La historia continua

A la muerte de Guido Conforti, los javerianos eran un centenar y su trabajo misionero se desarrollaba en China. Continuaban el sueño de Javier: lograr que Cristo fuese conocido en aquel inmenso país. Cada año se añadían nuevos misioneros, se les conocía como los misioneros de China y se pensaba que aquella sería para siempre su misión.

Pero las circunstancias, en las que Dios siempre se manifiesta, dispusieron las cosas de modo distinto. Entre los años 1951 y 1954 todos los misioneros javerianos fueron expulsados de China por el régimen comunista. Como una planta podada, la Familia Javeriana no murió, se extendió por el mundo. En los años cincuenta, los Misioneros Javerianos fueron mandados al Japón, Bangla Desh, Indonesia, Brasil y Sierra Leona. Poco después el campo de acción se extendió a R.D. Congo, Burundi, Méjico y Colombia. Luego vinieron las misiones de Camerún, Chad, Taiwán y Filipinas.

Actualmente los Misioneros Javerianos son alrededor de 900, provenientes de varias naciones: España, Italia, Oran Bretaña, Estados Unidos, Brasil, Méjico, Zaire, Indonesia... y su carisma en la Iglesia es el que les dejó Guido María Conforti: "Ser una familia de hermanos dedicados de por vida a anunciar el Evangelio a los pueblos que aún no lo conocen, con especial predilección por los más pobres y marginados".

El 17 de Marzo de 1996, la basílica de S. Pedro de Roma estaba a rebosar: el Santo Padre Juan Pablo II declaraba beato a Guido María Conforti junto con otro gran obispo misionero, Daniel Comboni.

Si esta basílica romana es siempre un lugar universal, en el que se hacen presentes los diferentes pueblos de la tierra, en esta ocasión lo fue en mayor medida. La presencia de chinos, japoneses, indonesios, Congoleños, bengalíes, sudaneses, burundeses, cameruneses, colombianos, brasileños, mejicanos... muchos de ellos con sus trajes tradicionales, fue una muestra de la acción misionera que los Misioneros Javerianos, continuadores de la obra de Conforti, realizan en el mundo.

Durante la homilía el Santo Padre, Juan Pablo II, dijo:

"Conducir a la humanidad hacia la luz de la vida eterna, siguiendo el ejemplo luminoso del Buen Pastor; ha sido el gran objetivo de estos generosos apóstoles del Evangelio.

La misión 'ad gentes' fue uno de los puntos fundamentales de la acción apostólica de Guido María Conforti. Llevar a todos la luz de Cristo fue la tarea que orientó toda su vida. El vivió plenamente las tres situaciones en las que se desarrolla la única misión evangelizadora de la Iglesia: el cuidado pastoral de la Iglesia local, el compromiso por la misión 'ad gentes' y la evangelización de aquellos que han perdido el sentido de la fe.

Llamado a ser Pastor de una parte del pueblo de Dios, en una zona en la que se registraba un preocupante abandono de la fe, Guido María Conforti descubrió en la vía de la misión 'ad gentes' un camino providencial para hacer fluir una nueva corriente de vida divina en las almas de los creyentes, aumentando en ellos el fuego del celo misionero. Él estaba convencido de que el modo más eficaz para reforzar la fe en los países de antigua evangelización era trabajar, sin miedo y sin reservas, para anunciar el Evangelio a cuantos no lo conocen.

La validez de la vocación misionera 'de por vida " recordada en la encíclica "Redemptoris Missio ", fue propuesta por él, de manera radical, a sus misioneros queriendo que se consagrasen totalmente a la Misión con voto especial. Y es necesario reconocer que no pocos de sus hijos espirituales han sido fieles a este compromiso hasta el martirio.

¿Cuál era la fuente que daba vigor a su incansable celo ya su total entrega a la misión 'ad gentes'? La Cruz de Cristo, fuente de amor inagotable para quien ha hecho la entrega total de sí mismo a los hermanos cercanos y lejanos.

Este nuevo Beato constituye un luminoso ejemplo de espiritualidad sacerdotal, porque estuvo siempre animado por una fe viva y por un indomable espíritu misionero. Él fue modelo de la auténtica caridad pastoral, porque supo invitar a los creyentes a abrir sus corazones a los alejados, sin olvidar las necesidades de las comunidades locales, para que a todos fuese anunciado Cristo, Redentor de la humanidad ".