Yo os he eligido a vosotros
El proyecto misionero de Guido María Conforti conlleva desde sus orígenes la característica de la vida religiosa. Es decir, los Misioneros Javerianos nos consagramos totalmente a la Misión, dejándolo todo, para, con la profesión de los consejos evangélicos, seguir a Cristo por los caminos del mundo, anunciando el Evangelio entre quienes aún no lo conocen. "En la Iglesia y a servicio del Reino de Dios, los Misioneros Javerianos recibimos del Espíritu Santo el don de asumir, como tarea propia y exclusiva, la evangelización de los no cristianos". "Para vivir y expresar más radicalmente nuestra consagración total a la Misión, seguimos a Cristo con los votos de castidad, pobreza y obediencia".
Para nosotros, los Misioneros Javerianos, el seguimiento de Cristo con la profesión de los consejos evangélicos, acogido como un don del Espíritu, es una característica congénita, nacida de lo hondo del corazón de Conforti, desde el momento en que empezó a concebir su obra al servicio de la misión.
Conforti, llamado a formar misioneros, los quiso entregados en alma y cuerpo al apostolado misionero, sin ataduras, sin reservas, es decir, consagrados de por vida como apóstoles y religiosos. Aconsejaba a los formadores: "Procurad hacer concebir a los alumnos un concepto grande de la vida apostólica, haciéndoles comprender que la profesión de los consejos evangélicos unida al voto de consagrarse a la dilatación del Reino de Dios entre los no cristianos, es cuanto más digno y más sublime pueda desearse".
La profesión de los consejos evangélicos, o sea, la vida religiosa, es seguir a Cristo, recorriendo su mismo camino, eligiendo su talante como estilo de vida, reviviendo su vida y manifestándola a los demás en el esfuerzo constante de llegar a ser una copia fiel de su amor. Conforti así lo decía: "Cada uno de nosotros debe estar íntimamente convencido de que la vocación a la que ha sido llamado no podía ser más noble ni más grande, porque nos hace semejantes a Cristo y a los Apóstoles, quienes después de abandonarlo todo, se entregaron sin reservas al seguimiento del Señor":
La profesión de los votos, en la espiritualidad javeriana, es la respuesta personal y libre a la llamada de Jesús para estar con Él por los caminos del mundo, para ser testigos del Evangelio colaborando en la venida del Reino de Dios. Intentamos así reproducir en nosotros el gesto de Cristo de dar su vida por los hermanos, gesto de extremo amor y libertad para ser hermano entre hermanos.
Así lo expresemos en nuestro proyecto de vida: "En el trabajo apostólico seguiremos el camino recorrido por Cristo en su encarnación. Esto nos pide constante atención a la complejidad de las situaciones en que trabajamos y, al mismo tiempo, total disponibilidad de mente y de corazón, para adecuar nuestra acción a las diversas exigencias de tiempos y lugares. En particular nos pide comunión de vida y de destino con los hermanos a los que somos enviados hasta compartir sus problemas y su camino de liberación".
"La vocación misionera exige de nosotros una disponibilidad total al servicio del Evangelio. Abrazado por el Reino de Dios, el celibato, con la castidad que le es consubstancial, es don y signo del poder del Espíritu Santo y expresa el amor con que Cristo amó al mundo y se entregó a sí mismo para salvarlo". El celibato por el Reino de Dios, que los Misioneros Javerianos profesamos y acogemos como un don del Espíritu, dispone nuestro corazón a ensanchar su amor, teniendo como medida y criterio el amor de Dios manifestado en Cristo.
"Con el celibato nos entregamos a Dios con un amor indiviso, nos volvemos más dispuestos para aceptar su invitación que nos llama a dejar nuestra tierra y nuestra familia, para llevar el Evangelio a los no cristianos, y nos disponemos a abrir el corazón a todos con un sentimiento de viva fraternidad y de paternidad pastoral".
Ciertamente el celibato, como entrega total y don para el amor universal, puede significar también un cierto grado de soledad. Sin embargo, nuestra experiencia de cada día nos dice que el misionero no se queda solo, recibe como un don a toda la familia de Cristo. El seguimiento del Señor en el celibato hace del misionero un "hermano universal" de todos aquellos que encuentra en su caminar con el Evangelio y es así una nueva manera de amar.