DOSSIER 10

SIERRA LEONA

El anuncio del Evangelio en un pueblo empobrecido


"Quítate las sandalias de tus pies, ya que la tierra que pisas es una tierra santa" (Exodo 3, 5).

Quien se acerca a un pueblo, étnica y culturalmente diferente del propio, debe de hacerlo con respeto, quitándose "las sandalias" de su propia cultura, como si a una tierra santa se acercase.

De hecho, Dios ha impreso su imagen en los pueblos del mundo. En ellos, cuando se les observa con mirada humilde, se nos hacen visibles las huellas de Dios.

Con admiración y respeto debemos acercanos, pues, al pueblo de Sierra Leona, un pueblo que posee, en su historia y en su cultura, huellas de Dios.

Con estas palabras del obispo de Makeni (Sierra Leona), el javeriano Jorge Biguzzi, empezamos la presentación del pueblo de Sierra Leona. Un pueblo muy distinto del nuestro; con una historia llena de contradicciones, empobrecido por la codicia de los hombres, pero, rico en valores culturales de los que todos podemos enriquecernos.

 


El clima de Sierra Leona es tropical, y su tierra produce café, cacahuetes, arroz, tabaco, frutas, aceite de palma...

Su subsuelo es rico en metales preciosos, entre ellos la bauxita, el hierro, el oro y los diamantes.

Quedan aún algunas zonas de selva ricas en madera y en sus costas hay abundante pesca.

La vida de la gente en Sierra Leona está marcada por dos estaciones climáticas: la húmeda con lluvias abundantes y la seca con los vientos cálidos del desierto.

Al aproximarse las lluvias se preparan los terrenos para la siembra. Es el momento del fuego que quema la maleza, pero que destruye los bosques.

Cuando llegan las lluvias se ara y se siembra. Es el momento de los grandes trabajos en los que participan todos los miembros de la familia.

El tiempo de la cosecha es el momento más feliz, se celebra y se comparte lo que los campos han producido. Por todas partes se oyen cantos y danzas, los pobres se sienten ricos. Pero, es también el momento de pagar las deudas y la alegría no dura mucho.

Una parte de la cosecha se guarda de reserva para las celebraciones de la vida: el nacimiento, los ritos de iniciación, el matrimonio y la muerte; momentos que, siempre, están marcados por un gran banquete ofrecido a los familiares y amigos.

 


Africa es un gran mercado y Sierra Leona, por su historia, es fiel a esta realidad del continente.

El mercado es el lugar donde se truecan los productos, pero, es sobre todo el lugar de encuentro entre las personas. Es también un momento de fiesta y de vida.

Pero pocos son los productos que se pueden comprar y vender. Se puede decir que el mercado, en Sierra Leona, es un comprar algo a bajo precio para venderlo en otro lugar a un precio más caro. De hecho son pocos los productos manufacturados producidos en el país.

La importación de productos es casi un monopolio en manos de libaneses y pakistaníes que se han instalado en estas costas africanas.

También las minas han atraído a gentes provenientes de otras tierras. Se han instalado aquí compañías de Estados Unidos, Suiza, Holanda, Alemania, Israel, etc...

En las costas se pueden ver pescando a barcos españoles, rusos, coreanos y japoneses.


Sierra Leona ha sido habitada en épocas sucesivas por diferentes pueblos. La población actual es el resultado de esta mezcla y no presenta una homogeneidad sino que prevalece la división en grupos étnicos que se sobreponen sin unirse.

Generalmente, la convivencia entre las varias tribus ha sido pacífica. Es una característica del sierra-leonés que es acogedor con los extranjeros y es fundamentalmente pacífico.

Sólo después de la independencia se ha empezado a hablar de una nueva identidad. Se les ha dicho que ahora son sierra-leoneses, pero pocos lo han asumido en profundidad.

Hoy el país cuenta con unos cuatro millones de habitantes y el crecimiento de la población es del 2,4 por ciento anual.

Más del 30 % de la población vive en las ciudades y se prevé que para el año 2000 mitad de la población estará concentrada en ellas.

Los principales grupos humanos del país son:

Los MENDE: presentes en el Sur y cuya lengua se ha extendido en gran parte del país.

Los TEMNE ocupan las regiones del centro y del oeste. Son musulmanes y comerciantes.

Los LIMBA, que se encuentran en el centro y el norte, son uno de los pueblos más antiguos del país.

Los CRIOLLOS son los descendientes de los esclavos liberados en Inglaterra y traídos aquí al fundarse la ciudad de Freetown. La mayoría ocupa los puestos de la administración del país.

Los SUSU y los YALUNKA viven al norte. Son musulmanes y han conservado muchas de sus tradiciones. Son grandes danzadores y músicos.

También están presentes los KURANKO, los SHEBRO, los KONO, los KISSY, los KRIM, los GOLA y los FULLA.

 


"Cuando los peces lloran, nadie ve sus lágrimas", dice un proverbio. Así es. En el mar agitado de las tragedias que afligen Africa, pocos ven las lágrimas del pueblo de Sierra Leona.

Y, sin embargo, desde que inició la guerrilla en este país, más de un millón de personas han tenido que abandonar sus hogares y sus tierras para buscar refugio en otras regiones del país o en países vecinos.

Extensas regiones han sido devastadas por una guerra sin sentido. Muchos poblados han sido saqueados, incendiados y destruidos. La gente lo ha perdido todo. Ahora viven en campos de prófugos, organizados con prisas. El hambre, la enfermedad y la inseguridad son el pan cotidiano de este pueblo.

Entre tanto dolor destaca la solidaridad de muchos que han abierto sus casas a los prófugos compartiendo con ellos lo que tienen. Todo el personal de la Iglesia está asistiendo a los prófugos.

Levantamos la voz para pedir justicia, paz y reconciliación y ofrecemos mediación entre las partes en conflicto. Pero, no existe voluntad de dialogo entre las varias facciones.

¿Por qué se venden armas a los contendientes? ¿Se darán cuenta "los poderosos de la tierra" de las lágrimas de esta pobre gente? ¿Sabrán los cristianos del mundo descubrir a Cristo en las chozas de los refugiados?

Jorge Biguzzi

Obispo de Makeni

 


En la situación de Sierra Leona, los jóvenes son los más perjudicados. Los rebeldes los reclutan por la fuerza, les tatúan con el signo del escorpión, seguros que así no podran desertar (cualquier joven con este signo, si es cogido por los soldados, es inmediatamente fusilado). A los jóvenes no les queda otra alternativa que la selva, ni otra ayuda que la droga que los jefes guerrilleros les proporcionaban.

A pesar de todo, los jóvenes cristianos se han mostrado a la altura de las circunstancias.

Han salido a la calle pidiendo el respeto a los derechos humanos, protestando contra la opresión, la corrupción y la injusticia. La fuerza con la que han actuado es tan grande que las autoridades se han visto obligadas a escucharlos.

La vitalidad de estos jóvenes proviene de la solidez de su formación. Son jóvenes que se reúnen periódicamente para reflexionar sobre los acontecimientos del país a la luz de la Palabra de Dios.

La formación de los jóvenes empieza en el "catecumenado", camino de "iniciación".

Ser "iniciado" en nuestra cultura significa no sólo conocer doctrinas o normas, sino vivir los valores que se transmiten. Para el cristiano significa vivir siguiendo e imitando a Jesús.

Ser bautizados para estos jóvenes significa entrar en una nueva familia y ellos conocen muy bien que para ser miembro de una familia hay que trabajar y sacrificarse por ella.

Forma parte de la preparación al bautismo el asumir una tarea concreta para el bien de la comunidad y de la sociedad.

La fe y la vida van unidas. Creer es vivir a la manera de Jesús, es testimoniar delante de los demás lo que se profesa con la palabra.

Este camino de "iniciación" es la base de los grupos de jóvenes cristianos que están colaborando a transformar poco a poco nuestro país. Son ellos el futuro mejor de nuestra Africa.

 


SIERRA LEONA, datos generales:

Superficie:

71.740 kilómetros cuadrados

Población:

4.151.000 habitantes, lo que significa una densidad de 58 hab. por Km. cuadrado.

Capital:

Freetown, 470.000 habitantes en 1985, hoy se calcula que son más de un millón.

Lenguas:

Inglés (oficial), además de las lenguas nativas, las más importantes son el Krio, el temne y el mende.

Religiones:

Religión Tradicional Africana 51 %

Musulmanes 39 %

Cristianos 10 %

Salud:

Un médico por cada 6.440 habitantes

Mortalidad infantil (menores de 5 años) 261 por mil.

Sólo el 42 % de la población tiene acceso al agua potable.

Educación:

Solamente el 31 % de los hombres y el 11 % de las mujeres está alfabetizado.

Hay 61 estudiantes universitarios por cada 100.000 habitantes.

LAS MONTAÑAS DEL LEON

Quien llega a Freetown, capital del país, ya sea por avión o por barco, descubre enseguida la cordillera que rodea la ciudad: son las Montañas del León, o la Sierra Leona.

Fue un navegante portugués, Pedro da Cintra, quien, en el año 1.462, les dio este nombre, por el aspecto que tenían aquellos montes vistos desde el mar y por los truenos que en tiempo de lluvia se oían y que parecían los rugidos de un león. "Sierra Leona", más tarde, sería el nombre de todo el país.

Por estas costas han pasado y han vivido pueblos diversos, unas veces pacíficos y otras guerreros. Han pasado por aquí comerciantes, esclavistas, filántropos, misioneros... Todos han encontrado refugio y hospitalidad en este rincón de Africa Occidental.

Antiguamente, los navegantes, en la ruta hacia oriente, después de haber costeado el desierto del Sahara, solían hacer una parada en este puerto natural para abastecerse de agua y hacer trueques con los nativos. Aquí encontraban fruta, carne, pescado e, incluso, esclavos.

 


EL ARBOL DE LA LIBERTAD

En el centro de Freetown, la capital del país, se alza majestuoso el famoso "Cotton tree", un árbol secular, impresionante por su altura.

Hoy, este árbol, visitado por los turistas, es símbolo de la libertad reconquistada después de la abolición del comercio de esclavos.

Se dice que bajo este árbol se reunía a los esclavos, provenientes del interior del país, destinados a ser vendidos a los navegantes europeos que, después de una larga y penosa travesía del Atlántico, los descargaban en América.

Ya los Romanos compraban, en los mercados del norte de Africa, esclavos negros, provenientes de estas tierras y que eran conducidos hasta el Mediterráneo a través del desierto.

También los árabes, siglos más tarde, y siempre por las rutas del desierto, llegaron hasta aquí en busca de esclavos negros.

Pero, con el descubrimiento de América el infame tráfico se intensificó. Miles y miles de hombres, mujeres y niños fueron capturados y llevados a las plantaciones del Nuevo Mundo.

Sierra Leona se convirtió así en una fuente de mano de obra para las plantaciones de azúcar, algodón y tabaco del "Nuevo Mundo". El comercio de esclavos fomentó las guerras tribales y privó al país de sus elementos más validos.

Se calcula que entre 1500 y 1825 fueron sacados de Africa Occidental unos 12 millones de personas, vendidas como esclavos en los mercados de América.

 


EL EVANGELIO Y EL CORAN

La historia antigua no es sólo una historia trágica de esclavitud.

Se sabe que en el año 1.605 un misionero, el P. Baltasar Barreira fundó aquí algunas comunidades cristianas bajo el favor de un rey local, Bai Farama, que lo acogió con entusiasmo.

A este primer misionero se unió más tarde otro jesuita, Manuel Alvarez, que fundó comunidades cristianas entre la tribu de los Bulom y nos dejó interesantes notas de etnografía sobre aquel pueblo.

Se sabe también que José López de Moura fundó una ciudad cristiana, reproduciendo aquí el modelo de las reducciones de Paraguay.

En 1646, por motivos políticos, los jesuitas fueron sustituidos por franciscanos españoles que trabajaron intensamente en la zona de la costa y a lo largo del río que desemboca en la bahía de Freetown.

Pero con la decadencia de los reinos católicos, España y Portugal, Sierra Leona cae bajo la influencia de los reinos protestantes de Europa que obligan a los misioneros católicos a abandonar la costa africana. Al quedar sin pastores, aquellas comunidades, recién fundadas, desaparecieron.

Un siglo después, llegaron, a través del desierto, los discípulos de Mahoma. Fueron los Fula y los Mandinga los que, cuando penetraron en el país, trajeron consigo la fe en Alá, el Dios único, inefable y misericordioso.

La sencillez del credo musulmán y su capacidad para asimilar las costumbres religiosas de los pueblos negro-africanos, hicieron que la religión musulmana se difundiera rápidamente, sobre todo en el norte del país, dando origen a un islamismo que algunos consideran poco ortodoxo, pero que ha entrado en la vida cotidiana de muchas tribus.

Actualmente, en Sierra Leona la mayoría de la población se declara musulmana. Las mezquitas y los "espacios de oración" forman parte del paisaje de las ciudades y de las aldeas por remotas que sean.

 


COLONIA DEL IMPERIO BRITANICO

En 1772 una decisión judicial, que no reconocía la esclavitud en Inglaterra, planteó a este país un peculiar "problema demográfico".

Cientos de esclavos, fugados de las Antillas, colonia británica, llegaban a Londres con la esperanza de recobrar su libertad. Se amontonaban por la ciudad, sin vivienda y sin trabajo. ¿Qué hacer con ellos? Se optó por "devolverlos a Africa".

El lider abolicionista Granville Sharp compró a los jefes de distintas etnias una extensión de territorio de 250 kilómetros cuadrados en la costa de Sierra Leona e instaló allí un grupo de estos ex-esclavos.

Estos hombres, sin raíces en aquella tierra, con una cultura que estaba ya muy europeizada, formaron una sociedad de agricultores, organizada sobre bases democráticas. Así nació la ciudad de Freetown (ciudad libre) que es la actual capital de Sierra Leona.

Freetown, llamada también ciudad de los criollos (descendientes de los ex-esclavos liberados) entró a formar parte de la corona británica en 1808. Poco a poco la influencia inglesa penetró en todo el país y pasó a ser protectorado inglés.

Instalados en un lugar donde no tenían mucho arraigo, los "criollos" (nombre que todavía hoy conservan los descendientes de aquellos esclavos "devueltos" a Africa), se esforzaron en vivir "a la europea", despreciando a los "salvajes del interior" y sirviendo de intermediarios al colonialismo inglés.

La resistencia de los "salvajes", no obstante, fue dura y prolongada. Alcanzó su cima en 1898 cuando su líder Bai Buré, aprovechando el descontento provocado por los impuestos a que se veía sometida la población, consiguió levantar en armas a casi todas las tribus del interior del país.

Inglaterra, cuyo ejército aprovechó de la ocasión para estrenar las ametralladoras Máxim, consiguió, con su superioridad militar, derrotar a los "salvajes", ocupando y "pacificando" el país.

Había empezado la colonización de Sierra Leona.

 


Un pais libre pero sometido

Cuando en los años cincuenta Africa empieza a conocer los movimientos independentistas, Sierra Leona también conoció los fermentos que le conducirían a ser un Estado independiente.

Los británicos negociaron un acuerdo con los líderes tradicionales que salvaguardara los intereses de sus compañías mineras. Milton Margai, líder hasta entonces del Partido del Pueblo de Sierra Leona (SLPP), se convirtió, gracias a estos acuerdos, en presidente del país.

El 27 de Abril de 1.961 se izó la bandera verde-blanco-azul del nuevo estado. El mosaico de los estados Africanos se enriquecía con un nuevo país. Había nacido Sierra Leona.

En el momento de la independencia, el país no sufrió grandes traumas. Las dificultades llegaron más tarde, como consecuencia de la mala gestión de la vida publica, de la corrupción de los administradores y de la explotación de las riquezas minerales con el solo provecho de sociedades multinacionales.

De hecho, la economía del nuevo país estaba condicionada por la presencia de las compañías extranjeras propietarias de las minas. Estas, que no tenían otro interés que el propio enriquecimiento, recurrieron, para mantener sus beneficios, a la corrupción de la nueva clase política.

Otro problema surgió a causa de las fronteras del nuevo Estado que, heredadas de la colonización, no tuvieron en cuenta la realidad humana de la región.

Muchas tribus se encontraron divididas por unas fronteras que desconocían. Los miembros de un mismo pueblo se convirtieron en ciudadanos de estados diferentes.

Se había añadido así una nueva llaga a las muchas que ya existían en el continente africano.

Con la independencia, los criollos, que junto a los británicos y a los comerciantes de origen sirio-libanés tenían el poder económico, fueron desplazados del poder político. Conservaron, sin embargo, gran influencia sobre el nuevo gobierno de la nación, practicando, también ellos "el arte" de la corrupción..

Milton Margai murió en 1964, y le sucedió en la presidencia su hermano Albert.

 


UN PAIS DE CORRUPCION

Bajo el gobierno de Albert Margai la corrupción, fomentada por las compañías mineras y por los comerciantes locales, alcanzó niveles intolerables.

La producción de diamantes dio origen a cadenas de tráfico ilícito. El contrabando y la delincuencia se convirtieron en la fuente más usual de enriquecimiento.

Para apagar el descontento de la población, Albert Margai acentúo el autoritarismo de su gobierno y recurrió a la represión violenta de todo intento de oposición.

Esto acrecentó la impopularidad de su gobierno que tuvo que abandonar en 1968, cuando su partido perdió las elecciones. El nuevo presidente fue Shiaka Stevens, líder del APC (Congreso de Todo el Pueblo) y vencedor de las elecciones.

Stevens, en su primera acción de gobierno, nacionalizó la explotación forestal, dio participación mayoritaria al Estado en la empresa que controlaba la producción de diamantes e integró el país a las asociaciones de productores de hierro y de bauxita, para obtener mejores precios para estos productos.

Los comerciantes criollos, los líderes tradicionales y los neocolonialistas británicos, viendo peligrar sus privilegios, se unieron para bloquear el programa de gobierno del nuevo presidente, que consideraban peligrosamente progresista.

Stevens fue derrocado por un golpe militar y debió exiliarse en Guinea Conakry.

 


UN PAIS EMPOBRECIDO

Pero, poco después, un grupo de suboficiales tomaron el poder y se lo restituyeron a Stevens quien, en 1971, rompió los últimos lazos entre Sierra Leona y Gran Bretaña, proclamando la República.

En 1978 Stevens sometió a plebiscito un proyecto que establecía el sistema de partido único, en un intento por superar los enfrentamientos con la oposición.

A partir de 1979 los signos de una nueva crisis económica y política se hicieron evidentes. La caída de las exportaciones, el crecimiento de la deuda externa, la inflación y el deterioro de las condiciones de vida, sumados al creciente autoritarismo y a las denuncias de corrupción, hicieron perder popularidad al gobierno de Stevens.

Hubo intentos de golpe de estado y tensiones entre grupos tribales, pero Stevens, con la represión, logró mantener su autoridad.

En Julio de 1980 se organizó en Freetown la cumbre de los jefes de estado de los países Africanos. Los gastos originados en obras de prestigio, más que en obras de provecho, acabaron con una economía siempre en crisis.

En las zonas urbanas, la escasez de alimentos, principalmente de arroz, se hizo crónica. En la ciudad, hubo carencias periódicas de agua, de combustibles y de electricidad.

El contrabando se extendió y la inflación provocó una reducción del 60 % en el salario real de los trabajadores. El atraso en el pago de salarios se convirtió en norma. Los funcionarios recibían sus sueldos en arroz, que luego era revendido en el mercado negro.

Más del 70 % del comercio pasó a ser manejado por este mercado negro, controlado por mercaderes libaneses.

El contrabando de oro y diamantes alcanzó un volumen de 150 millones de dólares anuales, mientras la exportación oficial era de sólo 15 millones de dólares al año.

El malcontento produjo estallidos de violencia y se acentuaron las divisiones étnicas del pueblo sierra-leonés.

 


EMPIEZA LA GUERRILLA

En noviembre de 1985 Stevens, desprestigiado por su mala gestión, entregó el poder a uno de sus ministros, Joseph S. Momoh. El país estaba arruinado. Pero el nuevo régimen no supo poner los remedios necesarios y toleró el aumento de la corrupción en el país.

En 1988 la situación se hizo insostenible a causa del cierre de los créditos del Fondo Monetario Internacional por atrasos en los pagos.

En marzo de 1991, fuerzas rebeldes ocuparon algunos pueblos fronterizos. Este ejército rebelde estaba compuesto por guerrilleros de Burkina Faso, Liberia y Sierra Leona.

Guiados por Foday Sankoh los guerrilleros operaban desde Liberia, obedeciendo órdenes de Charles Taylor, el líder que había desencadenado la guerra en Liberia con su sueño de hacer de toda Africa occidental un solo país.

Poco a poco, la guerrilla llegó a controlar toda la zona oriental de Sierra Leona, la más rica por sus plantaciones de café y cacao.

Según la ONU, en aquella ocasión, 145.000 personas se vieron obligadas a dejar la región, abandonando tierras productivas y uniéndose a los pobres que necesitaban ayuda pública.

Poco después, las incursiones de los rebeldes alcanzaron también a la zona productora de diamantes.

Desde la capital se hacía poco caso a las tropas mandadas a defender las provincias del interior. Para Momoh y su gobierno la guerra era algo lejano y una fuente de beneficios personales al poder administrar las ayudas que llegaban del exterior.

 


UN "GOLPE" POR CASUALIDAD

El 29 de Abril de 1992, un grupo de militares marcha hacía Freetown, para reclamar los salarios de sus tropas, municiones y víveres.

Cuando estos militares se dispusieron a dirigirse al palacio presidencial para entrevistarse con el presidente, éste se asustó. Creyó que iban con intenciones de arrebatarle el poder y escapó, refugiándose en Guinea Conakry, país vecino.

Así, sin habérselo propuesto, los jóvenes oficiales se encontraron con el poder en sus manos y decidieron hacerse cargo de él.

Declararon derrocado a Momoh y nombraron nuevo presidente al capitán Valentine Strasser de 27 años y vicepresidente a Sólomon Musa de 24 años. Se le consignó la lucha contra los rebeldes a Tom Nuyman.

Este, tal vez, fue el golpe de estado más incruento que ha conocido la historia de Africa.

Strasser declaró que los objetivos de su gobierno eran acabar con la guerrilla y la corrupción.

La verdad es que el país necesitaba un líder que le devolviese la confianza. Este líder lo encontró en Strasser, un oficial seguido por sus soldados y querido por la población que empezó a llamarle "our redeemer" (nuestro redentor).

 


VUELVE EL OPTIMISMO

Varios altos cargos de la administración anterior, acusados de corrupción, fueron encarcelados. Los militares veteranos, que podían desconfiar de la juventud de los nuevos gobernantes, fueron destituidos.

Se aseguró el suministro de arroz a los mercados de la capital, se fijó su precio en todo el país, se prohibió la salida de diamantes del país y se cancelaron las licencias de explotación para poder controlar su producción. Fueron momentos de gran optimismo para un país cansado y empobrecido.

Se formuló un programa de reforma económica apoyado por el Fondo Monetario Internacional. Se aumentaron los salarios de funcionarios y militares.

Como contrapartida de todo esto los civiles tuvieron que soportar los abusos llevados a cabo por los soldados, seguros de su nueva condición de salvadores del país y envalentonados por el poder que dan las armas.

 


COMPRA DE ARMAS

Con el objetivo de acabar con la guerrilla y aconsejado por algunos países occidentales, el nuevo gobierno empezó una política de compra de armas. Para ello se hipotecaron, una vez más, los recursos económicos del país.

Se reclutaron a jóvenes voluntarios que sin mucha preparación fueron mandados al frente. Muchos jóvenes, sin trabajo y sin futuro, se enrolaron en el ejército, buscando en él los beneficios que la guerra les podía ofrecer.

Se estaban poniendo así las bases de nuevos conflictos armados.

El ejército recuperó gran parte de los territorios que habían sido ocupados por los rebeldes. Empezaron a correr leyendas sobre Ton Nuyman, el hombre que conducía la guerra desde Kenema. Algunos le atribuían poderes mágicos. De él se contaban las hazañas más increíbles. Lo cierto es que había sabido aprovechar la debilidad de Charles Taylor en Liberia.

Pero, la fragilidad de sus victorias se pudo constatar poco después cuando los guerrilleros, bien armados y bien dirigidos, pusieron nuevamente en jaque a las tropas gubernamentales.

 


EL CUENTO DE NUNCA ACABAR

Entre los soldados, faltos de preparación, volvió a cundir el desánimo. Muchos abandonaron la disciplina del ejército. Se formaron bandas armadas e incontroladas cuya finalidad fue saquear las aldeas que encontraban en su camino.

Esta es la situación actual del país. Militares y rebeldes parecen beneficiarse de ella, especialmente en las zonas de diamantes donde el poder y los beneficios se los reparten entre ellos.

La población civil está sometida a los atropellos de los hombres armados y la menor queja supone la muerte.

Esta situación ha obligado a más de un millón de personas, una cuarta parte de la población del país, a abandonar sus casas y sus tierras para encontrar refugio en la capital o en campos de refugiados donde reina el caos y la pobreza.

Las últimas noticias indican que los "refugiados" están ya alcanzando la cifra de dos millones, lo que significaría, si los datos se confirman, que casi la mitad de la población del país vive en la miseria.

Freetown se ha convertido en un bunker con soldados por todas partes para defender la ciudad de un posible ataque o de un nuevo intento de golpe de estado.

El miedo ha hecho encerrarse al presidente y a sus ministros en sus casas, fuertemente protegidas por los tanques. Raro es el mes en que no se "descubre" una intentona golpista, excusa aprovechada para ejecutar a quienes se atreven a criticar la situación.

 


HACIA UNA POBLACION SIN RAICES

Los habitantes de Sierra Leona pasaron de ser dos millones y medio en el momento de la independencia a ser más de cuatro millones actualmente.

Antes la población era mayoritariamente rural. Actualmente el 35% de los habitantes del país se concentran en las ciudades y este éxodo tiende a aumentar.

La inseguridad permanente hace que la gente busque refugio en la ciudad, considerada más segura. Además, la pobreza en los poblados empuja a los jóvenes a buscar en la ciudad lo que necesitan para vivir.

El fenómeno de la "urbanización" de la población tiene ya importantes consecuencias y está modificando los modos de vida de las gentes.

Al abandonar el poblado se abandona también el sistema tradicional de vida: se abandonan los valores que habían mantenido unida la sociedad, los modos de relación con los otros y la religión de los antepasados atada al poblado.

En la ciudad, muchos se consideran cristianos o musulmanes para evitar la vergüenza de ser llamados "kafri" ("no creyentes"), pero no viven la experiencia de la nueva religión en profundidad. En ellos queda un enorme vacío religioso que dificilmente podrá llenarse.

Se abandona la herencia del pasado y la tradición, pero, en su lugar, no se encuentra nada.

 


EL EVANGELIO EN SIERRA LEONA

Cronológicamente el cristianismo llegó a Sierra Leona en 1605. Pero la Iglesia no cuajó. Desapareció al desaparecer los misioneros y sólo quedó algún rastro en los puertos más importantes donde solían pararse las naves de los comerciantes que recorrían estas rutas.

Una nueva etapa para el Evangelio se anunció en Sierra Leona con la llegada de los esclavos liberados en Inglaterra por Granville Sharp. Muchos de ellos pertenecían a las iglesias protestantes inglesas y con ellos trajeron el Evangelio.

Con la colonización inglesa llegaron otra vez los misioneros cristianos: metodistas y anglicanos.

 


UNA PRESENCIA NOTABLE

En 1822 el gobernador británico de la región, Sir Mac Carthy, invitó a una religiosa católica a organizar el hospital de Freetown. De esta forma, en 1823, Sor Ana María Javoyhey, francesa y fundadora de las hermanas de San José de Cluny, abrió la presencia actual de la Iglesia Católica en Sierra Leona.

En 1859 llegaron los primeros misioneros de la Sociedad de Misiones Africana pero, poco después, murieron víctimas de la fiebre amarilla. A causa de estas muertes, Sierra Leona recibió el nombre de "Tumba del hombre blanco".

En 1885 llegó un grupo de Misioneros del Espíritu Santo quienes lograron fundar misiones en la costa y en las regiones del sur y del este del país.

Desde los inicios los misioneros católicos se ocuparon de los más pobres y desfavorecidos. Se fundaron escuelas y hospitales. Todo ello hizo que los cristianos, a pesar de ser una minoría, fuesen una presencia muy significativa en el país.

 


AL SERVICIO DE LA PERSONA

Los Misioneros Javerianos llegaron en Sierra Leona el año 1950, después de haber superado graves dificultades que les ponía el gobierno colonial británico. A ellos se les asignó la tarea de fundar la Iglesia en las regiones del norte del país, consideradas musulmanas.

A su llegada, algunos les advirtieron que se equivocaban y perdían el tiempo al intentar fundar misiones en la zona musulmana.

El inicio fue un desafío. El país estaba todavía bajo el sistema colonial británico. La Iglesia no era muy conocida. La educación era el privilegio de unos pocos y aquellos misioneros javerianos carecían de recursos económicos.

Pero también había muchos signos esperanzadores. Los misioneros, llenos de celo, encontraron un pueblo cálido y acogedor; gente dispuesta a soportar las dificultades de la vida, hombres y mujeres que oraban con profundo sentido religioso.

El programa de aquellos misioneros fue tomado, literalmente, de las palabras de Cristo a sus discípulos: "Predicad la Buena Noticia, enseñad, bautizad, curad a los enfermos, dad de comer a los hambrientos..."

 


"ENSEÑAD..."

Hoy, después de más de cuarenta años, la Iglesia ha echado raíces también en el norte del país.

Aquellos javerianos se dedicaron, sobre todo, a fundar, construir y dirigir escuelas, que se veían como el mejor modo de contribuir al desarrollo de aquella sociedad.

Sólo Dios conoce los esfuerzos que han sido necesarios para llegar a la actual red de más de 500 escuelas. Pero el trabajo ha dado frutos. Con la escuela se ha creado una nueva conciencia entre la gente que ha recobrado su dignidad y el sentido de su responsabilidad en la construcción del país.

Las estructuras educativas católicas son un testimonio vivo del sentido de iniciativa y de dedicación de los misioneros. La labor, por el bien del país que las escuelas, fundadas por los javerianos, han realizado, es reconocida hoy por todos.

 


"CURAD..."

El interés para el que sufre llevó a los javerianos a interesarse también de los leprosos, los más abandonados entre los pobres enfermos. Fueron muchos los medios que dedicaron a su cura, muchas las horas de trabajo y las distancias recorridas por pistas impracticables.

Aquel trabajo, dirigido por los javerianos el Dr. Stocco y el P. Serra, eliminó casi completamente la lepra del país y hoy el trabajo realizado por aquellos pioneros, es modelo en la lucha contra la lepra en otros países africanos.

Actualmente se está intentando aplicar el mismo método de trabajo para combatir otra enfermedad presente en el país: la tuberculosis.

Fruto del interés por los enfermos ha sido el "Stocco Hospital" de Lunsar, actualmente regido por los Hermanos de San Juan de Dios, y los centros de rehabilitación de niños poliomielíticos de Kambia y de Masiaka, en los que trabajan las Misioneras Javerianas.

 


CONSTRUYENDO COMUNIDADES VIVAS

Actualmente la principal actividad de la Iglesia de Sierra Leona consiste en la preparación de líderes locales capaces de conducir y animar a las comunidades cristianas. Para ello los Misioneros Javerianos han fundado y están dirigiendo un Centro de Formación Pastoral para animadores de comunidades.

En el campo de la promoción, los Misioneros Javerianos han empezado una campaña de alfabetización y concientización de jóvenes y adultos ya que sólo ellos serán capaces de resolver los enormes problemas que tiene planteado el país.

Sabemos que sólo el caminar con el pueblo puede hacer que los pobres sean los autores de su desarrollo auténtico. Estando con ellos, descubriendo juntos las causas de su pobreza y buscando juntos, podremos encontrar los caminos que les lleven a un auténtico desarrollo de las personas y de las estructuras sociales.

Y sólo el consolidarse de las comunidades cristianas, auténticamente insertadas en su sociedad, y animadas por líderes locales, hará que el Evangelio sea luz y sal para aquellas culturas.

 


HACIA LA NUEVA MISION

Servicio más que dirección será la nueva forma de presencia misionera en Sierra Leona. En el futuro inmediato la gente del lugar tomará más responsabilidades en el destino de la Iglesia local. Ellos decidirán las prioridades, fijarán el estilo, ocuparán los puestos de dirección.

La presencia del misionero, aún necesaria, deberá tener y sentir un gran respeto y aprecio por la cultura local, ajustándose a la misma, trabajando como hombre de Dios en los campos especializados donde aún se le pida sus servicio. Creyendo siempre que Dios tiene un maravilloso plan de amor para salvar el mundo.

Los 48 javerianos que actualmente trabajan en Sierra Leona, quieren continuar al servicio del plan de Dios con humildad, admiración y amor.

"El 25 de Enero de 1995, siete misioneras javerianas, 6 italianas y 1 brasileña, han sido cogidas como rehenes por los rebeldes en Sierra Leona". Así decía la noticia aparecida en algunos periódicos de Europa.

Las hermanas Misioneras Javerianas en Sierra Leona se dedican, sobre todo, a la rehabilitación de niños poliomielíticos. Al agravarse la situación del país, tomaron algunas precauciones pero decidieron quedarse en la misión para no abandonar a los niños acogidos en su hospital.

Pero, la guerra no respeta ni siquiera a quienes hacen el bien. Un grupo de guerrilleros saqueó la misión y se llevó como rehenes a las hermanas misioneras.

Quienes, después de ser paseadas por el poblado como botín de una conquista, fueron obligadas a una larga marcha a pie de más de 200 kilómetros, a través de la selva, hacia el campo de los guerrilleros.

 


MISIÓN EN LA FE

Este suceso hizo que todos los que amamos Africa, viviésemos días de espera y de angustia.

En aquellos días, el Superior General de los Misioneros Javerianos escribió:

"El pasado 25 de Enero, fiesta de la conversión de San Pablo, durante un ataque de los rebeldes al poblado de Kambia, fueron secuestradas las siete hermanas javerianas presentes en aquella misión.

Los secuestradores las pasearon por el poblado, como si de un botín de guerra se tratase. Luego fueron conducidas hacia un destino desconocido en la selva.

Hasta el día de la fecha, nuestras hermanas continúan todavía en manos de estos "combatientes", de los que desconocemos su identidad y sus proyectos.

Tal vez, se trata del episodio más grave sucedido en los cincuenta años de historia de las Misioneras Javerianas. Un episodio que nos afecta a todos, no sólo desde el punto de vista humano, sino también espiritual.

Este hecho junto con la situación de inseguridad y peligro en la que estamos viviendo los Misioneros Javerianos ya sea en Sierra Leona, como en el resto de Africa y también en otras partes del mundo, está incidiendo de un modo inesperado en la celebración de los cien años de la fundación de nuestra familia.

Es un suceso que nos recuerda con fuerza y brutalidad el sentido de nuestra celebración y de nuestra vocación misionera.

Nos recuerda que la vocación misionera comporta, aunque no siempre la exige, la entrega de la propia vida. Entrega que está inscrita en nuestra vocación como una posibilidad siempre presente.

La realización concreta de nuestra vocación no puede nunca contradecir a su característica fundamental de entrega y de olvido de sí mismo, que es el único modo de afirmar, ante el mundo, la prioridad del Evangelio y de Cristo.

El fin de nuestra tarea apostólica es hacer que las personas y las comunidades crezcan a través del Evangelio. Todo lo demás es accesorio y debe estar al servicio de esta tarea fundamental.

Estas siete hermanas nuestras, secuestradas y con un futuro incierto, están viviendo ahora la misión sin ninguna mediación de estructuras y sin el apoyo de realidades humanas. La están viviendo en la fe, desnuda de toda seguridad, y en la entrega de sí mismas.

La lección, que nos viene de este lamentable suceso, nos la han dictado las mismas hermanas, quienes, en una actitud clarísima de fe y de fidelidad, pocos días antes y conscientes del agravamiento de la situación, escribieron:

"En este momento de inestabilidad política y de guerrilla asumimos, una vez más, la misión que se nos ha confiado.

Sentimos la inseguridad y la duda. Reconocemos que el "sí" dicho a Dios y a nuestros hermanos de Sierra Leona, en estos momentos es un "sí" pronunciado en la fe, como lo fue el "sí" de Abrahán que marchó sin saber adonde le conducía Dios.

En la oración queremos encontrar la fuerza que alimente en nosotras una visión positiva de la realidad, fruto de la fe, y que nos haga entrever los caminos que el Señor nos está abriendo"

Ahora sabemos que el camino, que el Señor les ha abierto, pasa por aquellos bosques desconocidos y no se sabe por qué senderos continuará conduciéndolas.

Sólo sabemos que han cambiado de casa y de trabajo, más allá de lo que se podía esperar, y que ahora, secuestradas e indefensas, son mucho más misioneras que cuando practicaban la fisioterapia o enseñaban catecismo.

Hoy nuestras hermanas son un testimonio profético para todos nosotros. Nos recuerdan que lo esencial de nuestra espiritualidad es la entrega de nuestras vidas confiando en el Señor".

 


LIBERACION CONTADA POR UN PERIODISTA

Las siete Misioneras Javerianas, secuestradas fueron liberadas dos meses después, el 21 de marzo de 1995. Estas son las primeras impresiones recogidas a su llegada a Roma y a Parma (Italia):

"La verdad es que no queríamos venirnos de allí. Si no hubiese sido por nuestras familias, nadie nos habría convencido a tomarnos unas vacaciones. Ya soñamos con el momento en que podremos regresar a nuestra misión". Así nos dice Adriana mientras nos abrazamos en el aeropuerto.

Apenas llegaron a Parma, donde se encuentra la casa madre de las Misioneras Javerianas, las siete hermanas entraron en la capilla y allí cantaron el "Magníficat". Después continuaron los abrazos. En la confusión que se creó en aquella capilla, vimos resbalar lágrimas por alguna mejilla. "Han sido días, semanas, meses terribles de espera y de angustia", nos confía el padre de una de las misioneras.

"Hemos visto, varias veces, la muerte muy cerca de nosotras. He tenido miedo a causa de la atmósfera misma del campo. Nosotras, favorables a la vida, veíamos siempre amenazada la vida", dice Angela. En efecto, el lugar donde se encontraban secuestradas fue bombardeado varias veces por el ejército. Los rebeldes las acusaron de ser espías y les prohibieron comunicar por radio con el obispo.

Vemos a nuestras hermanas algo más delgadas. "Comíamos lo mismo que comían los guerrilleros, o sea, poco y sólo cuando había algo que comer" dice Lucía. "Lo más duro fue la marcha hasta el campo base de los guerrilleros. Creo que en pocos días recorrimos a pie más de 200 kilómetros. Al principio creían que nuestro paso lento fuese una provocación para frenar la marcha. Tengo 65 años, les dije, y no puedo caminar como vosotros. Ellos al final lo entendieron".

"Siempre nos han tratado bien. Permitían que rezásemos juntas y alguno de ellos se unía a nosotras en los momentos de oración", nos cuenta Ana. "No han practicado ninguna violencia ni amenaza. Lo que más nos hacía sufrir era el ver las condiciones de algunos presos. Los usaban como esclavos... Y esta pobre gente, a pesar de todo, encontraba fuerzas para infundirnos ánimos".

El obispo de la misión, el javeriano Jorge Biguzzi, nos comenta: "Las conversaciones para obtener la libertad de las hermanas han sido difíciles. Al principio, pedían armas y dinero. Les contestamos que no aceptábamos lo que exigían. Hubo unas semanas de silencio que nos preocupó mucho. Finalmente ellos creyeron que habían conseguido su finalidad: hacer que en occidente se hablase de ellos. Fue entonces cuando se dispusieron a liberar a las hermanas sin condiciones, pero querían garantías de que el ejército no intervendría. Finalmente, llegó el comunicado que tanto esperábamos: "A las cuatro y media de la mañana y en tal lugar". Y así fue".

"Los rebeldes nos han encomendado un mensaje, dice Teresa. Piden a los países occidentales que dejen de vender armas a Sierra Leona".

La situación del país es muy alarmante. "Pero los misioneros no nos rendimos", ha dicho Angela, "dentro de poco estaremos de nuevo en nuestra misión de Kambia".

 


TEOLOGIA DE UN SECUESTRO

Durante su secuestro, estas siete hermanas no han predicado, han vivido. Ellas no son ni mejores ni peores que nosotros, pero, a ellas les ha tocado vivir un don excepcional de Dios: Seguir el camino de Jesús que por amor entregó su vida.

Era necesario que alguien fuese testigo del Evangelio en medio de aquellos guerrilleros, hombres armados que siembran el terror.

El Señor ha tenido misericordia de ellos y ha elegido a nuestras hermanas para que fuesen esos testigos.

Algunos se escandalizarán de esta lectura que hacemos, casi como si Dios quisiese la violencia. No decimos eso, decimos que incluso en medio de la violencia Dios envía a quien pueda anunciar, allí también, su misericordia.

En estos días hemos oído frases como: "¡Ya ves lo que sucede cuando se va a Africa!". "¡Si tratan así a quienes van para ayudarles, lo mejor es dejarles solos, que se las arreglen". "Ahora sí que se les habrán pasado las ganas de volver allí"...

Son razonamientos que están a una distancia de millones de años luz de la lógica de Dios.

Nuestras hermanas, durante su secuestro, no sólo han vivido y anunciado el Evangelio, no sólo han puesto sus vidas al servicio de los pobres, sino que, sobre todo, han saboreado el sufrimiento, alimento de aquel pueblo oprimido.

Miles y miles de personas, en Africa y en otras partes del mundo, viven la misma experiencia que han vivido nuestras hermanas. Cristo está con ellos y dichosos nosotros cuando somos llamados a acompañarlo por los senderos de dolor de nuestra historia y de nuestro mundo. Porque, estando con los pobres, estamos con Dios. Llevando la cruz de los pobres, llevamos la cruz de Cristo y con El, y con ellos, caminamos hacia la Resurrección.

 


¿POR QUÉ ME MARCHÉ? ¿Y, POR QUÉ NO?

Juan Carlos es un médico que ha ido varias veces a Sierra Leona para ayudar en el hospital de Lunsar. Después de su primer viaje contestó a nuestras preguntas:

¿Cómo nació tu idea de ir a trabajar en un hospital de Africa?
Hace unos años un amigo se fue a Sierra Leona a realizar un servicio sustitutorio como médico. Cuando volvió se le notaba distinto, lo que había vivido allí le hacía ver la vida de otra forma. Me gustó.

Conocí luego a los Misioneros Javerianos y, poco a poco, gracias a su ayuda, fui madurando en la idea de marcharme. Cuando lo tuve claro, me dije: "Ahora".

Era el momento y postergar la decisión por miedo hubiera sido una gran decepción.

Seguramente el marcharte no ha sido fácil...
Claro que no. La decisión no dependía sólo de mí. Necesitaba el permiso de los responsables del hospital donde estoy trabajando. La normativa actual no me lo ponía fácil. Pero gracias al apoyo de algunos que veían lo importante de la experiencia, conseguí un permiso, sin sueldo, que unido al mes de vacaciones me permitió pasar tres meses en Sierra Leona.

Allí, en tres meses, he aprendido más cirugía que en todo un año aquí.

¿Cómo encontraste la situación política y social de Sierra Leona?
Hay situaciones que te indignan. Es terrible vivir en un país con situaciones infrahumanas de alimentación, sanidad, educación.

Cuando estuve allí, algunos periodistas denunciaron que el Presidente y algunos ministros habían sacado fraudulentamente del país millones de dólares producto de la venta de diamantes.

La gente, después de años y años de dictadura y de corrupción, ya no espera nada, no cree posible un cambio. Lo único que cambia es la situación del bolsillo de los que tienen el poder.

¿Cómo era tu trabajo y tu jornada allí?
Hacía de todo, según las necesidades. La superespecialización del médico, que es lo que prima en una sociedad como la nuestra, allí es imposible: tienes que ser un médico todo terreno.

Empezaba mi trabajo por la mañana visitando a los ingresados. Una tercera parte de los enfermos eran niños, debía, pues, encargarme de la pediatría. Luego pasaba al dispensario y allí me encontraba con todo tipo de enfermedades.

Por la tarde me ponía, junto al cirujano de allí, en el quirófano hasta la hora de cenar. Antes de acostarme visitaba a los enfermos más críticos. Rara era la noche en que no había urgencias. Acababa el día cansado pero tremendamente realizado.

Lo más interesante es convivir con aquella gente: tú das lo que eres y recibes lo que ellos son, y he recibido más de lo que he dado. Las relaciones interpersonales son muy intensas y cargadas de afectividad, ahí radica el encanto de un hospital africano. En tus relaciones con el enfermo no estás delante de un caso de tuberculosis, por ejemplo, sino delante de una persona. Es un redescubrir tu vocación, eres feliz.

Allí estuviste con misioneros javerianos, viste su trabajo, ¿qué recuerdo tienes?
Tenía una imagen del misionero equivocada, como de superhombres. Allí vi que son gente normal, con sus virtudes y sus debilidades y eso me encantó. Lo bonito de aquellos misioneros es que son sencillamente normales, y cuanto más normales, mejores misioneros son.

Los misioneros conviven con la gente, se integran con ellos, aprenden sus lenguas. Esto es lo que los hace diferentes de otros que se acercan al país; por eso, creo, la gente les quiere y les respeta.

En las comunidades cristianas me he dado cuenta que aquellos cristianos partiendo de la Palabra de Dios, se enfrentan con los problemas del poblado viviendo con una nueva esperanza.

¿Ahora, tu vida es la misma que antes?
Soy el mismo, sigo haciendo las mismas cosas, pero algo se ha metido en mí que me hace ver la vida de otra forma.

He convivido con los verdaderamente pobres, que no tienen nada, y ellos me han permitido compartir su felicidad. Lo único que tienen para darte son sus cantos al anochecer, su compañía alrededor del fuego, su alegría cuando llegan las primeras lluvias... Después de esto te preguntas ¿Dónde está la verdadera felicidad? Ellos me han enseñado que está más cerca de lo que te crees. Está dentro de nosotros. Allí descubres que la persona vale por lo que lleva dentro y no por su fachada.

¿Piensas volver?
Si.

De hecho, Juan Carlos volvió poco después y vivió allí un ataque de los guerrilleros a aquella misión.

 


PRIMER CONTACTO CON AFRICA

Chema es un joven misionero javeriano. Pasó los dos últimos años en la misión de Sierra Leona. Al volver nos contó:

Estos dos años han sido algo muy bonito en mi vida. He conocido un país precioso y a unas personas muy acogedoras. Me he encontrado muy a gusto. Sierra Leona me ha encantado.

¿Te costó adaptarte a las costumbres y forma de vida de aquel país?
Siempre que uno sale de su propio país le cuesta adaptarse, y mucho más si vas a una cultura tan distinta de la nuestra como puede ser la sierra-leonesa. Yo tuve la suerte de vivir el primer año en comunidad con cuatro jóvenes sierra-leoneses. Ellos me ayudaron a adaptarme poco a poco, a comprender las cosas y a estudiar la lengua local. He aprendido a respetar una cultura distinta de la mía y a no juzgar lo que no se entiende.

De todas formas, sólo he estado dos años en Sierra Leona y eso es muy poco tiempo para poder conocer bien aquella cultura. El no poder hablar corrientemente la lengua de la gente te impide comunicarte libremente. Me sentía, a veces, como un niño pequeño intentando hacerme entender.

¿Cómo está la situación en Sierra Leona?
El país lleva varios años en guerra. Esto ha originado un gran número de refugiados. Muchos de ellos viven, sin nada, en campos de refugiados. Freetown, la capital, ha duplicado su población en poco tiempo y ya podéis imaginaros el problema que esto significa.

Todo esto hace que me pregunte: ¿Cómo es posible que se mantenga una situación así durante tanto tiempo? ¿De dónde vienen las armas que la mantienen?

He visto cómo la gente intenta vivir en esta situación. Me impresionó mucho la capacidad de lucha por sobrevivir que ellos tienen.

Sabemos que trabajaste con los refugiados.
Sí, el primer año que estuve en Kenema, una ciudad al este del país, muy cerca de la zona de guerra, ayudé en el campo de refugiados que había a las afueras de la ciudad.

Intenté dar una mano en la organización del campo y en la tarea de sensibilización de la gente. Los domingos me reunía con la comunidad cristiana en uno de los barracones que servían de escuela y allí celebrábamos la liturgia de la palabra.

Me encontré con bastantes dramas humanos, frutos de la guerra y de la miseria que se vive en un campo de refugiados. Las posibilidades que teníamos para ayudarles eran mínimas.

Experimenté también la lentitud de las grandes organizaciones internacionales, llenas de burocracia, cuyas ayudas se pierden por el camino. Por el contrario vi cómo las pequeñas ONGs, trabajando sobre el terreno, eran más eficaces en su ayuda.

¿Qué otra tarea realizaste?
El segundo año lo pasé en Freetown, en una misión que los javerianos tenemos en la periferia de la ciudad.

Fue una experiencia totalmente distinta. Yo empezaba ya a comunicarme en Krio. El contacto con la gente era mucho más directo. Mi tarea fue la animación de los jóvenes. Esto me permitió compartir mi vida con ellos y conocer la situación en la que viven: una situación de desesperanza por falta de trabajo y por el desarraigo cultural...

Allí conocí las comunidades de base, una experiencia maravillosa. Los vecinos se reúnen para rezar con la Biblia, escuchan y repiten el pasaje elegido para asimilarlo, lo hacen oración y lo actualizan en la situación que ellos están viviendo. De estas reuniones vi cómo surgían pequeñas acciones para mejorar juntos su situación.

En esta misión fui ordenado diácono. Me emocionó ver cómo la gente tomó parte en la celebración y cómo la vivió. Ellos estaban más ilusionados que yo y lo demostraron en la fiesta.

Me hizo ver cómo el ministerio sólo tiene sentido si brota de la comunidad, es compartido por ella y puesto a su servicio.

¿Cómo ves ahora tu camino?
Mi vocación misionera empezó por una preocupación social, por un querer hacer algo por los otros, puro altruismo, quizás. Luego fui viendo cómo Dios me pedía más de mí mismo.

Descubrí así la invitación que Dios me hacía de servir a los más pobres de la tierra. Me decidí y, terminados los estudios en la universidad, entré en la comunidad de los Misioneros Javerianos.

Creo que cuando llegué a Sierra Leona comprendí lo que realmente Dios me pedía: no tanto hacer cosas cuanto compartir mi vida y lo que soy con la gente de allí y de aquí, donde quiera que esté.

Creo que he encontrado mi lugar, estoy satisfecho y feliz. Pero, sigo buscando qué es lo que quiere el Señor de mí en cada momento. Seguro que me tiene reservadas nuevas sorpresas.

¿Estas dispuesto a volver a Sierra Leona?
Por supuesto, y cuanto antes mejor.