América con Cristo: Escucha, Aprende y Anuncia




Del 12 al 17 de agosto de 2.008 se celebró en Quito (Ecuador) el 3º Congreso Americano Misionero (CAM 3-COMLA 8), al que yo también participé. Es difícil expresar en pocas líneas lo que hemos vivido, celebrado y reflexionado durante estos días en la ciudad de Quito.
Ante todo, este congreso estuvo caracterizado por su buena preparación previa, tanto a nivel de la reflexión, elaborando para las comunidades cristianas diferentes catequesis, como a nivel del instrumento de trabajo y del material para que las familias que iban a recibir a los participantes durante esos días profundizaran en este hecho.
Hay que destacar la acogida que las comunidades parroquiales y las familias nos brindaron a los cerca de 3.000 asistentes a las jornadas. Abrieron sus casas y nos hicieron un hueco para compartir con nosotros durante una semana la vida y la misión.


El congreso se abrió con la Eucaristía del día 12.
Participaron en ella los Obispos y Cardenales presentes, un buen número de misioneros y misioneras venidos de diferentes lugares del mundo, muchos laicos y todas las parroquias de Quito. En esta Eucaristía, llena de símbolos relacionados con el congreso que invitaban a una participación activa, se dio la bienvenida a todos los presentes.


El miércoles día 13, los encargados de la animación del congreso lograron que los participantes, llegados de todos los rincones de América y de muchos otros lugares del mundo, pudiéramos reconocernos como nuevo Pentecostés y sintiéramos el calor humano y fraterno de formar parte de la misma familia. Este calor contrastaba con el frío y la altitud de la ciudad de Quito (2.800 metros de altura).
Los hermanos de México nos ayudaron a orar y a reflexionar tomando como referencia el pasaje del Evangelio del ciego de Betsaida (Marcos 10, 46-52).
Ese día estuvo dedicado al continente de África, y el hilo conductor de ese día fue la escucha de la Palabra.
El Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, Arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), desarrolló el tema del discipulado en su charla titulada “Discipulado: comunidad discípula de Jesús”. Comenzó su intervención con algunos planteamientos e interrogantes sobre la escucha de la Palabra por parte de los discípulos y misioneros de Jesús. Continuó después con el discipulado de Jesús con su comunidad en clave de llamada, seguimiento, formación y misión. Pasó a continuación a detallar las claves para descubrir lo que significa ser discípulo: una persona se hace discípulo, no nace discípulo, y en ese camino de hacerse discípulo va adquiriendo una mentalidad nueva y radical. Es prácticamente un proceso de conversión. Esta mentalidad nueva se obtiene a partir del encuentro con Jesús que le ilumina y entra en su vida. Si alguien deja ese proceso es que en realidad nunca se ha encontrado con Jesús. El discípulo comienza a formar parte de la familia de Jesús, permanece con Él en las dificultades, es enviado como cordero en medio de lobos, dispuesto a dar la vida como tantos discípulos y mártires que han entregado su vida a lo largo y ancho de América Latina. El discípulo asume en su vida la lógica de Jesús y de su Reino: vive desde lo pequeño y pobre y es capaz de salir de las propias fronteras para moverse hacia la misión ad gentes, de modo que el maestro sea conocido y vivido por la humanidad, por tantas personas que todavía no lo conocen.
Monseñor Madariaga nos puso el ejemplo de Pablo como discípulo de Cristo y nos invitó a imitar sus virtudes, enseñanzas y medios para llegar a decir: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí.” La pasión por el Evangelio fue lo que motivó a Pablo a dar su vida por Jesús, y a esa misma pasión y misión estamos llamados nosotros.
El Cardenal acabó con una anécdota: “Una vez S. Pablo se sintió enfermo, y fue al cardiólogo para hacerse un chequeo. El médico lo examinó y cuando auscultó el pecho de Pablo para oír los latidos de su corazón se quedó preocupado porque no oía el latido normal del corazón: “toc… toc…”, sino que lo que el médico oía era: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”
Nos exhortó a hacernos un chequeo porque todos padecemos de insuficiencia cardiaca misionera y necesitamos un marcapasos implantado por el Espíritu Santo para que nuestro corazón palpite diciendo “¡Ay de vosotros si no sois misioneros!”.
Con una canción dedicada a S. Pablo y cuyo estribillo nos hizo a todos colocarnos de pie finalizó su intervención Monseñor Madariaga. La canción decía: “Apóstol incansable, misionero de Jesús, Pablo de Tarso, queremos ser como tú”.
A continuación Lucas Cerviño, laico de Bolivia, compartió con nosotros sus aportaciones a la conferencia de Monseñor insistiendo sobre la importancia de ser una comunidad misionera fiel discípula de Jesús. Tras describir el perfil del discípulo, se preguntó: ¿Qué anuncio deben dar el discípulo junto con su comunidad? Desde luego, una nueva forma de humanidad modelada por la caridad de Dios que debe llegar a todos los rincones de la tierra.
Con el testimonio de dos misioneros del continente africano se acabó la mañana.
Por la tarde, divididos en diferentes foros nos dispusimos a seguir reflexionando sobre la escucha de la Palabra como actitud clave en ese día.
Cerca de 400 personas llenaron el foro de misiones ad gentes en el que yo participé. En él intervino el superior del Verbo Divino, quien nos planteó los retos que tiene hoy la misión ad gentes y las nuevas manifestaciones del Espíritu en esta misión:
- La misión se está encaminado siempre más a una colaboración en la dirección Sur-Sur, ya que hoy son más los misioneros de África y de Asia que se disponen a ir a otros lugares del Sur.
- El aumento de la interrelación entre culturas y razas en nuestro mundo está llevando a concebir y a vivir una Iglesia multicultural.
- La presencia de la Iglesia en los nuevos areópagos y el respeto por la diversidad cultural son los signos de los tiempos en la misión ad gentes.
La conclusión que sacamos en este día es que necesitamos profundizar en el sentido de la misión ad gentes como misión ínter gentes (misión entre las gentes). En este sentido, la Iglesia, discípula de Jesús y de la humanidad, está llamada a vivir su compromiso misionero en actitud de escucha superando fronteras no sólo geográficas, sino también culturales.

Jueves día 14. Con el tema “Pentecostés comunidad llevada por el Espíritu Santo” comenzamos una nueva jornada en el CAM 3- COMLA 8. Ese día estuvo dedicado a aprender del maestro y al continente asiático, teniendo muy presentes a los mártires de América Latina. De hecho, la noticia del último mártir nos llegó esa misma mañana al comenzar la oración cuando fuimos informados del asesinato en Medellín (Colombia) del misionero javeriano de Yarumal P. Jaime Ossa.
Costa Rica animó esa mañana la oración, pidiendo la presencia del Espíritu en los cinco continentes, especialmente en aquellos lugares donde se viven situaciones difíciles y de violencia.
Después de la oración Monseñor Luís Augusto Castro Quiroga comenzó a exponer el tema del día.
Tras presentarnos la figura del Espíritu Santo en la vida de Jesús, de los apóstoles y de la comunidad, nos describió, como si fuese un ejercicio de aeróbic, los diferentes empujones que nos da el Espíritu Santo para que nos pongamos en marcha y seamos una comunidad misionera ad gentes:
- Empujón hacia fuera: Es tomar conciencia de que somos discípulos, misioneros, de que tenemos que salir y movernos hacia la otra orilla en la que Cristo no es reconocido y donde hay que anunciarlo por primera vez.
Es un movimiento de amor más allá de las fronteras de la fe para anunciar el amor de Dios y favorecer su vivencia en comunidad
- Empujón hacia todos: El Espíritu nos da libertad para amar sin límites, para movernos más allá de las fronteras, para estar en contacto humano y en dialogo con todos los pueblos, las culturas y religiones. El encuentro con quienes no son de nuestro grupo o cultura, o que pertenecen a otra religión, nos puede enriquecer.
- Empujón hacia adentro: Es el empujón hacia la comunidad, la Iglesia. El Espíritu busca los caminos más insospechados para llamarnos e integrarnos en la comunidad cristiana.
Nos empuja para que con Jesús y en Jesús y junto con los demás formemos una nueva comunidad, la Iglesia sin fronteras que cree una unidad en el amor y en la misión.
- Empujón hacia el fondo: Hacía ese yo interior, profundo, hacia ese corazón del alma para que lo cultivemos, porque allí el Espíritu Santo quiere hacer su morada y es el lugar en el que podemos experimentar el encuentro bello y alegre con el Dios vivo revelado en Cristo.
- Empujón hacia el lado: Todos miramos hacia delante, sin mirar lo que pasa alrededor nuestro y a nuestro lado.
América Latina no es el continente más pobre del planeta, que es África, pero sí que es el continente que más usa las gafas que miran en una única dirección, es el continente con más desigualdad del planeta. Adolecemos de un cáncer que se llama exclusión. El bienestar de Suiza y la pobreza de África están juntos en este continente.
Estamos llamados a tener una visión más universal, una solidaridad más amplia, una teología más planetaria, estamos llamados a vivir el amor como un canal que pasa hacia los demás convertido en una solidaridad sin fronteras, sin exclusiones, sin xenofobias, sin colonizaciones ni prepotencias.
- Empujón hacia atrás: El Espíritu nos mueve a mirar hacia atrás, a ir a nuestro pasado y a retomarlo para descubrir nuestra identidad, para que entendamos nuestra historia, para que sepamos distinguir lo verdadero de lo falso, para que con valentía despertemos en nosotros el sentido de apóstoles del Evangelio.
- Empujón hacia adelante: El Espíritu nos da el don de la esperanza, de mirar lo que tenemos delante para salir de la desesperación, del sufrimiento.
- Empujón hacia abajo: Es mirar a la tierra, a la ecología y preguntarnos ¿Qué estamos haciendo con la tierra que Dios ha creado para todos? No podemos aceptar el desequilibrio de la naturaleza, la apropiación de las materias primas, la destrucción del mundo que Dios ha creado.
Necesitamos recuperar la dignidad de la creación, de todos los habitats de la naturaleza.
- Empujón hacia arriba: Hacia la santidad. Este empujón es transversal a todos los otros empujones, este empujón está dentro de nosotros porque surge del hombre nuevo nacido del Espíritu que habita en nosotros, que nos hace crecer desde dentro a imagen de Cristo.
Los comentarios a esta ponencia vinieron de las palabras del P. Vito del Prette, quien recalcó que Pentecostés es un nuevo inicio, una nueva presencia de Cristo que llama a la Iglesia a ser servidora; estamos llamados a ser menos maestros y más testigos en América, continente lleno de riquezas, pero también con mayor desigualdad y exclusión.
Por su parte, la hermana Lucy Villa hizo referencia a la presencia del Espíritu en todos los ámbitos de la vida, sobre todo en la realidad femenina y entre los pobres.
Acabó la mañana con el testimonio del P. Alberto Correa, quien nos informó de que desde su diócesis de Sonsón Rio Negro (Colombia) se ha enviado a 182 sacerdotes a la misión ad gentes.
Por la tarde continuamos el trabajo en los foros. En el de la misión ad gentes el Obispo de Esmeraldas (Ecuador) nos invitó al encuentro con los pobres para hablar de ellos, no con la boca, sino con el corazón, sobre todo de aquéllos que viven en la precariedad y no tienen oportunidades, descubriendo la experiencia de un Dios que es Padre y que apuesta por la vida y sigue apostando por los que no cuentan. Este encuentro con los pobres va acompañado por los esfuerzos para cambiar su situación. Hace falta una conversión a todos los niveles; hace falta pasar de un esperar inactivo a buscar algo nuevo, lleno de alegría, llevar la sonrisa de Dios a los excluidos de la tierra.
Como conclusión del foro descubrimos que la misión ad gentes es la expresión más alta del amor fraterno: desde los pobres vivimos la misión y a los pobres anunciamos el Evangelio.
Al finalizar este día nuestras familias quiteñas nos esperaban en las diferentes parroquias para un encuentro fraterno y solidario durante el que pudimos apreciar una vez más la acogida de las comunidades.


El día 15 de agosto comenzamos el congreso con la oración, preparada esta vez por los hermanos brasileños, quienes a través de sus cantos y sus oraciones nos ayudaron a dirigirnos al Dios de la vida.
Ese día estuvo dedicado al continente de América Latina y tuvo como tema de fondo el anuncio.
Monseñor Erwin Kläutler, obispo de Xingu (Brasil), una de las Diócesis en la que trabajamos los misioneros javerianos, trató el tema “Comunidad misionera para la humanidad”.
Comenzó su intervención sobre la naturaleza de la misión, su importancia y su incidencia en toda la pastoral y la teología. La misión está dirigida a todos, sin excluir a nadie del proyecto de Jesús: el Reino de Dios.
La naturaleza de la misión ha sido a veces oscurecida porque el poder ha querido transformar la misión en ideología y neutralizar la presencia de la Iglesia entre los pobres, cuya existencia denuncia la violación de sus derechos y culturas por los respectivos regímenes.
La misión surge desde la misma vida de Jesús, el enviado del Padre, y se hace realidad en el envío misionero de Jesús a sus discípulos.
Así la Iglesia se convierte en misionera con dos movimientos: envío a la periferia del mundo y convocatoria a partir de la periferia para la liberación del centro. Desde el Reino se propone un mundo sin periferia y sin centro.
Hoy el compromiso misionero no huye de la realidad del sufrimiento y de los pobres victimas de las grandes crisis de nuestro tiempo: crisis del modelo económico, crisis social, crisis ecológica, crisis cultural y crisis democrática, con los respectivos problemas que estas crisis traen consigo, y las posibles soluciones que cada país está llamado a aplicar. Se han buscado algunos nuevos modelos para dar una respuesta a estos problemas, pero también esos modelos entran en crisis de vez en cuando.
Pero no nos podemos resignar, es imprescindible crear una alternativa a los graves problemas de la humanidad porque otro mundo es posible. Para ello nuestra respuesta y nuestro compromiso tienen que partir desde una universalidad contextualizada, desde una apuesta por la causa de los pobres construyendo con ellos un proyecto común, desde la unidad y a la vez el respeto a la diversidad en todos sus niveles, desde la gratuidad y desde la esperanza.
En concreto a América Latina le toca optar entre diferentes alternativas:
- mostrarse amedrentada y enterrar los muchos talentos recibidos;
- insertarse en el sistema capitalista y proponer pequeñas memorias;
- intervenir con señales de justicia en el mundo y lanzar las semillas del Reino.
La Iglesia latinoamericana reunida recientemente en Aparecida (Brasil) asumió esta última alternativa, es decir, la de la intervención y la ruptura como servicio a los pobres. Prometió no ser sólo abogada de los pobres, sino su casa. Como casa de los pobres, la Iglesia será casa de esperanza.
Tras las reflexiones de las personas que continuaron sacando algunas conclusiones pasamos al testimonio de los misioneros.
Por la tarde, los participantes al foro de la misión ad gentes dimos nuestra respuesta a esta pregunta: ¿Qué propuestas prácticas necesitamos para elaborar el proyecto misión ad gentes en y desde el continente? Esa respuesta nuestra fue tomada en cuenta más tarde a la hora de establecer las conclusiones del CAM 3.


Después de estas jornadas, llegó el momento de anunciar lo que había significado para cada uno de los participantes este congreso. Por eso, el sábado lo dedicamos a compartir con las comunidades parroquiales que nos acogieron la experiencia misionera. Concluimos nuestro encuentro con una Eucaristía, y un compartir fraterno y festivo.
El último día, domingo, lo dedicamos al envío y al anuncio de la misión continental permanente en América. En la celebración se envió a algunos misioneros/as que en los próximos años trabajarán en otros lugares fuera de su tierra. El hecho más significativo fue el envío de un equipo misionero formado por religiosos/as, sacerdotes y laicos del vicariato apostólico de Sucumbíos (Ecuador) que parte, acompañado por la insistencia y la animación de su Obispo, a la misión de China. Todo un testimonio de este CAM 3, claro ejemplo de que nuestras comunidades están dispuestas a ir más allá de sus fronteras.
Al mismo tiempo se lanzó el envío a la Gran Misión Continental, que como dijo Monseñor Luis Augusto Castro, es una gran misión en el continente, pero sobre todo desde el continente para el mundo entero porque sigue teniendo vigencia el proyecto misionero ad gentes.
Acabamos este congreso misionero americano agradeciendo a la ciudad, a las parroquias y a las familias de Quito su hospitalidad y acogida fraternas, valores genuinos y comunes de nuestra América Latina.
Y ya desde ahora nos vamos preparando para celebrar Dios mediante en el año 2.012 el próximo CAM 4 –COMLA 9 en Maracaibo (Venezuela).

[p. Iñaki Larrea Mugica sx]



MÁS INFORMACIÓN: www.cam3ecuador.org