14 KILOMETROS
Dirección y guión: Gerardo Olivares.
País: España.
Año: 2007.
Duración: 95 min.
Género: Drama.
Interpretación: Adoum Moussa, Illiassou Mahamadou Alzouma, Aminata Kanta.
Producción: José María Morales.
Música: Santi Vega.
Fotografía: Alberto Moro.
Montaje: Raquel Torres.
Estreno en España: 5 Diciembre 2007
SINOPSIS
Políticos y sociólogos coinciden en que la inmigración es el mayor problema al que Occidente deberá enfrentarse en el siglo XXI. En África hay millones de personas cuyo único objetivo es entrar en Europa porque el hambre no entiende de fronteras ni de barreras. De la mano de Buba Kanou, Violeta Sunny y Mukela Kanou, conoceremos un poquito más sobre la realidad de África y, junto a ellos, emprenderemos un peligroso y largo viaje hacia Europa, atravesando Mali, Níger, Argelia y Marruecos.
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Catorce kilómetros es la distancia que separa África de Europa, pero también es la barrera que separa los sueños de millones de africanos que ven en Occidente su única salida para escapar del hambre y de la miseria.
De la mano de tres jóvenes africanos -Violeta, Buba y Mukela- recorreremos un largo y peligroso viaje a través del Sahara para conocer lo que nunca enseñan los medios de comunicación. Las repetidas imágenes en televisión de cayucos llegando a las costas de Canarias han acabado por insensibilizarnos ante un drama que solo muestra la punta del iceberg. Esas imágenes de rostros exhaustos dan buena fe de la dureza del viaje, un viaje que tiene su origen a miles de kilómetros de distancia y que puede durar años. Y esto es lo que pretende "14 kilómetros".
Esta película quiere ser un homenaje a los que triunfaron y a los que fracasaron, a los que viven y a los que murieron en el empeño.
Políticos y sociólogos coinciden en que la inmigración es el mayor problema al que Occidente deberá enfrentarse en el siglo XXI. En África hay millones de personas cuyo único objetivo es entrar en Europa porque el hambre no entiende de fronteras ni de barreras. De la mano de los 3 jóvenes conoceremos un poquito más sobre la realidad de África y, junto a ellos, emprenderemos un peligroso y largo viaje hacia Europa, atravesando Mali, Níger, Argelia y Marruecos.
Efectiva representación, entre el documento y la ficción, del fenómeno de las pateras
El espacio físico que separa África de Europa es tan solo de unos pocos kilómetros, exactamente catorce, distancia inversamente proporcional a las diferencias políticas, sociales y económicas entre ambos continentes; por ello, cada año miles de africanos subsaharianos intentan emigrar clandestinamente a la dorada sociedad del bienestar, largo trayecto, cara e incierta aventura en la que muchos jóvenes intrépidos encuentran la muerte. Lamentable odisea, por muchos y diferentes motivos, diariamente presente en nuestros informativos, pero que no suele despertar como merece la atención del cine, a pesar de que otros acontecimientos menos imparables y determinantes y, desde luego más lejanos, sí lo consiguen.
Ahora, gracias al interés de Gerardo Olivares, se ofrece a nuestra mirada el camino que han de recorrer los africanos hasta ponerse a tiro de piedra de la soñada Europa. Los avatares de un complejo itinerario que narra el largo, duro y complicado viaje a través de Malí, Níger, Argelia y Marruecos, hasta llegar a la deseada patera y tras vencer los definitivos y finales 14 kilómetros –título del filme-, llegar a la costa española, para ellos la puerta de Europa.
La narración fílmica, tras presentarnos la vida y el entorno de los protagonistas, sus razones para enfrascarse en la peligrosa y esperanzadora aventura, nos mostrará las complicaciones que encierra el viaje, la supeditación a las mafias que lo organizan, lo que no implica estar a salvo de la inseguridad, las incertidumbres que suponen las distintas fronteras que deberán burlar, impedimentos que, como otros, deberán superar alimentados por la ilusión que no entiende de fronteras.
Los escenarios naturales donde se dan cita el documento y la ficción, una fotografía luminosa con estilo propio, la complicidad de su efectiva banda sonora y unos actores no profesionales, como la acertada dirección, ayudan a la credibilidad de la realidad planteada, lo que no ocurre siempre en este tipo de empeños, en este filme que destila sinceridad, al tiempo que entretiene e ilustra sobre uno de los más importantes desafíos con que se enfrenta la rica (por el momento) y cada vez más vieja Europa.
PERDIDOS EN EL SAHARA
El director ha pretendido acercarse a la realidad del continente africano y recoger con su cámara la visión distorsionada que sus gentes tienen de Europa, sus sueños por escapar del hambre o la enfermedad, y también mostrar las penalidades e infortunios que su larga travesía a través del desierto supone, antes incluso de subirse a los cayucos y cruzar esos 14 kilómetros que separan África de Europa. En esa aproximación a la realidad, Olivares ha querido filmar espacios naturales y trabajar con actores no profesionales del lugar, en una especie de “docudrama” en el que se reprodujera la historia de las 600.000 personas que cada año emprenden ese viaje clandestino. Representándolos a todos, Buba Kanou, Violeta Sunny y Mukela Kanou inician una odisea desde Níger hasta el territorio de los Tuareg, atravesando después el desierto del Teneré —con una dureza y peligros inimaginables, según Olivares—, o teniendo que sortear los puestos fronterizos entre Argelia y Marruecos —corrupción y mafias con red de prostitución incluidas—, antes de llegar al estrecho de Gibraltar y otear un mundo nuevo en el horizonte.
La historia en sí misma tiene fuerza, y es indudable el conocimiento directo de la cuestión que tiene Olivares, así como sus buenas y solidarias intenciones. También tenemos que reconocer su buen hacer con la cámara, logrando panorámicas de gran belleza gracias a una cuidada planificación (según Olivares, bastaba con «abrir el objetivo» para recoger lo que África tiene, sin intervenir en su naturaleza primigenia). La música también es extraída de la cultura africana, mientras que la fotografía pasa de los colores vivos que impregnan las primeras etapas del viaje a los tonos oscuros y de menor resolución de la fase final, como si se quisiera trasmitir una depreciación de ese “sueño europeo” al toparse con la cruda realidad. Pero precisamente en esa estilizada, cuidada, bella, artística puesta en escena... es donde se encuentra la mayor contradicción de esta cinta social. Porque la historia está trazada a modo de crónica televisiva, con unos actores que se esfuerzan por dar credibilidad a las trabas y desencuentros del viaje, al desencanto ante un improbable final feliz, pero a los que les falta oficio interpretativo —y también dirección por parte del director—, y no llegan a trasmitir la tensión emocional esperada. Parece que Olivares hubiera traicionado la realidad rodada con el posterior trabajo de postproducción, embelleciéndola, adulterándola.
Por eso, la historia se queda en una narración correctamente contada —con alguna licencia con que la ficción traiciona al documental para darle unas causalidades más que improbables—, que no arranca demasiados momentos emotivos ni dramáticos a pesar de lo que se nos cuenta, y que hace pensar más en un encargo de la National Geographic en busca de bellas estampas, o de la misma ONU en un plan de sensibilización sobre la inmigración.
Nos encontramos pues ante un trabajo muy digno que sin pretender ejemplarizar ni moralizar en ningún caso nos muestra parte de esa realidad que subyace a los cayucos y que no aparece en la televisión, en lo que yo entiendo como una invitación a la reflexión profunda dejando a un lado el paternalismo y el “buenismo” del que pretenden hacer gala algunos bienintencionados.
E incluso se atisban tímidamente otras alternativas al falso paraíso prometido, haciéndonos partícipes de la filosofía de vida tuareg, donde la solución nunca pasa por abandonar la tierra que les vio nacer.