Mientras estamos escribiendo, no están nada claras las consecuencias que tendrá la guerra de Kivu. Ni sabemos lo que será de los cientos de miles de refugiados hutu que han regresado a Rwanda o a Burundi, ni que suerte aguarda a los cientos de miles que, ante el acoso de los tutzi, han decidido internarse en las selvas de Zaire.
Por televisión hemos visto el horror de las matanzas, hemos contemplado el miedo impreso en los rostros de tantos inocentes. Nos han hablado de las epidemias, del hambre y del cansancio de un caminar sin rumbo. Hemos visto las imágenes de los cadáveres en las cunetas de los caminos. Es la cara de un drama que, quienes pueden, parecen no querer acabar.
Ante tanto sufrimiento humano convertido en espectáculo, pensamos que tenemos el deber de "comprender" lo que está pasando, para ir más allá de la apariencia, buscando encontrar las causas profundas que han provocado este drama.
Porque, lo que está sucediendo, no es más que la consecuencia de terribles errores cometidos, más o menos conscientemente, desde hace muchos años.
Si nos damos cuenta de lo que ha causado la tragedia actual, tal vez, sintamos vergüenza, aprendamos la lección y empecemos a denunciar la miopía de las actuales "políticas exteriores" de los gobiernos de Occidente.
Hay una nueva realidad mundial de la que África, por su debilidad, es la víctima que exige un nuevo orden mundial y nos pide a gritos que demos respuestas concretas.
La situación actual de Kivu es el resultado de muchos errores que allí han convergido y se han agravado. Intentamos narrarlos, mostrando las relaciones existentes entre ellos.
Uno de los más graves errores cometidos lo permitió el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Este organismo, contra todas las normas internacionales. permitió que a lo largo de toda la zona de la frontera zaireña con Rwanda y Burundi se instalasen campos para los hutu prófugos de Rwanda, a partir de 1994, y luego de Burundi, a partir de 1995.
La mayoría de los prófugos alojados en estos campos no eran "interahamwe", autores de la masacre que, contra tutzi y hutu moderados, se desencadenó en Rwanda. Eran sólo hutu que habían huido temiendo las represalias que los tutzi estaban realizando en el país.
Pero es verdad que, entre ellos, se escondían los autores de aquel genocidio, los fanáticos "interahamwe" junto con ex-militares del anterior ejército rwandés. Algunos acusan a Francia de haber permitido con la "Operación Turquoise", disfrazada de operación humanitaria, que muchos de los culpables del genocidio se refugiasen en Zaire, con el consentimiento de Mobutu.
Éstos entraron en Zaire con sus armas y con su organización militar y se instalaron en los campos de refugiados junto a los miles de civiles inocentes. Ahora se sabe lo que se sospechaba: allí continuaron recibiendo armas y municiones.
Otro error gravísimo: Se permitió a estos hombres, armados y culpables del genocidio, que se erigiesen como jefes en los campos y controlasen al resto de refugiados.
Se dedicaron a sembrar, entre los refugiados, el miedo, el odio y el espíritu de venganza. Reclutaron, entre los jóvenes, a nuevos adeptos, los armaron y los entrenaron a la guerrilla. Y, usando los campos como base, realizaron operaciones de terrorismo en Rwanda. En definitiva, para ellos los campos eran la base desde la que iniciar la reconquista armada de Rwanda, su país, para reinstaurar su poder.
El actual gobierno de Rwanda, en mano de los tutzi, se ha comportado, con el consentimiento de la Comunidad Internacional, con una ambigüedad fríamente calculada. Ha solicitado con insistencia el regreso de los refugiados. Pero no ha sido capaz de garantizar la seguridad de los que regresan ni la recuperación por parte de los mismos de sus casas y campos, ocupados por tutzi provenientes de Uganda.
De hecho, no pocos hutu, que se habían atrevido a regresar a su país, "desaparecieron" al llegar a sus aldeas, sin que nadie lo impidiese. Esto se sabía, había sido denunciado por misioneros y otros organismos humanitarios, pero se decía que era "cuestión interna".
En Rwanda, la falta de tribunales imparciales en grado de asegurar la administración de la justicia y de distinguir entre culpables e inocentes, impidió el regreso de los refugiados, temerosos de una justicia sumaria de los tutzi contra ellos.
Las declaraciones inconscientes de algunos "expertos" de Ginebra, que, frente a la situación penosa de los campos de refugiados, propusieron como solución la vuelta forzada de los hutu a Rwanda, produjo indignación no sólo de los representantes de los hutu, sino incluso de expertos menos cínicos. De hecho el regreso de los refugiados hutu a Rwanda o a Burundi, dadas las condiciones políticas de estos países, significa condenarlos a la marginación o, peor aún, a la muerte.
Pero los campos de refugiados hutu, cerca de sus fronteras, inquietaba fuertemente al gobierno tutzi de Rwanda. Temía que, desde allí, los hutu pudiesen organizar el mismo gesto de "invasión armada", que los tutzi habían realizado en 1990, partiendo de Uganda, y que les condujo cuatro años después al poder.
La solución para el gobierno de Rwanda comportaba dos acciones complementarias. Permitir, con un regreso controlado, a algunos hutu que volviesen a sus tierras, ya que en el interior del país serían controlados más fácilmente. Y alejar a los restantes de los campos cercanos a la frontera o, como alternativa, penetrar en los campos para destruir su organización militar y eliminar a los cabecillas y a cuantos pudiesen dar fastidio en el futuro.
No hay que olvidar que el actual gobierno de Rwanda es fruto de una conquista armada, de una guerra que duró cuatro años, causó miles de víctimas inocentes entre la población y dio origen al éxodo de los hutu aterrorizados.
Tampoco hay que olvidar que el genocidio del año 1994, en el que perdieron la vida muchos tutzi, pero también muchos hutu moderados, fue el resultado de la debilidad del ejército rwandés para contener el avance de los guerrilleros tutzi.
Para combatir la guerrilla tutzi, que atacaba desde Uganda, y con el consentimiento de algunos países occidentales, sobre todo Francia, el gobierno de Kigali había distribuido armas entre la población hutu y había creado grupos armados de jóvenes, extremistas y fanáticos, para la defensa del régimen. Fue el origen de los "interahamwe".
Con estos precedentes se entiende que el gobierno actual de Rwanda tema que los hutu, que son el 85 % de la población del país, puedan un día conquistar con la fuerza de las armas lo que con las armas les fue arrebatado.
Para hacer frente a esta amenaza, el gobierno de Rwanda obtuvo de las Naciones Unidas el levantamiento del embargo del comercio de armas que pesaba sobre el país.
Logrado este objetivo, el ejército rwandés ha multiplicado su potencial militar, con la complacencia de los países que han hecho buenas ganancias vendiéndoles armamento. Como excusa, se dijo que era necesario impedir que "tropas apoyadas desde el exterior, pudiesen entrar en Rwanda y ejecutar nuevas masacres".
Sin embargo, la fragilidad del régimen de Rwanda no se debe al "peligro de una agresión armada desde el exterior", sino que, como algunos expertos de la ONU han afirmado: "la crisis actual de la región nace principalmente de la negativa del gobierno de Rwanda, dominado por los tutzi, a compartir el poder con los hutu".
Estos expertos afirman que la comunidad internacional tiene dificultad para comprender lo que está sucediendo, porque tiene aún un fuerte complejo de culpa hacia quienes sufrieron mayormente las consecuencias del genocidio de 1994.
"Es necesario -dicen estos mismos expertos- comprender que ahora las cosas han cambiado y que el gobierno rwandés está haciendo todo lo posible para no tener que compartir el poder conquistado con las armas".
O sea, en Rwanda está pasando lo mismo que en el vecino Burundi: los tutzi, que conquistaron el poder con la fuerza de las armas, a pesar de ser minoría en el país, un 15%, mantienen el poder como algo exclusivo de su etnia, marginando a los hutu que son la mayoría de la población, un 85%.
El pasado 26 de octubre, el periódico francés "Le Monde" publicaba las declaraciones de uno de estos expertos que aseguraba que ciertos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU "están aún acomplejados por no haber detenido el genocidio de 1994. Esto les impide ver la situación actual con objetividad, y por ello nadie se atreve a poner en duda las razones de los tutzi de Kigali".
La realidad es que nadie intenta que el actual gobierno de Rwanda negocie con la mayoría hutu. La falta de democracia interna y las agresiones contra Zaire son vistas por el Consejo de Seguridad de la ONU como defensa de quienes fueron víctimas del genocidio. Ésta es la coartada del gobierno de Kigali.
Otro elemento que debemos tener presente es que Mobutu, presidente-dictador de Zaire, obtuvo indudables ventajas con la llegada de los prófugos hutu a su país.
Mobutu, de ser un político aislado por el mundo, acosado por la oposición y a punto de caer, pasó a ser "interlocutor necesario", a quien hubo que contentar, para que los Organismos Humanitarios pudiesen estar presentes entre los refugiados.
No se puede olvidar que el gobierno zaireño había apoyado, junto con Francia, al anterior gobierno rwandés. Había ayudado a los hutu a defenderse de la invasión de los tutzi capitaneados por Paul Kagame, actual vice-presidente y ministro de la defensa de Rwanda.
Mobutu ha permitido que los refugiados hutu acariciasen la idea de un "país hutu" en la zona. Con ello ha logrado tener bajo presión a algunas etnias locales, que criticaban su dictadura corrompida. Pensaba también que, con su política ambigua, lograría desestabilizar y debilitar a los países vecinos.
Esta alianza de Mobutu con los hutu no podía dejar tranquilo al régimen rwandés.
A todo lo expuesto hay que añadir las dificultades que la presencia masiva de refugiados creó para la población zaireña de la zona.
Kivu es una región con mucha población, pero con una carencia alarmante de estructuras sanitarias, escolares y de comunicación.
En esta región conviven pacíficamente, desde tiempos inmemoriales, varias etnias: Babembe, Bafu- leros, Bavira, Bashi, Barega, Ba-nyamulenge... Los campos de refugiados, con su presencia mayoritaria de hutu, rwandeses y burundeses, rompieron los equilibrios (sociales, económicos, culturales y étnicos) que, después de varios siglos de convivencia de las varias etnias, se habían logrado en la región.
Las autoridades zaireñas, que han usado siempre la técnica de dividir para mejor dominar a la población y con el deseo de ser árbitros absolutos de la situación, prepararon y provocaron los sucesos sangrientos ocurridos en la región y que desencadenaron, en noviembre de 1995, la persecución de los banyarwanda, tutzi huidos de Rwanda e instalados desde hace 40 años en las colinas de Masisi, al norte de Goma. Y, en agosto de 1996, acosaron a los banyamulenge, tutzi asentados en las zonas altas de Uvira desde antes de la colonización.
En estas dos ocasiones, el ejército zaireño se dedicó a una verdadera "caza al tutzi", una minoría presentada como indeseable.
En la región de Goma, unos 40.000 banyarwanda tuvieron que exilarse a Rwanda, convirtiéndose en otros tantos refugiados.
En la región de Uvira y Bukavu, los banyamulege, amenazados por el gobernador con ser expropiados de sus tierras y privados de su ciudadanía zaireña, expuestos a todo tipo de violencia, saqueos y asesinatos, decidieron pasar a la defensa armada, recurriendo para ello a "mercenarios" extranjeros, lo que favoreció ciertos planes de Rwanda.
Notemos que los banyarwanda y los banyamulenge, han sido considerados siempre zaireños y, hasta hace poco, convivían pacíficamente con las otras etnias presentes en la región. Si no hubiesen habido "incidentes provocados", no habría existido ningún tipo de violencia.
Quien conoce a los banyamulenge sabe que estos pastores, que viven en las montañas, por sí solos, no podían tener ni dinero, ni capacidad, ni número de hombres suficientes (los banyamulenge son unos 60.000, mujeres, ancianos y niños comprendidos) para realizar las grandes operaciones militares que se les atribuyen.
Se sabe que, tanto los banyarwanda como los banyamulenge, han sido apoyados con hombres y material de los ejércitos de Rwanda y de Burundi. Mejor dicho han sido utilizados como quinta columna de los ejércitos de Rwanda y de Burundi.
Se sabe que, desde 1994, jóvenes banyamulenge han sido instruidos militarmente por el ejército rwandés en la región de Kigonro, en Rwanda. Terminada la formación militar fueron enviados a Zaire como avanzadilla en el caso de que Rwanda decidiese intervenir militarmente en la región de Kivu.
También Burundi ha colaborado: el 16 de septiembre pasado, se denunció en Nairobi la contribución de Burundi a la militarización de los banyamulenge.
En septiembre pasado, se denunció la presencia en territorio zaireño de 3.000 mercenarios rwandeses, burundeses, ugandeses etiopes, somalíes y sudafricanos, reclutados y armados por Kigali.
El gobierno de Rwanda lo desmintió. Aunque, recientemente, ante la evidencia, lo ha admitido, justificándolo con la necesidad de defenderse de los ataques que Rwanda sufría desde las fronteras zaireñas.
El 18 de septiembre, el gobernador de la zona invitó a los jóvenes zaireños a luchar para "contrastar a los tres mil tutzi, adiestrados por Rwanda, e infiltrados en nuestro país". Fue la chispa que hizo saltar el polvorín, tan minuciosa e irresponsablemente construido.
En Zaire se levantaron muchas voces para denunciar la situación e invocar la intervención de fuerzas neutrales para pacificar la región. Se pidió que la Comunidad Internacional interviniese para evitar una guerra total. Uno de los que habló de manera más clara fue el arzobispo de Bukavu, quien sería asesinado semanas después por militares tutzi.
El 27 de octubre Rwanda bombardeó durante toda la noche, con artillería, el campo de refugiados de Kibumba, a 25 kilómetros de Goma. El bombardeo procedía del 7º batallón rwandés con base en Kigali y desplazado en la zona. Otros testimonios acusaron a Rwanda y a Burundi del bombardeo de los campos de refugiados de Katale, de Panzi y de Luvungi.
Estos bombardeos junto con las noticias, a veces falsas, del avance de los "banyamulenge", empujaron a los hutu a abandonar los campos, empezando un éxodo sin rumbo y causando la tragedia humana que todos hemos visto por televisión.
La coincidencia de estos bombardeos y de los ataques de los "banyamulege", junto con los sucesos de los meses anteriores, demuestran la existencia de un plan muy preciso preparado por Rwanda.
Al sembrar el pánico en los campos de refugiados se provocaba la huida de los hutu. Con ello Rwanda obtenía reducir el riesgo que representaban los campos cerca de sus fronteras y desestabilizar toda la región de Kivu cuyas tierras y minas han sido siempre muy apetecibles.
Este plan favorecía también al actual gobierno tutzi de Burundi, preocupado por el refugio que en los campos de Zaire encontraba su principal opositor, Nyangome, y sus hombres armados.
En marzo de 1995, un ministro rwandés decía: "La anexión de nuevos territorios ofrecería la ocasión de distribuir tierras a todos. Además los autores del genocidio de 1994 vendrían a encontrarse en territorio rwandés y podrían ser perseguidos por la justicia de nuestro país". Tal vez lo que está sucediendo supera con creces las espectativas de dicho ministro.
¿Sueñan con crear un gran imperio tutzi en la región?
Desde hace tiempo corren voces sobre este proyecto y no faltan los documentos que hacen sospechar de su existencia. Este proyecto se realizaría o con la anexión de Kivu por parte de Rwanda, o con la creación del Kivu independiente, dominado por los tutzi.
Pero esto nos parece una auténtica quimera. Es muy difícil imaginar que los tutzi, minoritarios en Rwanda y en Burundi, tuviesen la fuerza suficiente para controlar también la zona de Kivu, donde ellos son una minoría mucho más insignificante. El "imperio tutzi" nos parece por ello algo irrealizable.
Es cierto, sin embargo, que algunas zonas de Kivu, antes de la división colonial, pertenecían al reino de Rwanda. Pero la sed de poder y de riqueza ciega. ¿No sucederá que al querer resolver un problema con la injusticia se cree otro problema mucho mayor?
Rwanda, Burundi y Uganda podrían pedir la revisión de las fronteras y apropiarse de parte de la región de Kivu. Una alianza posterior originaría el "imperio tutzi".
Desde hace años, Zaire está viviendo en el caos. El país está deshecho por años de dictadura y corrupción. Su presidente, Mobutu, se está "recuperando" de una gravísima operación de cáncer. El primer ministro vacila. El ejército carece de medios, está desorganizado y falto de disciplina.
¿Puede volver a encenderse en el país el fantasma de la guerra civil? Los focos de tensión no faltan y la oposición puede dar origen a movimientos guerrilleros internos.
Laurente Kabila, veterano de la lucha armada contra Mobutu, ha resurgido en Bukavu y ha sido presentado como el coordinador de un nuevo movimiento: la Alianza de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo-Zaire.
El 31 de octubre Kabila pidió al pueblo zaireño que se levantase contra el sistema represivo de Mobutu y que se uniese al nuevo movimiento contra el tirano.
Muchos se preguntan como ha resurgido este personaje de los tiempos de la guerrilla mulelista, después de haber permanecido en silencio durante más de treinta años. ¿Tal vez ha sido empujado por los rwandeses para que sea un títere más en la escena? ¿O es que, de veras, la oposición ha aprovechado la ocasión para intentar derrocar al presidente Mobutu? El tiempo lo dirá.
Es muy probable también que, en un futuro no muy lejano, algunas regiones ricas de Zaire (sobre todo Shaba, región minera por excelencia) reivindiquen su independencia. La desaparición de Mobutu, la debilidad del ejército zaireño, el caos creado en el país y los intereses de otros países podrían ser la ocasión propicia para ello.
Los obispos de Zaire han sido una voz valiente que se ha alzado contra la injusticia y la corrupción. En febrero de 1996 habían escrito:
"Es absolutamente inadmisible que, por avaricia, en nuestro país se desprecie la vida humana y que, precisamente los que tienen por misión vigilar la seguridad pública, se pongan fuera de la ley, escondiéndose tras la desinformación y explotando la sencillez de la gente.
Nada sorprende ya en nuestro país, porque la muerte del Estado conlleva la muerte del pueblo.
La decadencia moral en la que vivimos es consecuencia de la miseria que obliga a la gente a recurrir, para sobrevivir, a expedientes y soluciones con frecuencia incompatibles con su conciencia.
El pueblo zaireño se ve confrontado cotidianamente con el espectro de la muerte. Comunidades enteras están condenadas a morir violentamente o a fuego lento, torturadas y agotadas por el hambre, la miseria, la enfermedad... Y esta situación engendra guerras fratricidas.
Testigos del asesinato de nuestro pueblo, denunciamos la muerte moral del Estado Zaireño y su manía destructora, desencadenada contra su propia población.
El hombre político ha adoptado el dinero y el poder como única norma de referencia moral. Se quebranta fácilmente la palabra dada, la leyes y las instituciones del país. Se excluye, por razones étnicas, a muchos de la cosa pública, y por las misma razones poblaciones enteras son perseguidas, desterradas y obligadas a vivir como refugiados en su propio país.
Desgraciadamente, constatamos que el pueblo zaireño no es el único amenazado de destrucción por la avaricia y la ceguera moral de sus dirigentes. En nuestro continente muchos países son sometidos a un mismo proceso de destrucción, corrupción, mentira, avaricia, comercio de armas...
Hoy resulta evidente que la voluntad de asesinar a África no es obra sólo de los dirigentes locales. En la mayoría de los casos, éstos son sólo cómplices que ejecutan planes concebidos fuera del continente. La mayor parte de las guerras tribales y de las divisiones políticas que conocemos en África son sostenidas y, a veces, provocadas por poderes extranjeros para sus intereses particulares".
Todo lo que está pasando, el drama de cientos de miles de personas que luchan entre la vida y la muerte, el peligro de una cadena de guerras sin fin, es el fruto de la política, ciega y egoísta, de ciertos países occidentales, sobre todo de Francia, Bélgica y Estados Unidos.
Ante la tragedia, Europa dice que corresponde a la ONU el tomar las riendas del asunto. La ONU dice que debe de ser la OUA. Los Estados Unidos se desentienden haciéndonos creer que es un problema menor, sin importancia.
Sin embargo, nosotros creemos que las responsabilidades de la Comunidad Internacional ante el drama de Zaire son muy graves. Las resumimos en pocas palabras:
Con su indecisión la ONU no impuso el alejamiento de los campos de refugiados de las fronteras con Rwanda y Burundi.
Además, no se hizo nada para aislar a los criminales, autores del genocidio rwandés, y se permitió que con su presencia y sus armas condicionasen, en los campos, al resto de refugiados.
Nadie impidió la llegada de nuevas armas en la zona. Son muchos los que hicieron negocios suculentos con la venta de armas en los campos de refugiados.
El Alto Comisionado para los Refugiados no impidió que en los campos se impartiese instrucción militar a los jóvenes. Y, sin embargo, obstaculizó a los misioneros y a ciertos organismos humanitarios en sus esfuerzos para organizar actividades educativas entre los jóvenes refugiados.
No se impidió que los campos sirviesen de base a la guerrilla para organizar actos de terrorismo en Rwanda.
La Comunidad Internacional no hace nada para exigir al actual gobierno tutzi de Rwanda el establecimiento de condiciones que, asegurando una justicia imparcial, permitan, con garantías de seguridad, el regreso de los exilados hutu.
Las Naciones Unidas han levantado el embargo de armas que pesaba sobre Rwanda, sin hacer nada para que los que tienen el poder en Rwanda y Burundi inicien un diálogo constructivo con la oposición hutu, excluida del poder y que representa el 85 % de la población.
Incluso ahora, la Comunidad Internacional parece interesarse sólo en los problemas humanitarios de asistencia a las víctimas, pero no da ningún paso para resolver el fondo de los problemas de la región.
Es necesario que los órganos de información internacional informen correctamente y dejen de difundir sólo medias verdades. Que alguien explique por qué los periodistas, que el día 2 de noviembre fueron testigos de la presencia de tropas rwandesas en Goma, no denunciaron la falsedad de las declaraciones que, al día siguiente, hizo el ministro de la defensa rwandés, Paul Kagame, diciendo: "No tenemos ninguna intención de intervenir militarmente en Zaire".
Es necesario que los gobiernos de los países "democráticos y civilizados", dejen de reconocer la autoridad de los dictadores que en África se enriquecen asesinando y oprimiendo a sus pueblos. Para ello, se debe rechazar a todos aquellos políticos que, en África, se apoyan en la división étnica y la fomentan entre sus pueblos para conservar en sus manos el poder.
Es necesario que Occidente favorezca a los políticos africanos honestos. Éstos son los únicos que pueden abrir una nueva senda de paz en el continente.
Recordamos aquí las palabras de los obispos del Zaire en un mensaje, escrito a comienzos del año 1996, dirigido a todos los hombres de buena voluntad:
"A nuestros amigos en el extranjero les decimos: Sin duda sabéis mejor que nosotros que ciertos conciudadanos vuestros, hombres de negocios y dirigentes políticos, no son ajenos a nuestras desgracias.
En vuestros países se fabrican las armas que nos asesinan y las minas que destrozan a los hijos de nuestro pueblo. Entre vosotros hay quienes se enriquecen con nuestra pobreza.
No obstante, no dudamos que muchos de vosotros sois hombres y mujeres enamorados de la justicia y de la paz. Por eso os pedimos que nos ayudéis a combatir los males que nos afectan y que, con frecuencia, se programan en vuestras naciones. Creednos: estos males, que hoy amenazan a África, mañana amenazarán a toda la sociedad humana".
Desde hace algunos meses grupos de hombres armados, han atravesado la frontera y han llegado a los montes de Mulenge, escondiéndose entre la población tutzi del lugar. Cuando en septiembre el ejército zaireño quiso controlar la región, se encontró con que los banyamulenge contaban con hombres muy bien armados, capaces de infligirles serias derrotas.
La sospecha de que el plan de los tutzi era desestabilizar esta zona y hacerse con el control de los Grandes Lagos, hizo que la gente del lugar reaccionase violentamente contra los banyamulenge y sus aliados. El gobernador convocó a la población a una "marcha" contra los tutzi en Uvira y en Bukavu. Esto exasperó a la gente que empezó a ver enemigos por todas partes.
6
de octubre.- Crece entre nosotros la preocupación por la situación
conflictiva que estamos viviendo.
Hoy hemos recibido la noticia de que en la zona de Kidoti - Lemera se ha
producido un grave choque entre militares zaireños y rebeldes. Se rumorea que ha
sido asesinado el párroco de Kidoti, un sacerdote zaireño muy querido por todos.
Confiemos que sean sólo rumores.
7
de octubre.- Nos llega la dramática confirmación de los rumores de ayer. El
P. Koko, párroco de Kidoti, ha sido asesinado por los rebeldes. En la batalla ha
perdido la vida también un coronel del ejército zaireño junto con algunos
soldados. No sabemos nada del p. Ndogole, compañero del P. Koko. Algunos dicen
que logró huir, otros piensan que también él fue asesinado.
Desde Lemera nos confirman que el hospital ha sido asaltado. Lo han saqueado y
destrozado. Ha habido numerosas víctimas entre enfermos y enfermeros.
8
octubre.- Por la tarde, llega a nuestra casa de Bukavu el P. Jean Paul
Kakobe, párroco de Mboko, obligado por los militares de Uvira a llevar a Bukavu
el cadáver del coronel muerto en Kidoti. Nos cuenta las circunstancias de la
muerte del P. Koko. Resulta que el coronel, enviado a controlar las acciones de
los banyamulenge en la zona, pasó la noche en la misión. Por la mañana se dieron
cuenta que un grupo de rebeldes armados los estaban rodeando. Intentaron escapar
hacia Lemera. Era demasiado tarde. Perecieron casi todos. Con ellos fue abatido
el P. Koko. Solo más tarde, cuando los rebeldes se retiraron, otro grupo de
militares pudo llegar a Kidoti y recuperar los cadáveres.
La muerte del coronel ha exasperado a los militares que se han desahogado
saqueando y destruyendo lo que encontraban. Han saqueado el obispado y la
misión. Esta forma de comportarse del ejército no ayuda nada a resolver la
situación. La población se encuentra a merced de los asaltos de los rebeldes y
los abusos de los militares.
9
de octubre.- Por radio nos comunican que los misioneros javerianos de
Baraka, acusados de ser amigos de los banyamulenge, han sido arrestados por los
militares. La misión ha sido saqueada y los padres han sido trasladados a la
cárcel de Uvira para ser interrogados.
Por la tarde llegan a nuestra casa las misioneras de Uvira. Han sido acusadas de
favorecer a los banyamulenge y, por ello, obligadas a abandonar la misión. Las
acogemos y escuchamos el relato de lo sucedido. Nos narran el comportamiento
brutal de los militares. Nos cuentan, y esto nos duele mucho, que la población
ha sido levantada contra los misioneros a los que acusan de ser pro-tutzi. Nos
dicen que los tres javerianos de Baraka están retenidos en Uvira, han sido
maltratados y hoy tienen que responder a la acusación de haber dado comida a un
grupo de mujeres y niños tutzi, que intentaban buscar refugio lejos de la zona
del conflicto. Los militares ven este gesto de caridad cristiana como
complicidad con el enemigo.
Estamos muy preocupados también por los misioneros javerianos que se encuentran
en las misiones de Kavimvira y de Luvungi, en la zona de Uvira.
10
de octubre.- Por la mañana hemos recibido la orden de no salir de casa. Los
militares han colocado puestos de control en toda la ciudad.
El pueblo zaireño se siente desconcertado. Sus vecinos tutzi los atacan.
Mientras, el ejército nacional se dedica a saquear lo poco que hay en las casas
de la gente. Uno me comenta con amargura: "Éste no es un ejército nacional,
es un conjunto de bandas de saqueadores que, con la fuerza de las armas, roba y
destruye".
Al anochecer llegan a nuestra casa los tres javerianos de Baraka que después de
los interrogatorios y las humillaciones sufridas en Uvira han sido liberados. En
sus rostros podemos leer el cansancio y todo lo que han tenido que aguantar.
Vienen sin nada, sólo con lo puesto, lo demás han tenido que abandonarlo. A
pesar de todo, damos gracias al Señor que ha sido, para ellos, fuerza en la
dificultad.
11
de octubre.- Hemos participado en la catedral en el funeral por los cuatro
sacerdotes de la diócesis asesinados en estos últimos días. Ha presidido Mons.
Munzihirwa, arzobispo de Bukavu. En la homilía ha dicho: "Estamos viviendo
tiempos difíciles. Es necesario permanecer firmes en la fe y en la esperanza,
estando siempre preparados a la llamada del Señor".
Por la tarde nos reunimos en comunidad para reflexionar y orar sobre lo que
estamos viviendo. Decidimos quedarnos aquí, con la gente, mientras podamos. Pero
quienes han tenido que abandonar su misión, ante la imposibilidad de regresar
con su gente, es mejor que marchen a Europa.
12
octubre.- Medito la palabra del profeta Isaías, "el maravilloso banquete en
el que participarán todos los pueblos como hermanos". Estas son palabras que me
llenan de esperanza. Pienso en los miles y miles de personas hambrientas a causa
de esta guerra sin sentido.
Mons. Munzihirwa ha escrito un mensaje a la iglesia de Uvira: "Somos
solidarios con vosotros en los sufrimientos que estáis soportando. En estos días
os encontráis agitados por una tempestad de arena que ciega los ojos de vuestros
espíritus. Sin luz os habéis lanzado unos contra otros. Limpiad vuestros ojos,
daos cuenta de quienes sois y de quienes son vuestros amigos. Permaneced
solidarios y unidos. El enemigo fácilmente logra penetrar donde hay división".
13
octubre.- Nos llegan noticias de un ataque al campo de refugiados de
Runingu. Nos resulta difícil tener noticias exactas ya que los soldados han
destrozado la radio de la misión de Kiliba.
En estos días, vivimos completamente en la inseguridad de lo que pueda suceder.
También esto es ser misionero y participar de la suerte de los pobres.
14
octubre.- Nos encontramos con los Padres Blancos para evaluar la situación.
Su casa fue saqueada hace pocos días por los soldados. Estamos todos preocupados
por la actitud de los militares zaireños que en vez de proteger la población se
dedican al saqueo. Es un ejército sin disciplina.
¿Qué sucederá a este pobre país si se produce una intervención armada conjunta
de los ejércitos de Rwanda, Burundi y Uganda para apoyar a los banyamulenge? Y
no es ningún secreto que detrás de estos países atacantes está la mano de
Estados Unidos.
Cada día es más evidente la manipulación de los medios de comunicación que
presentan a los tutzi como una "minoría perseguida" y víctima de masacres.
15
de octubre.- Nos aflige la suerte de los cientos de miles de refugiados,
rwandeses y burundeses. Si este conflicto armado se extiende, ellos serán las
primeras víctimas. ¿Es éste el objetivo de esta guerra sin sentido?
Se puede producir una enorme masacre de gente indefensa, presentada por los
medios de información como "autores del genocidio de los tutzi en Rwanda". Es
verdad que los "interahamwe" se mancharon con crímenes horribles, pero la masa
de prófugos que nos rodea es, sobre todo, gente inocente, cuya única culpa ha
sido querer salvarse huyendo de la ira de los tutzi.
Mons. Munzihirwa ha denunciado: "Sabemos que Uganda, Rwanda y Burundi han
reunido a 7.000 combatientes para venir a destruir los campos de refugiados que
se encuentran entre Uvira, Bukavu y Goma. Muchos han visto los tanques que se
encuentran concentrados en el valle del rio Ruzizi esperando entrar en Zaire".
Al anochecer nos llega un mensaje de la misión de Nakiliza. La misión ha sido
saqueada por soldados zaireños. Han robado y destrozado. Por suerte, los
misioneros y las misioneras a pesar del susto y el miedo, están bien, sólo algo
más pobres e incomunicados, ya que les han sustraído la radio.
17
de octubre.- Por la radio nos comunican que ha sido atacado el poblado de
Mukera. Dicen que entre los rebeldes ha habido algunos muertos, parece ser que
uno de ellos era un militar ugandés. El poblado ha sido totalmente destruido.
Nos llega el texto de un discurso del presidente de Rwanda que incita a los
banyamulenge a la lucha armada y reivindica esta región de Kivu como territorio
de Rwanda. Esto lo explica todo. No es posible que, sin el apoyo del ejercito
rwandés, los pastores banyamulenge se hayan organizado como lo han hecho.
Desde hace tiempo sabemos que algunos jóvenes banyamulenge se integraron en el
ejercito de Rwanda, recibiendo armas y formación militar. Todo indica que con
ellos están combatiendo militares rwandeses y ugandeses. Estamos sólo al
principio de una gran guerra que tendrá consecuencias incalculables para estos
pueblos de África.
18
de octubre.- Hemos estado todo el día pendientes de la radio, esperando
noticias de las misiones de Luvungi y de Kavimvira.
Desde Kavimvira nos han comunicado que el día ha transcurrido con relativa
calma. Nos han hablado de la columna de gente que desde Kiliba camina buscando
refugio en la ciudad de Uvira. Miles y miles de personas, hambrientas y
desesperadas. También nos han contado como los jóvenes de Uvira se han
manifestado contra los agentes de algunos Organismos Humanitarios dependientes
de la ONU, considerados agentes de Estados Unidos.
Desde Luvungi nos han informado que durante todo el día se han oído disparos.
Hacia allí han ido, en camiones requisados a los comerciantes, militares de
Bukavu, mal armados y peor disciplinados.
Desde hace años hemos asistido a la progresiva degradación del ejército zaireño,
falto de disciplina y de preparación. Su único objetivo ha sido proteger el
poder de Mobutu. La única guerra, a la que este ejército está preparado, es a la
que cada día hace contra el pueblo indefenso. Guerra que ha permitido a los
oficiales enriquecerse y que ha introducido en el país una espiral de corrupción
y de violencia de la que dificilmente logrará salir.
Nos preguntamos preocupados lo que estos militares harán en Uvira. ¿Qué podrán
hacer contra un enemigo que se muestra preparado, armado y disciplinado?
Seguramente harán lo que siempre han hecho: disparar al aire, saquear y robar lo
que puedan, luego se retirarán dejando el terreno libre al enemigo.
20
de octubre.- Desde Luvungi nos comunican que la gente del lugar, abandonando
casas y campos, se ha unido a la columna de prófugos que se dirige hacia Bukavu.
Al anochecer, llega uno de los misioneros de Luvungi. Ha sido obligado por los
soldados zaireños a transportar un militar herido hasta Bukavu. "A pesar de
todo -nos dice desanimado- ha sido una suerte para mí. He podido salir
sin mayores dificultades de una realidad sin sentido, absurda e insoportable".
Desde Europa comunican que los miembros de las varias Organizaciones
Humanitarias presentes en Uvira se están retirando en previsión del ataque que,
fuentes diplomáticas occidentales comunican que tendrá lugar mañana. Intentamos
comunicar con los javerianos de Kavimvira, misión a pocos kilómetros de Uvira,
pero no lo logramos. Esto nos produce una gran angustia y preocupación.
21
de Octubre.- Hemos podido contactar con Kavimvira. Nos dicen que la
situación parece tranquila. A pesar del éxodo de la gente. Los misioneros han
decidido quedarse para poder asistir a los que pasan por aquella misión. Nos
prometen que, si las cosas empeoran, se dirigirán hacia la frontera con Burundi,
que dista muy pocos kilómetros.
Por la tarde llega, con una vieja moto, uno de los misioneros de Luvungi junto
con el sacerdote burundés que se ocupaba de los refugiados. "La gente ha
abandonado la zona, dejando los poblados vacíos, también todos los refugiados se
han puesto en camino hacia Bukavu, -comentan- no tenía sentido quedarnos
allí". Dicen que también están en camino los otros padres de aquella misión.
Cuentan que si hubiesen esperado algo más no hubieran podido salir, ya que, al
poco de marcharse, empezó el bombardeo del poblado. Nos hablan de la gran
columna de cientos de miles de personas que por la carretera se está dirigiendo
hacia Bukavu.
Pocas horas más tarde llegan los otros misioneros. Comentan lo que ya intuíamos:
el ejército zaireño se dedica al pillaje y luego se retira frente al enemigo. Un
militar ha comentado a P. Juan: "A los misioneros os mataremos a todos.
Habéis sido vosotros los que habéis dado las armas a los banyamulenge".
¡Señor danos la fuerza y el valor de continuar trabajando por el bien de este
pueblo que Tú amas!
22
de octubre.- Por la mañana nos llega la noticia de que la localidad de
Kamanyola ha caído en manos de los rebeldes. Dicen que el ejército zaireño se
está retirando hacia Bukavu. En esta ciudad la noticia produce mucha inquietud.
Muchos comentan que han visto tanques que, desde Rwanda, entraban en Zaire por
el puesto fronterizo de Bugarama. La invasión por parte de gente armada
proveniente de Rwanda es una realidad.
Nos comentan también que se han producido ataques en la zona de Jomba, al norte
de la ciudad de Goma, puerta de acceso a la región de Masisi. Nos damos cuenta
de que estamos ante un plan militar muy bien preparado por auténticos
profesionales.
Nos visita el arzobispo de Bukavu, Mons. Munzihirwa. Está muy preocupado por el
problema de los refugiados que llegan a la ciudad, gente sin nada, cansada,
hambrienta y enferma. También le preocupa la posibilidad, cada día más cercana,
de un ataque a la ciudad de Bukavu. Nos confía que las autoridades no tienen
ningún plan para afrontar lo que se acerca. Por doquier hay incompetencia y
vacío.
Por la tarde, los militares zaireños se dedican a secuestrar medios de
transporte, señal inequívoca de que se preparan para huir. A nosotros nos
"requisan" un coche.
La ciudad se está llenando de refugiados. Duermen tendidos en el suelo, sin nada
para protegerse. En sus ojos se lee el miedo y la desesperación. Muchos
Organismos Humanitarios se han retirado. Nosotros hacemos lo que podemos para
ayudar, pero es una gota en un océano de dolor. Quisiéramos socorrerlos a todos,
pero supera nuestras fuerzas y nuestras posibilidades. ¡Señor, que por lo menos
podamos ser signos de esperanza!
23 de octubre.- Hoy hemos sabido los detalles de la muerte del P. Ndogole (el sacerdote zaireño de la misión de Kidoti). Nos lo ha contado un joven, capturado junto con él, que luego pudo escapar. Los guerrilleros banyamulenge lo capturaron y lo obligaron a cargar sobre sus espaldas un saco de arroz y otro de azúcar, acompañándolos, así cargado, hacia la montaña. Después de unos kilómetros, el sacerdote, agotado, se dejó caer al suelo y pidió que le permitiesen rezar. Allí mismo, mientras estaba rezando arrodillado, fue asesinado.
24
de octubre.- Se dice que los guerrilleros están ya en Ngomo. Son muchos los
testigos que afirman que con ellos hay mercenarios ugandeses y somalíes. Están
persiguiendo no sólo a los hutu rwandeses, sino también a los bafulero, a los
bavira y a los babembe, etnias locales. La ciudad se está llenando con
refugiados que huyen de Nyangezi, aterrorizados.
El arzobispo ha hecho público un comunicado en el que dice: "Hermanos,
vivimos en un tiempo de guerra que no queremos. En estas circunstancias es fácil
dejarse coger por el pánico, perdiendo todo aquello que deberíamos salvar. No
hagamos como han hecho los de Nyangezi. No abandonemos nuestras casas, debemos
permanecer fuertes y organizarnos para ayudarnos los unos a los otros. Que los
hombres se pongan de acuerdo sobre la manera de defender mejor sus poblados y
sus barrios. No molestemos a las personas que pacíficamente viven con nosotros
desde hace años. Pedimos a los militares que tomen conciencia de que somos sus
hermanos. Les recuerdo que su misión es la de infundirnos seguridad y no la de
robar y aterrorizar a la población".
Hoy no hemos logrado tener noticias de los misioneros de Kavimvira. Desde
Bujumbura nos dicen que Uvira está siendo bombardeada. Este ataque, ya
anunciado, se retrasó dos días para permitir que los miembros de los organismos
de la ONU pudiesen evacuar la zona. Los tutzi quieren evitar testigos que
podrían ser incomodos para ellos.
¿Qué habrá sido de nuestros hermanos javerianos de Kavimvira? ¿Habrán podido
ponerse a salvo?
25
de octubre.- Nos comunican que continúan los ataques a la ciudad de Uvira.
De los tres javerianos de Kavimvira no sabemos nada.
Por la tarde nos visita nuevamente Mons. Munzihirwa. Nos cuenta que ha logrado
ponerse en contacto con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los
Refugiados, le ha comunicado la situación que se vive en Bukavu, ha denunciado
todas las mentiras que difunden los medios de comunicación y ha pedido una
actuación rápida de la ONU.
El arzobispo nos lee el comunicado que hará público mañana. Dice: "No son los
banyamulenge, en su mayor parte gente pobre, quienes conducen estas operaciones
de guerra, sino un grupo de mercenarios, ugandeses y somalíes, unidos a
militares de Rwanda. Con ellos también hay algunos "blancos" que dicen venir de
Sudáfrica para hacerse cargo del oro de las minas de Ubembe".
Esta versión de las cosas, hecha pública por el arzobispo y que proviene de
informaciones seguras, contrasta con las informaciones que están dando los
medios internacionales de comunicación, obstinados en difundir la versión de que
se trata de una lucha étnica de los banyamulenge contra los hutu. Contrasta
también con quienes quieren hacer creer que se trata de una guerra interna para
derrocar a Mobutu. Nos duele enormemente la intoxicación de noticias que se está
produciendo. Señor, ¿una vez más la mentira logrará vencer la verdad?
26
de octubre.- Se difunde la noticia de que la ciudad de Uvira ha caído en
manos de las tropas enemigas. El pánico crece entre la población de Bukavu. Esta
mañana ha sido bombardeado desde Rwanda el campo de Panzi. Ha habido muchos
heridos y varios muertos. La táctica seguida es siempre la misma: provocar el
pánico entre la población para que todos huyan, dejando el campo libre a los
guerrilleros.
La "Comunidad Internacional" dirigida por las grandes potencias, en vez de
decidir una intervención rápida para parar esta guerra, continúa reuniéndose y
discutiendo.
Una reflexión serena sobre lo que sucede nos confirma la impresión de que aquí
somos víctimas de un plan bien preparado que, sirviéndose de los tutzi, busca el
control de esta zona de Africa. Este plan prevé alejar de la zona a los
refugiados rwandeses y burundeses, que si permanecen aquí serán diezmados por el
hambre y las matanzas, si regresan a sus países serán neutralizados bajo la
excusa de ser autores del "genocidio rwandés".
El segundo objetivo, los Estados Unidos están muy interesados en él, es provocar
la desmembración de Zaire para lograr el nacimiento de pequeños estados
fácilmente controlables por "países protectores".
27
de octubre.- Hay mucha tensión en el ambiente, todos creen que el ataque a
la ciudad de Bukavu es inminente.
La radio oficial de Rwanda comunica que el bombardeo que ayer golpeó el campo de
refugiados de Panzi fue obra de los banyamulenge que están ya a las puertas de
la ciudad. Somos testigos de la falsedad de esta noticia. El bombardeo procedía
del otro lado de la frontera y los rebeldes no están "a las puertas de la
ciudad". Con indignación constatamos como los medios de comunicación
internacionales se hacen eco de la noticia dada por Rwanda.
El arzobispo, que también hoy nos ha visitado, se queja de la complicidad de los
periodistas occidentales que difunden al mundo una falsa visión de lo que aquí
está pasando.
Esta mañana he acompañado al aeropuerto un grupo de misioneras que abandona la
zona. He podido comprobar que la ciudad se está vaciando y que los militares
zaireños se dedican a los últimos pillajes. He visto la infinita columna de
refugiados que se dirigen hacia "nadie sabe donde" para escapar de la muerte.
En nuestros momentos de oración no podemos evitar los rostros de estos miles de
refugiados en camino hacia las montañas de Bushi. Tampoco podemos olvidar el
horror de los campos de refugiados bárbaramente bombardeados desde Rwanda. Sólo
en la oración encontramos la fuerza de permanecer fieles al lado de los pobres.
28
de octubre.- Se rumorea que desde Rwanda se está preparando el bombardeo de
Bukavu. preludio del ataque de los rebeldes. La inseguridad domina la ciudad.
Los militares zaireños roban y saquean. Entre la gente se ha desatado una
absurda caza a los tutzi considerados espías. ¡Pobre país, falto de líderes
capaces de conducirlo!
El arzobispo hace público un nuevo mensaje: "En estos días, ¿qué podemos
hacer? Permanezcamos firmes en nuestra fe. Pido a los militares que recuperen el
sentido de la dignidad y del honor. Pido a las autoridades que usen todos los
medios para proteger las vidas inocentes. A todos repito que Dios no nos
abandonará si somos capaces de respetar la vida de los demás, sean de la etnia
que sean".
La única esperanza de salvación para estos miles y miles de pobres es una rápida
intervención de una fuerza neutral internacional. ¿Se pondrán de acuerdo los
grandes para salvar a estos pequeños? Tú, Señor, eres el Grande que no olvida.
Cargas la cruz al lado de los pobres, víctimas del egoísmo del mundo.
29
de octubre.- Hoy están previstos otros dos aviones para evacuar a los
cooperantes y misioneros que deseen abandonar la ciudad. Algunas hermanas
misioneras desean marchar pero, después de los saqueos, carecen de coche para
llegar al aeropuerto. Con el jeep que nos queda voy a recogerlas y las conduzco
hasta el aeropuerto.
Unos periodistas quieren obligarme a que les haga de taxista. Entre ellos está
una enviada de "Radio France Internacional" que ha permanecido siempre encerrada
en su hotel, transmitiendo noticias falsas procedentes de una misteriosa
"fuente". Al verla me indigno y, comportándome poco evangélicamente, les digo
que se las arreglen, que mi misión no es ayudar a periodistas manipulados.
A las tres de la tarde se oyen disparos y golpes de mortero. Intuimos que se
trata del ataque a la ciudad. Nos reunimos todos en el rincón de la casa que nos
parece más seguro. Durante dos horas oímos el fragor del combate, después vuelve
el silencio, pensamos que la ciudad ha sido ocupada. Decidimos que es mejor no
salir. Pasamos la noche juntos, rezando y dándonos coraje mutuamente.
30
de octubre.- La ciudad está en manos de los rebeldes. En las calles vacías
se ven cadáveres.
A mediodía, el javeriano P. Piergiorgio nos comunica por radio que entre los
cadáveres esparcidos por la plaza Nyawera ha visto el cuerpo sin vida de nuestro
arzobispo, Mons. Munzihirwa. Nos dice que ha pedido permiso a los rebeldes para
trasladar el cadáver a nuestra casa, pero no se lo han concedido.
Algunos testigos han contado lo sucedido. El arzobispo fue sorprendido cuando
salía de una reunión. Mons. Munzihirwa se identificó y se entregó a los
guerrilleros, que poco después lo ejecutaban con un disparo en la nuca.
Mons. Munzihirwa era un hombre de Dios. Un defensor apasionado de la verdad, de
la justicia y de la paz. Como Jesús, ha dado la vida por aquellos que amaba. Ha
celebrado su última misa, no en la catedral, sino en la plaza. Ha predicado, no
con palabras, sino con la vida entregada entre los pobres que le habían sido
confiados.
Me duele pensar que su cuerpo está aún allí en la plaza, expuesto al escarnio de
sus asesinos.
31
de octubre.- Nos comunican que durante la noche, nuestros hermanos de la
comunidad del centro, han podido recoger el cuerpo del arzobispo y trasladarlo a
la casa donde ellos viven, en espera de poder enterrarlo cerca de la catedral.
Esta mañana, después de contactar con algunos militares rwandeses, han obtenido
el permiso para transportar el cadáver a la catedral.
Poco después, nos visitan dos militares rebeldes. Son dos jóvenes cargados con
armas. Les saludamos. Ellos responden: "¡Dadnos dólares!". Les damos algo de lo
que tenemos y se van sin mediar más palabras.
Detrás llegan otros tres militares, nos preguntan quiénes somos y qué hacemos.
Nos dicen que no tengamos miedo, que no son salvajes. Hablando con ellos uno nos
dice que ha estudiado en la escuela de los Hermanos Maristas de Bobandana, al
norte de Goma. Sabemos así que no es de la zona de Mulenge. Los otros dos hablan
inglés y un swahili diferente al que se habla en Zaire. Intuimos que son
ugandeses.
Cuando ellos se van, intentamos desplazarnos a la catedral para participar en la
misa funeral del arzobispo, pero nos lo impiden.
Por la tarde celebramos en casa una misa en sufragio del arzobispo. Recordamos
que, cuando todos le invitaban a callar, él contestaba que su misión era decir
la verdad; y cuando insistieron para que abandonara la ciudad, él contestó que
su sitio era estar con su gente.
Se quedó sabiendo el peligro que corría su vida. Ahora ha derramado su sangre
por el pueblo que le había sido confiado.
1
de noviembre.- El gobierno de Kigali, después de que un oficial rwandés
hubiera admitido en una entrevista haber participado en la invasión de Bukavu,
comunica que la intervención de su ejército fue sólo una operación rápida por
motivos humanitarios.
Nuestros hermanos de Goma nos comentan, por radio, que aquella ciudad está
siendo atacada. Oímos que los poderosos de nuestro mundo, reunidos, discuten.
Muchas palabras, pero nadie moverá un dedo para parar esta masacre. África no
importa al resto del mundo.
2
de noviembre.- Los invasores invitan a la población a reunirse en la plaza
de la Catedral para oír un discurso que "el nuevo Presidente de los territorios
liberados" dirigirá a la población. Decidimos participar. Es una ocasión para
saber lo que está pasando.
Las calles están medio desiertas. Por todas partes hay señales de los saqueos.
Pasando por la plaza de Nyawera vemos el lugar donde fue asesinado nuestro
arzobispo. La plaza ha sido liberada de cadáveres y limpiada. Vamos a visitar la
tumba de Mons. Munzihirwa cerca de la Catedral, una sencilla cruz y unas flores.
Rezamos en silencio.
A las 10 h. un militar nos informa que el Presidente no puede venir, vendrá
mañana. Dice que él no es rwandés, que es un mushi de Kabare. Declara que esta
guerra es para liberar el país de la dictadura de Mobutu.
Entre nosotros surge una duda: ¿Es una guerra de liberación? ¿Se trata de una
conquista de Kivu por parte de Rwanda? ¿Es una secesión de esta región, apoyada
por mercenarios al servicio de alguna gran potencia? Lo que está claro es que la
rebelión de los "banyamulenge" es sólo tapadera de algo mucho mayor.
Bukavu se ha vaciado. Desde las misiones del interior nos comunican que la marea
de desplazados, refugiados y prófugos está inundando los caminos. Intentan
escapar a la muerte, caminando sin rumbo.
24
de octubre.- La situación que estamos viviendo es realmente dramática. Hace
ya más de un mes que ha empezado la guerra con los banyamulenge, armados y
apoyados por Rwanda. Ha habido muertos entre los soldados zaireños. El pueblo,
indignado y manipulado por las autoridades, ha explotado en una terrible caza a
los tutzi. Muchos inocentes han sido terriblemente masacrados, sin otra culpa
que su pertenencia étnica.
La Iglesia, a causa del obispo de Uvira que pertenece a la etnia tutzi, es
considerada por muchos como enemiga del pueblo zaireño. Esto hace que los
misioneros y los sacerdotes locales vivamos en la más completa inseguridad.
Sabemos que los tutzi no desean nuestra presencia ya que somos testigos
incómodos de sus proyectos. Tampoco parece querernos la gente del lugar, que nos
considera espías de los tutzi.
Nuestras casas han sido varias veces saqueadas por los militares zaireños con la
excusa de buscar armas. Muchos de nosotros hemos sido insultados, golpeados y
amenazados de muerte.
Además, ante la inminencia del ataque de los rebeldes banyamulenge a la ciudad
de Uvira, nuestra gente está huyendo hacia lugares más seguros. ¿Qué debemos
hacer?
25
de octubre.- Aconsejados por el vicario general de la diócesis y por algunos
de nuestros mejores cristianos, decidimos abandonar la misión y ponernos en
camino, con la gente, hacia el sur. Esperamos encontrar un barco que,
atravesando el lago, nos conduzca a Burundi o a Tanzania.
En la carretera nos mezclamos con la impresionante marea de gente que escapa:
refugiados hutu junto con la población del lugar. Serán varios cientos de miles
de personas huyendo con sus pocas pertenencias sobre las cabezas: colchones,
mandioca, cazuelas..., algunos llevan consigo alguna cabra... y van acompañados
por tantos niños.
Llegados a Kalundo, dos militares nos obligan a darles nuestro coche y todas
nuestras pertenencias. Desde ahora caminaremos sin nada, como todos, en medio
del polvo y el calor. La gente que camina con nosotros nos ayuda. Oímos que
alguien comenta que somos "pastores buenos" que no abandonan a su rebaño. Unos
pocos nos insultan.
26 de octubre.- Pasamos la noche, como nuestra gente, al borde del
camino.
Por la mañana, al llegar a Makobola, en un puesto de control militar, nos
arrestan.
Nos rodean con sus lanzas y machetes. Nos acompañan hasta Swima. Al anochecer
permiten al catequista del poblado que nos acoja en su casa. Él hace todo lo
posible para ofrecernos una buena hospitalidad. Todos comentan que al día
siguiente seremos juzgados y ejecutados.
Durante la noche se oyen muchos disparos mezclados a los gritos de las mujeres,
que buscan en la oscuridad a sus hijos. Es una situación muy dramática.
27 de octubre.- Los soldados han desaparecido. Se rumorea que los banyamulenge están llegando. Nos dicen que es imposible continuar hacia el sur. El catequista nos aconseja regresar a Uvira. Nos damos cuenta de la falta total de alimentos entre la población y entre los refugiados. Decidimos esperar descansando un día y reponiendo fuerzas comiendo mangos, abundantes en la zona.
28
de octubre.- Al amanecer decidimos regresar a Uvira, recorriendo la orilla
del lago para evitar así los controles militares que puede haber en la
carretera.
Después de tres horas de camino encontramos a Nduma, catequista de la comunidad
de Makobola. Él nos invita a subir a su piragua con la que nos conducirá a su
poblado. Aceptamos y después de cuatro horas de navegación por el lago, llegamos
a su casa, donde somos acogidos fraternalmente por todos.
Por la noche sentimos los primeros síntomas de la falta de alimentación. Hemos
bebido agua de lluvia y hemos comido sólo frutas silvestres y algunos mangos.
Esto unido al cansancio mina nuestra salud. El P. Rolando, con sus 65 años, está
bastante enfermo.
Nduma propone que nos quedemos en su casa. Aceptamos y así somos testigos de su
caridad. Se ha mostrado infatigable en buscarnos comida, en curarnos, en
ofrecernos todo tipo de comodidades. Sus vecinos también se muestran muy amables
y generosos con nosotros, en su pobreza nos ofrecen lo mejor que tienen en sus
casas.
1
de noviembre.- Se comenta que toda la zona está en manos de los rebeldes
tutzi y que reina una cierta tranquilidad. Así pues, habiendo repuesto ya
nuestras fuerzas, decidimos ponernos otra vez en camino para llegar a nuestra
misión de Kavimvira.
A lo largo de la carretera vemos tanta desolación. Por tres veces los militares
tutzi nos paran para interrogarnos, pero nos permiten continuar nuestro camino
sin mayores molestias.
Llegados a Uvira nos damos cuenta que la mayoría de las casas están vacías. Los
banyamulenge no son precisamente unos santos, también ellos se han dedicado a
saquear y robar. La gente del lugar comenta que muchos de los hombres que no
habían huido han sido detenidos por los rebeldes tutzi y han desaparecido. Nos
dicen que los tutzi poseen listas con nombres de personas que deben ser
eliminadas.
Llegados a nuestra misión de Kavimvira lo primero que vemos es la iglesia
completamente saqueada. También ha sido saqueado el dispensario, nuestra casa y
el centro de formación. Quedan sólo las paredes. incluso las puertas y las
ventanas han sido destruidas. La misión está ocupada por los rebeldes que nos
impiden instalarnos en nuestra casa. Una familia vecina nos acoge con ellos. Una
vez más constatamos la bondad y la generosidad de los pobres que comparten con
nosotros lo que tienen.
Los que se han quedado en sus casas se alegran al vernos. Vienen a saludarnos y
recuperan para nosotros algunas de nuestras pertenencias. Incluso uno nos trae
la radio transmisora que, de milagro, funciona. Con ella podremos dar noticias
nuestras a nuestros hermanos de Bukavu, pero será sólo el 11 de noviembre cuando
lo logremos, ya que la antena está en la misión y no nos permiten su uso.
16 de noviembre.- Los militares tutzi nos comunican que, dentro de dos
días, seremos acompañados a la frontera de Burundi.
Durante los días que hemos permanecido huéspedes de nuestros vecinos hemos oído
dolorosas historias de gente que ha sido asesinada, de otros que han huido y no
se sabe nada de ellos, de quienes lo han perdido todo, como nosotros, en los
saqueos. Hemos visto el miedo y la inseguridad instalados en el corazón de los
pobres. Hemos visto también como durante la noche los militares tutzi entraban
en algunas casas y se llevaban presos a los hombres, de los que luego no se
sabía nada más: desaparecidos.
En estos días hemos sentido toda la amistad africana y la simpatía de los
cristianos hacia nosotros. Han sido tantos pobres los que han venido a
visitarnos. "Pole, padiri" ("Lo siento, padre"), nos decían al ver que lo
habíamos perdido todo y que éramos vulnerables e indefensos como ellos.
Los cristianos del lugar se han organizado para ayudarnos. Ellos nos han
alimentado con lo poco que tenían. Nos han dado pantalones y camisas para que
pudiésemos cambiarnos y lavarnos. Incluso algunos nos han ofrecido algo de
dinero.
Si el ver nuestra misión saqueada, el perder todo lo que teníamos y quedarnos
sólo con lo puesto, nos desanimó, el constatar el amor y la caridad de los
cristianos nos ha permitido conocer su bondad y su solidaridad. Nos sentimos
frágiles. Nuestro físico está al límite del aguante. Pero ahora, débiles, nos
sentimos más misioneros: pobres con los pobres.
17
de noviembre.- Es nuestro último día en la misión. Mañana nos conducirán a
la frontera. Hemos decidido celebrar la misa en la iglesia saqueada. Todos los
vecinos participan y comparten nuestra emoción. Llevamos en procesión un
crucifijo al que los militares le han roto los brazos: es el símbolo de lo que
se está viviendo.
Durante la celebración nos preguntamos: ¿Es posible bendecir ahora sin los
brazos de Cristo? ¿Quién curará a los enfermos? ¿Quién secará las lágrimas?
¿Quién bendecirá a los niños?
Nuestra respuesta y la de los cristianos presentes es clara: No será el Cristo
de madera con los brazos rotos. Cada uno de nosotros con nuestros brazos seremos
los brazos de Dios para darnos la mano y construir la hermandad y la
solidaridad, capaces de vencer la violencia y la guerra. La Iglesia no muere
porque a Cristo le hayan roto los brazos, sigue viva en cada uno de nosotros
cuando nos comprometemos a vivir el Evangelio.
Al dar la bendición, pedimos a Dios que sea nuestra fuerza. Todos nos sentimos
débiles y llenos de miedo ante lo que nos espera.
18
de noviembre.- Los banyamulenge nos conducen a la frontera. Allí, después de
esperar seis horas bajo el sol, los militares de Burundi nos permiten el paso.
Nos acogen nuestros hermanos, misioneros javerianos, de Bujumbura. Nos cuentan
la intranquilidad que han vivido en los días pasados pensando en nosotros. Nos
dicen la alegría que tuvieron cuando el pasado día 11 oyeron nuestras voces por
la radio. Sentimos todo el amor de nuestros hermanos.
Nace en nosotros el agradecimiento hacia Dios por su protección. Su mano nos ha
acompañado en nuestro caminar.
Ahora nos queda el dolor de haber tenido que abandonar nuestra misión y a
aquellos cristianos que tanto nos han amado y ayudado. Esperamos ahora el día
feliz en que podremos regresar entre ellos.
Contra toda previsión, Laurent Desiré Kabila, el 17 de mayo de 1997 entra triunfal en Kinshasa. El pueblo, cansado de la dictadura de Mobutu, se une alborozado a las tropas de Kabila, llevadas en volandas hasta la capital por unos ciudadanos a los que se les ha inundado de promesas y ansían un nuevo gobierno apartado de los modos del dictador Mobutu. Kabila cambia el nombre del país, bautizándolo como República Democrática de Congo.
Pero, el nombre del país es el único cambio. Ha llegado al poder un clónico de su antecesor. Una vez más las esperanzas son defraudadas. Kabila, con su autoritarismo, logra que el pueblo olvide a Mobutu.
En el tiempo que Kabila lleva al frente del país, sólo ha dado muestras de represión (los líderes de la oposición han sido encarcelados), corrupción (las minas están en manos de multinacionales extranjeras y los miles de millones de dólares que salen en forma de mineral del país sólo sirven para llenar los bolsillos del grupo de corruptos del que se ha rodeado el dictador), e inhumanidad (los refugiados hutu continúan en la selva, los que aún quedan vivos, hambrientos y escondidos porque cada día los soldados realizan su particular limpieza con sus fusiles y machetes).
Kabila obstaculiza el trabajo de las comisiones de derechos humanos enviadas por la ONU para investigar sobre los miles de muertos y desaparecidos. No se permite destapar el asesinato planificado y masivo de los refugiados hutu.
Todo el entramado de movimientos civiles, que habían capitaneado la resistencia contra Mobutu, es desmantelado. Sigue la misma dictadura, el mismo sistema basado en la corrupción y la represión, lo único que ha cambiado, además del nombre del país, es el nombre del dictador: antes se llamaba Mobutu, ahora se llama Kabila.
Después de 15 meses de su llegada triunfal en Kinshasa, vuelve a estallar la guerra. Los antiguos aliados de Kabila, los tutzi banyamulenges, apoyados una vez más por Ruanda y por Uganda, acusan a Kabila de no mantener sus promesas y de no haberles concedido la provincia de Kivu, al este del país.
Hay que recordar que, según Pascal Cipata ex jefe de los servicios secretos en el Kivu Sur, Kabila había firmado un acuerdo en el que prometía a los banyamulenge la región del Kivu cuando todo el país estuviese liberado.
Así, a primeros de agosto de 1998 nace una nueva coalición armada para derribar a Kabila.
El nuevo grupo armado se hace rápidamente con el control del Kivu y amenaza seriamente la estabilidad y la unidad del país. Kabila acusa a sus antiguos aliados de conspiración, de haber preparado un golpe de estado para eliminarle. Destituye a varios ministros y jefes del ejército y empieza una nueva guerra, que, esta vez, se internacionaliza aún más.
Apoyan a los rebeldes Ruanda, Burundi y Uganda, y es probable que, una vez más, detrás de estos países vuelva a esconderse la mano de Estados Unidos de América. Por otro lado, junto a Kabila se alinean Angola, Zimbabwe, Chad y Sudán.
Los rebeldes conquistan rápidamente las principales ciudades de Kivu y establecen sus bases de operaciones en Goma, ciudad fronteriza con Ruanda. En dos semanas se hacen con el control de toda la región.
Al mismo tiempo, un grupo de rebeldes, transportado por avión desde Goma, se hace con el control de Matadi, al oeste del país, y amenaza la seguridad de la capital. Kabila logra desactivar esta amenaza, con la ayuda de Angola, Matadi es liberada y Kinshasa recupera la tranquilidad. Pero el país queda dividido y una guerra lenta pero cruel se instala en toda la República Democrática de Congo.
En Kinshasa se desata la caza al tutzi. Miles de inocentes son víctimas de la ferocidad de las masas. Lo ocurrido en Kinshasa es un ejemplo de la política que realiza Kabila. Cuando la rebelión tutzi llega a las puertas de Kinshasa , desde su refugio en la otra punta del país, el dictador alienta por radio el odio étnico de una capital que se echa a la calle para quemar vivos a los rebeldes. Los autores de la violencia son premiados con tres meses de luz y agua gratis por un comportamiento que Kabila consideró ejemplar.
Ante esta nueva guerra, feroz y cruel, que produce miles de víctimas entre la población inocente. La opinión pública calla. Se impone la ley del silencio que favorece los planes de Estados Unidos sobre la región. Se está produciendo un nuevo holocausto y nadie habla de ello.
En medio de este conflicto, al pueblo se le ignora, se le utiliza y se le asesina sin contemplaciones. En la región de Kivu, zona oriental del país, saben muy bien cómo se las gastan unos y otros contendientes. De allí han surgido las dos últimas rebeliones que ha vivido el país: la que llevó al poder a Kabila en 1997, con la ayuda de los tutzi ugandeses y ruandeses, y la que estos últimos iniciaron en agosto contra el dictador.
El movimiento político de la rebelión tutzi, en su primera declaración oficial, afirmaba haberse levantado en armas para "luchar contra las violaciones de los derechos humanos del Gobierno de Kabila".
Pues bien, los soldados de quienes así hablan asesinaban a golpe de fusil a 633 personas en el poblado de Kasika. Luego, en Cirunga, el 6 de septiembre, en represalia por un ataque anterior de los guerrilleros mai-mai, mataron en las calles a más de 150 personas; los que lograron huir fueron perseguidos hasta los límites de la selva, que fue bombardeada con morteros, ascendiendo el número de inocentes muertos a más de mil.
En Goma, cuartel general de la rebelión, quienes levantaron la voz contra la sublevación fueron asesinados, los sospechosos de apoyar a Kabila fueron asesinados, los líderes locales, cabezas visibles de un pueblo multiétnico que no desea que quienes matan dirijan su país, fueron asesinados. Esta es la liberación que ofrece la rebelión tutzi.
Ahora, la gente abandona sus casas ante el avance de los sublevados y miles de refugiados han cruzado la frontera con Tanzania. A su vez, el cólera ha estallado en el Kivu y se cobra cada día unos 30 muertos. Mientras en las conversaciones de paz de esta guerra casi continental sólo se habla de poder y dinero.
Aún así, la población congoleña no es la única que sufre las consecuencias de esta guerra. En Uganda continúan los secuestros de cientos de niños cuyo lugar de destino es ahora el frente de batalla en el Congo. En Ruanda, diez mil de los miles de hutu que se hacinan en las cárceles acusados de participar en el genocidio de 1994, han sido liberados a condición de ser enviados a luchar en el vecino país.
Para monseñor Monsengwo, arzobispo de la diócesis congoleña de Kisangani, "la solución de nuestros problemas no se encuentra en una guerra inútil, sino en el diálogo y el consenso, en la instauración de un estado de derecho en cada país. El peligro no viene de fuera, el peligro está en el interior de cada nación. No se mata al pueblo que se quiere gobernar y no se destruye el país que debemos reconstruir. Recemos para que terminen para siempre las guerras y conquistas militares de inspiración étnica: ellas destilan el veneno del odio, provocan el rechazo de etnias enteras y engendran los genocidios. Demos preferencia al diálogo, a la justicia y a la paz".
En la región de los Grandes Lagos Africanos los dictadores tutzi de Uganda, Ruanda y Burundi, con el apoyo de la administración norteamericana principalmente, continúan ejecutando un genocidio de enormes proporciones contra sus propios pueblos, en los que la etnia hutu es ampliamente mayoritaria, y esto se realiza en el más absoluto vacío de informaciones e imágenes.
Las estrategias usadas son muy semejantes a las desplegadas en Latinoamérica durante las últimas décadas, aunque perfeccionadas. Se ha "mejorado" especialmente lo referente al embargo informativo, que está consiguiendo que sea casi absoluto, sobre todo de imágenes.
Una vez más se está aplicando el plan de Washington o tal vez de sus empresas multinacionales. "La era del dominio económico y de la hegemonía comercial de Europa en África ha terminado, empieza de la los Estados Unidos de América", como declaró en 1996 el secretario de comercio de USA Ronald Brown.
Este cambio de dueño, que era previsible después del fin de la guerra fría, se está produciendo en medio de una barbarie hasta ahora desconocida. EE.UU., la "gran democracia" se ha aliado con los peores dictadores africanos, los principios éticos no cuentan cuando se trata de facilitar la penetración de sus multinacionales.
Los responsables de la Administración Norteamericana presentan a los regímenes de Uganda y Ruanda como los dinámicos y prometedores gobiernos africanos emergentes. Se olvidan decir que son líderes de auténticos gobiernos nazis. En 1997 Museveny, presidente de Uganda, declaró: "Mi misión es la de encargarme de que Eritrea, Etiopía, Sudán, Uganda, Kenia, Tanzania, Ruanda, Burundi y Zaire lleguen a ser Estados federales bajo una sola nación... Lo que Hitler hizo para unificar Alemania, lo hemos de hacer también aquí. Hitler era un tipo inteligente".
¿Es éste el futuro de África? ¿Está destinado el continente negro a convertirse en el patio trasero de las grandes compañías multinacionales? ¿No nos importa que se instalen nuevos dictadores, que se masacre, que se fomente el odio, que se pisotee la dignidad humana?
¿Por qué calla la prensa?