¿Qué es la vocación?
La vocación es la llamada de Dios. Dios nos llama a una vida plenamente feliz en la entrega y en el servicio a los demás. Dios nos ha creado a cada uno de nosotros. Ahí ya tenemos una primera llamada, la llamada a la vida.
La segunda llamada es a descubrir que no somos Dios. Somos creación suya, creados a su imagen y semejanza, libres… y a la vez limitados. Nuestra condición humana tiene una serie de riquezas y de condicionamientos que están ahí y que nos corresponde aceptar.
La tercera llamada es a descubrir quienes somos, porque cada uno tenemos una identidad específica, única, y a partir de ella nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.
Una nueva llamada es a descubrir la unidad de nuestro propio ser a pesar de los distintas actividades, de los distintos lugares en que nos toca estar, de los sentimientos a veces contradictorios… y a encontrar en el centro de nuestro ser la presencia de Dios.
Y todo esto, ¿para qué? Para que vivamos en la fecundidad y el don, para que seamos vida para los demás y vivamos nosotros mismos la felicidad. Claro, todas estas llamadas están interrelacionadas. Respondiendo a unas nos topamos con las otras. Reconocer y responder a estas llamadas es fruto de un largo proceso, de saber discernir y leer los signos que Dios nos va colocando en el camino, y también de saber reconocer nuestros errores y dar marcha atrás cuando hemos tomado el camino que no nos corresponde.
Lo que ahora sigue se va a referir a una vocación determinada, la que a nosotros nos anima y que es la vocación misionera.