CHINA

Uno de estos javerianos escribe: "El año pasado tuve la oportunidad de un primer contacto con China, en un viaje organizado por la escuela.

Ahora he podido participar en otro viaje organizado bajo los auspicios de la Cruz Roja. Esta vez he podido moverme con cierta libertad y visitar las zonas rurales. También he podido tener contactos con la iglesia china.

Hemos sido recibidos por el obispo Zong Huai De en el seminario nacional de Beijing. Hemos podido asistir a la Misa en la iglesia de Bei Tang y hablar con el párroco P. Simón, que ha tenido que soportar veinte años de cárcel a causa de su fe.

Hemos podido también encontrarnos con el obispo de la iglesia clandestina de Loyang, quien recuerda aún a los javerianos que allí trabajaron hace más de cuarenta años. Oírle hablar me ha impresionado mucho y me ha edificado enormemente.

La iglesia clandestina es una iglesia viva, edificada sobre una sólida fe. Están siempre bajo la amenaza de cárcel, de campos de trabajo, de sufrimientos y de muerte. Se sienten los defensores de la unión con Roma.

Son cristianos que viven la fe en las catacumbas. Se reúnen al alba para asistir a las Misas celebradas en casas particulares, y de noche participan a reuniones de formación cristiana.

Sus candidatos al sacerdocio trabajan durante el día, y por la noche se reúnen para estudiar y prepararse a su ministerio. Viven la Palabra de Jesús: "Bienaventurados los perseguidos por causa de mi nombre".

La iglesia patriótica o Iglesia Católica de China, está reconocida por el gobierno y a él sometida. Es una iglesia que ha pasado también por el sufrimiento.

Tal vez está marcada por la ambigüedad de ser fiel a su fe y al gobierno que la controla en todos sus movimientos.

Creo que está presente en sus miembros el deseo de salvar lo esencial de la fe de sus comunidades y para ello acepta la ambigüedad de su situación.

Me parece que la polémica entre las dos iglesias es grande. Se acusan mutuamente de todos sus males y dificultades.

Ciertamente será necesario un gran trabajo de mediación entre estas dos comunidades, un trabajo muy delicado que a través del dolor de la división conduzca a una fecunda reconciliación.

Deberá ser un trabajo realizado por personas discretas para no crear mayores divisiones.

Deseo y espero que los Javerianos, un día, logremos colaborar en la realización de este trabajo de mediación y de reconstrucción".

 


CHINA, datos generales:

Superficie:

9.596.960 kilómetros cuadrados.

Población:

1.130.065.000 habitantes.

Densidad:

117 habitantes por kilómetro cuadrado.

Capital:

Beijing, 6.710.000 habitantes en 1987.

Lengua:

Chino Mandarín además de otras lenguas habladas a nivel local

Religiones:

Sin datos oficiales.

La que podríamos llamar "religión tradicional china" es una conjunción de elementos del budismo, entrelazados con el taoísmo y el confucianismo.

Hay minorías musulmanas y cristianas.

Salud:

Un médico cada 1.191 habitantes.

74 % de la población tiene acceso al agua potable.

La expectativa media de vida es de 70 años.

Educación:

El 84 % de los hombres y el 62 % de las mujeres está alfabetizado.

Hay 194 estudiantes universitarios por cada 100.000 habitantes.


TESTIMONIOS

DE LA IGLESIA DE CHINA

El mundo está descubriendo que la semilla del Evangelio ha logrado sobrevivir en China a pesar de tantos años de persecución, a pesar de la Revolución Cultural, a pesar de las torturas y de la cárcel. La fe cristiana, purificada por el fuego del sufrimiento, es ahora más sólida de lo que era antes de la persecución.

Presentamos cinco testimonios escritos por catecúmenos que recientemente han entrado en las comunidades cristianas, dos de ellos acaban de recibir el Bautismo hace poco tiempo. Tal vez nos ayuden a comprender por qué el Evangelio no ha desaparecido de China.

 

1. HE ENCONTRADO A DIOS

"El campus universitario se encuentra en la periferia de la ciudad, cerca de una colina y de un pequeño lago. Siempre me ha gustado pasear por sus orillas, alejarme del ruido y tumbarme en el césped. Allí puedo escoger si pensar en algo o quedarme tranquilo sin pensar en nada, escuchando sólo la armonía del silencio.

En estos momentos fijo mi mirada en el misterioso cielo nocturno, hago la señal de la Cruz y doy gracias a Dios. Mi corazón se llena de verdad, de bondad y de belleza. Ahora que sé que soy hijo de Dios me siento feliz y plenamente realizado. Mi alma inquieta ahora encuentra su descanso.

Los diez años de catástrofe (se refiere a los años de la Revolución Cultural) significaron un terrible golpe para mi familia. Viví mi infancia en medio de terribles pruebas, y por entonces aún no había cumplido los diez años.

Lo peor fue que creciendo no encontraba ningún sentido a mi vida de sufrimiento. Muchas veces me asaltó el deseo de morir.

Entonces no creía en Dios y en la escuela me enseñaban a prescindir de Él.

Un día entré en una iglesia católica, lo hice empujado por la curiosidad. En aquella iglesia encontré un lugar lleno de misterio, de paz, de solemnidad, de pureza y de trascendencia. Era el ambiente que siempre había buscado y deseado.

Me pregunté si verdaderamente existía aquel Dios que los textos de la universidad negaban. Llamé a la puerta del sacerdote encargado de aquella iglesia. Necesitaba una respuesta.

Quedé impresionado de la sencillez con la que el sacerdote contestaba a mis preguntas, no como el que sabe, sino como el que busca.

Aquel encuentro fue el primero de una larga serie de conversaciones. Me sentía lleno de admiración por la fe de aquel hombre que hasta hacía poco había estado encarcelado por "sus supersticiones".

Ahora estoy preparando mi bautismo. Estoy seguro de haber empezado el camino justo, el único que da sentido a la vida del hombre. He descubierto la felicidad de poder perdonar, he encontrado sentido a palabras como: altruismo, generosidad, indulgencia.

Me siento lleno de un espíritu nuevo, revestido de la Gracia de Dios, capaz de vivir en su presencia todos los momentos de mi vida".

 

2. HE ENCONTRADO LA VERDAD

"Guiados por un sacerdote nos acercábamos al altar cogidos por la mano, nos sentíamos todos hermanos y hermanas. Empezó así el camino que ha transformado mi vida. Aquel día me sentí invadido por la luz de Dios y desde entonces soy capaz de comunicar con Él. Fue el día de mi bautismo.

Había crecido sin recibir ninguna educación religiosa. En mis angustias no encontraba ningún sentido a mi vida. Aquel día, cogido de la mano de mis hermanos y hermanas, encontré la verdad.

No sabía lo que significaba perdonar una ofensa, ahora me siento capaz de amar y de perdonar a quien me ofende. Mi corazón ya no vive en el fuego de la constante necesidad de venganza, ahora conozco la paz interior de perdonar y de ser perdonado.

Hubo un tiempo en el que todo lo ignoraba, sólo sabía gritar mi dolor y mi desesperación con las lágrimas. Agachaba mi cabeza delante de los poderosos y les mendigaba un trozo de pan para poder vivir. Sólo sabía maldecir y llorar.

Ahora es el tiempo de la alegría, estoy lleno del amor de Dios que me ama y permite que yo también le ame. Él es mi padre y mi pastor ya no soy un huérfano que mendiga para comer.

Es el tiempo de la alegría, ya no odio, ni busco venganzas. Y el amor de Dios durará eternamente".

 

3. DIOS SE HA FIJADO EN MI MISERIA

"Nunca he tenido demasiados amigos. Ni siquiera tengo familiares, sólo un hermano.

Vivo como las demás campesinas, pero nunca me he considerado satisfecha como ellas con sólo tener que comer, creo que me ha sido confiada una misión especial la de amar a todos los hombres.

Antes de conocer a Cristo encontraba insoportables la tribulaciones y me sentía encerrada en un ambiente mezquino sin futuro.

Siempre he amado leer mucho. Me gustaba leer textos sobre la historia de China y del mundo. Me hubiese gustado poder hacer estudios humanísticos. Pero debía conformarme cultivando el campo junto con las otras compañeras.

Dios conoce los largos años de soledad y de sufrimiento en que he vivido. Mi corazón sangraba, demasiadas veces he pensado en el suicidio como única salida para mi vida.

Pero el Señor conocía mi sed de amor por la verdad y mi ansia de paz. Ya entonces Dios se había fijado en mi miseria y me había asignado una misión y yo no era más que una pequeña semilla.

¿Sería mi destino la soledad? Yo no lo sabía pero Dios me había preparado un terreno bueno donde yo podría germinar.

He descubierto mi misión: amar a todos los hombres, pero, concretamente, empezando por mis compañeras campesinas.

¡Te he descubierto muy tarde, Señor! Pero Tú me has mostrado tu misericordia. Tu Palabra guía ahora mis pasos. Tú has apagado el fuego que ardía en mi corazón y en él has colocado la paz.

¡Bendito sea el Señor!"

 

4. LA FE ME DA ALAS PARA VOLAR

Mis padres se divorciaron cuando yo era aún muy niña, así mi infancia transcurrió sin el calor de una verdadera familia.

Una tía fue mi "madre adoptiva". Eramos pobres y yo casi no pude frecuentar la escuela, todos éramos pobres en mi poblado y todos teníamos que trabajar para sobrevivir.

Mi "madre" enfermó de tifus, pasó mucho tiempo con fiebres muy altas, y, cuando finalmente la fiebre la dejó, ella empezó a sufrir una enfermedad mental. Las desgracias a mi alrededor se sucedían sin tregua.

Frente a una realidad tan cruel yo no tenía ninguna gana de vivir, ansiaba la muerte para acabar con todo. Si no me suicidé entonces fue por cariño hacia mi "madre" enferma que necesitaba mis cuidados.

Fue entonces cuando una amiga me condujo a una comunidad cristiana. Empecé a oír allí palabras de amor. Finalmente, pude descubrir el sentido de mi vida y de mi sufrimiento.

Ahora mi vida se ha transformado. Si alguna vez me siento triste y aplastada por los problemas, voy a la iglesia, me arrodillo y dejo que Él me llene de su amor. Salgo transformada. Tener fe es como tener alas, puedo atravesar volando el universo entero, llegar a mi Dios, ser libre como un pájaro".

 

5. EL EVANGELIO ILUMINA MI CORAZÓN

"De pequeña me decían que yo era una niña guapa e inteligente, pero parece que el destino no estaba de acuerdo. Perdí la ocasión de frecuentar la escuela normal, sólo más tarde pude "recuperar".

Vinieron luego los tres años de carestía y en casa se comían sólo hierbas que recogíamos en el campo.

Recuerdo los años de la "Revolución Cultural", cuando vivíamos en el terror. Era terrible ver a nuestros amigos o vecinos sometidos a interminables interrogatorios públicos y condenados a trabajos forzados para ser "reeducados". Un día mi nombre apareció en la lista de los procesados, caí en una gran depresión, llegué a odiar a mis padres por haberme hecho nacer, pensé en quitarme la vida.

Tenía algo en que creer: el partido y sus consignas revolucionarias, pero eran incapaces de salvarme. Si me suicidaba sabía que me enterrarían como a un perro por haber manchado la nueva "sociedad". ¿En que mundo me encontraba si vivir era sólo sufrir y morir era un vergüenza?

Vivía mis penas en la oscuridad total, odiaba a todos y sólo pensaba en vengarme algún día. Todo esto hacía que mi corazón sufriese aún más.

Fue entonces cuando se me acercó una religiosa católica que sufría por su fe. Se me acercó sencillamente viendo que yo necesitaba a alguien a mi lado. Ella había vivido ya veinte años de cárcel y ahora le tocaba el campo de "reeducación". Pero no tenía ningún sentimiento de odio, ni siquiera pensaba en vengarse de sus perseguidores.

Ella me escuchó, y al sentirme escuchada nacía en mí un algo nuevo, una mezcla de consuelo y de esperanza.

Quedé muy impresionada de aquella mujer. Nunca se quejaba, a sus setenta años tenía un aire juvenil y enérgico. Me fascinó su sonrisa, siempre presente en sus labios, y sobre todo su paz interior.

Fue ella quien me descubrió el secreto de su vida: su fe en Dios y en Jesús. Me enseñó a conocer el Evangelio, a rezar. En medio de aquel lugar en que vivíamos, el Evangelio fue para mí como una luz que penetra en mi corazón y lo transforma.

Ya nunca más he dejado el Evangelio. Es él el que me llena de esperanza.

Ahora me siento libre, mi vida conoce el gozo de saber que puedo amar y servir a los demás".

 


ENTREVISTA AL RESPONSABLE

DE UNA COMUNIDAD

DE LA IGLESIA CLANDESTINA DE CHINA

En el último viaje que hice a China continental, encontré un joven católico chino, tiene treinta años, está casado y es miembro de la iglesia clandestina de China.

Fueron unos amigos comunes que prepararon el encuentro. Comimos juntos en un restaurante de una ciudad china y allí, entre el bullicio, pudimos hablar.

Él es el responsable de la comunidad de la Iglesia Clandestina de su pueblo. Era la primera vez que se encontraba con un extranjero que hablaba el chino. Sabía que yo era sacerdote pero le habían avisado que no lo diese a entender.

Juan, este es su nombre de bautizo, es hijo de una familia de católicos. En su poblado antes de la llegada de los comunistas estaban todos bautizados. Luego empezaron las dificultades: el sacerdote que cuidaba la comunidad fue arrestado, el templo fue destruido, la enseñanza de la religión y el culto público fueron prohibidos.

"Algunos por miedo dejaron la comunidad y se adhirieron al partido -cuenta Juan- mi familia no renunció a la fe. Yo nací bajo el régimen de Mao. No he conocido los tiempos en que la gente iba el domingo al templo con cantos y vestidos de fiesta. Fueron mis padres quienes me educaron en la fe cristiana".

El poblado de Juan cuenta ahora con 800 bautizados que frecuentan la comunidad.

¿Cómo lográis reuniros, permanecer clandestinos, siendo una comunidad tan numerosa?
"En una casa particular hemos improvisado un gran salón donde nos reunimos y donde conservamos la Eucaristía. Allí celebra la Misa un sacerdote clandestino que de vez en cuando puede visitarnos.

Las autoridades locales están casi obligadas a tolerarnos ya que muchos familiares de los jerarcas pertenecen a nuestra comunidad. Denunciarnos significaría denunciar a sus familiares.

Además si nos hiciésemos reconocer por la Asociación Patriótica, ellos deberían reconstruirnos el tempo y esto significa mucho dinero que ellos quieren o necesitan para otras cosas.

Así les resulta más cómodo cerrar un ojo y, excepto cuando hay presiones de las autoridades provinciales, hacen ver que no se dan cuenta de que ochocientas personas ser reúnen el domingo para rezar.

En los momentos difíciles nos reunimos en pequeños grupos y en lugares diferentes.

¿Cómo se desarrollan vuestras reuniones?
"La oración del domingo suele durar un par de horas. Suelo dirigirla yo ya que entre nosotros no tenemos a ningún sacerdote.

Rezamos todas las oraciones que recordamos, empezando por el rosario y terminando con el viacrucis, y nos exhortamos a permanecer fieles a la Iglesia.

Allí repetimos las enseñanzas que hemos recibido para que no se olviden y para que los jóvenes las aprendan.

Suele participar toda la comunidad y si yo no puedo estar presente para presidir la oración me sustituye uno de los padres de familia.

El sacerdote, ¿puede visitaros?
Sólo raramente ya que está muy controlado y tiene muchas comunidades para visitar.

Es un verdadero santo. Hasta ahora, desde que es sacerdote, sólo durante cinco años ha podido estar fuera de la cárcel o libre del control administrativo. Con su actividad corre siempre el peligro de ser arrestado y mandado a la cárcel o a un campo de trabajos forzados.

Su constancia y su fidelidad son para nosotros ejemplo y estímulo para mantener nuestra fe. Con él sentimos que Dios está presente entre nosotros.

¿Qué relaciones tenéis con la Iglesia Patriótica?
Eran hermanos nuestros, pero se dejaron engañar.

En un tiempo había buen entendimiento y ayuda. Pero últimamente las relaciones son muy difíciles ya que ellos quieren controlar nuestras comunidades o eliminarlas.

Someternos a ellos significaría someternos al poder del partido y a su plan para destruir la fe en Jesús.

A pesar de ello algunos de nosotros, a veces, vamos a misa en las iglesias que ellos tienen en la ciudad y en caso de necesidad acudimos a sus sacerdotes.

¿Tenéis relación con otras comunidades de la Iglesia Clandestina?
Sí. Estas relaciones son muy necesarias para mantenernos fieles a la fe. También son necesarias para los matrimonios ya que intentamos casarnos entre nosotros para que nuestros hijos sean educados en nuestra Iglesia.

No es fácil mantener estas relaciones debido al control que existe sobre nosotros, pero logramos mantenerlas incluso cuando nuestro sacerdote no puede visitarnos.

¿Hay vocaciones al sacerdocio entre vosotros?
Son muchos los jóvenes de nuestra comunidad que están dispuestos a dejarlo todo para servir a las comunidades como sacerdotes. Pero en nuestra región no hay seminarios organizados y no queremos que vayan a los seminarios oficiales abiertos y controlados por el partido.

Así pues están esperando. Para que se mantengan fieles a su vocación, les ayudamos a que recen mucho. Por ahora se dedican a ayudar a la comunidad y esperan días mejores.

También hay chicas jóvenes que quieren ser religiosas consagrándose a Dios y al prójimo. Pero ellas también tienen que esperar, se preparan con la oración.

¿Cuáles son los problemas mayores que debe afrontar vuestra comunidad?
Son muchos. El más grave es la falta de un sacerdote que esté con nosotros que nos enseñe las verdades de la fe, que nos guíe y nos fortalezca con los sacramentos.

Luego nos faltan libros, no tenemos la Biblia, ni siquiera los Evangelios, fueron destruidos todos durante los años de la "Revolución Cultural" y así en nuestras reuniones del domingo no podemos escuchar la Palabra de Dios.

Es verdad que Dios tiene muchos medios para iluminarnos y guiarnos, pero si pudiesemos leer su Palabra en nuestras reuniones sería un consuelo para todos.

Conmigo tengo una Biblia editada en Taiwan escrita en caracteres chinos simplificados que los jóvenes chinos pueden leer fácilmente. Se la regalo y Juan la acoge con enorme alegría.

"Nuestra comunidad -añade- sufre mucho a causa de la ignorancia. Vivimos recordando lo que nuestros padres nos enseñaron, pero carecemos de verdaderos catequistas, de libros para aprender las verdades de la fe.

Yo, que acepté presidir la comunidad, se muy pocas cosas, soy muy ignorante y no soy capaz de enseñar el catecismo, repito lo que mis padres me enseñaron, rezo las oraciones que conozco y en mi corazón le pido a Dios que sea Él el que ilumine nuestros corazones y el que presida nuestra comunidad".

Me siento conmovido delante del testimonio de Juan. Doy gracias a Dios por el ejemplo de fe inquebrantable que me da. La suya es una fe humilde, sencilla, luminosa al servicio de sus hermanos.

Si los cristianos chinos son como Juan no tengo ninguna duda en afirmar que en su sencillez y en su "ignorancia" tienen mucho que enseñarnos a nosotros los cristianos de Europa. Nos enseñan lo esencial: que una sola cosa es necesaria.

Cuando nos despedimos Juan me dice: "Di a los hermanos cristianos de Roma que no nos olviden, que recen por nosotros. Dile al Santo Padre que todos los domingos rezamos por él.

Diles que ahora también nosotros el domingo podremos leer la Palabra de Dios como ellos y seremos menos ignorantes".

Al terminar el encuentro Juan reza el "Padre Nuestro". Noto que emplea la nueva formula, la traducción que actualmente se usa en Taiwan y en Hong-Kong.

Esto significa que está al corriente de lo que sucede en la iglesia fuera de China, tal vez a través de Radio Veritas que desde Manila transmite en chino para el continente. Es una manera discreta de decirme lo importante que para esta iglesia clandestina son los lazos con las iglesias del exterior.

Pensando, ahora que escribo, en aquel encuentro me doy cuenta que Juan, que se confesaba "ignorante", ha sido para mí, "licenciado en teología", un auténtico maestro en la fe y un ejemplo radiante de amor a la Iglesia.