NATURALEZA MUERTA
La presa de las Tres Gargantas objeto de una magistral crítica hacia las construcciones megalómanas
T.O.: Sanxia haoren.
P: Xu Pengle, Wang Tianyun, Zhu Jiong (Hong Kong, China, 2006).
G: Jia Zhang-ke, Sun Jianmin, Guan Na.
D: Jia Zhang-ke
F: Yu Likwai
M: Lim Giong
Mon: Khung Jinlei.
I: Tao Zhao (Shen Hong), Sanming Han (Han Sanming), Zhubin Li,
Estreno: 24-8-2007.
Dur: 108 min.
Sinopsis
Fengjie es una de las ciudades más antiguas de China. Muy cerca de allí, se está levantando la presa de las Tres Gargantas del río Yangtsé, con 2,3 km de largo y una profundidad máxima de 185 metros, un proyecto hidroeléctrico que ha provocado la desaparición de pueblos enteros.
La película narra dos historias paralelas, en un mismo tiempo y desarrollada a lo largo de aproximadamente un año. Han Sanming es un minero que lleva 16 años sin ver a su mujer cuando decide volver a la población de Fengjie para reencontrarse con ella y con su hija adolescente a la que no conoce. Shen Hong es una enfermera que viaja a la misma localidad anegada por las aguas en busca de su marido que la abandonó hace dos años. Son dos historias de personajes desubicados, en una búsqueda imposible por recomponer su pasado. Mientras la Naturaleza se debate entre el pasado y el presente, las dos parejas tendrán que decidir su futuro.
Ganadora del León de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de Venecia 2006, "Naturaleza muerta" es la compañera de ficción del documental "Dong". En ambas creaciones Jia Zhang-ke se ocupa del proyecto de las Tres Gargantas, una gran obra que ha modificado para siempre el paisaje y el modo de vida de las poblaciones colindantes al río Yangtsé. Tras "Plataforma" y "El mundo", el realizador chino ha querido retratar la situación actual de la ciudad milenaria de Fengjie. Las obras han provocado el desplazamiento de sus habitantes y muchas de sus construcciones han sido demolidas o sacrificadas por las aguas.
En un panorama para la desesperación, Jia Zhang-ke ha ambientado dos historias humanas donde aún hay espacio para la esperanza.
Crítica
En calidad de arqueólogo de un inconsciente colectivo declinante, Jia Zhangke perfila en su última obra el desencanto, de una China de recuerdos anegados bajo el agua y un modelo estajanovista de progreso, que encuentra eco en el paisaje mortecino de una ciudad engullida por el agua, de refugiados infraestructurales que asisten a la abducción de lo que fueron una vez en el hormigón faraónico de la modernidad, el esqueleto desestructural de la mastodóntica Presa de las Tres Gargantas. Esta historia ilustra, en pequeña, la pesadilla de un mundo en transición que no tiene tiempo para recoger los escombros que los artilugios de demolición dejan a su arrollador paso.
El director tiene una honda preocupación por el momento presente y por los cambios sociales que se suceden a velocidad de vértigo en una China inmovilista en su política pero no así en su apertura económica. El carácter urbano de muchas de sus películas es constante, tanto si está presente como si está elidido pero, sobre todo, la búsqueda del retrato de aquello que en un momento es, pero que pronto dejará de ser, es el vértice de la estupenda Naturaleza muerta, película cuyo espacio geográfico abarca la construcción del pantano de las Tres Gargantas y cuya geografía humana la componen tanto los trabajadores en la región, como aquellos desplazados, más de 1 millón, que han perdido su geografía, el mundo en que vivían -ciudades milenarias algunas- engullidos por las tareas de destrucción de pueblos y ciudades para construir el citado pantano.
Allí donde la mayoría de las películas buscan respuestas, trazando una historia fuerte que atrape al espectador desde el primer momento, como sucedía en los cineastas de su anterior generación, el director chino prefiere una narración suave, donde nada aparezca remarcado, en donde los detalles cobren importancia, incluidos aquellos de difícil explicación, porque son estos los que dan coherencia a la escritura cinematográfica, al desarrollo ambiental de esta película. Jia Zhang-ke huye de los subrayados, aborrece la propaganda, es un estilista que consigue en un alarde equilibrista ofrecer un puñado de personajes y situaciones prácticamente autónomas, conviviendo lenguas y acentos dispares, pero perfectamente coherentes para ofrecer un mapa primoroso, poderoso y nada complaciente con la construcción del pantano y de la realidad de una sociedad china que aparece suspendida en el vacío.
El personaje de Han Sanming representa una enorme incógnita -¿qué habrá hecho en esos 16 años, para desconocer absolutamente la construcción de tamaño pantano? Su camino recorre aquellos lugares en donde trabajadores y los últimos habitantes perviven. Shen Hong es una mujer, más joven que Han, que sí parece ser más consciente de saber donde se encuentra. Con ella observamos la otra cara, la de aquellas personas que festejan como un hito la construcción de uno de los puentes que cruzan parte de las Tres Gargantas.
El título de Naturaleza muerta refleja a la perfección la esencia de la película de Jia Xhang-ke, el retrato de unos momentos efímeros presentes, el rastrojo de las hojas caídas en otoño que pronto se las llevará el viento; esos momentos son los que busca Zhang-ke en detrimento de la narración, y es el propio espectador el que asiste a esas pinceladas y con mayor o menor fortuna los hila. Por eso son frecuentes la aparición de objetos cotidianos, incluidos los cigarrillos, el licor, el té y el tofu, que el director remarca mediante un letrero, que cohabitan con obreros que trabajan incansables para que los edificios caigan, personas que están todas de paso, en equilibrio, como el último plano de la película.