Un proyecto audaz
Años más tarde, leyendo la vida de San Francisco Javier, muerto a las puertas de China, nació en él un deseo: ir allí donde Javier no había podido llegar y continuar su obra, llevando a aquel pueblo el anuncio del Evangelio. Pero su proyecto parecía chocar, año tras año, con graves impedimentos. Su precaria salud y las tareas que, primero su obispo y luego el Papa, le confiaban al servicio de la Iglesia en Italia, le imposibilitaban el "ir a misiones". Después de una grave enfermedad y una vez recobrada la salud, Guido fue ordenado sacerdote. Pocos años después, el 3 de diciembre de 1895, dio inicio a un seminario para misioneros, que, en un principio, se llamó "Seminario Emiliano para las Misiones Extranjeras". De lo que hubiera podido ser un proyecto roto, nació una familia de misioneros: los Misioneros Javerianos.
Algunos años más tarde, los dos primeros javerianos marchaban hacia China. El proyecto de Conforti parecía hacerse realidad. Pero, de aquellos dos primeros misioneros javerianos, uno moría a los pocos meses víctima de la persecución y el otro, desanimado por las privaciones sufridas, regresaba a Italia. Era un fracaso o, como Conforti solía decir, era la presencia de la Cruz.
Por si fuera poco, el 15 de Maio de 1902, el Papa nombraba a Guido M. Conforti arzobispo de Rávena y años más tarde de Parma (Italia). Era otro obstáculo que podía hacer naufragar sus proyectos. ¿Cómo ocuparse de las misiones siendo obispo de una diócesis llena de dificultades? Guido no abandonó su proyecto. Supo conjugar el servicio a su diócesis con el celo misionero. Se convirtió en obispo de Parma, pero fue también misionero de todo el mundo. La obra de Conforti continuó. En 1904 un segundo grupo de misioneros javerianos marchaba hacia China. Luego marcharía un tercer grupo y un cuarto... Desde entonces, cada año, ha habido y hay grupos de javerianos que marchan a otras tierras para anunciar el Evangelio entre quienes no lo conocen. Guido María Conforti murió, a los 66 años de edad, el 5 de noviembre de 1931. Había dicho a sus discípulos: "El misionero ha contemplado a Cristo, que señala a los apóstoles el mundo entero donde anunciar el Evangelio, y ha quedado seducido por Él". Diciendo esto, Guido Conforti estaba contando su historia, su "pequeña historia", aquella que empezó contemplando un crucifijo: "Yo le miraba y Él me miraba y parecía decirme tantas cosas".
En las páginas de esta WEB queremos contaros esta pequeña historia y queremos presentaros la visión que el Beato Guido María Conforti tenía de la vida cristiana y de la espiritualidad misionera. Lo hacemos humildemente pero con el amor de los hijos hacia su padre y el respeto de los discípulos hacia su maestro.