La verdad os hará libres

En estas páginas os estamos presentando nuestra manera de ser misioneros en la Iglesia. Lo hacemos porque creemos que la forma en que los Misioneros Javerianos intentamos vivir el Evangelio puede ayudar al despertar misionero de nuestras comunidades cristianas. Si algo hemos recibido, lo hemos recibido por el bien de todos, de toda la Iglesia.

Os hemos hablado de nuestra tarea de ser anunciadores de la Buena Noticia del Amor de Dios hacia los hombres, en especial hacia los más olvidados. También os hemos comentado cómo este anuncio queremos hacerlo, sobre todo, con el testimonio de nuestras vidas entregadas al Señor. Pero la misión, además de ser ANUNCIO y TESTIMONIO es también DIALOGO con los creyentes de otras religiones.

Los Misioneros Javerianos nos encontramos, por nuestra vocación particular, viviendo con hombres y mujeres, hermanos nuestros, que no conocen a Cristo, que profesan otras religiones. La Iglesia nos pide que acojamos a estos hermanos con sus valores y con su religión que es ya una manifestación de la presencia de Dios entre ellos. Dice en efecto Juan Pablo II en su última encíclica sobre las misiones: "Dios no deja de hacerse presente de muchas maneras, no sólo en cada individuo, sino también en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones".

Debemos reconocer la acción de Dios en los seguidores de otras religiones y manifestar un profundo respeto hacia todo lo que en el hombre obra el Espíritu de Dios que sopla donde quiere. ¡Cuánto se necesita esta actitud de respeto en el mundo de hoy dividido por tantos fanatismos religiosos!

En algunos países en los que estamos presentes los Misioneros Javerianos, es muy difícil anunciar explícitamente a Cristo Señor y Salvador de la humanidad. Por ello, lo que intentamos hacer es, con un fraterno diálogo de vida y de fe con ellos, promover los valores del Reino de Dios presentes en su cultura y en su religión y, con nuestras vidas, ser testigos de la fe que profesamos. Además, el diálogo nos permite descubrir el camino espiritual del otro, crecer con el otro compartiendo con él la plenitud y la verdad a la que todos estamos llamados por Dios.

Ciertamente el diálogo, como tarea misionera, como colaboración al Reino de Dios, recibió un gran impulso en nuestra época a raíz del Concilio Vaticano II. En la historia de la Iglesia, el diálogo es un camino nuevo de búsqueda común, con todos los hombres, de la verdad. Es un camino de experiencia religiosa compartida, de testimonio recíproco de la propia adhesión a Dios. El diálogo auténtico exige la superación de los prejuicios, intolerancias y malentendidos que a lo largo de los siglos han pesado sobre la humanidad.

Hace algunos años, Juan Pablo II hizo suyo el camino del diálogo en el encuentro interreligioso de oración por la paz en Asís. Hoy, el Santo Padre continúa alentándonos a todos los cristianos en la tarea del diálogo como camino hacia la verdad y como compromiso de todos los creyentes, de cualquier credo y religión, hacia la paz.

A los Misioneros Javerianos, el diálogo con los creyentes de otras religiones, nos exige el conocimiento de las culturas y de las religiones de otros pueblos, el servicio generoso y desinteresado al otro, la coherencia de nuestras vidas con el Evangelio que profesamos y una actitud abierta hacia el otro a quien debemos acoger con lealtad y humildad, sabiendo que los caminos de Dios a veces son distintos de los nuestros.

Todo esto lo expresamos en nuestro proyecto de vida diciendo: "Nos comprometemos a entender y aceptar a nuestros hermanos no cristianos con sus valores y su religión. Con un fraternal y cualificado diálogo de vida y de fe, tratamos de promover los valores comunes del Reino de Dios. Esto nos exige el conocimiento y el respeto de las culturas de los pueblos en los que actuamos, para acoger su herencia espiritual y encarnar en ellas el mensaje cristiano".