El prisionero por Cristo



- En nuestro habitual espacio de entrevistas contamos hoy con alguien poco común, un incansable viajero que realizó grandes cambios en su vida.

- Sí, yo perseguía a los cristianos (Gálatas 1,11-16), pero ahora considero toda mi vida pasada como pérdida desde que conocí a Cristo (Filipenses 3,7-9).

- Se calcula que usted ha recorrido 15.000 Km. con medios de transporte bastante precarios.

- Tres veces padecí naufragios. Un día y una noche los pasé entre la vida y la muerte en medio de las olas del mar. Me encontré ante muchos otros peligros de ríos, ladrones, falsos hermanos… (2 Corintios 11,24-27).

- ¿No ha pasado miedo ante tantos peligros?

- Todo lo puedo en Aquel que me fortalece (Filipenses 4,13). Así completo en mí lo que falta a los sufrimientos de Cristo (Colosenses 1,24). Por su causa sufro, pero no me avergüenzo porque sé de quién me he fiado (2 Timoteo 1,12). De hecho yo me presentaba en cada lugar débil y tembloroso (1 Corintios 2,3), sabiendo que el tesoro de la predicación de Cristo Jesús lo llevaba en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria viene de Dios (2 Corintios 4,7).

- Usted ha dedicado su vida al bien de los demás y se ha volcado en el anuncio del evangelio.

- La caridad de Cristo me apremia para que ya no viva para mí mismo, sino para Dios, que por nosotros murió y resucitó (2 Corintios 5,14-15). Y de hecho a las personas que encontré hubiese querido dar, no sólo el evangelio de Jesucristo, sino hasta mi propia vida (1 Tesalonicenses 1,8), porque para mí la vida es Cristo (Filipenses 1,21).

- ¿Cree que ha merecido la pena tanto esfuerzo?

- Me he portado en este mundo con la santidad y sinceridad que Dios da (2 Corintios 1,12). Yo he terminado mi carrera, siempre fiel a la fe. Ahora espero la corona que el Señor me concederá (2 Timoteo 4,6-8).

- La última pregunta tendría que haber sido la primera: ¿cómo se llama usted?

- Me llamo Saulo, aunque me conocen más como Pablo, y soy natural de Tarso.