Inicio de una vida y de una vocación

Guido María Conforti había nacido en Casalora de Ravadese (Italia) el 30 de marzo de 1865. Era el octavo de los diez hijos del matrimonio formado por Rinaldo Conforti y Antonia Adorni. Casalora es una de las muchas aldeas que se encuentran recorriendo la carretera que de la ciudad de Parma conduce hacia el río Po.

En la libertad del campo, su vida infantil discurría serena y laboriosa, al ritmo de las estaciones del año. A Guido le gustaba correr, jugar al aire libre, caminar por los campos y subirse a los árboles buscando nidos de pájaros. Esta afición casi le costó la vida.

Un día, Guido había trepado a lo alto de un árbol en busca de nidos y se había metido bajo la camisa una nidada de pajaritos. Intentaba regresar al suelo con cuidado para no hacer daño a la nidada cuando se desplomó estruendosamente quedando tendido en el suelo y sin conocimiento. Allí lo encontró un viejecito que lo recogió y lo llevó a la granja, donde, después de algunos cuidados, se recuperó. Pero, este accidente marcó la vida de Conforti por las consecuencias que más tarde tuvo en su salud.

Su madre Antonia, mujer de profunda fe, le inició en la vida cristiana, sembró en el corazón de aquel niño la semilla de la fe que años después debía de producir mucho fruto. Una cosa le preocupaba a aquella buena mujer: que sus hijos creciesen amando y respetando a los pobres que solían mendigar a la puerta de su casa.

Muy pronto, Guido fue llevado a la ciudad de Parma para realizar los estudios primarios en el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Todas las mañanas, cuando iba a la escuela, aquel niño pasaba por el "Borgo de las Columnas" y entraba en la Iglesia de la Paz para visitar un Crucifijo que allí se encontraba. ¿Qué pasaba por la mente de Guido al contemplar aquel Cristo clavado en la cruz? No lo sabemos, aunque sí conocemos que a aquellas citas diarias él atribuyó una enorme importancia para su vida. Ya de adulto, y señalando aquel crucifijo, dijo aun amigo:

"Todas la mañanas, cuando iba a la escuela, me paraba delante de Él. Este Crucifijo me dio la vocación. Yo lo miraba y Él me miraba y parecía decirme tantas cosas ".

Guido veía frecuentemente la larga fila de los alumnos del seminario atravesar la plaza de la Catedral. Hacerse sacerdote fue el deseo que comenzó a acunar dentro de sí, seguramente empujado por la experiencia de aquel crucifijo que "parecía decirle tantas cosas".

Sin embargo, su padre, hombre de escasa religiosidad, propietario de una gran finca, había pensado otros proyectos para su hijo de doce años, que se abría ala vida rico en promesas. Cuando Guido le expuso su proyecto, él se opuso con vehemencia. Pero la oposición paterna no duró mucho gracias a la mediación de mamá Antonia. Papá Rinaldo comprendió que la felicidad de su hijo dependía de la realización de su vocación. Por esto, aceptando el nuevo rumbo de las cosas, accedió a que Guido ingresase en el Seminario de la diócesis de Parma, lo ayudó y lo sostuvo. Al final de su vida, Rinaldo terminó por alegrarse de la opción tomada por su hijo.

Así, Guido, acabada la escuela elemental, entró en el Seminario Menor Diocesano de Parma. Era el año 1876. Sus compañeros del seminario lo consideraban un muchacho vivaz e impulsivo. Eso sí, le gustaba el estudio, era aplicado y obtenía buenos resultados.

En estos años de su adolescencia, Conforti sintió el primer reclamo de la misión, que se fue convirtiendo, cada vez más, en el principal ideal de su vida. Todo comenzó cuando cayó entre sus manos un libro sobre la vida de San Francisco Javier.

Leyendo la vida del santo navarro, el espíritu de Guido se abrió al ideal misionero. Deseó vivamente ser apóstol entre los pueblos no cristianos. Por ello pensó al principio hacerse jesuita, como Javier... después escribió también a don Bosco, fundador de los salesianos... pero no consiguió la respuesta que esperaba. Hay que decir que en aquellos años una enfermedad de tipo epiléptico, fruto tal vez de aquel accidente que tuvo de niño, le atacó gravemente, amenazando incluso la realización de su vocación sacerdotal.