Testimonio



Miguel Taboada Tabuenca, misionero javeriano natural de Zaragoza, contesta a unas preguntas :


1 - ¿Qué es para ti la vocación misionera?
Es una llamada de Dios para compartir lo mejor de nuestra vida con los demás, un hormigueo del corazón que no te permite comodidades, que te roe las entrañas para caminar por los caminos marcados por Jesús: pasión por la justicia, la bondad, el perdón. Una persona que, enamorada perdidamente de la causa de Dios, descubre un tesoro y su vida cambia radicalmente; todo tiene un perfume distinto. Una invitación, un desafío, una aventura difícil, pero apasionante y siempre más generadora de felicidad de la buena.


2 - ¿Qué ha significado para ti esta experiencia en Brasil? ¿Qué tiene para ti de novedad?
Mi pequeña experiencia en Brasil (tengo 33 años y vivo aquí desde Junio) es como un volver a nacer, una escuela intensiva de AMOR DE DIOS. Mis mejores maestros han sido algunos brasileños y brasileñas empobrecidos, angustiados, humillados por el sistema que gobierna el mundo. Si estamos atentos y con expectativa, cada rostro humano se convierte en una novedad, un encuentro con Jesús que te provoca y te mueve el corazón. Una familia, por ejemplo, me abrió las puertas de su casa durante una semana, sin conocerme de nada, y después de media hora comenzaron a caer barreras hasta llegar a tener una amistad preciosa, transparente, sencilla y tierna, muy tierna. Los brasileños son gente supercariñosa.


3 - Como San Francisco Javier, ¿Qué les dirías tú a los jóvenes de hoy?
A mí también me entran ganas, como a Javier, de volver al campus universitario donde estudié y gritar como un loco para provocar una respuesta. Tenemos que reconocer que medio mundo está muriendo de hambre y sed por nuestra indiferencia. Nuestra conciencia está tranquila, creemos que no es culpa nuestra: ¡¡¡no es verdad!!! El pecado más grande es social, y sin la conversión de cada individuo habrá siempre más empobrecidos en el mundo. En mi caso, que conocí a Jesucristo y mi vida gira en torno a Él, la cosa es todavía más urgente: hacer del mundo una familia. La Iglesia católica se resquebraja y sin los jóvenes tenemos menos futuro que una bolsa de caramelos en la puerta de un colegio. La tentación de tirar la toalla es muy fácil: hay que luchar enérgicamente para encontrar otros jóvenes que sueñan en nuestra misma onda.


4 - ¿Qué retos plantea la misión al joven?
El reto para el joven y para cualquiera que se propone seguir a Jesús es fascinante: entregar la vida hasta la última gota de sangre. Con ejemplos más claros: amor para siempre, lucha por ideales inmensos y muchas veces vertiginosos, ir contracorriente, denunciar públicamente la injusticia social, elegir la moda que no es moda... Ser cristiano es ser minoría, por muchos aspectos ser incomprendido, posible sujeto de burlas. Solidaridad hasta el extremo, es un reto que vale la pena.


5 - ¿Quieres resaltar algo especial de la figura de San Francisco Javier?
Su confianza en Dios. Era una persona des-centrada, pues su centro estaba fuera de sí, o mejor dicho, más íntimo que su propio interior: todo para Dios. Atravesó muchas dificultades y peligros legendarios; dormía poquísimas horas porque consideraba urgente el servicio a su Señor; sus colegas y amigos lo describen como una persona alegre, que “ríe y al mismo tiempo nunca ríe”. Ríe porque es feliz, dicharachero, jovial. No ríe porque vive preocupado y dolorido por el dolor de las personas que encuentra sin esperanza. Justamente como el Cristo sonriente del Castillo de Javier. Quizás porque en sus primeros 19 años de vida Francisco creció y se robusteció al lado de este crucifijo de belleza incalculable. ¿Habéis visto alguna vez un Cristo que sonríe? Vale la pena visitar el castillo para darse cuenta: dar la vida por una causa bonita produce mucha alegría.