La cruz de Rávena
Conforti rogó a su amigo, sacerdote de Parma, D. Ormisda Pellegri, que tomara las riendas de su instituto misionero como rector, y partió para el puesto que el Papa le había asignado. ¿Qué sería de su obra misionera? Como Abrahán, Conforti se agigantó ante la prueba, siguió creyendo contra toda evidencia que aquella era una obra de Dios y que Dios podía cuidarla sin necesidad de su presencia.
Guido María Conforti, fue ordenado arzobispo de Rávena la mañana del domingo 11 de junio de 1902, en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma. El día antes había pronunciado en la misma basílica sus votos de consagrar toda su vida y sus energías a la misión, fuese cual fuese el lugar y la tarea que la obediencia le impusiese.
Llegado a Rávena, Guido se puso enseguida a visitar todas la parroquias de la Diócesis. Se acercó al pueblo y conoció a sus sacerdotes. Se dio cuenta de los estragos causados por el fuerte movimiento antirreligioso presente en aquella región. En sus visitas encontró en más de una ocasión las iglesias desiertas y en ellas se quedaba rezan- do y llorando por la desolación. La situación era muy triste, era necesaria una profunda obra de re-evangelización de aquella cristiandad.
Guido se puso a la obra. Empezó a reunir frecuentemente a los sacerdotes y reformó el seminario. Pero su salud enfermiza no aguantó tanta tensión ni tanto trabajo; apenas un año después cayó grave- mente enfermo. Conforti empezó a darse cuenta de que, a causa de su débil salud, no podía ser el pastor que aquella Iglesia necesitaba.
Más adelante, cuando su salud volvió a empeorar notablemente, empezó a madurar la idea de renunciar a su cargo. A finales de septiembre de 1904, fue a Roma a consultar al Papa y le pidió ( cosa rara en aquellos tiempos) ser relevado del encargo de la Diócesis de Rávena.
Guido pedía sólo retirarse en la soledad de su Instituto Misionero. Allí dedicaría sus días (que, según sus previsiones, "no podían ser muchos") a la preparación de los jóvenes que llegasen a él movidos por el deseo de llevar la Buena Noticia a todos los pueblos de la tierra. El Papa le concedió lo que pedía "con vivísimo sentimiento por la pérdida de tan solícito pastor por parte de la Archidiócesis de Rávena ".
Monseñor Serafini, amigo de Conforti, declaró años después: "Rávena representa en la vida de Guido María Conforti un poema escondido de sufrimientos en el espíritu y en el cuerpo, un verdadero calvario. No dudo en llamar sacrificio heroico el paso de Conforti por esta archidiócesis de Rávena ".
Conforti regresó a Parma, al "nido de los aguiluchos" (como él llamaba a su joven instituto). Sus aspirantes a misioneros lo acogieron muy felices de tenerlo todo para ellos, como superior y como educador.
El Instituto era todavía una pequeña planta, pero, gracias a la bendición de Dios ya los cuidados de Conforti, iba creciendo de día en día, cada vez más fuerte y dispuesto a convertirse en un árbol robusto.
El 21 de enero de 1904, durante la permanencia de Conforti en Rávena, los javerianos Luís Calza, Antonio Sartori, Juan Bonardi y José Brambilla, habían salido de Nápoles con destino a Kin-Kia-Kan (en la región del Honan meridional, al interior de China).
"Sé que el momento en el que vais a cumplir vuestra misión - dijo una vez Conforti a sus misioneros- no es de los más fáciles. Las dificultades que encontraréis en el ejercicio de vuestro ministerio no serán leves, ante vuestros ojos se proyectará la posibilidad del martirio. Todo esto no debe hacer disminuir vuestro entusiasmo ni frenar vuestro celo apostólico. Al contrario, todo esto debe ensanchar vuestros corazones a ejemplo de los mártires, a ejemplo de los Apóstoles que os han precedido en la gloriosa lucha ".