MOOLAADÉ
De Ousmane Sembene. 2004
Origen: Senegal y Francia
Duración: 117 min.
Género: Drama
Sinopsis
Collé
Ardo, la segunda esposa de un hombre de poco carácter, todavía se resiente de
los efectos de la purificación o ablación que sufrió de niña vive en un pueblo
africano. Hace siete años, no permitió que su hija su tercera hija, la única que
ha sobrevivido, fuera sometida al ritual por el que debe pasar toda mujer si
quiere casarse, la ablación, una práctica que le parece una barbarie.
Hoy, varias niñas y adolescentes deben pasar por el ritual pero seis de ellas escapan. Dos se van a la ciudad y las otras cuatro evocan la "moolaade" (protección) de Colle cuyo marido está de viaje. Colle acoge a las jóvenes en su casa dividiendo así a la comunidad entre dos poderosos valores tradicionales. Por una parte, los defensores de la ablación (la salindé) empeñados en celebrar el ritual a toda costa y, por otra, el respeto a la sagrada protección, el derecho de asilo (el moolaadé), que no se levantará mientras Colle no pronuncie las palabras rituales.
Amsatou (Salimata Traoré), la hija de Collé, ya está en edad de casarse y la pretende el hijo del jefe del pueblo, un hombre de negocios de ideas liberales que divide su tiempo entre París y la aldea. Está a punto de llegar y deberá decidir si se une a los seguidores de la protección, algunas madres y unos pocos hombres más abiertos que el resto, o si apoya a su padre y a los demás ancianos. Hasta la fecha, ningún hombre se ha atrevido a casarse con una mujer no purificada.
Entrevista con Ousman Sembene.
MOOLAADÉ, su última película, trata del rechazo a la ablación. El personaje principal, Collé Ardo, combate esta práctica. Sin embargo, Fatoumata Coulibaly, la actriz que la interpreta, no parece del todo convencida.
Son las contradicciones del ser humano. Ella misma fue sometida al ritual. En Senegal y en Burkina Faso existen leyes contra la ablación, pero no es el caso en Malí. Me dijo que en su país, jamás se toca el tema en televisión. Por eso quiero presentar esta película en Malí. Cuando rodé Faat Kiné en 1999, una película dedicada a las mujeres, organicé debates a pesar de estar convencido de que los hombres me partirían la cara. Pero no fue así. Este cambio, iniciado por las mujeres universitarias, es muy reciente. Los hombres no hablan de la ablación. Los africanos son un pueblo muy púdico, a pesar de ir desnudos. El pudor está en la forma de mirar, en lo que no debe oírse. Cuando Collé Ardo se dirige a los hombres, les hace entender que es “ahora o nunca”. No va de “incendiaria”. Aguanta hasta el momento en que decide que debe cambiar. Los africanos son muy fatalistas: la mujer que entrega su hija a la madre cuya niña ha fallecido por culpa de la ablación sella algo muy profundo.
Hay dos palabras clave para comprender su última película, “moolaadé” y “salindé”, ¿puede explicárnoslas?
“Moolaadé” es una vieja palabra “pulaar” cuyo equivalente existe en “mandinga” y en “wolof”. Expresa la noción de derecho de asilo. El “moolaadé” es la protección que se da a alguien que huye. Se nos ha transmitido por tradición oral a través de los cuentos, las historias, las leyendas y los enigmas que se cuentan de generación en generación. En la película, unas niñas a punto de pasar por el ritual de la ablación piden ayuda a Collé Ardo, conocida por su rechazo a la práctica ancestral.
El “moolaadé” es una convención oral
con valor jurídico reconocida por todos desde tiempos inmemoriales. Sus reglas,
leyes y decretos están grabados para siempre en la conciencia. Portador de
presagios funestos, ningún hombre, mujer o niño se atreve a ignorarlo. Sólo el
castigo público del poseedor del “moolaadé” permite alejar la amenaza.
El primero en transgredir el “moolaadé” fue el rey Yerim Dethle Kode Ndiak. A
pesar del poder que tenía, sus súbditos se rebelaron y le mataron. En su tumba
se plantó un brote. Éste, al crecer, se convirtió en un árbol con el tronco
retorcido y las ramas atormentadas. El recuerdo del árbol sigue vivo en nuestras
mentes.
En cuanto a “salindé” es una palabra “sarakolé” o “mandinga” que significa la ablación de las niñas para purificarlas. Es una ceremonia ritual muy anclada en las costumbres. La “salindé” es un gran acontecimiento en la vida de una mujer y suele tener lugar a los siete años, bajo la mirada condescendiente de los hombres. Nada es bastante bonito ni bastante caro para la fiesta que se celebrará para la ocasión. Durante las dos semanas que preceden a la entrada en el bosque sagrado, las madres y las tías preparan psicológicamente a las niñas para que aguanten el dolor sin gritar, sin quejarse. Deben controlar y dominar la mordedura viva y abrasadora del cuchillo. Si puede con el dolor, la joven demostrará que de mujer sabrá sobreponerse a los tormentos y las aflicciones de la existencia. Al contrario, una niña que no ha pasado por la ablación es una “bilakoro” (en malinke), es impura y no puede casarse.
La “salindé” coloca a la niña al
nivel de esposa. Alcanza la cima de la honorabilidad, entra en el círculo de las
madres colmadas, la eleva al rango de “realeza”.
La mujer que ha pasado por la ablación simboliza la pureza. Es un honor para su
marido, para su familia. La “salindé” permite a los hombres controlar la
fidelidad y la sexualidad de sus mujeres. Personalmente, creo firmemente que
debe abolirse la práctica de la ablación. Siempre lo he pensado. Y más aún hoy
en día con el avance del sida.
Usa palabras “mandinga”, “wolof”, “sarakolé” y “pulaar”. ¿Significa eso que
el tema de la película va más allá de las fronteras de Senegal?
Acabamos de entrar en el siglo XXI y las mutilaciones genitales femeninas siguen vigentes en más de veinticinco países africanos repartidos en el este, norte, oeste y sur del continente entre los cincuenta y cuatro miembros de la OUA reconocidos por la ONU. El ritual de la “salindé” es más antiguo que los tres libros sagrados: el Talmud, la Biblia y el Corán. Creo que Herodoto fue el primero en mencionar la práctica de la ablación. Según Cheikh Anta Diop, la ablación procedería del Egipto de los faraones y se habría extendido por el África negra.
Según algunos, la ablación es un asunto del que sólo se ocupan las mujeres. Sin embargo, su película indica lo contrario, demuestra hasta qué punto la dominación masculina está en juego.
La muerte de tres niñas como
consecuencia de la “salindé” hace que las madres se replanteen el problema. Los
hombres intervienen a pesar de haber considerado hasta entonces la “salindé”
como un tema secundario, doméstico, reservado a las mujeres.
Nada igual había ocurrido antes y no les queda más remedio que preguntarse cómo
unas madres, unas hijas que nunca han salido del pueblo pueden rebelarse hasta
el punto de rechazar la “salindé” y pedir la protección del “moolaadé”.
¿ Qué lugar ocupa la película MOOLAADÉ en su obra?
MOOLAADÉ es parte de un tríptico consagrado al heroísmo de la vida cotidiana en el África actual. Viene después de Faat Kiné y precede a La confrérie des rats (La cofradía de las ratas) de la que acabo de terminar el guión. La acción de la tercera entrega de este tríptico tendrá lugar en un universo urbano y tratará de la corrupción.
MOOLAADÉ se rodó íntegramente en Burkina Faso. ¿Lo prefería así o era por razones de producción?
Recorrí la mitad de Senegal y buena parte de Malí antes de ir a Burkina Faso. Y allí, a unos cuatrocientos kilómetros de Ouagadougou, encontré, escondido al pie de una cadena de montañas, el pueblo que necesitaba. Es un pueblo rodeado por una pantalla verde que simboliza, en cierto modo, el universo mandinga que quería recrear. No está lejos de Malí ni de Costa de Marfil. Es una zona donde conviven numerosas culturas. La arquitectura es precolonial. La mezquita, por ejemplo, no se parece a una mezquita musulmana tradicional. No es de la misma inspiración. De hecho, los habitantes no son los descendientes de los fundadores del pueblo. Sus antepasados huían de las guerras y decidieron instalarse y convivir allí a pesar de pertenecer a tres etnias diferentes.
La película acaba con un plano de una mezquita y su minarete coronado por una antena de televisión. ¿Qué intenta decirnos?
Tradicionalmente, los minaretes acaban con una bola, un huevo de avestruz. El huevo simboliza la vida, pero ahora ya no hay avestruces. La antena de televisión dice claramente que África no puede quedarse replegada sobre sí misma. Debe abrirse al futuro. Debemos cambiar de comportamiento, pero nosotros debemos decidir para nosotros.
«En África siempre es hoy o nunca. Nada está planeado. En este momento, las mujeres evolucionan hacia la liberación, dejando atrás las obligaciones impuestas por la sociedad. Pero los gobiernos no ofrecen proyectos a la sociedad, y la gente se deja seducir por el liberalismo a ultranza en el que no tiene cabida la cultura. África imita a Francia y va hacia atrás. Por eso insisto en que debemos mirarnos. Como todos los pueblos de este planeta, tenemos fuerza y cualidades. No debemos alejarnos del mundo.
Debemos rehusar vivir en una autarquía, pero sabiendo lo que es bueno para nosotros y llevarlo a cabo». Ousmane Sembene.
Buena para promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer.
"Es una película valiente, una denuncia con un tono poco habitual en Occidente, lo que contribuye a hacerla todavía más atractiva, y que supone un paso importante en un cine africano casi inexistente, del que apenas nos llegan películas. Desde la perspectiva europea no se puede decir que sea una soflema feminista, pero es innegable su condición de alegato a favor de una sociedad africana más justa y con menos violencia contra las mujeres”.