Proclamad el Reino de Dios
Hasta ahora os hemos comentado el ideal al que los Misioneros Javerianos estamos llamados y cómo intentamos hacerlo realidad en nuestras vidas. Pero, ¿cuál es nuestro estilo de misión? ¿Cómo realizamos concretamente la tarea que, a través de la Iglesia, el Señor nos confía?
En nuestro proyecto de vida decimos que nuestra misión es anuncio, es testimonio, es diálogo y es solidaridad. En esta página te comentamos lo que entendemos por ANUNCIO.
Cuando Jesús reunió en torno a sí a un grupo de discípulos, lo hizo con una clara finalidad: para que anunciasen el Evangelio del Reino de Dios a todos los hombres. En este "llamar a los discípulos para mandarlos" está el origen de la Iglesia. Esta existe para anunciar al mundo la Buena Noticia de que Dios está actuando entre los hombres. La última recomendación que el Evangelio pone en boca de Jesús es: "Id por todo el mundo, anunciando la Buena Noticia a toda la humanidad". La primera comunidad de discípulos lo entendió muy bien. Tanto es así que todos, y no sólo los apóstoles, "anunciaban por doquier el nombre de Jesús".
En esta línea se coloca nuestra vocación misionera: "nuestro primer servicio al Reino de Dios es el anuncio de Cristo y su mensaje, con la palabra y con la vida, y, en particular, con el testimonio de nuestra consagración religiosa". Los Misioneros Javerianos realizamos nuestra vocación de bautizados anunciando, a quienes aún no la conocen, la Buena Noticia del Amor que Dios ofrece a la humanidad en su Hijo Jesús. En la Iglesia, somos continuadores de la misión de los apóstoles que anunciaron, hasta los confines del mundo entonces conocido, que en la Resurrección de Jesús había empezado la salvación de la humanidad.
No somos predicadores de una doctrina, sino que somos "discípulos" enviados a anunciar una realidad que es buena noticia para todos, y esta realidad es que Dios, en Jesús, ha entrado ya en nuestra historia para salvarnos. Creemos que este anuncio debe realizarse sobre todo con la vida. Nuestro vivir en comunidad como hermanos, nuestro ponernos al lado de los pobres, nuestro acercarnos a los débiles, a los enfermos y a los marginados, nuestro dejar el país de origen para compartir el destino de otros pueblos, es el modo en que realizamos el anuncio.
Cuando es posible, enseñamos y predicamos, pero, deseamos que nuestra palabra sea sencillamente un explicar el mensaje contenido en nuestra vida. Queremos que nuestra predicación sea un decir: "lo que vivimos es posible para todos, porque Cristo Resucitado nos lo concede día a día por su Espíritu, que ha sido derramado en nuestros corazones". Así lo hizo Jesús y así estamos llamados a hacerlo nosotros.
Sabemos que "nuestra actividad es colaboración con el Espíritu para que la propuesta de comunión con Dios y con los hermanos sea acogida y provoque la conversión de las personas y de las estructuras". Todo lo que vivimos y todo lo que anunciamos queremos que sea colaboración con el Espíritu. Y así, la finalidad de nuestra misión es aquella que nos repetía Guido María Conforti: "Colaborar a que el mundo sea una familia", ya que la misión de la Iglesia es proponer al mundo la posibilidad de comunión con Dios y con los hermanos, y esta comunión, realizada por el Espíritu, es el nuevo horizonte, ofrecido al mundo, de formar una sola familia.
Como respuesta a este anuncio nacen nuevas comunidades cristianas, llamadas a ser signo del Reino de Dios. La formación de estas comunidades es también tarea nuestra, por ello al narrar nuestra acción misionera decimos que "acogemos con alegría en las comunidades cristianas a cuantos, convocados por la Palabra y regenerados por el Espíritu, desean seguir a Cristo abrazando su persona y su programa de vida".
Es así como los Javerianos somos iglesia y, en ella, participamos de la misma misión de Cristo.