DOSSIER 33

LOS PASOS DEL NÓMADA


Te ofrecemos el segundo Dossier que hemos preparado con los comentarios que, entre los años 1999 y 2002, el P. Daniel ha venido ofreciendo a los lectores de nuestra revista MISIONEROS JAVERIANOS sobre el Evangelio de Lucas y de Juan.

El Dossier 32 nos ha presentado “Los Encuentros de Jesús”. El Dossier que tienes entre tus manos, te presenta “Los pasos de Jesús, el nómada”. Los dos utilizan el método de la “Lectio Divina”.

 

*  *  *

 

La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1,14).

Después de un largo camino de progresiva revelación, finalmente, Dios se presenta en persona y planta su tienda entre nosotros. La gloria del Padre se hace presente en la carne de su Hijo único. La nueva morada de Dios en la Tierra se identifica con la movilidad de los nómadas. Jesús, el nómada del Padre, acampa entre los pobres de la gran caravana humana, para acompañarnos en nuestras incansables peregrinaciones hacia la plenitud de la Vida.

Jesús, la Palabra acampada del Padre, empezó su andadura por nuestras tierras desde la callada sencillez de la noche de Belén o desde la caminata junto al Jordán haciéndose, discretamente, el encontradizo de los discípulos del Bautista. Este curso, seguiremos los pasos de Jesús el Nómada a través de la lectura del evangelio de Juan, orando la Palabra en la vida, permitiéndole plantar su tienda en nuestro día a día.

Para ayudarte, te recuerdo los pasos que debes seguir para orar según el método de la lectio divina.

 

Silencio. Empiezo creando un ambiente de calma fuera y dentro de mí. Pongo alerta mi corazón, sintiéndome en su Presencia, deseoso de escuchar su Palabra para acompañarle en su camino y compartir su vida.

Lectura. Leo pausadamente el texto, subrayo y me paro en aquellas palabras que más me llegan al corazón, porque entran en profunda relación con mi vida.

Interiorización. Traigo a la memoria las palabras que más me han llegado, como si estuvieran escritas para mí. Dejo que penetren en lo más hondo de mí, manteniendo el espíritu recogido en ellas. Para alcanzar una interiorización más profunda, puedo saborear esas palabras repitiéndolas más veces, con calma, sin prisa.

Contemplación. Empiezo a dialogar con el Señor como con un amigo, compartiendo con Él deseos, sueños, temores, dificultades, gozos, dudas… Todo lo que la Palabra está moviendo en mí. Y le escucho, dejándome mirar, amar e invitar.

NUESTROS DOSSIERS

 

Si te interesa la Palabra de Dios, te ofrecemos otros dossiers que pueden ayudarte a descubrirla, a orarla y a gozarla tanto privadamente como en grupo.

 

Dossier  5 – CAMINAR CON JESÚS: Pistas para hacer del Evangelio, leído desde la óptica de los pobres, la Palabra que nos acompaña.

Dossier 21 – EL PADRENUESTRO MISIONERO: Comentario del beato Guido Mª Conforti, fundador de los Misioneros Javerianos, a la oración del Señor.

Dossier 22 – ADVIENTO / NAVIDAD: fichas de oración misionera para los tiempos litúrgicos de Adviento y Navidad (disponible en octubre de cada año).

Dossier 23 – CUARESMA: fichas de oración misionera para el tiempo litúrgico de la Cuaresma (disponible en enero de cada año).

Dossier 28 – CAMINO DE FELICIDAD: El mensaje de las bienaventuranzas leído desde la misión y con un corazón que busca la felicidad

 

Pídelos a nuestra dirección. Te los enviamos gratuitamente:

Misioneros Javerianos  /  Montserrat, 9  /  28015-MADRID

Tel.: 91.446.12.62  -  E-mail: sxadm@planalfa.es

 


1. Juan 1, 1-18

 

PALABRA QUE ACAMPÓ

 

La Palabra, haciéndose carne,

plantó su tienda entre nosotros.

 

Es la Buena Noticia de estos días (de Navidad): el Dios amante de la vida, Palabra dialogante con el mundo, se presenta en persona y toma carne para compartir nuestra débil andadura por el desierto de la historia.

El Hijo de Dios ha puesto su morada entre nosotros. El cumpleaños jubilar del Salvador nos llena de alegría y confianza porque Jesús sigue estando a nuestro lado, porque su tienda está plantada entre nosotros.

Abre tu Biblia y lee Jn 1, 1-18. Se trata de un himno forjado por la fe de las primeras comunidades cristianas. Podríamos decir que es como un Evangelio en bonsái.

Te invito a leerlo con la actitud profunda de quien se está haciendo discípulo; lee y ora dejando que la Palabra de Dios vaya resonando dentro de ti. Yo intentaré ayudarte a descubrir quién es Jesús, su identidad y su misión, a través de algunas imágenes tomadas del texto.

Los primeros cristianos, sobre todo los que fueron discípulos directos de Jesús, descubrieron en él la transparencia de Dios. Encontrar, escuchar y seguir a Jesús significaba hacer la experiencia del mismo Dios, de un Dios que se daba a conocer a sí mismo, que se comunicaba con todos. Y, como fruto maduro de esta vivencia de fe, las comunidades nacidas alrededor del testimonio del evangelista Juan llegaron a calificar a Dios como Palabra, vinculando esta palabra a la persona histórica de Jesús de Nazaret.

 

MIRANDO AL PADRE

Al principio ya existía la Palabra. Quizá te preguntes quién pronunció esa Palabra por la que todo comenzó a existir. Y Quién, después de pronunciar esa Palabra, se quedó en Silencio para darle espacio y resonancia propia.

El evangelista Juan nos responde que se trata del Padre. Sí, el Padre pronunció la Palabra y volvió al silencio para que en ella se manifestara su vitalidad creadora. Esta Palabra es Dios como el que la pronuncia: este Hijo es Dios como el Padre que lo ha engendrado.

La Palabra se dirigía a Dios. La Palabra, cuya fuente es el Silencio del Padre, se pasó la vida con la mirada puesta en Él. Mi sustento es cumplir la voluntad del que me envió y dar remate a su obra. Jesús fue un apasionado del Padre, toda su existencia estuvo centrada en Él. De madrugada solía dirigirse a lugares despoblados para orar contemplando al Padre, todas sus jornadas las vivía buscando, ante todo, el reinado de Dios y, al pasar por las aldeas, proclamaba la Buena Nueva del Padre misericordioso haciendo el bien a los más necesitados y alejados.

 

FUENTE DE VIDA

Además de Palabra, Jesús es vida. Solamente la existencia de Aquel que está eternamente centrado en Dios, recibiendo su ser de Él, es fuente de vida para cuanto existe: Todo existió por medio de la Palabra.

Los primeros cristianos, particularmente los amigos del evangelista Juan, descubrieron algo, como también tú y yo, que sentimos como propio de nuestra fe cuando nos abrimos de par en par a la Persona viva de Jesús: es de Dios dar la vida y es de Dios recibirla. Es del Padre dar y es del Hijo recibir.

Para nosotros hoy, la escucha de la Palabra y la acogida de la Vida son un único acontecimiento. Piénsalo bien. Si la Palabra no transforma tu vida o si tu vida no se deja determinar por los horizontes de la Palabra, es que algo falla. Esta Palabra, este Jesús Hijo de Dios, es la Vida.

Pregúntate por qué sigues interesado en Jesús. Jesús no despierta interés por ser un maestro capaz de orientarnos por los confusos caminos de la historia. Tampoco por saber ofrecernos un cobijo afectivo lejos de los fríos programadores de nuestro día a día.

Aunque sea algo de todo eso, Jesús nos sigue cogiendo del corazón a los que nos interesa la vida que brota de los “hechos” realizados por él, para que creyendo tengamos vida por medio de él. Solamente si amas la vida auténtica podrás apostar por la Palabra y seguir apasionadamente al Hijo del Padre.

 

LUZ EN LAS TINIEBLAS

La Vida que este hijo es y nos trae es considerada como Luz: la vida era la luz de los hombres. El solemne comienzo del cuarto evangelio te invita a meditar sobre la realidad de la luz para que puedas intuir algo de Jesús.

La luz es un fenómeno singular: los colores y las formas de las cosas y de las personas resultan perceptibles sólo porque están en la luz, es decir, cuando son iluminados. Sin embargo, la luz no se ve. Ella hace visible todo lo que toca, sin hacerse visible a sí misma. Tú puedes decir que tu cuarto está iluminado y que el día es luminoso, pero no podrás aislar la luz de los objetos que roza.

No se puede hacer nada sin luz, sin embargo, la luz permanece en la discreción que nada pretende y en la delicadeza que nada reivindica para sí. En cierto modo la oscuridad y las tinieblas actúan de forma contraria: la oscuridad no deja ver ni las formas ni los colores, sino que se pone en evidencia a sí misma.

Todo ha sido hecho por medio de la Palabra, el Hijo de Dios: ¡Nada sin Él! Sin embargo, precisamente como la luz, su generosidad es discreta. Él se muestra preocupado más por lo que ilumina que por sí mismo. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que quien crea en Él no perezca, sino tenga vida eterna.

 

TIENDA DE NÓMADA

Así, llegamos al corazón de lo que celebramos y que el Papa Juan Pablo II escogió como lema para la Jornada Mundial de la Juventud en el Año Jubilar 2000: La Palabra se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros.

La fuerza creadora de la Palabra de la Vida, discreta como la luz, se hizo carne, débil criatura, uno de nosotros. Los hombres y las mujeres de todo el mundo se transforman en los suyos, su gente porque, como hermanos suyos, los hizo capaces de ser hijos de Dios.

Verdaderamente la gloria de Dios habita entre la fragilidad humana. El verbo habitar quiere traducir el original griego que significa, con mayor precisión, la acción de plantar una tienda, como las tiendas donde habitaba Israel cuando vivía en el desierto. Como la tienda del Encuentro donde Yahvé se hacía presente acompañando a su pueblo.

La tienda no es una morada estable, es la casa de quien se mueve, del que vive como peregrino. La tienda es la casa de los nómadas. Así, Dios quiere habitar en la tienda de la frágil carne humana (encarnación) para hacerse peregrino del corazón nómada de cada ser humano que busca amor, justicia y paz.

Contemplemos la Gloria (la presencia de Dios) en la débil humanidad de Jesús de Nazaret: como Él bañó su gloria en nuestra pobreza, podamos, agradecidos, mojar nuestra fe en el ancho mar del dolor humano.

Entremos en la Tienda de la Palabra para aprender a seguir los pasos del Hijo, el Nómada del Padre, que camina hacia los hermanos cargado de gracia y fidelidad.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       El evangelista Juan hablándote de la Palabra (Cristo), se manifiesta testigo y poeta. Testigo, porque te narra una experiencia que le ha impactado profundamente; poeta, porque te hablaron belleza y pasión. ¿Cómo te expresarías tú con alguien que te pidiera contarle tu experiencia de Cristo? ¿Tienes arte de testigo y de poeta?

2.       La Palabra es la responsable de la creación del mundo y viene al mundo para iniciar la aventura humana. Esta visión positiva de la historia y de los pueblos, ¿cómo la interpretas en relación con la misión ad gentes?

3.       La Palabra ilumina a todo hombre. Esta idea, ¿te ayuda a sentirte parte viva de la gran familia humana? Concretamente, ¿de qué manera estás comprometiéndote para romper fronteras, ideología y categorías injustas?

 

Clamor de aurora

 

Desde la aurora de los tiempos
se oye el clamor de los oprimidos,
clamor que grita con la voz de Dios.

Todo el que lo escucha experimenta qué es el amor:
el amor es la luz de toda persona.

La Palabra de Dios es la verdadera luz,
que ilumina la vida de todos los pueblos.

Desde todos los rincones se oye su voz:
grita en el Mundo, grita en nuestro interior.

Nadie conocía al Dios verdadero,
pero Jesús de Nazaret,
la Palabra del Padre que clama desde la aurora de los tiempos,
nos lo ha manifestado:

entre nosotros ha habitado.

R. Puigdollers

 


2. Juan 1, 32-51

 

AQUEL DÍA

 

«Rabí, ¿dónde vives?»

«Venid y lo veréis».

Vieron dónde moraba

y se quedaron con Él aquel día.

 

Abre tu Biblia y busca el texto de Juan 1, 32-51. Empieza la lectura dejándote sorprender por la Palabra: intenta darte cuenta de la situación concreta en la que Jesús da el paso cuando, haciéndose el encontradizo, se deja buscar por sus primeros amigos.

 

SABER DESPERTAR

El Evangelio: lo que trata es vida. Y lo mejor de la vida son los encuentros profundos entre personas; esto es lo que experimentamos cuando nuestras miradas se cruzan y nuestros corazones y entrañas entran en sintonía, en entrega recíproca.

Vamos a conocer, ahora, los detalles de los primeros encuentros de Jesús con los que fueron sus discípulos.

Todo se despierta por un testimonio. El Bautista comparte con sus discípulos lo que está viviendo acerca de Jesús: contemplé al Espíritu bajar sobre él; yo lo he visto y atestiguo que…

Sabemos que el Bautista estaba en el desierto y llevaba un estilo de vida extremadamente austero. Sobre todo, pienso que se había hecho a sí mismo desierto, despojándose de toda calificación que pudiera centrar la atención en él: yo no soy.

La misión de Juan sigue estando viva en tantas personas que, después de haber contemplado a Cristo, saben perderse a sí mismas para que el Protagonista de la historia amanezca hoy en el mundo. Hay algo del Bautista que revive en ti cuando pones tu voz en el desierto al servicio de la Palabra.

Ésta también es la misión de la Iglesia, ser voz (servidora de la Palabra) y estar en el desierto (en radicalidad de vida) para que Cristo, luz del nuevo día de la historia, resplandezca sin sombra alguna.

A Juan le tocó despertar la búsqueda de sus mismos discípulos para orientarlos hacia el Mesías. Supo hablar (Ahí está el Cordero de Dios) y supo callar para que la Palabra del Maestro (¿Qué buscáis?) se abriera camino en las vidas de dos de sus discípulos: venid y veréis.

 

HACIA EL CLÍMAX

Después de haber escuchado y acogido el testimonio de Juan, los dos discípulos se ponen en camino para ir a vivir con Jesús: fueron, vieron y se quedaron con él aquel día. ¿No te impresiona la sencillez de este encuentro?

En primer lugar, las primeras palabras de Jesús no son una orden como en otros evangelistas (¡Ven y sígueme!), sino una pregunta que ayuda a aclarar el deseo profundo de los dos discípulos: ¿Qué buscáis?; y una respuesta: Maestro, ¿dónde vives?, que expresa no la búsqueda de un saber algo, sino el deseo de estar con Alguien.

Me parece que el evangelista nos está diciendo que el seguimiento de Jesús es sobre todo un deseo del corazón que culmina en la comunión de vida con el Señor.

Sinfonía de…

 

Deseos

 

Jesús puso al descubierto el corazón de Natanael: le reconoció en su búsqueda de luz mientras estaba debajo de la higuera.

Estar debajo de la higuera es una expresión de los rabinos para indicar a alguien que meditaba la Torah, la ley de Yahvé.

Con estas palabras Jesús pone a Natanael frente a su deseo secreto y ardiente de la Palabra y le ofrece horizontes «más grandes»: el cielo abierto por el Revelador del Padre (Jn 1,51).

Para los discípulos, la experiencia personal de Cristo es lo más importante de su vida. ¿Te has preguntado por qué tú mismo vas perdiendo entusiasmo y fidelidad en el seguimiento de Jesús? Un antiguo ermitaño del desierto te diría que en la vida cristiana sucede lo mismo que le ocurre a un perro que persigue a una liebre. La persigue y, en esa carrera, grita y ladra; así, se le unen muchos otros y todos corren juntos; pero, en un determinado momento, todos aquellos que no la ven se cansan y, uno tras otro, desisten. Sólo los que la ven siguen hasta el final.

Solamente quien ha puesto los ojos en la persona de Cristo puede perseverar con entusiasmo hasta el final.

 

EL DESBORDAMIENTO

Ahora sí, después de experimentar al Señor (ver y quedarse), los discípulos empiezan a tomar la iniciativa: la comunión de vida con el Maestro se desborda en nuevos encuentros. Los llamados se convierten en llamadores que conducen a Jesús.

Poco a poco, los discípulos van descubriendo la verdad profunda de su vida como personas llamadas a comunicar el amor recibido, para que otros se dejen llevar hasta la casa donde mora Jesús. La alegría de haber descubierto al Mesías hace que Andrés y el otro discípulo contagien a Simón para que se deje acompañar hasta Jesús.

Y Jesús, fijando su mirada en él, le da un nombre nuevo: Simón muere y nace Pedro. Esto es lo que sucede cada vez que en tu vida te dejas mover por el amor de Cristo, cada vez que la experiencia de estar con Él, donde vive, desborda en testimonio convencido de tu fe. Entonces, la vida de otros buscadores (como Pedro, Felipe, Natanael...) puede ser transformada radicalmente, cambiada de nombre, por la mirada y la palabra del Mesías.

¿No encuentras ninguna relación entre todo esto y tu experiencia de contemplación y de llamada a la misión? Los primeros discípulos lo experimentaron desde que empezaron a seguir los pasos de Jesús.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       Para descubrir dónde habita el Señor es necesario salir de «nuestra casa», arriesgarse y saber perderse por Él. A Jesús no se le puede encontrar mirando una pantalla o leyendo unas páginas del catecismo. Hace falta empezar a pensar y actuar como él, frecuentar sus lugares y sus amigos preferidos: los buscadores de un mundo nuevo. Tú, ¿cómo te estás enamorando de él?

2.       Cuando intentas seguir los pasos de Jesús, ¿buscas verdaderamente su rostro? Deja que Jesús te haga su pregunta: «¿Qué buscas?»

En la casa de Jesús es muy probable quedar contagiado y será inevitable extender el contagio a otros. ¿Te estás haciendo testigo del encuentro sorprendente que vives con el Señor? ¿Brota de tu contemplación la misión?


Oración: Pobreza nómada

 

Plantaste tu tienda entre nosotros, Hijo de eterno Amor,
y ni siquiera tienes tronco y gavilla,
piedra o duna donde reclinar la cabeza.

Señor, el alma siente el vértigo infinito de tu despojamiento
y admira la razón de tu pobreza en vuelo radical de amor ardiente.

Y yo, que casi todo lo tengo,
o lo deseo con impaciencia y avidez urgente,
quiero ya mi despojo total, definitivo:
ser como Tú, Jesús, ya para siempre,
pobre de todo entre los pobres,
signo de puro amor,
ser cántaro y ser fuente que en generosa floración
se entrega a todos por igual, sencillamente.

Jesús Bermejo

 


3. Juan 2, 1-12

 

LA RESACA DE CANÁ

 

«Lo que Él os diga… hacedlo».

 

Una agradable invitación de boda: esto es lo que Jesús recibió al comienzo de su vida pública, según el evangelista Juan. Y, consigo, se lleva a sus discípulos. La verdad es que sorprende este Maestro que acaba de acoger a sus primeros seguidores, algunos de los cuales habían sido discípulos de aquel asceta austero que era Juan Bautista, y que, en un primer gesto, les invita a la alegre fiesta nupcial para que saboreen el vino abundante de los tiempos nuevos y del nuevo amor.

Abre tu Biblia y busca el relato de la boda en la aldea de Caná, en Juan 2, 1-12. Procura que todos los detalles y símbolos del texto te sorprendan favorablemente, como les sorprenderían a los austeros discípulos del Bautista, al compartir con su nuevo Maestro tanto derroche de fiesta; quizás, hasta cogiéndose una buena borrachera con ese enigmático vino nuevo.

El hecho histórico e inequívoco brilla a través de una multitud de símbolos: la boda, el novio, las tinajas, el vino... Hay perfume de novedad, como el que emana el vino sacado de las tinajas de agua. Hay aire de abundancia, expresada por la enorme cantidad de vino nuevo. Hay un sentimiento general de alegría en todo el relato, con esa presencia de Jesús como esposo escondido, en torno al que sucede todo lo ocurrido.

 

LOS EFLUVIOS DEL MESÍAS

Empecemos a degustar esta Palabra por el final. Fíjate en lo que pasaría después de una boda, donde todos los convidados saborean el vino mejor estando ya algo bebidos. Me gusta imaginar al grupo de Jesús, a sus amigos, que baja “contentillo” desde Caná a Cafarnaún y que, a pesar de la resaca, trata de recordar lo que sucedió en la boda. Junto con María, mujer de la memoria y la meditación (lo conservaba todo y lo meditaba en su corazón), comparten la experiencia vivida, bajo los efluvios del Mesías recién estrenado.

Efectivamente, los discípulos acaban de contemplar la gloria de Jesús y de mostrarle su adhesión personal. Durante una fiesta, tan humana como la de una boda, los primeros amigos de Jesús descubren que el Mesías encontrado hace pocos días es el Hombre esperado, capaz de iniciar una nueva historia humana. Han presenciado la auto-presentación del Mesías como nuevo Adán. ¿De qué manera se entiende esto?, te preguntarás.

Vuelve a leer el texto desde el capítulo anterior y observa, tomando el versículo 28 como día primero, la sucesión de días (Jn 1, 29.35.43) hasta llegar al día de la boda: el enlace tiene lugar el sexto día, el de la creación del hombre, según el Génesis.

El evangelista, a través de esta simbología temporal, te quiere sugerir que la presencia y la obra de Jesús van a representar el arranque definitivo de una nueva aventura humana.

Además, el día de la re-creación de la vida va a ser el día de la resurrección. La expresión al tercer día nos recuerda el testimonio de los apóstoles: Dios lo resucitó al tercer día (Hch 10, 40). Al tercer día… nos recuerda también una preciosa profecía de Oseas, hablando al pueblo de Israel, desunido y empobrecido, en la que anuncia la salvación: Venid, volvamos al Señor y Él nos curará: dentro de dos días nos dará la vida y al tercer día nos levantará y en su presencia viviremos (Os 6, 1-2).

En la boda, Jesús se da a conocer como Aquel que renueva, levanta y da vida para que, caminando en su presencia, experimentemos plenitud de alegría y de amor.

Sinfonía de

 

Vino

 

El vino se menciona cinco veces en esta boda. En las culturas mediterráneas, se asume como símbolo del amor. Los profetas identifican el vino con la llegada de los tiempos del Mesías (Amós 9, 13-14; Isaías 25, 6). En el Cantar de los Cantares, el vino ejemplifica la unión el esposo y la esposa (Cant 1, 2-4; 7, 9).

En Caná Jesús se presenta, de forma casi escondida, como el Mesías-Esposo y el vino nuevo representa su Palabra: lo que Él os diga…, dice María. El vino es misterioso en su origen (ni los sirvientes ni el maestre de sala conocen su procedencia): sólo la persona de Jesús, el Enviado del Padre, puede ser portadora de novedad y embriaguez, para devolver la alegría al mundo.

 

LA ALEGRÍA DE LOS DISCÍPULOS

¿Quiénes son los descubridores de tanto derroche de plenitud, florecida por la llegada del Hombre nuevo y resucitado? Son aquellos que ya desde los primeros días de la semana han estado buscando y haciendo un cierto camino. Sí, son los que se han arriesgado ante el vértigo de la invitación (Venid y lo veréis) y han empezado a seguir a Jesús.

Fíjate en una rareza del relato. El evangelista no nos habla de los novios que, en teoría, son los protagonistas de la fiesta. Juan fuerza la narración para indicarnos que los verdaderos protagonistas son Jesús, sus discípulos y María, la Madre de Jesús, modelo de discipulado. Sólo este grupo entiende lo que está sucediendo. Los demás (los novios, el chef, los camareros) no se dan cuenta de lo que realmente ocurre. Lo único que aprecian es el buen vino, pero son incapaces de reconocer la manifestación de la “gloria”.

En la persona del Mesías, Jesús ha iniciado el tiempo de la alegría y de la ternura de Dios, tiempo de banquete, como una boda de Dios con la Humanidad, su amada. Sólo el discípulo, que se ha puesto en camino y ha contemplado dónde vive Jesús, se alegra y se percata de la hondura de este divino enlace; otros verán sólo vino.

La mirada contemplativa de los discípulos y de María supo penetrar hasta el fondo de la persona de Jesús y reconocer su gloria, en esta primera señal, señal que realizaba como Enviado que transforma lo antiguo en nuevo, según el Proyecto-Palabra del Padre.

Yo creo que, hoy también, somos testigos presenciales de una sociedad y de una Iglesia donde, a pesar de las apariencias, a demasiadas fiestas le falta el vino e auténtica alegría. Hay situaciones cuya ausencia de vino nos afecta. Por ejemplo: ¿qué podrías hacer tú ante las tinajas vacías de la rigidez de nuestras tradiciones civiles y religiosas, incapaces de ser cauces de embriaguez evangélica y de justicia humana?

 

CUANDO LA PALABRA EMBRIAGA

Cuando los grandes de la política, cuando los profesionales de la creatividad tecnológica llegan a regalar el acceso a Internet a los pobres más endeudados del planeta, ¿no será la Palabra de Jesús capaz de inspirarte algo más humano y desinteresado?

Si no eres abstemio de la Palabra, déjate embriagar por Jesús, el bodeguero del Padre, y saborea los tres verbos que usó con los sirvientes: llenad, sacad y llevad.

Jesús no añade vino al agua, hace vino de la misma agua, dándole plenitud (llenad); luego invita a que ellos mismos experimenten esa plenitud (sacad) y que, sin retenerla para sí, la compartan (llevad): he aquí la re-creación del agua en vino, de lo antiguo en nuevo, de lo trágico en alegría para todos.

Degustemos, pues, esta Palabra embriagadora para que, de su resaca contemplativa, el Señor nos coloque en mejor disposición para transformar al mundo en alegre banquete de solidaria fraternidad.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       En el corazón de la fiesta están seis tinajas vacías; sólo María toma conciencia del problema. ¿Sabes tú darte cuenta de lo que le falta a la vida de tus hermanos, para que su alegría alcance la plenitud? ¿Acaso escurres el bulto, pensando que la situación del mundo es demasiado para ti?

2.       ¿Qué significa para tu vida espiritual el hecho de que María se dirija enseguida a Jesús? ¿Puedes decir que, como creyente, pides luz al Señor antes de orientarte hacia decisiones concretas? En las actividades de tu comunidad cristiana, ¿reserváis un tiempo para la oración-diálogo con el Señor?

3.       Jesús ayuda a dos novios que, sin saberlo, están en dificultad. ¿Dejarías plena liberad al Señor para que intervenga con su Palabra en tu vida cotidiana de pareja o de familia?


Oración: Cercanía de la Palabra

 

Señor:
No vienes de paseo a tu heredad, a ver cómo florecen los almendros
o maduran los higos en verano.

Vienes para quedarte a nuestro lado.

Quieres plantar tu tienda entre nosotros,
moler el trigo y pisar las uvas,
saber en propia carne qué es ser hombre,
sellar el polvo de nuestros caminos,
bajar hasta el abismo sombrío de la muerte,
para inundar de luz nuestras tinieblas.

Encarnado en el tiempo, aprendes nuestro idioma,
este bronco lenguaje del destierro, porque quieres hacer la misma ruta
y entablar con nosotros permanente diálogo de amor:

te haces palabra humana y nos revelas la insondable ternura de tu Padre,
con plenitud de formas y sentido.

Miguel Combarros (misionero en Congo)

 


4. Juan 3, 1-21

 

LABORATORIO EN LA NOCHE

 

«Y tú, maestro en Israel, ¿no lo entiendes?»

 

Cuando Jesús empezó su solidaria andadura por los caminos de Palestina, el atractivo de su personalidad cercana y misteriosa llegó a inquietar a muchos. Aquel Mesías, Palabra salida del Padre, ejercía una enorme fascinación sobre los mismos maestros de las Sagradas Escrituras. Y uno de ellos, llamado Nicodemo, fascinado por el mensaje del Reino predicado por Jesús, nos va a contar su encuentro nocturno con el Mesías.

Abre tu Biblia y busca Jn 3, 1-21. Imagínate en la misma situación de Nicodemo: estando a solas con Jesús, de noche, tratando sobre tus inquietudes (¿cuáles?) y las suyas (la vitalidad del Reino).

 

A ESCONDIDAS

El evangelista Juan nos dice que el encuentro se realiza de noche. Me parece ésta una ambientación importante para captar la química del deseo de Nicodemo. Este maestro entre los judíos había oído hablar de Jesús y sentía una gran simpatía por Él, pero no se conformaba con lo que los demás decían del Mesías. Y como deseaba información de primera mano, decide ir personalmente a ver a Jesús, quiere estar seguro de que Él ha venido de parte de Dios.

Una iniciativa plausible, ya que opta por salir del anonimato: ¿sabías que Nicodemo significa vencedor sobre el pueblo? Sin embargo, el coraje que tuvo para lanzarse al encuentro (de su vida, quizás) se reveló herido por algo que le llevaría a decantarse por la estrategia del escondite: fue a visitarle de noche. De noche, como un clandestino. La noche es el tiempo de lo escondido, de las tinieblas; y Nicodemo aparece como un discípulo “a escondidas”.

Creo que ya te estarás dando cuenta de que esta paradoja del deseo herido de Nicodemo refleja muy bien tantas visitas en la noche presentes en nuestra búsqueda de fe. Tú y yo también somos discípulos a escondidas: queremos pero no nos atrevemos. Surge en nosotros toda una serie de deseos, de impulsos para hacer cosas en el seguimiento de Jesús; pero nos falta la osadía de manifestarlo, por el terrible miedo al “qué dirán”. El maestro Nicodemo era una autoridad entre los judíos y podía perder su prestigio, como tú podrías perder la autonomía de tus proyectos si te atrevieras a dar el primer paso hacia el Reino y su Mesías.

Por eso, aunque sea con miedo, tal vez con vergüenza, no dejes de buscarle en la noche.

 

LA MIOPÍA DEL SABIHONDO

A pesar de los pesares, nuestro maestro noctámbulo llega a la tienda de la Palabra. El encuentro empieza con un reconocimiento por parte de Nicodemo, una especie de confesión de fe sin confianza: Sabemos que... Fíjate cómo el gallina de Nicodemo huye de sí mismo, no se atreve a hablar en primera persona y se esconde detrás de un plural: sabemos.

Pero luego, ¿qué te parece lo bien que se recupera con ese arrebato intelectual de un sabihondo que expone su conocimiento sobre el mismo Jesús? Sabemos que vienes de parte de Dios..., dice. La verdad es que todo esto me huele a cristianos de hoy. Creemos en Jesús por lo que nos han dicho, por lo que hemos admirado en alguna persona o leído en algún libro, por lo que se dice en nuestro grupo o comunidad. Tal vez por lo que siente nuestro corazón, pero sin implicarnos más: nos limitamos a decir lo que dicen.

A Nicodemo le sobraban conocimientos y le faltaba claridad de deseos para mojarse en el seguimiento de Jesús.

Sinfonía de

 

Vida

 

En unos pocos versículos (Jn 3, 5-8) el verbo generar aparece seis veces y siempre en la forma pasiva (ser generado = nacer). Nadie puede generarse a sí mismo: este es el significado de la forma pasiva del verbo.

El nacimiento es pura gratuidad. Es la fuerza de Dios (desde lo alto) la que es portadora de vida. Alguien te genera por amor. Por ello entras en el Reino de Dios como entras en la vida, por intervención gratuita del amor de quien tanto te amó (Jn 3, 16). El Espíritu que aleteaba sobre las aguas primordiales (Gen 1, 2) es el rumor sin huellas que abre la puerta de entrada al Reino de la Vida (Jn 3, 8).

A este maestro que no supo hacerse discípulo le faltó la profundidad de la mirada. Mirada de fe para ver dónde vivía Jesús y para quedarse con Él. No obstante, Jesús le cogió del corazón y le pidió que se dejara sumergir en un nuevo proceso, operado por el Espíritu.

 

EL PROCESO DE REVELADO

El diálogo abierto por esa búsqueda oscura de Nicodemo acaba en un bellísimo monólogo de Jesús. El Mesías le propone dejarse generar por el Espíritu como camino que lleva a la vida, como proceso que transforma el mundo iluminándolo con la Luz del Reino de Dios. ¿No es esto lo que Nicodemo, tú y yo, vamos buscando en el fondo? Nuestras noches buscan la luz del día y hasta que no amanezca el sol nuestros ojos no pueden deleitarse contemplando las formas y los colores de la naturaleza.

Piensa en lo que pasa con el proceso de revelado en un laboratorio fotográfico: las imágenes de la realidad entran en el laboratorio en blanco y negro (los colores del negativo) y, mediante el paso obligatorio por la cámara oscura, adquieren la nitidez del revelado en color.

Pues algo parecido a un laboratorio fotográfico sucede en el proceso que le propone Jesús a Nicodemo: le ofrece el laboratorio de la misión. La realidad sombría y tenebrosa del mundo (el negativo de las injusticias, la pobreza, las cobardías ante la vida y los jugueteos con la muerte, la indecisión ante la Palabra...) está llamada a recobrar la nitidez de sus colores (a imagen y semejanza de Dios, según los cielos nuevos y la tierra nueva) acercándose al Hijo, Luz que vino al mundo.

La clave de este proceso de revelado evangélico está en esa cámara oscura que es la Cruz sobre la que fue levantado el Mesías para que se revelara cuánto amó Dios al mundo..., hasta entregar a su Hijo único, para que quien crea en Él tenga vida auténtica.

Nicodemo ha desaparecido en la noche, sin atreverse a dar el paso decisivo hacia la luz. Y tú, ¿sigues ahí? ¿Te atreverías a entrar en ese laboratorio de la misión para devolver a tus hermanos su originaria belleza de vida, paz y fraternidad que manan del Amor crucificado del Mesías? Aunque sea de noche, sigue dialogando a solas con Jesús. Él te iluminará.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       Nicodemo escogió la noche para encontrarse con Jesús y se quedó en ella. ¿Estás dispuesto a salir de la noche, a dar la cara, a dejar que tus obras se vean y tu vida quede iluminada?

2.       Por el bautismo ya has sido regenerado a la vida. ¿De qué manera estás viviendo tu nueva pertenencia al Reino de Dios? ¿Estás colaborando con el Espíritu para que en nuestra historia renazca la vida auténtica entre los más crucificados?

3.       Cuando el encuentro con Cristo te hace ver la necesidad de un cambio radical en tu vida, ¿cuál es tu reacción ante el proceso que te propone la Palabra? ¿Prefieres la distracción para no hacerle caso?

4.       ¿Has tenido alguna vez la experiencia de sentirte regenerado por el Espíritu del Señor? Comparte con otros lo que ha sido tu vivencia del Reino.


Visión joven

 

Queridos amigos,
en vosotros veo a los «centinelas de la mañana»
en este amanecer del milenio…

Hoy queréis afirmar que no os prestaréis
a ser instrumentos de violencia y destrucción:
defenderéis la paz,
no os conformaréis con un mundo en el que otros seres humanos
mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo.

Defenderéis la vida en cada momento de su desarrollo;
os esforzaréis con todas vuestras energías
en hacer que esta tierra sea más habitable para todos.

Si sois lo que tenéis que ser,
¡prenderéis fuego al mundo entero!

Juan Pablo II

 


5. Juan 4, 1-42

 

LA MUJER DEL CÁNTARO

 

«Cansado del camino se sentó. Llega una mujer…».

 

¿Te has preguntado alguna vez lo que pasa, dentro y fuera de ti, cuando te dejas encontrar por el Señor? El evangelio de Juan te propone a una mujer en quien reflejarte: lee en silencio, con atención y con corazón, todo el capítulo 4.

La samaritana es la mujer evangélica que nos va a acompañar; ella nos irá haciendo caer en la cuenta de lo que acontece cada vez que nos encontramos, como amigos, con la Palabra. ¿Estás dispuesto a que el Mesías haga el diagnóstico de tus condiciones vitales y te vaya llevando de lo que te falta a lo que te plenifica?

 

UN POZO CON “GLAMOUR”

Te invito a contemplar la escena del Evangelio y a que te dejes sorprender por el hecho de que no sea la mujer la que sale a buscar a Jesús, sino que sea Él quien se siente a esperar a la samaritana. Seguro que en tu vida, más de una vez, te ha pasado algo parecido. El Señor ha salido a tu encuentro, sin que tú lo buscaras. Ahora,  también,  puedes sentirte en sintonía con este encuentro junto al pozo. Él está ahí, deseoso de que ocurra algo, aunque tú no te des cuenta.

Acércate al pozo. En la cultura de Israel, el pozo era símbolo de la vida recibida gratuitamente de Dios, a través de los antepasados. Cuando Juan nos dice que Jesús espera al borde del pozo quiere explicarnos que espera al borde de la vida que, día a día, recibimos gratis. Tal vez, acostumbrados a grifos y duchas, a bares y coca-colas, no logramos saborear las cosas más esenciales y profundas de la vida.

Imagínate un lugar desértico: todo depende del agua que se pueda sacar del pozo. Y Jesús, fascinado por los encantos de nuestras necesidades más auténticas, hace un alto en su camino y nos espera junto a ese pozo al que nos lleva la inquietud latente del deseo humano. Para reconocer su presencia al borde del pozo y para entrar en diálogo con Él, tienes que despertar lo más profundo de tu vida y superar esa superficialidad que, regalo de una sociedad soporífera, te adormece.

 

EL MANANTIAL DEL LIGUE

 

A nosotros quizá nos sorprenda un Jesús cansado, que se hace mendigo, que pide algo. La mujer del cántaro parece percatarse de la oportunidad de la situación y la aprovecha para sondear las intenciones del desconocido. A ese hombre que le pide de beber, y que se atreve a prometerle un agua capaz de apagar su sed, la samaritana se le acerca con astucia y provocación: ¿De dónde sacas agua viva? ¿No serás mayor que nuestro padre Jacob? ¡Dame de esa agua, para que no tenga sed!

Con esta estrategia, la mujer sabe encararse con Jesús para obligarle a quedarse allí donde ella quiere que se quede: en un lugar donde todo o nada podría acontecer.

¡Cuantas veces tú, y también yo, dejamos abierta la posibilidad de escabullirnos por si acaso la llegada del Otro a nuestra vida nos compromete demasiado! Aún queriendo quererle, incluso cuando estás sediento de su amor de manantial, ¿por qué te da vértigo zambullirte en el pozo profundo de la Palabra del Mesías?

La provocación llega al máximo cuando Jesús hace referencia al marido de la samaritana y ella le contesta que está libre. En la cumbre de la ambigüedad, Jesús provoca a la samaritana para que salga de su actitud indefinida y confusa. Su penetrante Palabra le ayuda a clarificar el fondo de su corazón inquieto: Has dicho bien al decir que no tienes marido, en esto has dicho la verdad.

Sinfonía de

 

Maridos

 

En la lengua hebrea, «Baal», título que se daba a la divinidad, significa «marido», o «Señor».

El adulterio del pueblo de Samaría consistía en haber abandonado a Yahvé para volverse a los otros cinco dioses adorados en la región, a los que los samaritanos habían construido cinco templos en otras tantas colinas (2 Re 17, 24-41).

Este es el dato que el evangelista Juan quiere subrayar repitiendo, en el relato de la samaritana, cinco veces el término marido.

  Si aceptas el diálogo con Cristo y dejas que Él te abra, de par en par, las puertas de tu interioridad, ¿qué sucede? Serás reconducido a la transparencia, es decir, a la verdad de ti mismo.

 

EL CÁNTARO DESAIRADO

A partir de esa serena acogida de lo que eres, empezarás a superar las infidelidades y superficialidades que te hacen atolondrado en el camino hacia lo que a mí me gusta llamar el pozo del ligue, hacia el manantial de la Vida. La mujer de Samaría, al descubrir la verdad de sí misma, descubre también la verdad sobre Jesús. Y descubriendo a Jesús como el Mesías (el Enviado del Padre), es liberada de su anterior estilo escurridizo.

También queda liberada de aquella necesidad de agua que la llevó hasta el pozo. De hecho, al finalizar el encuentro con Jesús, la samaritana abandona el cántaro, como si ya no le hiciera falta, y corre hacia la ciudad para anunciar que, ahora, es Jesús el que ha entrado en su vida.

La samaritana es una mujer encontrada por el Señor. En el diálogo con Aquel que es la Palabra, ella se descubre a sí misma y, sacando del pozo la inquietud de su búsqueda amorosa y religiosa, es transformada en enamorada. Así es como el Espíritu de Jesús nos va modelando para convertirnos en sus amigos, en sus adoradores.

Sólo desde las limpias profundidades de tu pozo interior, la sed de tu amor se convertirá en manantial que brota en auténtica adoración al Padre. ¿Imposible? No tanto. Jesús descansa junto al pozo respetando el ritmo de tu proceso. Él acompañó el camino de la samaritana, que lo fue descubriendo poco a poco: primero, era un “judío”; luego, un “profeta”; luego, “el Mesías”; y, al final, “el Salvador del Mundo”. Jesús se pone al nivel de la mujer y, con empatía y ternura, la conduce hasta ese lugar del que ella quería huir: la verdad de sí misma.

 

EL NUEVO ESTILO DE LA MISIÓN

Al final de todo este proceso de enamoramiento, fíjate en el fruto que madura en la mujer que acoge la Palabra. Ese fruto es la misión: el agua de manantial del Mesías, que brota en la adoración al Padre y en su anuncio a los hermanos.

Esta mujer estrena un nuevo estilo de Anuncio, todos necesitamos aprender de ella. Abandonado el cántaro, la mujer entra en el corazón de la aldea para globalizar su experiencia de amor (corrió a la aldea y dijo a la gente...), insinúa una duda (¿Y si fuera el Mesías?), no tiene la pretensión de convencer con dogmas (¡hay tantos machismos misioneros por ahí!), invita a que cada cual se ponga en camino para hacer su experiencia de encuentro (venid a ver).

En suma: ofrece con sencillez el testimonio de lo que le pasó a ella, su experiencia personal (me ha revelado lo que soy).

En el amanecer del nuevo milenio, estamos a tiempo para una nueva aurora de la misión, para un nuevo estilo.

Y la mujer del cántaro nos traza el modelo.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       La samaritana no tuvo miedo a su sed de amor, de Dios. Supo asombrarse y se dejó conquistar por Jesús. ¿He dejado alguna vez que Cristo me provoque y seduzca con su manera de acercarse y de hablarme?

2.       El encuentro con Cristo cambia la vida. ¿Qué cántaro, símbolo de mi pasado, tendría que abandonar para sacar esa agua de manantial que es Cristo?

3.       ¿A quién regalo mi experiencia de fe? ¿Soy capaz de compartir el gozo del Encuentro con el Señor? ¿Qué podrían decir de mi compromiso cristiano aquellos que se acercan a mí y no son creyentes?

4.       Como grupo de fe, ¿mantenemos vivo el compromiso misionero que brota del gozo de haber experimentado a Cristo en nuestra vida? ¿Qué nos sugiere la samaritana?


Oración:
Manantial

 

¿Moriré de sed buscando, inquieto, amor y sueños?

Voy a excavar interiormente:
en el pozo de mi pasado,
bajo la arena de mi pecado,
está el agua viva y pura que refresca eternamente.

La sed se apagará cuando beba de esta Fuente:
agua generosa en Amor,
agua gratuita del perdón,
sacada por ti, mi Señor.

Me refresco a esta Fuente, corazón de mi aldea,
tesoro de mi Iglesia:
Manantial para las Gentes.

 


6. Juan 5, 1-18

 

EL GULAG DE BETESDA

 

Una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados…

esperaban que el ángel del Señor

removiera las aguas...

 

Estamos en un lugar saturado de creencias populares, al que acudía la gente buscando la curación religiosa de sus miserias: en Betesda, una piscina sorprendentemente actual.

Abre tu Biblia y lee el evangelio de Juan 5, 1-18. Vas a contemplar a Jesús, Palabra salida del Padre, intentando acampar entre los desheredados de la sociedad. Aunque su peregrinación le llevaba al corazón de la ciudad santa, Jerusalén, Él prefirió quedarse fuera, para frecuentar un lugar, sospechoso para las autoridades religiosas del judaísmo, pero muy concurrido por la gente sencilla y ya sin esperanza.

Es Jesús el ángel que, bajado del cielo, no duda en procurar un gran revuelo entre los judíos de la ortodoxia actuando, extramuros, en los arrabales, en favor de la heterodoxia marginal y marginada.

 

YACÍAN ALLÍ

En su relato, Juan, discípulo de profunda contemplación, nos está acercando a la Tienda de Aquel que es la Palabra acampada en la cruda realidad de la vida humana. Allí estaban echados muchos inválidos, ciegos, cojos y paralíticos aguardando. ¿No te recuerda esto un poco a nuestros telediarios, llenos de terremotos, minas antipersona, niños de la guerra, inmigrantes rechazados, etc.?

La ostentosa riqueza de quienes nos atribuimos el derecho de explotar las joyas minerales (oro y diamantes), las joyas ecológicas (selvas y ríos) y las joyas humanas (niños y mujeres para las guerras y la prostitución) está siendo un lastre humanicida para los pueblos empobrecidos de la tierra. Es más, nuestra misma sensibilidad humana está fatalmente embobada: bajo sospecha de cardiopatía espongiforme.

Al corazón de una sociedad que sólo sabe inflarse como una esponja, que sólo aspira al disfrute de lo que pertenece a otros, que ha perdido el valor de las cosas recias y austeras, ¿qué futuro de locura le podrá caer encima?

Si las vacas que son herbívoras se vuelven locas al hacerse carnívoras, ¿cómo nos volveremos los humanos si no dejamos de ser humanívoros, caníbales?

 

Y TÚ, ¿DÓNDE ESTÁS?

Quizá pienses que me estoy pasando. Sin embargo, esta realidad aguarda a que se remueva el agua, como ocurría en la piscina. La marea humana de los empobrecidos nos rodea ya, nos está afectando también a nosotros mismos. Y no puedes disfrazarla, olvidarla pasando un fin de semana en el monte; no puedes evadirte de ella con una noche en la discoteca, llenándote de alcohol. Ni siquiera haciendo zapping de un grupo a otro, de una experiencia a otra; porque con el pretexto de conocer a todos, no te comprometes a fondo con nadie.

Sinfonía de

 

Judíos

 

Con frecuencia en este relato y en el resto del evangelio aparece la expresión “los judíos” (Jn 5, 1.10.15.16.18…). En el evangelio de Juan este término no designa a los habitantes de un país llamado Judea. Se trata más bien de un vocablo con el que el evangelista se refiere a los dirigentes del judaísmo en cuanto enemigos de Jesús y de sus discípulos.

Posteriormente, en la fecha en que se redactó el evangelio, el enfrentamiento entre judíos y cristianos se había agravado y es muy probable que dicho enfrentamiento haya dejado su huella en estos pasajes (Jn 9, 22; 12, 42; 16, 2).

  Para enterarte de lo que pasa en  nuestro  gulag  de Betesda es urgente que sientas en lo más hondo de tu vida el sentimiento de espera de los desheredados. Es importante que los cristianos de hoy nos planteemos de qué parte estamos: ¿nos sentimos salvados, como aquellos judíos que están de fiesta dentro de la ciudad, o nos sentimos pobres entre los que yacen impotentes esperando?

El Evangelio nos da la pista: ¿Quieres curarte? Esto te propone Jesús, discretamente. Como un amigo que sabe cuánto nos cuesta arriesgar. Él conoce nuestros vértigos y nuestros miedos; pero sabe también que sólo asumiéndolos podemos abrirle el camino para que su Palabra nos salve de verdad.

Y hay otra pista aún. Para encontrarse con la Palabra que sana la miseria de nuestra humanidad dando sentido a nuestras vidas, hay que colocarse entre los últimos, los que están fuera de la ciudad con su fiesta oficial, los que esperan que venga alguien y remueva las aguas; porque entre los desheredados, y sólo entre ellos, se encuentra Jesús.

 

PALABRA QUE EMPAPA

Lo malo es que somos muy hábiles para defendernos y, a veces, somos tan ridículos que no queremos dejarnos ayudar por Aquel que es el más fiel de los amigos, el que más ternura tiene. No tengo a nadie que me meta en la piscina.

Es el agua lo que vale, parecemos decirle al Señor. Es lo que hacen todos, lo que yo también quiero hacer.

Si fuera más listo para saberme aprovechar del juego de la competitividad, de la supresión del otro, todo estaría resuelto, pero otro baja antes que yo.

Pero Jesús, sin amilanarse ante nuestras cobardías, toma la iniciativa para que podamos experimentar no la magia del agua, sino la fuerza sanadora de la palabra que empapa y sana por dentro.

Levántate, me dice Cristo cada vez que me encuentro con Él. Resuena en esta palabra el mismo verbo de la resurrección: Resucita, levántate, empieza una nueva vida. Recobra tu dignidad, ponte de pie: deja de estar tumbado y sin esperanza.

Toma tu camilla” añade Cristo. Asume la historia que te ha tocado vivir, no huyas de ti mismo, no te escondas entre la multitud. Yo te amo así como eres. Acoge tu vida y así podrás construir tu futuro.

Y camina: es la fase final del encuentro con Cristo. Es la actitud contraria a la contemplación paralizante de uno mismo, de nuestro ombligo. ¡Camina!

Ahora que tienes a Alguien, has de ser tú mismo un alguien para quienes te esperan. Hay otros gulag, otros arrabales. No vayas a la fiesta, detente en Betesda, trabajando con él y con su Padre (v. 17). Repartamos, agradecidos, la Palabra que nos ha empapado y sanado por dentro.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       Jesús supo darse cuenta del enfermo abandonado entre la muchedumbre. ¿Soy capaz de un trato personalizado y profundo con los abandonados de mi entorno?

2.       Recuerda algunos episodios de tu vida en los que te hayas encontrado con alguien necesitado de compañía. ¿Supiste actuar desde la fuerza liberadora de la Palabra?

3.       Mi Padre sigue trabajando y yo también trabajo, dice Jesús. ¿Eres capaz de contemplar a Dios presente y actuando hoy, en medio de los países más pobres de la Tierra? ¿Cómo lo expresarías?


Oración: Dios está allí

 

Yo no sabía
que Tú estabas tan cerca de los pobres,
que ibas copiando rasgos de su rostro en su vida,
en su llanto,
en su alegría.

Yo no sabía
que se puede vivir con poca cosa,
un pedazo de pan para el camino,
un cantar en el alma
y en los ojos estrenar la esperanza cada aurora.

Yo no sabía
dónde encontrar a Dios
y lo he encontrado porque vive con ellos,
como ellos.

Al repartir sonrisas y acogidas
van repartiendo a Dios que llevan dentro.

Miguel Combarros

 


7. Juan 6, 1-15

 

SIÉNTATE CON ÉL

 

«En el monte se sentó con sus discípulos…»

 

El evangelista Juan nos presenta a Jesús, el Nómada, montando su Tienda en las situaciones más cotidianas de la vida: allí donde las necesidades del día a día llaman a la puerta de la existencia, como la sed de agua de la samaritana y el hambre de la gran multitud que seguía a Jesús.

Abre tu Biblia y haz tu lectio orante con Jn 6, 1-15.

El hambre y la sed me sugieren que lo que le permite vivir al ser humano le llega siempre desde fuera, como el agua y el pan. Hambre y sed nos recuerdan que no somos el manantial ni el almacén de provisiones de nuestras propias vidas. Para vivir necesitamos algo (¿o a Alguien?) externo a nosotros mismos, necesitamos la bebida y la comida.

La gran multitud que sigue a Jesús no lleva comida. Eso significa que la vida de aquellas personas se halla en una situación de incertidumbre y de peligro, de sufrimiento y de necesidad. Jesús, a pesar de haberse retirado a la soledad del monte para orar al Padre, vive volcado hacia la gente, se da cuenta que tiene hambre y pone a prueba a Felipe: ¿Dónde compraremos pan? Es decir, ¿qué podemos hacer para que esta gente, que lo está pasando mal, goce de la vida?

 

¿CONOCES TU CORAZÓN?

Imagino que ya te estarás preguntando: ¿por qué Jesús pone a prueba? ¿Por qué Dios pone a prueba? A menudo este hecho, frecuente en la Biblia, es considerado una muestra del carácter desconfiado y sospechoso de Dios.

Como Él no se fía, pone a prueba la fidelidad de quienes dicen quererle.

Sin embargo, Dios no necesita experimentos para probar nuestro corazón, porque Él sabe lo que hay en cada hombre.

La prueba que Jesús pone a Felipe no le sirve al propio Jesús; más bien beneficiará a Felipe. ¿No crees que sólo en una situación comprometida podemos ver lo que de verdad habita nuestro corazón? La prueba saca a flote lo que en una condición normal permanecería oculto en el fondo del corazón. Tan en el fondo, que ni siquiera quien vive la situación se percataría de ello.

Creo que estas pruebas son un regalo de Cristo para que podamos aprender el arte de escrutar los rincones del corazón.

El sufrimiento de las multitudes desposeídas de vida es nuestra prueba y nuestro aprieto en el seguimiento del Señor. Fíjate en lo que le pasa a Felipe. Él, que lo había dejado todo por seguir a Jesús, vuelve a proponer lo que no deja de ser el atractivo de su corazón: el dinero (Doscientos denarios de pan…). Es la solución económico/capitalista: cuanto más tengamos más podremos ayudar. Si Felipe no hubiese vivido la prueba, nunca se hubiera dado cuenta de que todavía no se fiaba de Jesús ni de su estilo.

 

SABER SENTARSE

¿Cuál va a ser, entonces, el modo de actuar de Jesús? Él no se preocupa ni se agita como Felipe por la falta de medios adecuados, su Misión no es el placer de poder poseer para ayudar. ¡Nada de obras financieras! Frente a la inquietud y a la ansiedad de los discípulos y de la gente que tiene hambre, ante esta situación problemática y desafiante, Jesús pide algo sencillo e imposible: sentarse.

El sexto capítulo de Juan presenta a Jesús que sube al monte y que, añade, allí se sentó.

Sinfonía de…

 

Monte

 

En Jn 6, 3, una vez atravesado el mar (figura del Éxodo y de la liberación), durante la pascua de los judíos, Jesús sube al monte (figura del Sinaí y de la intimidad con Dios), y se queda sentado allí: va a proponer la Nueva Alianza, la solidaridad por el amor.

Y los discípulos están en el monte con él. El monte, símbolo de la cercanía de Dios, está abierto a los discípulos y a la gran multitud que, en el Pan de vida, va a experimentar la pro-ximidad y la abundancia sustanciosa del amor del Padre.

Más adelante Jesús  pide a los  discípulos: Haced que la gente se siente. Y solamente a los que estaban sentados les reparte el pan.

Estar sentados parece ser la condición, sencilla y suprema, para recibir el pan que garantiza la vida. Aquel que no sabe sentarse no tiene acceso al pan. Saber sentarse es aprender a recibir y a compartir lo poco que ya tienes (cinco panes y dos peces), bendecido por Aquel que es vida de verdad. Saber sentarse es dejar de ganar para perderse en las obras de Dios creyendo en el que Él envió.

Si en el drama de la prueba decides sentarte, entonces realizas la única acción necesaria y suficiente para obtener vida: reconocer que ella viene desde fuera, por intervención del Señor en tu pobreza. Pobreza que se deja compartir, bendecir y repartir.

Todo esto es la Misión según el estilo de Jesús: no la fama de quien capitaliza medios sino la hora (lee Jn 13, 1), es decir, la opción de quien entrega su pobre ser al Padre volcándose y compartiéndose con la gran multitud del mundo, hambrienta de la Vida que Él nos envió.

 

HE AQUÍ EL MILAGRO

Fíjate, ahora, en Jesús. A diferencia de otros relatos sobre la multiplicación de los panes, aquí, en el evangelio de Juan, Jesús actúa como protagonista absoluto, sin la colaboración de los apóstoles.

Jesús da el pan (y la acción es expresada con los mismos verbos de la Eucaristía: tomar, dar gracias, repartir), Él da lo que está fuera del hombre y que le es necesario para su vida. Jesús es el pan necesario para vivir. Yo soy el Pan de la vida... Yo soy el pan vivo bajado del Cielo, dirá más adelante. Sin el pan no se puede vivir. Sin este Pan no se puede vivir para siempre.

Sin embargo, estas palabras son fuertes: ¿cómo podemos los hombres modernos, acostumbrados a la eficacia y a la productividad, abandonar el frenesí del hacerlo todo con nuestras manos para estar esperando que la vida nos sea regalada?

Un pan bajado del Cielo no puede satisfacer el deseo de los hambrientos de la Tierra, piensan y pensamos los discípulos de ayer y de hoy. ¿Acaso nunca te has dado cuenta de que Jesús hace prodigios no para llenar las barrigas sino para renovar los corazones? Con sólo cinco panes del Norte rico de la Tierra se podrían salvar millones de seres humanos que mueren de injusticias, guerras y hambre. ¡Despierta! Este milagro es posible: ya ha empezado en el corazón de un joven de Galilea que seguía a Jesús con unos panes de cebada.

¿Serás tú capaz de realizar esta obra misionera radical? O sea, ¿serás capaz de sentarte a un Banquete ya preparado para dejarte servir y dejarte repartir? Entrega tus panes a Cristo y siéntate: Él te alimentará haciéndote pan para las gentes.

Y habrá sobras de gozo para todos.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       Imagínate entre los discípulos sentados con Jesús en el monte y pregúntate: ¿Por qué busco a Dios? ¿Por qué le rezo? ¿Es Dios el sentido de mi vida o simplemente espero que Él sea la varita mágica que solucione mis problemas?

2.       El pan que Cristo regala supera lo que la gente busca. ¿Qué tipo de pan busca tu hambre? ¿Buscas a algo o buscas a Alguien? Según sea tu respuesta, la Misión que vivirás será ayudar con algo o será compartir a Alguien.

Si tu vida te parece pobre, tus capacidades escasas y tu entrega sin frutos, ¿qué podría hacer Cristo de tus pocos panes y peces si te animaras a ponérselos en sus manos? ¿Te atreves a dejar que Él globalice tus talentos?


Oración: Pobreza

 

En esta noche oscura enciendo mi candil:
no ahuyento las tinieblas,
sólo ofrezco una luz.

Si conmigo otros miles con aceite en sus candiles
perdiendo el norte naufragan en el Sur,
contemplarán al Sol
amaneciendo en una cruz.

Hazme comprender, Señor,
la “misión” que a Ti te agrada;
mi grandeza triturada como trigo en el molino,
olivo y uva en el lagar:
ser aceite, pan y vino
en el banquete universal.

 


8. Juan 6, 22-69

 

¿A QUÉ SABE EL PAN?

 

Señor, tus palabras dan vida eterna.

 

Hay un Pan a disposición de la Humanidad, en el desierto del mundo. Este pan viene de Dios. Y, sin embargo, no está lejos de los que tenemos hambre de vida: está al alcance de todos.

Vamos a subir a nuestras barcas en busca de Jesús. Él nos espera en la otra orilla, deseoso de multiplicar (ahora, en nuestra interioridad) los sabores que emanan de la profundidad de su misión en el mundo como enviado del Padre.

Abre el Evangelio y vuelve a leer a Juan 6, 22-69.

No te olvides el silencio orante que te prepara para el encuentro con el Señor. Luego, sube a la barca de tus preguntas y atraviesa el lago de tus deseos. Hoy va a ser decisivo lo que te pueda ocurrir, por eso es necesario que te identifiques ante este Pan y el sabor de su Palabra.

El evangelista Juan te ayuda ofreciéndote unos modelos: ¡déjate reflejar en ellos!

Jesús había realizado la multiplicación eucarística de los panes para la multitud que acudía a Él. El gentío se dirige ahora a Cafarnaún en busca de Jesús y Él se deja encontrar, pero para poner en crisis esa búsqueda. Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? Ésta es una pregunta que revela la superficialidad del buscar y la ilusión de haberle encontrado.

 

¿ERES MUCHEDUMBRE?

A Jesús no le interesa la curio-sidad del cuándo, sino el deseo de profundizar en el camino de vida que Él está ofreciendo. ¿No te parece muy fuerte el contraste entre lo que la gente busca en Jesús y lo que Él quiere ofrecer? Lo que nosotros interpretamos como una intensa experiencia religiosa (os habéis hartado de...) siempre tiene que dejarse cuestionar por la palabra de Jesús.

La verdadera experiencia de fe acontece no cuando sientes que estás lleno de tus búsquedas, sino cuando te estás vaciando para acoger el don que desciende del Padre. Cristo, desatendiendo la ambigua búsqueda de la gente, quiebra su ilusión triunfalista y abre la puerta para que todos puedan entrar en el misterio de su Persona. Él es el don enviado por el Padre.

Mientras con la muchedumbre vives del pasado (añorando el maná del desierto), Jesús te provoca desde el futuro, invitándote a abrirte a su novedad, la novedad de su persona: Pan que sabe a Dios, que sabe a vida. Si eres creyente, echa el ancla en Él, no en el pasado, porque Cristo es novedad, nunca reedición.

 

¿TE SIENTES JUDÍO?

La multitud había chocado con un Jesús que no tenía esas cualidades de Mesías campeador, sino de profeta que lo interpretaba todo ofreciendo la Palabra de Dios.

Los judíos, ahondando, chocan con una teología que no entienden. Este hombre Jesús, venido de parte de Dios, no asume los rasgos del esplendor y del poder sino los de una historia que les parece demasiado ordinaria.

Sinfonía de…

 

Fe

 

En el evangelio de Juan no aparece nunca el sustantivo abstracto «fe» sino, siempre, el verbo «creer».

La fe es una experiencia dinámica, un caminar, nunca algo quieto e inmóvil. Creer en… expresa el impulso de mi corazón, la adhesión de toda mi persona hacia la persona de Jesús. Y creo en Cristo cuando lo escucho, y, amándole, le sigo en el camino.

Todos saben que el joven Mesías viene de Nazaret, una aldea alejada de la capital religiosa de Jerusalén, excluida de la historia. ¿De Nazaret, puede salir algo bueno?, había dicho Natanael.

Creo que también nosotros nos hacemos la misma pregunta que los judíos: ¿cómo dice que ha bajado del cielo? Ellos no podían soportar que Nazaret fuera el cielo. Del mismo modo, hoy, en ocasiones, los que formamos el entorno creyente de Jesús obstaculizamos la búsqueda de quienes se acercan a Él.

¿No piensas que todo lo que es tentación y debilidad en la Iglesia (y  aquí  no  podemos  escurrir  el bulto, ni tú ni yo) está ensombreciendo la originalidad de la Encarnación?

Sí, el Cielo ha decidido hacerse visible a través de la Tierra; a pesar de que la Tierra lo pueda arrastrar por el barro.

Dios quiso y quiere ser un «don hecho Persona» para que cualquier ser humano que se sienta repudiado y desvalido halle en Él a un amigo de verdad. Jesús es la encarnación de esta inquietud del Padre respecto a todo ser humano; sobre todo, para aquel que está deshumanizado.

Frente a los judíos que exigían la gloria a un Mesías que se presentó hecho polvo en la cruz, rompe tus esquemas y déjate interpelar por el pobre Pan de Nazaret.

 

¿QUÉ PINTA DE DISCÍPULO TIENES?

La debilidad de la fe en Jesús afecta también, además de a la multitud y a los judíos, al círculo de los discípulos. Este discurso es bien duro: ¿Quién podrá escucharlo?, comentaban muchos de los discípulos.

La verdadera dureza de la Palabra de Jesús es la Cruz, tal y como las expresiones «cuerpo» y sangre» claramente sugieren. Hasta que Jesús se nos presente como Pan de Vida, los discípulos estamos orgullosos de escucharle; sin embargo, cuando ese pan se identifica con un Cuerpo entregado en la cruz ya no nos lo tragamos. Desaparece el hambre y abandonamos el seguimiento.

Jesús, el Hijo de Dios, desea amarnos hasta el extremo. Si se hubiese rajado ante la entrega total, no hubiéramos contemplado la novedad y la profundidad del amor del Padre. Tal amor interpela. A los que lo contemplamos y escuchamos nos pide, sin paliativos, poder habitar en nosotros. Si le abres la puerta, el calor y la energía de su presencia te harán vivir como Él vivió.

Ante el vértigo que esto produce, Jesús te invita a dejarte atraer por el Padre. «Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae». Te invita a caminar más allá del vértigo del Pan entregado, a dirigir la mirada, enamorada y compasiva, sobre el fango (hasta eclesial, a veces) donde sigue brotando, como una discreta flor de loto, la halagüeña sonrisa del Mesías crucificado, que al mismo Francisco Javier pareció decirle tantas cosas.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       La gente buscaba a Jesús. ¿Cuándo y por qué busco yo al Señor? ¿Cuáles son las cosas de las que tengo más hambre? ¿Experimento el hambre de escuchar la Palabra de Dios?

2.       Para ir hacia Jesús, hace falta escuchar al Padre. Eso significa que Dios habla: a través de las Escrituras, de los Sacramentos, de lo signos de mi propia vida y de los hermanos. ¿Están mis oídos atentos?

3.       Habito en Cristo cuando me alimento de su Palabra y me siento a la mesa eucarística. ¿Cuál es mi relación con el sacramento de la Eucaristía?

Intento formular, para una persona amiga, mi profesión de fe en Cristo


Oración: Contemplando

 

Señor, aquí estoy:
¿con quién me voy a ir?

Tu mirada parece decirme tantas cosas...

Tu palabra me revela lo profundo
de mi hambre y de tu Pan,
de mi miedo y de tu Cuerpo:
de tu Vida en nuestras muertes.

Tu amor hasta el último extremo
me seduce y resucita:
envíame, Señor,
a la Galilea de mis hermanos.

 


9. Juan 7, 1-53

 

CHABOLAS EN FIESTA

 

«Quien tenga sed venga a mí».

 

Seguimos caminando tras los pasos del Nómada. Aviva tu deseo de entrar en la Tienda de la Palabra para que se te otorgue el regalo de habitar la intimidad del Misionero del Padre: Jesús. De ahora en adelante, ya que no has querido “huir” (posibilidad que Jesús mismo te había ofrecido), tendrás que apretar el paso y marchar al ritmo de fe y entrega que Él te vaya marcando.

Vas a conocer y experimentar la profundidad del misterio que Jesús es en su identidad de Hijo y en su misión de Enviado del Padre.

Pues... manos a la lectio y medita, orando pausadamente, Jn 7, 1-53.

Déjate guiar por la pregunta que ya ha venido brotando en ti: Jesús, ¿quién eres?

 

LA ALEGRÍA DE LA FIESTA

El capítulo 7 es como un desfile de opiniones sobre Jesús, una oportunidad para abrirte a Él y dejar que te ayude en la criba de lo que, también en tu interior, está pululando.

La fiesta de las Chozas era la más popular y alegre de las fiestas religiosas del pueblo de Israel. En su origen, se celebraba en otoño como fiesta de la cosecha. Luego, poco a poco, se transformó en memoria del Éxodo y del camino por el desierto. Durante ocho días, la gente reproducía la experiencia del desierto, viviendo en tiendas o en chozas construidas con ramas de árboles. La liturgia era muy rica y los ritos del agua y de la luz, los más significativos.

El agua, llevada procesionalmente desde la piscina de Siloé y derramada sobre el altar del Templo, recordaba el agua que brotó de la Roca durante el Éxodo y era profecía de un maravilloso futuro sobre la conversión de los pueblos: Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación, era el solemne estribillo cantado durante la procesión.

El rito de la luz, por la tarde, recordaba la luminosa columna de nube con la que Dios acompañaba al pueblo por el desierto. En este contexto, histórico y alegre, Jesús se va a proclamar fuente de agua y de luz, manantial del Espíritu para la creación de un mundo nuevo. Pero, no le fue fácil: también estuvo bloqueado por el miedo.

 

SUMIDO EN EL MIEDO

Después de la multiplicación de los panes y del discurso sobre el Pan de vida en la Sinagoga de Cafarnaún, Jesús empezó a deambular por Galilea, donde se sentía más seguro. Evitaba ir a Jerusalén en Judea, porque sabía que allá los judíos intentaban darle muerte. Tienes aquí una imagen muy humana de Jesús: es un ser normal, sumido en el miedo y, como tal, desea huir del peligro y de la muerte.

Además del miedo a la violencia de los judíos, Jesús tiene que pasar por la desconfianza de su clan familiar: ...ni sus parientes creían en Él. Ellos ven en Él a una especie de técnico de prodigios, un recurso para conseguir prestigio y gloria. Ellos saben que todo eso es imposible si Jesús se acobarda en Galilea: no puede actuar a escondidas, rehusando el darse a conocer. Ellos saben que para imponerse como Mesías tendrá que actuar públicamente. Éste es, además, el único medio para conseguir más discípulos.

Como ves, Jesús se encuentra en plena tentación. ¿Te acuerdas cuando el Diablo le pedía que se lanzara desde el alero del templo? En esta situación, Jesús medita sobre su misión: Aún no ha llegado mi hora. Ya sabes que la hora de Jesús no es un tiempo cronológico de triunfalismo sociopolítico, sino el ritmo que le marca la voluntad del Padre,  ritmo  de gracia  y de  entrega  como maestro que ama humildemente hasta lavar los pies a sus discípulos.

Sinfonía de

 

Hermanos

 

La palabra “hermano” que el N.T. aplica con alguna frecuencia a los parientes cercanos de Jesús (Jn 7, 5…) puede parecer a primera vista un tanto desconcertante.

Pero no debemos olvidar que la palabra hebreo-aramea que está en el origen de todo tiene el sentido amplio de “hermano”, “sobrino”, “primo carnal” o simplemente “pariente”, según los casos.

Jesús no se adapta a los deseos de su círculo familiar, rompe con ellos. Y, con la soledad en que parecen haberlo dejado hasta sus discípulos, entrará de puntillas en la fiesta: Subió también Él, no en público, sino de incógnito.

 

LA DISCRETA PALABRA

Sin embargo, durante la fiesta, los judíos lo buscaban con mucha expectación; también la gente murmuraba mucho de Él. Imagínate el cuchicheo confuso en el que el nombre de Jesús resuena sin cesar. Luego, entra en tu interior y escucha el eco de ese cuchicheo evangélico en las múltiples y fragmentadas opiniones sobre Él que te habitan. ¿Quién es Jesús en lo profundo de tu vida? ¿Entra Él en las raíces más hondas de tu ser?

No es fácil reconocer que Él sea la Palabra enviada de Dios. Su discreción al actuar y su callada presencia en la fiesta del pueblo nos hace compartir la pregunta de los judíos: ¿Quién pretende ser éste?

Sobre todo, te va a interesar ahora escuchar los criterios que el mismo Jesús te regala para aprender a reconocerle como un enviado de Dios. Para conocer la verdad sobre Jesús hay que estar dispuesto a cumplir la voluntad del Padre: sólo cuando haces la experiencia que hacía Jesús, podrás saber quién es Él. Muy práctico, ¿verdad? Además de la docilidad al Padre, otro criterio es el desapego de todo interés personal. Jesús no buscaba su propia gloria. También esto es muy práctico. Haz la prueba.

 

PREGONERO DE OTRA FIESTA

Cuanto más te liberes de ti mismo, de tus intereses y de los de tu clan, como Jesús, aunque pases por el vértigo del miedo y de la soledad, mejor podrás entenderle a Él. Sabrás quién es y quién le envió, saborearás su identidad y su misión como algo que dinamiza tu vida. Si aceptas el reto que Él te plantea para aprender a apreciarle como Pan y Palabra venidos de Dios, la sed de tus deseos más hondos hallará en su Persona y en su Evangelio agua viva y refrescante.

Y finalmente, después de muchos diálogos con los judíos y con la gente, en el día más solemne de la fiesta, Jesús  se transforma en pregonero de otra Fiesta: la del Espíritu que como agua viva, ofrecerá a todos los sedientos que acudan a Él.

Hasta los guardias, enviados por sacerdotes y fariseos para detenerle, quedaron fascinados por esa Palabra: Como habla este hombre no ha hablado jamás hombre alguno. Aquellos guardias, acostumbrados a la violencia y a la tosquedad, no pudieron ocultar su sorpresa ante un maestro tan distinto a los demás. Nadie tiene la Palabra de Jesús. Sus palabras no defienden su interés, sino que transparentan la profunda humanidad y compasión del Padre hacia todos los sedientos del mundo.

Aunque tu vida tan fragmentada no te permita centrarte con facilidad en Él, lánzate con valentía y honestidad al corazón de esta nueva Fiesta. No te dejes distraer por la multiplicidad de opiniones sobre Él que la gente (y la propia Iglesia) te ponen delante para que tropieces.

No tengas miedo: toma tu cántaro, acércate a la Fuente de la Palabra y deja que te lo llene con el agua viva de su Espíritu. Tus entrañas se convertirán en ríos que apagan la sed de tus hermanos. Y será la Fiesta de otras chozas: la que Él quiere animar contigo en todas las Chabolas olvidadas de la Tierra.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       La gente es la interlocutora de Jesús; a ella le toca decidirse por su Proyecto. ¿Soy consciente de que no puedo esquivar la opción que Jesús me pide aquí y ahora?

2.       Los fariseos no sabían acoger la novedad aportada por Jesús. ¿Soy capaz de acoger los diversos caminos de fe de los demás?

3.       «El que tenga sed que venga a mí y beba…». ¿Cuál es mi respuesta a esta Palabra? En la praxis pastoral, ¿de qué manera intento valorar y provocar la sed de los más alejados?


Oración: ser tus testigos

 

Padre:
frágil es nuestra fe, vacilantes nuestros compromisos.

Henos aquí con la misión de ser tus testigos.

Haz, Señor, que nunca quedemos satisfechos
con nuestras verdades y nuestros propósitos;
que nuestras preocupaciones no ahoguen tu Palabra,
que nuestras convicciones participen de la fuerza de tu Espíritu.

Haz que,
prestando atención a lo que digan y piensen los demás,
avancemos unidos en tu camino
al servicio de los hombres.

 


10. Juan 9, 1-41

 

RENACER EN SILOÉ

 

«Tenéis que trabajar en las obras del que me envió».

 

Había en Jerusalén una alberca que se llamaba Siloé (enviada). Servía para recoger el agua enviada por un canal desde el manantial de Guijón, situado fuera de la ciudad, en el valle del Cedrón; así Jerusalén, incluso en tiempo de asedio, no carecía de agua.

Según el evangelista Juan, un ciego de nacimiento recobró la vista cuando Jesús lo envió a esta misteriosa fuente.

Abre tu Biblia y lee Jn  9, 1-41.

Te vas a encontrar con la narración de un profundo proceso de fe: medítalo en oración dejándote empapar por Cristo, auténtica Alberca de agua enviada desde el manantial del Padre para seguir dando a luz una nueva humanidad.

La habilidad narrativa de Juan nos presenta dos procesos encontrados: la progresiva re-creación del ciego hasta alcanzar la iluminación creyente y la progresiva ceguera de los demás, que se empeñan en no ver las obras del Enviado del Padre. Si Cristo te ofreciera gratuitamente, sin que tú le pidieras nada, como pasa aquí (al pasar vio un hombre), la oportunidad de recobrar el arte de mirar que el pecado ha tornado en ceguera, ¿cuál sería tu reacción? ¿Te someterías a un examen de la vista ante un oculista que aún no sabes quién es? Veamos las distintas reacciones producidas por el gesto salvador de Jesús.

 

LOS CURIOSOS

Son los primeros en reaccionar. Se trata de los vecinos: sus preguntas son superficiales y por eso se conforman con respuestas también superficiales (ese hombre).

Pienso en quienes viven una búsqueda compulsiva de novedades, en los que se someten a una carrera frenética hacia experiencias quiméricas, cuya meta no es más que otro vulgar comienzo. La obsesión por acumular informaciones y datos acerca de lo que les pasa a los demás nos impide interiorizar el trabajo de Dios en sus historias personales; nos impide dejar que la presencia de Dios en ellas se desborde hacia nuestras mismas vidas y las transforme. Preguntamos y no escuchamos: de ese modo nos quedamos solamente en el umbral del Misterio.

 

LOS PROBLEMÁTICOS

Son los fariseos. Estos líderes religiosos del pueblo están tan atados a su experiencia religiosa que no conciben que Dios esté continuamente recreando al hombre. Un Dios permanentemente en estado de trabajo (mi Padre sigue trabajando y yo también trabajo) nos quiere abiertos a la novedad de su futuro. Mientras que en la tierra haya alguien sin poder ver la luz (ese mundo fraterno y justo de las Bienaventuranzas), el Dios y Padre de Jesús dejará su descanso sabático para retomar la tarea del sexto día, manos a la obra, con la arcilla del suelo y el soplo de su Espíritu.

El ciego que se dejó recrear (con barro en los ojos y agua de Siloé) empieza a descubrir algo de Jesús: que es un profeta. En lugar de poner pegas a la actuación de Dios, el ciego da signos de una clarividencia que, paso a paso, lo llevará al encuentro con la Luz.

 

LOS COBARDES

Entran en escena los padres del ciego. Creo que representan aquella categoría de personas que, aun sabiendo lo que ha ocurrido, no están dispuestas a dar testimonio de ello por miedo al ambiente que les rodea. ¿No crees que la evasión resulta tentadora cuando vemos la necesidad de implicarnos personalmente en algo?

Sinfonía de…

 

Barro

 

  Al usar el barro, Jesús reproduce simbólicamente la creación del hombre (Gen 2,7). La saliva, en aquel tiempo, y aún hoy en ciertas culturas, trasmite la fuerza vital de la persona. La energía vital de Jesús es el Espíritu.

  Así como Adán fue creado con la arcilla del suelo y el soplo del aliento de Yahvé (Gen 2,7), el ciego es recreado en hombre nuevo por el Espíritu del Señor.

Reconocer a Jesús como Enviado (es decir, Siloé) significaba ser excluido de la sinagoga. Hoy, en tu vida, el deseo de ser como los demás, ¿hasta qué punto te deja libre para expresar tu seguimiento al Señor? ¡Mejor estar en sintonía (hipócrita) con todos antes que ofrecer una diversidad sincera y provocadora con las comodidades! Sin embargo, de cobardes están llenos los pantanales de la historia.

 

EL VALIENTE

Vuelven los problemáticos, los fariseos, a desafiar al antiguo ciego que, con aplomo e ironía, se fortalece en la búsqueda de la Luz. Mientras los familiares desaparecen en el miedo, él vuelve a ser perseguido por su fe, una fe en continuo crecimiento (ese hombre viene de parte de Dios). Al final será expulsado de la sinagoga.

Martirio (es decir, testimonio) y persecución sigue siendo un binomio para muchos discípulos del Señor, hoy también. No siempre la persecución es sangrienta y consciente; existe una persecución oculta que actúa con mensajes subliminales, que intenta manipular lo más profundo de tu ser: tu corazón y tu conciencia. Creo que necesitamos percatarnos de todo aquello que está anestesiando nuestra libertad de opción, ¿no crees? El ciego, con su valiente testimonio, asume la originalidad de su experiencia y se abre al encuentro decisivo de su vida, un encuentro deseado por el mismo Jesús.

 

EL ILUMINADO

Ahora, expulsado y solo, es encontrado por Jesús, que toma la iniciativa otra vez para dialogar con él, después de haber superado el miedo, los prejuicios y el rechazo. El antiguo ciego, fiel a su proceso de búsqueda de la identidad de Jesús (ese hombre, un profeta, viene de Dios) es agraciado e iluminado interiormente hasta reconocer al Señor. El ciego además de la curación recibe la iluminación de la fe.

La iniciativa gratuita de la Mirada de Jesús le abrió el camino: Al pasar vio a un hombre ciego. Luego, las miradas indiferentes, superficiales e inquisidoras del ambiente dominante marcaron el compás de liberación y de búsqueda hasta llegar, cara a cara, hasta Jesús. Finalmente, aquel Profeta del Padre, le ilumina interiormente para que nunca más se sienta solo y aprenda a descansar su mirada en el mismo Señor.

Ojos curados que, purificados en las fuentes de agua del Enviado (Siloé), contemplan la luz que brilla en la vida resucitada del Crucificado. Mirada nueva que nos hace ver a Cristo entregándose y resucitando en los miles de crucificados que nuestras cobardías olvidan. Mirada nueva que nos enfrenta a la de los fariseos de hoy que nos quieren impedir ser distintos y originales en nuestro seguimiento del Señor. Mirada nueva que...

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       Me acerco a Siloé y dialogo con el ciego. ¿Qué le digo? ¿Cuál es mi reacción? (de curioso, problemático, cobarde o…).

2.       Jesús «vio al ciego» y deseó «encontrarlo» otra vez. ¿Me doy cuenta de las personas que viven a mi lado o de lo que sufren? ¿Me dejo interpelar o prefiero pasar?

3.       Hay muchos diálogos en el texto de Juan. ¿Soy capaz de escuchar? ¿Procuro animar a quien me comunica su experiencia de fe o prefiero evitar todo lo que me exija implicación personal?

4.       ¿Soy capaz de desarrollar libertad interior y búsqueda sincera como la del ciego? ¿Me atrevo a ser distinto, según la originalidad que me pide el Evangelio?

 


Oración: Contemplando

 

Sin llamarte,
sin saber muy bien quién eres...

Tú te acercas.

No veo tu presencia en el dolor que sufro,
en la amabilidad de un hermano,
en el rostro de un inmigrante,
en la sonrisa de un niño,
en la flor que brota entre las piedras.

Con tu mano, Señor,
toca mis ojos para que llegue a reconocerte;
acaricia mi corazón para que vuelva a amarte
y, creyendo en Ti,
ser luz y compañía
de quien lejano te creía.

 


11. Juan 10, 1-30

 

VELANDO AL PASTOR

 

«Hoy os ha nacido el Salvador».

 

La figura del pastor está profundamente enraizada en la antigua cultura oriental y es muy frecuente en la Biblia. En una famosa parábola, Jesús se te presenta como pastor bello o pastor bueno, tan bueno como una bellísima persona.

Lee y medita orando el texto de Jn 10, 1-30.

Además, Jesús te propone la imagen de la puerta, con la que te insinúa la necesidad de hacer un camino, de dar un paso, de tomar una opción personal por Él, entrando en ese oasis de vida que son los pastos de su Palabra y su Persona, como Mesías y Salvador. Te invito a saborear esta parábola desde la mirada de los pastores de Belén, ya que fueron precisamente unos pastores los primeros que reconocieron y adoraron al Pastorcillo del Padre. Medita también Lc 2, 8-20.

Para que puedas contemplar el misterio del nacimiento del pastor bello, más desde el gozo de la oración que desde la lectura de una reflexión, te ofrezco algo diferente a lo que estás acostumbrado. Vela conmigo orando la buena noticia de que hoy nos ha nacido el Salvador. ¡Asómate al portal de Belén!

 

AL REDIL DEL PASTORCILLO

Estoy ante ti, Señor, / cara a cara contigo, / como oveja mirando a su pastor: / sólo deseo que me mires / porque tú me conoces / y sabes todo de mí.

El saberme conocido por ti / es la fuente de mi alegría; / el sentirme mirado por ti / me hace feliz como un niño / abrazado por la dulce y tierna / mirada de la madre.

Tu mirada, Señor / me envuelve en luz / de confianza y compasión: / luz que alumbra y purifica / la densidad de mis tinieblas. / Tu mirada, Señor, / apaga los deseos más profundos / de este corazón que, ahora, se siente atravesado / por la belleza regeneradora de tu ternura.

 

SORPRENDIDOS

Yo conozco a mis ovejas... / El tuyo, Señor, no es un conocimiento virtual o intelectual, / sino un conocimiento amoroso / como Alguien que me habita / en cada rincón de mi persona.

Por eso haces tuyos / mis pensamientos y mis disgustos, / mis gozos y mis tormentos, / mis inquietudes y mis arrebatos / además de llevar a hombros / el peso de mis tinieblas y mis pecados.

Sí, Señor, es por esta tu presencia, / afectuosa e iluminante, / que yo también consigo conocerte a ti, / hasta sentirme poseído por ti / y transformarme en una sola cosa contigo, / tanto que tu vida se hace mi vida: / tu Espíritu y tu Palabra / forjando mi existencia.

Haz, Señor, que me quede / cerca de Ti, / siempre poseído por tu luz / que alumbra con colores / de reciprocidad y ternura / divinas.

 

ADMIRADOS

Yo soy la puerta... y el pastor. /  Tú, Señor, eres para mí  /  aquel que me llama por mi nombre / aquel que muere para que yo viva / aquel que me busca y alimenta / cuando estoy perdido y desvalido.

Sinfonía de…

 

Pastor

 

  El Señor es mi pastor…

 

-  en verdes praderas me hace recostar

-  me conduce junto a aguas tranquilas

-  repone mis fuerzas

-  me guía por la senda del bien

-  me prepara un banquete

-  perfuma con ungüento mi cabeza

-  me acompaña todos los días de mi vida

 

  … con Él, nada me falta.

 

(Salmo 23)

Tú, Señor, eres para mí / el hilo que va tejiendo la red de mis encuentros, / el fuego que va quemando los residuos de mi pecado, / el brazo que me sostiene en la debilidad / y la palabra que en mí habla y ora.

Tú, Señor, eres para mí / aquel que se queda a mi lado / cuando todos me abandonan, / aquel que me precede / y me pone las alas en el corazón, / aquel que se apresuró a bajar del Padre / para preparar en el mundo / el banquete universal / del Reino de la paz.

Tú, Señor, eres para mí / el camino que me guía / por mis arenas y desiertos, / la puerta que atravieso / para entrar en la fraternidad / de tu rebaño eclesial.

Tu, Señor, eres para mí / la guía en el pedregoso sendero de la vida / la luz y el apoyo en el cansancio de la lucha, / ese amigo que me escucha y me comprende.

Tú, Señor, eres para mí / el hermano que me descubre / al Padre todo-amoroso, / el hermano que me regala / una multitud de hermanos, / el Hijo de Dios que, / desde Belén, / nos contagia el gozoso escalofrío de la eternidad.

 

EXTASIADOS

El Buen Pastor entrega su vida. / Sin ti, Señor, nosotros / seremos como átomos sin vida, / vagando sin sentido por el cosmos.

Sin ti, nosotros / seremos como un pueblo perdido / entre las dunas soleadas / y las zarzas de un desierto ardiente.

Sin ti, nosotros / seremos como ovejas / asaltadas y desgarradas / por lobos feroces.

Suscita, Señor, entre nosotros, / corazones generosos / que sepan ser buenos y bellos como tú, / que entreguen su vida como tú, / haciéndote presente hoy en el mundo: / que sepan ofrecernos tu Pan, / decirnos tu Palabra / y liberarnos con la fuerza de tu Espíritu / a los pobres y olvidados / por el odio y las guerras.

Haz nacer, Señor, entre nosotros, / hombres y mujeres enamorados de ti / tanto que lleguen a ser como Tú: / embellecedores de tu Iglesia, / revitalizadores de nuestro mundo.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.    «Yo conozco…, ellas me conocen». «Conocer» es recíproca e íntima comunión con el Señor. Como discípulo de Jesús, ¿soy capaz de tomar parte en su vida y de dejarle a Él entrar en la mía?

2.    La voz del pastor despierta y guía a sus ovejas. ¿Hay voces que, en mi día a día, me impiden reconocer la voz de Jesús, el pastor bello?

3.    El pastor orienta hacia la vida. ¿Me siento seguro en manos del Señor? ¿Cuáles son mis miedos y resistencias?

 


Oración: Condúceme Tú…

“Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré…”

A través de las tinieblas que me rodean
condúceme Tú, siempre más adelante…

La noche es oscura
y estoy lejos del hogar:
condúceme Tú, siempre más adelante…

Deseaba escoger y ver mi camino,

pero ahora, condúceme Tú, siempre más adelante…

Tu poder me ha bendecido tan largamente,
que aún sabrá conducirme siempre más adelante,
por el llano y por los pantanos,
sobre la roca abrupta y el bramar del torrente
hasta que la noche haya pasado
y me sonrían en la mañana esas caras de ángeles
que había amado hace tanto tiempo
y que durante una época perdí.

Condúceme Tú, siempre más adelante…

 


12. Juan 11, 1-57

 

LÁGRIMAS EN BETANIA

 

«Para congregar a los hijos de Dios dispersos».

 

Sí, en la Casa del pobre (es decir, en Betania) Dios ha llorado. Esta casa, en las afuera de Jerusalén, lejos de la ciudad donde imperaba la ideología del judaísmo, es el lugar que compartía la comunidad de los amigos de Jesús.

Abre tu Biblia, lee pausadamente y  medita  Jn  11, 1-57.  Descubrirás que el episodio de la resurrección de Lázaro supone un salto de madurez en tu camino de fe, como el que Jesús pidió a Marta y a María.

Ellas tenían la misma actitud ante la muerte que los judíos, que habían acudido para darles el pésame. Jesús tuvo que hacerles comprender la novedad que supone unirse a Él. En Betania, el pobre que se fía de Jesús experimenta la vida y su casa se trasforma en Casa de Misericordia (otro significado de Betania).

Lo primero que salta a la vista es la fragilidad de Jesús ante el sufrimiento de sus dos amigas y ante la muerte de su amigo. Viéndolas llorar Jesús se conmovió interiormente…, Jesús se echó a llorar.

 

LLORA CON NOSOTROS

Este hecho quizá te sorprenda. Sin embargo, la intención del evangelista Juan es la de presentarte la humanidad y la cercanía de Jesús. Desde el comienzo, Juan nos ha mostrado la seguridad del Señor: Yo soy la resurrección y la vida…, Voy a despertarlo.

Las lágrimas no encajan con una cierta imagen de Jesús, superior a todo, Dueño y Señor de la vida… Nosotros podemos llegar a considerar a Jesús una especie de supermán, un Cristo Superstar. Por eso, el evangelista nos recuerda aquí algo muy importante: Jesús, viendo llorar a sus amigos, se conmueve y llora.

 Él no se sitúa ante el sufrimiento humano como un espectador, como quien ve las miserias a través de la televisión. Jesús participa en primera línea, con lágrimas de dolor y de impotencia.

El Jesús con el que se encuentran Marta y María no es un salvador desencarnado, es un Jesús que llora por la muerte de su amigo. Jesús no lloró sólo por Lázaro o por María o por Marta: llora también por todos los que nos quedamos solos frente a la muerte. Él llora con nosotros.

 

EL AMIGO

Hay un detalle, en este texto, que no debe pasarnos desapercibido. Este encuentro con Jesús lo protagonizan personas que ya lo conocían, que lo seguían, que eran sus discípulos, sus amigos. La petición es de alguien que goza de cierta intimidad con Jesús: Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo. Luego se nos dice: Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.

Nos encontramos con una experiencia bastante diferente de lo que hasta ahora hemos conocido.

Sinfonía de…

 

Vida

 

  El concepto de “vida” o de “vida eterna” es una de las ideas básicas del evangelio de San Juan. Corresponde a lo que los demás evangelistas llaman “Reino de Dios”.

  “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25) tiene el mismo significado de las demás afirmaciones de Jesús: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,48); “Yo soy la luz del mundo” (Jn 9,5).

  Cristo no quiere describirnos su importancia física sino lo que Él es para la vida del cristiano.

Los primeros discípulos habían oído el testimonio sobre Jesús, pero no sabían nada de Él. Nicodemo iba a verle de noche, se acercaba por lo que de él habían comentado otros. Para la Samaritana, Jesús era sólo un judío. Para el inválido al borde de la piscina de Siloé, Jesús era uno que miraba.

Aquí ocurre algo radicalmente nuevo. Es un encuentro de quien ha alcanzado una gran meta, la amistad con Jesús, una intimidad tal con Él que le permite decir aquel a quien tú quieres.

Sin embargo, este encuentro apunta hacia algo más. Es un relato para los buenos cristianos. Para todos aquellos que estamos acostumbrados a escuchar la Palabra de Jesús, que nos reunimos en su nombre, que celebramos su muerte y su resurrección, incluso que damos testimonio de Él ante los demás.

 

ANTE LA CRISIS

Fíjate bien en las palabras de Marta: Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Las mismas palabras las repite casi literalmente María. Hay una especie de reproche a Jesús por no haber llegado a tiempo. Es como un cierto derecho adquirido de los amigos por el que Jesús debe intervenir en su favor y ahorrarles el dolor.

También nosotros actuamos de la misma manera. Descargamos nuestras responsabilidades, nuestra incapacidad de afrontar la vida confiando en la Vida. Y si Jesús no actúa como pensamos que lo debería hacer, perdemos la confianza y nos alejamos de Él. Según Marta y María, el amigo fuerte debe intervenir para resolver la vida del amigo débil. ¿No es esta la idea de Dios que demasiadas veces aflora también en tu vida?

Marta y María, a pesar de todo, seguían confiando en Jesús: Aún ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá. Pero la realidad es tozuda. Un amigo muerto, unas amigas destrozadas por el dolor, las lágrimas de Jesús y su rotunda afirmación: Yo soy la resurrección y la vida. ¿Qué se esconde detrás de esta situación aparentemente absurda?

Yo soy la Vida. Es una afirmación solemne, dicha en el momento del dolor y de la muerte, de la impotencia. Aunque creas que no soluciona nada, sigue dando motivos al corazón para poder continuar amando. Parece que Jesús estuviera diciendo: Yo soy superior a la muerte y a la vida, Yo mismo soy la calidad más importante y definitiva. Lo que importa es estar y vivir conmigo.

 

LA GRAN PREGUNTA

En nuestro dolor, Jesús está a nuestro lado llorando con nosotros. En nuestro dolor, Jesús está resucitando a todos sus amigos. Ellos no vuelven de la tumba, así como a Lázaro no le han quitado ni el sudario ni las vendas, pero siguen vivos en el Señor que es la resurrección y la vida. Y Jesús te pregunta: ¿Lo crees? De tu respuesta depende tu crecimiento como cristiano. Este encuentro con el Señor de la vida nos invita a dar un paso definitivo.

Somos buenos cristianos, aceptamos el Evangelio, nos inspiramos en su Palabra. ¿Eso basta? Juan nos está haciendo la pregunta más profunda del Evangelio: Tú, ¿lo crees? Según sea la respuesta de tu corazón así serás capaz de crecer como discípulo de Jesús.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

Ante la realidad de la muerte y el dolor de tus hermanos más débiles, deja que las siguientes afirmaciones te interpelen:

1.    «Quien no se plantee el problema de la muerte y no se percate de su drama tiene urgente necesidad de ser curado» (C.G.Jung).

2.    «EL descubrimiento de la muerte hace que los pueblos y los individuos puedan entrar en la madurez espiritual» (Miguel de Unamuno).

3.    «La vida se nos da para buscar a Dios, la muerte para hallarlo, la eternidad para poseerlo» (A Nouet).

 


Oración: Vida para siempre

Señor Jesús:
Tú le has dicho a Marta:
 “Yo soy la resurrección y la vida”.

Y para avalar tu palabra resucitas a su hermano Lázaro.

Una nueva creación, una nueva humanidad, se hacía palpable:
«Él que cree en mí, no morirá nunca», repetías.

Y es que, por la fe en ti, Cristo nuestro,
nos entregas tu Espíritu creador de vida
que «nos asegura que somos hijos de Dios,
y coherederos contigo, el Mesías»…

Ayúdanos, Señor Jesús, a creer
que tú eres la resurrección y la vida,
y que todo el que cree en ti nunca morirá.

Rufo González Pérez

 


13. Juan 12, 20-36

 

BUSCADORES DE LUZ

 

«Queremos ver a Jesús».

 

Los pasos de la misión siguen las huellas del deseo. Los que desde siempre buscan ver a Jesús dejan tras de sí unas huellas luminosas para que los portadores del Evangelio reconozcan el camino en el que los esperan los buscadores de luz. Son muchos los griegos o gentiles de hoy que quieren solamente ver a Jesús, no oír hablar sobre él sino verle.

El deseo de ver a Jesús es legítimo. Supongo que tú también habrás experimentado alegría y gratitud cuando alguien te ha brindado la oportunidad de ver en él a Jesús. Es preciso hacernos cercanos y transparentes para que todos puedan ver a Cristo en nosotros. Los buscadores de hoy desean encontrar no la opacidad de los discursos sino la transparencia de un testimonio.

Abre el Evangelio de Juan y entra en la escena que te presenta el capítulo 12, 20-36: al deseo de los griegos responde la acogida comunitaria de Felipe y Andrés.

 

LA ATRACCIÓN UNIVERSAL

Los griegos que quieren ver a Jesús son unos paganos pertenecientes a la categoría de los que “temen a Dios”, de los que “creen en Dios”. Se encuentran en Jerusalén para la fiesta de Pascua no como simples turistas sino como peregrinos que buscan sinceramente la verdad.

Además esos griegos que suben a Jerusalén y quieren ver a Jesús son como un adelanto de la universalidad de Cristo. Todo el mundo va tras Él, como acaban de reconocer los propios fariseos. Mientras los judíos no comprenden y rechazan al Mesías, los extranjeros simpatizantes de la religión judía piden encontrarse con Jesús.

Podemos reconocer en este grupo de buscadores no a unos intrusos ocasionales sino el fruto de la entrega de Jesús: Cuando sea levantado atraeré a todos hacia mí. Este episodio asume un significado profundamente misionero y refleja la situación de las primeras comunidades cristianas abiertas a todos y deseosas de poder acompañar a todos hacia el encuentro con el Señor.

El deseo de los griegos no supone mera curiosidad; hubiesen podido verle sin pedir la ayuda del apóstol Felipe. En realidad estos paganos quieren encontrarse con Jesús, entretenerse con Él para conocerle. Ya sabes cuál es el sentido profundo que tiene el verbo ver en el Evangelio de Juan. Ver significa ir más allá de las apariencias para alcanzar el misterio que éstas ocultan. Podríamos decir que ese queremos ver a Jesús significa queremos conocerle y creer en Él, queremos hacer experiencia de Él, queremos escucharle para amarle más y seguirle.

 

EL VÉRTIGO SEDUCTOR

Sin embargo, te habrás dado cuenta de cómo la respuesta de Jesús desconcierta, porque parece ignorar la pregunta. No es así. Jesús alcanza el corazón de lo que quieren sus buscadores y les desvela las profundidades de sí mismo: Yo soy grano de trigo entregado al surco del amor para dar fruto.

Sinfonía de

 

Hora

 

Jesús empieza su respuesta al deseo de los griegos de “verle” diciendo: “Ha llegado la hora…”.

Para darnos a conocer su misterio más profundo, Jesús habla del acontecimiento último de su vida: la cruz. Según la terminología del evangelista Juan, la “hora” de Jesús es su pasión y muerte.

La cruz es la “hora” hacia la que está orientada toda la vida de Jesús y representa la realización de toda su vida terrena.

Fruto de una consciente y libre decisión, la ”hora” significa también la glorificación del Hijo y la manifestación de su divinidad.

Jesús es este grano de trigo que da mucho fruto: es glorificado, actúa el juicio de este mundo y atrae a todos hacia Él. Al mismo tiempo, Jesús apunta el camino del discípulo que le quiera entender, es decir, acompañar de cerca: Si alguien me quiere, que me siga, pierda su vida por mí...

Los griegos esperaban esta claridad por parte de Jesús. Tú, ¿qué esperas de Él? La Palabra nunca es portadora de ambigüedad: te habla con libertad para que tu misma libertad se clarifique ante ella.

 

LA “HORA” DEL HOMBRE

Somos invitados, como los griegos, a tomar postura ante el misterio de la Cruz, misterio de muerte y de vida, de siembra y de fructificación. Solamente con la mirada puesta en la Cruz podemos comprender quién es Jesús. La contemplación del Mesías crucificado, que revela la calidad de su amor hasta el último extremo, es la experiencia de inmersión en el vértigo seductor de Aquél que te ama como amigo y salvador.

Antiguamente, los hebreos encontraron la salvación mirando a la serpiente levantada en el desierto; ahora, todos van a ser salvados por la contemplación del Crucificado. Cuando contemplas la Cruz, Cristo te está manifestando su total disponibilidad al proyecto de amor del Padre, su libertad y desapego, su autenticidad. Todo esto es lo que Jesús quiere ofrecer a los que le buscan: una experiencia de radicalidad en el amor, de entrega sin medida.

La imagen de la semilla de trigo te presenta el camino de Jesús y el de su discípulo. La Cruz es un proyecto que sacude los cimientos de tus seguridades: frente a la tendencia a la auto conservación, a la supervivencia, aparece el riesgo de dejarse caer en el surco abierto de las heridas de los hermanos, para servirles de vida.

No pienses en las cruces de madera o en las que sirven de ornamentación. Déjate interpelar, como los griegos, por las duras y auténticas palabras de Jesús. La Cruz que él experimentó es vida (trigo que da fruto) y es comunidad universal (atraeré a todos). Caminar hacia el Crucificado es haber hallado el centro de gravitación de la historia.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.    Hago mía la pregunta de los griegos: quiero ver a Jesús. Lo que voy buscando, ¿es el Mesías del Evangelio o un mesías hecho a mi medida?

2.    La Cruz me invita a ver a Dios no donde hay éxito, fuerza y poder sino donde hay amor, donde la semilla muere para dar fruto. Medito, saboreo y me dejo cuestionar.

3.    Mi existencia, ¿es viva, despierta, deseante, fecunda o es árida, está dormida, encerrada y sin frutos?

 

Oración: reemprender el camino

 

Señor,
sé que puedo siempre reemprender la lucha
porque Tú eres más grande que mi corazón,
que tus promesas no tienen el ritmo de las promesas de los hombres,
que tus horizontes no coinciden con los míos.

¡Qué difícil es seguirte!
Necesito tu amor, que nunca da miedo,
y que solamente fascina y consuela;
necesito tu luz,
tu serenidad,
tu armonía
para poder reemprender, todos los días,
el camino del bien
que es el camino de tu Vida,
de la Vida verdadera.

 


14. Juan 13, 1-17

 

LA PALABRA A TUS PIES

 

«Se puso a lavar los pies de los discípulos».

 

Nos estamos ya acercando a la hora de Jesús, es decir, a la encrucijada del amor. Los pasos del Nómada nos llevan hasta el lugar de la última Cena, donde podremos contemplar la manifestación del Amor, la revelación del Hijo del Padre hecho siervo de sus discípulos. Esta manifestación de amor en el Cenáculo es tan deslumbrante que puede iluminar todos los momentos del Evangelio que hemos venido meditando hasta ahora.

Para comprender la vida de Cristo puedes mirarla al trasluz, es decir, colocarla con el trasfondo del Cenáculo. Abre tu Biblia y lee Juan 13, 1-17. Es la explosión máxima del amor de Quien te quiere querer hasta el final… ¡Déjate alcanzar por Él!

 

LA PARADOJA DE LA CENA

Quizás pueda parecerte poco respetuoso y hasta blasfemo el acercamiento  de  la Palabra a los

pies. Sin embargo, Aquél que es la Palabra hecha carne, se puso en medio de nosotros tomando esa postura: a nuestros pies para derramar el agua del amor que sirve.

Te invito a entrar en la escena del lavatorio eucarístico (porque aconteció en aquella Cena que fundó la Eucaristía). Contempla cómo el amor hizo a Dios pequeño y frágil. Dios sirviendo al hombre, incluso al enemigo. Aquella tarde, de hecho, Jesús derramaba el agua de su misericordia también sobre los pies de Judas, que, al instante, lo iba a traicionar.

Jesús a nuestros pies... ¿cómo es posible? Quisiéramos impedírselo y regañarle como Pedro: No, tú no me lavarás los pies jamás. Lavar los pies era una obligación de los inferiores hacia sus dueños, del esclavo hacia su señor, de la mujer hacia su marido, de los hijos hacia el padre y de los discípulos hacia su maestro.

 

Simón se opone porque ha comprendido perfectamente el significado del gesto de Jesús, el Maestro, que en lugar de hacerse lavar los pies por los discípulos, se hace siervo y lava Él, a ellos, sus pies. Pedro ha entendido que Jesús, lavando los pies a los discípulos, no está ofreciendo una lección de humildad sino que demuestra que la verdadera grandeza consiste en servir a los demás. Es más: Simón, que aspira al papel de líder del grupo, rechaza el servicio de Jesús porque sabe que, aceptándolo, él también tendrá que hacer lo mismo al resto de discípulos. También vosotros tenéis que lavaros los pies unos a otros.

Pedro no permite que Jesús se rebaje al nivel de siervo porque él mismo no está dispuesto a rebajarse en su orgullo ante la amenaza de Jesús: Si no te lavo los pies no tendrás parte conmigo. A Pedro le pasa lo que a ti y a mí, no queremos dejarnos amar por Jesús, ya que presentimos que su Amor nos baja hasta los pies dolidos, sucios y malolientes de los hermanos. Ya es difícil seguir los pasos de alguien, hacerse su discípulo. ¡Tiene que ser una insensatez y una locura aprender de un Maestro que enseña a servir!

Sinfonía de…

 

Lavar los pies

 

  Lavar los pies era una acción frecuente en la Palestina del tiempo de Jesús. Al huésped que viajaba por caminos polvorientos se le ofrecía el agua para que se lavara. Lavar los pies era algo propio del esclavo y de los siervos. Un maestro ni siquiera se lo pedía a un esclavo. Sólo raramente los discípulos lo hacían por respeto hacia su maestro.

  El gesto de Jesús debe haber provocado honda impresión en los apóstoles que lo recuerdan en los más mínimos detalles.

  Hoy seguimos haciendo este rito el jueves santo. Pero no debe ser una repetición de una acción material sino la continua disponibilidad al servicio humilde hasta la muerte para los amigos.

El amor desplaza, es decir, “quita la plaza” en cuyo centro habíamos erguido el monumento en honor al Yo, para dejar espacio a la persona amada. Y esto es lo que el gesto de Jesús creó y sigue creando en la vida de los suyos. A pesar de sus rechazos, miedos y traiciones, Él considera a los discípulos de todos los tiempos un misterio tan bello como para amarlos hasta el último extremo.

 

EL ARTE DE CONTEMPLAR

Necesitamos saber rendirnos como Pedro y admitir que precisamos que Alguien se incline sobre nosotros, se ocupe de nosotros. Hemos de aprender a recibir del Maestro. Solamente el estilo de amor que viene de Él, amor divino y humilde a la vez, sirve a la Iglesia y al mundo. Somos reacios a dejarnos formar por Cristo. Él nos ha mostrado al Padre con su servicio, y esa es la Buena Noticia que hemos de anunciar, la palabra que tienes que chatear sin complejos en los foros de la globalización.

El servicio al que nos invita el Señor y Maestro brota de su manera de compartir la vida con los últimos. Solamente la sintonía con Él nos capacita para entender el sentido de cualquier otro servicio a los hombres. Ante todo, siéntate a la mesa del Señor, entra en familiaridad con Él y déjate amar y lavar los pies por Él. No dejes nunca de contemplar el gesto de su entrega por ti. Si dejas de hacerlo, hasta el más generoso servicio de solidaridad, hasta el más serio compromiso de voluntariado corre el peligro de camuflar una estéril búsqueda de ti mismo, un puro esfuerzo filantrópico que nada tiene que ver con el Siervo por amor.

 

ASOMBRO Y ANUNCIO

Termino ofreciéndote unas palabras del fundador de los javerianos, Guido María Conforti, que, con suma precisión y profundidad, destacan el papel formativo de la experiencia del Cenáculo: “Los apóstoles en el cenáculo han contemplado el mayor exceso de caridad operado por Cristo. Así vosotros (se dirige a los misioneros que salen para China), en este cenáculo de nuestra familia misionera, alrededor de la mesa eucarística, os habéis preparado para la misma misión, y ahora estáis listos para llevar el evangelio de Cristo hasta los más olvidados rincones de la tierra”.

Entra tú también en el cenáculo y siéntate a la mesa con Jesús. Contempla y déjate asombrar por el exceso de amor de Quien puede formarte para la misión, para cantar con tu vida el anuncio de la Suya.

¡Déjate asombrar y aprenderás a anunciar!

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       Jesús sirve a sus discípulos. ¿De qué manera tu comunidad realiza este gesto hacia los últimos, los olvidados y los traidores?

2.       Los gestos de Jesús se presentan con todo detalle (v. 4-5). En tu día a día, ¿con qué conciencia de servicio vives tus gestos más banales y repetitivos hacia los demás?

3.       Pedro identifica a Jesús siervo como un equivocado, un perdedor. ¿Cómo es el hombre realizado y exitoso que promueve la cultura dominante?


Oración: fuente viva

 

Señor,
noto en mi como si hubiera una fuente,
yo intento dar mi "agua" todos los días.

Y la Fuente nunca se vacía,
porque sé que, al otro lado,
hay Alguien que,
cuanto más doy, más Agua mete.

Y es maravilloso, la verdad.

Espero y confío que sigas junto a mí,
y que me ayudes a mantener los ojos abiertos
para verte en todos y en todo
y para darme a mí misma a todos y a todo.

 


15. Juan 19, 28-30

 

LA PLENITUD DEL NÓMADA

 

«Todo está cumplido».

 

A través de la lectura orante del Evangelio de Juan, hemos ve-nido contemplando la Vida aparecida en la humanidad de la Palabra hecha carne. Esa Vida va a alcanzar su plena manifestación en la Pascua (muerte y resurrección) de Jesús.

El Crucificado te trasmite la abundancia  de  vida que Jesús, el Nómada andariego de Palestina, ha traído para todos desde el Padre.

¿Te acuerdas de los muchos símbolos hallados en este Evangelio? Aquello que los signos sig-nificaban (el vino de Caná, el pan de Cafarnaún, la luz restituida al ciego, la vida resucitada en Betania) ahora acontece en plenitud: la Vida se propaga desde el Crucificado.

Abre tu Biblia y descubre, en Juan 19, 28-30, el Espíritu como plenitud del amor que el Nómada crucificado te entrega con su propia vida.

 

LA MAESTRÍA DEL MAESTRO

En este fragmento del Evangelio se nos presenta la plenitud de la obra de Jesús, la entrega de la vida y el don del Espíritu, para que vivamos como Él vivió. El amor de Dios alcanza, aquí, su plenitud. La palabra “cumplimiento” significa la realización plena, un nivel insuperable, una medida tal que más grande no hay ninguna.

La magnitud del cumplimiento de Jesús pone en cuestión la medida de nuestro comportamiento, la medida de nuestra propia disponibilidad y de nuestras resistencias. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar? ¿Qué resonancia tendrían en tu vida los siguientes pasajes del Evangelio?

 Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, Jesús los amó hasta el extremo: es el cumplimiento, la plenitud, y así empezaba la narración de la Pasión, donde el Maestro lava los pies a sus discípulos (Jn 13,1).

Y la última palabra de la Palabra crucificada: Todo está cumplido. El último cumplimiento (plenitud) de su obra es morir. Y su morir es un don: entrega su último aliento, con él su vida, con ella el Espíritu. Toda una vida marcada por el cumplimiento del proyecto del Padre (mi alimento es cumplir la voluntad del que me envió) acaba ahora con una palabra de abandono extremo al Padre y con un gesto de entrega ex trema del Espíritu al mundo (entregó el Espíritu).

 

Sinfonía de…

 

Muerte

 

  La muerte de Jesús en la cruz es la “hora” de Jesús, el momento en el que se cumple de forma plena y definitiva su obra de salvación…

  La muerte de Jesús en la cruz es su “exaltación” en sentido real (de rey); desde lo alto de la cruz atraerá así a todos los hombres para darles la salvación…

  La muerte de Jesús en la cruz constituye el “juicio” a este mundo que rechaza su salvación…

Es el fin, pero no el final, de un Maestro que supo ser obediente y servidor. Totalmente centrado en el Padre, divinizó hasta la muerte al espirar su vivificante Espíritu de amor.

 

¿FATALIDAD O DESEO?

Delante del Crucificado nos encontramos con un amor que sabe morir por los demás. Jesús nos hace el regalo de su Espíritu para vitalizarnos con su misma fuente de Vida; o sea, que el Espíritu Santo nos cristifica. Sabes muy bien que Jesús ha llegado hasta ese gesto extremo de entrega porque esa era la misión recibida del Padre. Él sabía que tenía que amar hasta darlo todo de sí.

La muerte no fue un fatal accidente. El hecho de acabar en la cruz no fue un cálculo equivocado o mala suerte. Jesús acabó crucificado porque así lo quiso libremente. Fue la plenitud de su deseo que se expresó como don: Por eso me ama el Padre, porque doy la vida... nadie me la quita, yo la doy voluntariamente (Jn 10, 37-38).

¿No crees que esta tendría que ser la actitud profunda del cristiano ante las dificultades, el sufrimiento y la fatiga? Algo deseado y asumido como signo de amor. Jesús llegó espontáneamente hasta donde tú y yo, espontáneamente, no queremos lle-gar. Nuestras dificultades, ataduras y resistencias, nuestras dudas y cansancios muy a menudo nos mantienen lejos de una cumbre tan alta.

 

EL AMOR CONSUMADO

Cada vez que tú, discípulo, no te atreves con las alturas del Calvario, te pierdes los horizontes que desvela la mirada del Crucificado. Si frente a lo que repugnas como sacrificio sigues diciendo: ¡Ya basta! Esto es demasiado, no aguanto más…, creo que, todavía, no sabes contemplar la cruz de Aquel que te ama.

Jesús hace viva y presente, hoy, la entrega de su amor, te capacita para creer en Él y para enamorarte de su estilo radical de vida. Y todo eso lo hace desde la cruz, regalándote su Espíritu de vida.

Muriendo, entregó su espíritu: se trata de aquel soplo que, al comienzo de la creación del Universo, aleteaba sobre las aguas y que hizo a Adán un ser viviente. Ahora, ese soplo es el espíritu de Jesús, es el Espíritu del Hijo de Dios.

Al morir, Jesús metió su misma vida dentro del mundo, dentro de ti. Entregando su Espíritu, Jesús donó su vida. El te da su ser y su misma manera de ser, de modo que tú también puedas entregar tu vida hasta el extremo, como lo hizo Él.

El arte de contemplar al Crucificado no es sentimentalismo estético o emotivo. Contemplar al Crucificado significa dejar que el cumplimiento de Jesús, su amor de obediencia y servicio consumado en la cumbre de la Cruz, se refleje en nuestro modo de vivir.

 Eso sí, comenzando desde ya.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       El Señor Jesús, desde la cruz, nos regala su Espíritu. ¿Qué tipo de acogida estoy ofreciendo al don del Crucificado?

2.       El Espíritu prolonga en mí la vida de entrega radical propia de Jesús. ¿Qué aspectos de mi vida reflejan, aquí y ahora, el amor extremo de Jesús?

3.       El Espíritu del Señor me ilumina y me va forjando por dentro como discípulo de Jesús. ¿Qué se está renovando en mi mentalidad cristiana? ¿Es mi corazón capaz de confiar? ¿Siento y amo como Jesús?


Oración: Adoro tu cruz, Señor.
 

Adoro tu cruz, Señor.

Tú que no has considerado una humillación
hacerte igual al hombre, siervo, hijo del hombre,
enséñame a humillarme igual que Tú
para poder, contigo, ser levantado.

Adoro tu cruz, Señor.

Revélame en el signo de la muerte, el signo de la vida.

Haz que entre en tu misterio de transformación pascual.

Adoro tu cruz, Señor.

Adoro el signo de una redención que ya se ha realizado.

Que no sea inútil el derramamiento de tu Sangre,
precio de nuestro rescate.

Señor, que tu Pascua sea nuestra Pascua,
tu pasión nuestra liberación,
tu humillación nuestra exaltación,
tu muerte nuestra vida.

 


16. Juan 19, 31-34

 

LA HERIDA VITAL

 

«… y brotó sangre y agua».

 

Seguimos contemplando al Crucificado: la entrega de su vida es fuente inagotable de amor que, brotando de su herida, fluye hacia todos los sedientos de paz, justicia y perdón. No podemos no volver, y con admiración, al manantial de la plenitud, descubierto y saboreado en la contemplación del Enviado del Padre para poner vida hasta en la mismísima muerte.

Abre tu Biblia y, mientras lees Juan 19, 31-34, asómbrate ante la herida vital del Hijo de Dios. De su vitalidad, el Padre quiere empapar por los cuatro costados a nuestro mundo crucificado.

 

BORBOTÓN DE SANGRE Y AGUA

El fragmento bíblico que estás meditando te presenta el signo paradójico de la plenitud: el costado herido de Cristo. El evangelio de Juan pone mucha atención en las fiestas religiosas del pueblo judío, y muchos acontecimientos de la vida de Jesús están situados en ellas. Aquí se nos dice que los soldados, viendo que Jesús estaba muerto, no le quebraron las piernas y uno de ellos le abrió el costado de una lanzada: al punto, brotó sangre y agua.

El evangelista quiere concentrar nuestra atención en este punto concreto cuyo significado profundo podríamos expresar así: del costado de Jesús sale el testimonio de un amor hasta la muerte (la sangre) y el testimonio de una fidelidad límpida y permanente que da vida al mundo (el agua).

El signo del costado herido expresa la manifestación plena del amor y de la fidelidad de Dios. Cuando contemplas a Cristo en la cruz, ¿te das cuenta de que te quiere? De la herida que padeció salió, para todos, el agua de la vida y brotó la sangre de su corazón enamorado y fiel como un río que fluye hacia nuestros desiertos de injusticias duraderas y rencores infinitos. En ese borbotón de sangre y agua, ¿ves tú lo que ve Juan? ¿Qué episodios o fi-guras simbólicas de la Biblia podrías recordar?

 

AGUA CON SABOR

Recordemos, ante todo, la imagen que el evangelista usa cuando habla de la Fiesta de las Chozas en Jerusalén: El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso en pie y exclamó: Quien tenga sed venga a mí y beba quien crea en mí. Así dice la Escritura: De sus entrañas manarán ríos de agua viva. Se refería al Espíritu que habían de recibir los creyentes en él; todavía no se daba Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado (Jn 7, 37-39).

De este modo, podemos comprender que palabras como “glorificación”, “gloria” y “ser glorificado” hacen referencia a la Cruz. En la Cruz hay gloria porque hay plenitud extrema de vida: allí la gloria se manifiesta, porque así se manifiesta el amor.

Aprovecha y lee también el capítulo 47 del profeta Ezequiel. Es una profecía sobre el templo de Jerusalén. Del zaguán del templo manaba agua, agua que llegaba hasta los tobillos, luego hasta las rodillas,  luego  hasta  la cintura y siempre más.

Sinfonía de…

 

Costado

 

Al igual que al cordero pascual del pueblo hebreo, tampoco a Jesús le rompieron las piernas.

Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza. De su costado traspasado salen sangre –símbolo de expiación– y agua –símbolo de purificación–.

Desde el “traspasado” brota la salvación que sólo se puede obtener por medio de una mirada de fe hacia el crucificado.

Por debajo del templo se abre un valle y un río grandísimo se transforma en fuente de regadío y de vida: todos los seres que bullan allí donde desemboque la corriente tendrán vida. Del templo manará agua viva.

Según Juan, hay un único templo que será derrumbado y a los tres días será reconstruido. Ese templo es el cuerpo de Cristo, ese templo es el lugar donde resplandece la persona de Jesús. Creo que ya vas entendiendo la simbología del agua: desde la persona de Jesús brota el agua que hace florecer los desiertos, que da sabor a la existencia, que da sentido a lo que haces, que da fuerza para aguantar y luchar siempre con esperanza. Solamente del Señor Jesús nos llega la plenitud de la vida que renueva y recrea nuestros agonizantes intentos de futuro.

 

SANGRE FECUNDA

Al punto brotó sangre y agua. De la herida de Jesús, desde la entrega total de Jesús, sale un caudal de vida. En la cultura hebraica, la sangre también era símbolo de vida entregada. Desde las entrañas vitales de Jesús mana sangre, es decir, el testimonio de un amor fiel hasta la entrega radical de sí mismo. Desde esta perspectiva, el evangelista contempla al Crucificado, recordando la lanzada del soldado. El discípulo creyente sabe ver el testimonio de fidelidad hasta el último extremo de un Señor que quiso ser significativo y fecundo, de un Mesías que se jugó el tipo dando su propia vida por el mundo.

La sangre y el agua significan, para nosotros, la calidad y la originalidad del amor de Jesús: es un amor fiel y tan fiel que da la vida (la sangre); es un amor donde la vida, sacrificándose a sí misma no fracasa sino que se hace manantial triunfante de más vida (el agua). En el signo del costado herido del Hijo enviado aparece en plenitud vitalizadora la ternura y la lealtad del Padre para todas sus criaturas heridas.

 

¿TE MOJAS?

El amor de Jesús da un corazón nuevo y una esperanza alegre que nos hará capaces de amar con locura hasta el extremo. Si eres discípulo auténtico y enamorado del Señor, contemplándole a Él crucificado tendrías que decir: De ti, Señor, viene la fuerza y el coraje; brotará agua viva también para mí; yo también podré amar como Tú, fielmente, hasta donde quieras y como Tú quieras.

La intuición histórica de los cristianos ha reconocido en este episodio evangélico los sacramentos del Bautismo (el agua) y de la Eucaristía (la sangre). El costado herido de Cristo se transforma en signo de un manantial de vida y de amor: el pecho abierto del Crucificado acoge, baña y vivifica con su ternura a cualquier ser humano que, desde la hondura del dolor o del pecado, quiera mojarse en Él.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.       En estos días en que eres testigo de lo absurdo que es el mal, el sufrimiento y la muerte de inocentes, ¿cómo asumes y personalizas el testimonio de fecundidad de un Dios colgado en una cruz?

2. Intenta pasar un rato, bastante largo, en silencio ante el Crucificado: mírale y déjate mirar por Él (no pretendas nada…).

3.       Intenta pasar un rato, igual de largo, con algún crucificado hoy: mírale y déjate mirar por él (permítele exigírtelo todo…).


Oración: lo único que no pasa

Adoro tu cruz, oh Señor…

 

Pasan las grandezas,
pasan los ruidos de nuestra vanidad,
pasa la humana autosuficiencia,
pasa el clamor de las humanas conquistas que no salvan,
pasa el eco de los gritos de victoria del hombre sobre el hombre.

 

Sólo queda, Señor, tu cruz,
única esperanza,
única salvación,
única fianza de victoria y de paz.

 

Pasan los años, los siglos, las generaciones:
tu cruz sigue como puerto
en el que pueden reparar nuestras delusiones,
como refugio de todos nuestros fracasos,
como meta de todos nuestros auténticos deseos,
como respuesta a todos nuestros interrogantes,
como explicación a todos los enigmas de nuestra vida.

 

…porque sólo de tu cruz, Señor, viene la salvación al mundo.

 


17. Juan 19, 35-37

 

MÍRALE CRUCIFICADO

 

«El que vio estas cosas da testimonio de ellas,

y su testimonio es verdadero»

 

Hoy, a Jesús, le vas a contemplar crucificado.

Abre tu Biblia y detente en la lectura de Juan 19, 35-37. Cada vez que te acercas a la Cruz para contemplar al Crucificado, procura sacudir de tu corazón todo sentimentalismo lleno de falsa religiosidad. Esa falsa religiosidad que se conmueve ante los pasos artísticos y tradicionales de Semana Santa y no se inquieta por los pasos deshumanizados y actuales de aquellos crucificados en cuya piel sigue metido el Hijo Nómada del Padre.

Cuando contemples la Cruz, sácala de las iglesias y de las procesiones y colócala en el horizonte del sufrimiento y de las injusticias. Se te hará más luminosa su gloria, provocadora su inocencia y compasivo su amor. Así, también, reconocerás el testimonio fidedigno del evangelista Juan, que acabas de meditar. Juan, el que lo vio, es consciente de comunicarte el verdadero significado de la vida de Jesús: el acontecimiento de la Cruz contiene toda la experiencia cristiana. El que conoce al Crucificado lo sabe todo.

El Mesías en la cruz te sorprende con la medida del amor de Dios, que tanto amó al mundo, que entregó a su Hijo. El signo zodiacal del cristiano es el signo de la Cruz. Cristiano es quien se reconoce a sí mismo bajo el signo de la cruz. Quien conoce al Crucificado sabe, es decir, practica la experiencia cristiana.

 

AMOR SIN QUIEBRA

Para explicarnos todo esto, Juan usa dos pasajes de la Biblia. El primer pasaje hace referencia a la celebración del rito pascual ju-dío: No le quebraréis ni un hueso. El contexto nos sitúa en el rito que recuerda la salida del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y que se celebraba con la comida de un cordero.

Este cordero, dice la Escritura, tenía que ser perfecto y comerse por entero en cada casa. Eran los días de Pascua para los judíos: se comía el cordero pascual para celebrar el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud a la liberación. Ese cordero no podía ser un cordero cualquiera, no se le rompía ningún hueso.

Ahora comprendemos el testimonio de Juan. El cordero perfecto, sin huesos quebrados, es Cristo, Él es el cordero de Dios. Recuerda el anuncio del Bautista: Ahí está el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Jesús es el auténtico cordero pascual y no se le quebrará ningún hueso, porque Él es verdaderamente perfecto.

Este testimonio es una llamada a que reconozcamos el signo de una entrega completa, no parcial y ni siquiera a medias o de baja calidad. No se trata de un cordero cojo, ni enfermo, sino del cordero perfecto, porque el don de sí ha de ser total. Mientras que en las casas de los judíos, en aquellos días, permanecía la realidad del cordero antiguo, los discípulos del Señor reconocen que Jesús es el cordero nuevo, el protagonista de la nueva pascua, el que realiza el paso (pascua) de la muerte a la resurrección. Juan, contemplando al Crucificado, es testigo de esto. Jesús es la entrega y el don perfecto; no hay mayores.

Sinfonía de…

 

Cordero

 

¡Cuántas “variaciones” tiene la sinfonía del Cordero bíblico!

Desde el cordero pascual que el pueblo hebreo comió en la primera pascua…, al “cordero llevado al matadero”, anunciado por la profecía de Isaías;

desde el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” proclamado ya presente entre los hombres por Juan el Bautista…, hasta el Cordero del Apocalipsis ante quien se postran los veinticuatro ancianos…,

… ¡todo es sinfonía de amor!

 

EL PASTOR HERIDO

La otra referencia bíblica está tomada del profeta Zacarías: Mirarán al que atravesaron. El Antiguo Testamento está lleno de símbolos que nos ayudan a entender la historia de Jesús pero este texto es difícil de comprender. ¿Quién es el destinatario de esta mirada? ¿A qué persona se le mira después de asesinarla?

Es un rey, un rey que ha muerto, un rey ajusticiado por su mismo pueblo. En el relato de Zacarías, ¿quién era ese rey? Era el justo perseguido, el rey justo, el santo de Dios, el pastor rechazado.

En la tradición bíblica, aquel que ha sido atravesado, al que se dirige la mirada, es el justo no comprendido, el enviado perseguido, el pastor abandonado. Juan recupera esa imagen del profeta Zacarías para decirnos que el verdadero rey a quien se mirará es el Justo asesinado y el auténtico Pastor rechazado por su rebaño, por «vosotros». No habéis acogido a Jesús. No habéis asumido su estilo de vida. No habéis descubierto en Él el secreto de la vida.

Con este cuadro contemplativo, el evangelista quiere mostrarnos dónde nace el sentido de la vida y de dónde brota ese estilo de vida que merece la pena hacer propio. Hay que vivir como un rey; sin embargo, este ser rey conlleva la coronación en el trono de la cruz, el trono del amor sin límites.

Este es el corazón del Evangelio. Desde aquí, puedes volver a leer todo Juan y comprenderás mejor hacia dónde orientaba su vida Jesús: hacia la hora del amor

extremo. Juan es testigo, porque lo contempló con ojos de fe, de que la Cruz y la gloria coinciden, ya que la plenitud de la vida coincide con la entrega de uno mismo.

 

GLORIA EN LA CRUZ

En el prólogo de su evangelio, Juan nos había dicho: La Palabra se hizo carne... y nosotros contemplamos su gloria. Si le preguntáramos a Juan cuándo ha visto esa gloria, nos contestaría que en toda la vida de Jesús, mediante signos particulares, comenzando por el de Caná de Galilea.

Sin embargo, ahora, en la Cruz aparece la plenitud de la gloria. No podemos faltar a esa cita. Para contemplar la gloria hay que llegar a la hora de la cruz. Solamente mirando al Crucificado se ve en qué medida, y con cuánta locura, Dios nos ha querido y nos sigue queriendo.

En esta contemplación nace la Misión porque, estoy seguro, la experiencia del Amor gratuito de Cristo nos empuja al anuncio y a la compasión con los hermanos. ¡Señor, tu amor no podía ser más esplendoroso con nosotros!

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.    Atraído por el Crucificado, ¿puedo decir que he visto mi vida, tal y como es, amada por Cristo? ¿Cómo resuena en mí su perdón?

2.    ¿Puedo decir que poseo el gozo del Evangelio, que consiste en saber amar porque me siento amado y mirado con misericordia por el Crucificado?

3.    ¿Cómo contemplo al pastor abandonado extramuros, en la cruz? ¿Me dejo provocar por la paradoja de la entrega total, en el amor y en el servicio?


Oración: momento de paz

 

Señor Jesús,
en este momento de paz voy a mirar tu cruz.

Entrega tan grande sólo se te ocurrió a Ti.

Ante esta medida de amor,
siento la necesidad de hacerme sencillo.

Quiero pedirte el don de liberarme
de todo lo que me aleja de tu Evangelio.

Hazme pobre y disponible para un amor sereno,
fiel y callado como el tuyo.

Abre mi corazón a la escucha de tu Palabra.

 


18. Juan 20 y 21

 

BUSCAR, VER Y AMAR

 

«Anda, vete y diles a mis hermanos

que voy a mi Padre, que es vuestro Padre».

 

Los relatos de la resurrección nos ayudan a reconocer los signos de Cristo resucitado, a experimentarle vivo y presente en la búsqueda de sus discípulos. Abre tu Biblia y medita orando con Juan 20 y 21.

Hallarás al Resucitado acompañando la búsqueda de María, Pedro y Juan (Jn 20, 1-18), animando con su Espíritu la misión de una comunidad acobardada y herida por el escándalo de la cruz (Jn 20, 19-30) y haciendo florecer el trabajo misionero de Pedro mediante la fecundidad de la Palabra (Jn 21, 1-14) y la compasión del Amor (Jn 21, 15-18).

Hoy te invito a orar la experiencia de María Magdalena, modelo de deseo, de contemplación y de misión.

 

LA BÚSQUEDA

María Magdalena va al sepulcro, muy temprano, todavía a oscuras.

Yo también, Señor, quisiera ir donde Tú estás, con un deseo renovado, para una nueva búsqueda de amor. Quisiera llevarte a todos los que ya no creen poder esperar más allá de lo imposible de la muerte, más allá de la decadencia de una cultura, más allá de los pequeños fracasos del día a día. Haz posible, también para mí, una auténtica amistad contigo.

Quisiera hoy, Señor, recorrer mi biografía para fortalecer mi fe con una gozosa acción de gracias: por tus visitas, por las primicias de tu amor, por las mañanas en que recreaste mi vida, sacándola del caos de mis oscuras “noches”. Iluminado por tu Palabra, quiero descubrir los signos nuevos de tu presencia en la historia del mundo y hacerme más determinado y generoso en la respuesta a tu Llamada.

 

Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo… Corrían juntos.

Me estoy dando cuenta de que tener a alguien con quien compartir mi fe es un don grandísimo y maravilloso. Te pido, Señor, que nunca me falte tu Iglesia: sé que no estoy solo, hay otros discípulos tuyos conmigo, y eso me anima y consuela. Te doy gracias por mi Comunidad de fe: quisiera hacer algo más por mis hermanos y hermanas. Quisiera ser una presencia que construye y que trabaja, una presencia activa, una presencia de amor y servicio. Señor, no quiero estar solo, tampoco ser el primero. Quiero caminar con, correr con los demás.

 

Hasta entonces no habían entendido la Escritura, que Él había de resucitar de la muerte.

Señor, me quedan muchas cosas por comprender: lo que más busco es conocer y apreciar el sabor profundo y oculto de tus palabras en la Biblia. Tendría que estudiarla, frecuentarla como se visita a un amigo y dedicarle tiempo para una lectura ordenada y progresiva. La Palabra es un signo de tu resurrección. El misterio de la Pascua es de una hondura abismal: aceptar morir por amor, pensar que la caridad y el perdón son fecundos, orientarse por los criterios de tu Evangelio, día a día... ¡Hace falta toda una vida!

Sinfonía de…

 

Sepulcro vacío

 

Frente a cualquier sepulcro se activa la memoria del pasado y aumenta la nostalgia de una presencia perdida.

Frente al sepulcro de Jesús hay algo nuevo e insólito. María Magdalena constata que “ha sido removida la piedra” y llega a la conclusión que “han robado el cadáver”.

Pedro, y sobre todo Juan, delante del sepulcro vacío y de las vendas recogidas, llegan a otra conclusión: «vieron y creyeron».

 

LA VISIÓN

 

En cambio María estaba frente al sepulcro y lloraba. Y, llorando... vio.

Sé que la fidelidad es vivaz y dinámica, tiene iniciativa y es capaz de llevar hasta el sufrir. Hay un sufrimiento que abre a la inteligencia de la fe.

Quisiera, Señor, hacerme más sensible al dolor del mundo, quisiera aprender la fe y el amor de las lágrimas más pequeñas de los más pequeños de mis hermanos. Cada día, en cada rincón olvidado de la tierra. Llorando se ve.

 

Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Se volvió hacia atrás y vio a Jesús allí, pero no le reconoció.

Muchas veces experimento la ausencia de Dios, no sé qué hacer para encontrar a Jesús. Y pienso: quizás antes era más fácil para mí la oración, sentía al Señor muy cercano, todas las emociones del corazón se agolpaban con intensidad en los sentimientos. Ahora, todo eso ha desaparecido: hay aridez, ausencia, vacío, no sé qué pensar, no sé dónde buscar, no consigo hallar nada. Me siento superficial, atrapado por las modas del momento, esclavo de mi pereza, distraído.

 

Jesús le dijo: ¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: Rabbuni, Maestro.

Repíteme, Señor, la Palabra con la que has hecho brotar en mí la esperanza, porque me consuela en mis noches: tu Palabra hace amanecer en mí la vida. Pronuncia otra vez, Señor, mi nombre: como el primer día, cuando me regalaste la intuición y la promesa de mi vocación. Ayúdame a serte fiel hasta el final. Hazme capaz de reconocerte, de amarte y de imitarte.

 

Suéltame y ve a mis hermanos. María fue enseguida a anunciar: ‘He visto al Señor’.

El anuncio del Evangelio es una manifestación de gozo y de amor. Te pido, Señor, un talante alegre que vaya contagiando paz, locura y serenidad en quienes me encuentran. Que nunca me sepa a cansancio el buscarte y a compromiso el seguirte. Enriquéceme, Señor, con tu Buena Noticia, dame sencillez de vida y el gusto de construir relaciones humanas solidarias. Hazme ser entre mis hermanos, Señor, una presencia de resurrección.

 

EL AMOR

 

Mujer, ¿por qué lloras? ¡María!

“Tú me buscas y yo no me dejo encontrar: así, en ti, mantengo vivo el amor. Aún no puedo quedarme contigo. Voy al encuentro de los últimos, de los que han caído en la fosa fangosa del olvido insolidario. Ellos no se atreven conmigo y, sin embargo, también para ellos he salido de mi Padre.

Tú no te canses, continúa en el Camino. Tú conoces la Palabra: ya me has visto. Tú has contemplado y experimentado el Amor. Cuenta a tus hermanos el deseo, la noche y el romper del alba. Ve en la paz: ¡SHALOM! ¡HEIWA! No llores más. Yo sé tu nombre, María”.

 

*  *  *

 

La Palabra se hace vida

 

1.    Voy a establecer las metas y los objetivos de mi vida, de aquí en adelante. Intentaré contestar a la siguiente pregunta como si me la hiciera vivamente el Resucitado: ¿Qué buscar y deseas en tu vida?

2.    Voy a reconocer algún signo de resurrección en el hoy del mundo. ¿En qué personas o acontecimientos veo la presencia viva del Señor resucitado?

3.    Voy a seguir frecuentando la Biblia. ¿Quién y qué tipo de experiencias me pueden enamorar de la Palabra de mi Señor, para luego poder contarlas como Buena Noticia a mis hermanos?

 
Oración: Las dos vertientes

 

Desde tu resurrección, Señor,
la historia humana ha sido dividida en dos partes:
en un lado se queda el pecado del hombre
con sus consecuencias de desgracias y de fracasos;
queda la vieja humanidad caída y sujeta al imperio del mal y de la muerte;
quedan las lágrimas y el gemido de una humanidad
herida por el pecado de Adán;
queda la vieja creación sujeta a las potencias del mal que la dominaban.

En el otro lado hay la nueva creación de Dios,
el gozo nuevo del mundo, la humanidad levantada y restaurada
desde sus cimientos por la piedra angular que eres tú, oh Cristo,
el enviado del Padre al mundo para renovarlo todo.

En particular renovar al hombre.

Tu Pascua, Cristo, es la base de este “hombre nuevo”
que soy yo a partir de tu resurrección.

La pascua de Jesús es ya mi pascua.

Feliz Pascua a Ti, Jesús.

¡Feliz Pascua a toda la humanidad!