No hay manera mejor de entender la
vida de una persona que la de individuar su centro de interés. La vida del
beato Guido María Conforti puede resumirse toda en la que fue su gran
preocupación: la misión, el anuncio del Evangelio a quienes no lo conocen.
Entendiendo esta preocupación, podremos entender algo de su alma y de su obra.
La vida y la acción de Conforti
tuvo dos polos: fue padre de misioneros y obispo de la Iglesia. Para él no
fueron dos polos opuestos sino complementarios, integrados armónicamente en un
único proyecto: anunciar a todos el Evangelio de la Salvación.
De joven, iluminado por el ejemplo
de San Francisco Javier, Guido descubrió su vocación misionera, que él
describió como el deseo de dar a conocer a todos el amor de Dios, colaborando
así a hacer del mundo una familia. Este deseo culminó con la fundación, el 3
de Diciembre de 1895, de la Congregación de los Misioneros Javerianos.
Al poco del nacimiento de la
Congregación, Guido María Conforti fue elegido Arzobispo de la ciudad italiana
de Rávena, y más tarde pasó a presidir la Diócesis de Parma (Italia ), su
tierra natal. La muerte le llegó el 5 de noviembre de 1931 después de realizar
su esperada visita a los javerianos que trabajaban en China.
En su Carta Testamento, Guido nos
ofreció la síntesis de su vida espiritual. En ella dice, entre otras cosas, a
su Familia Javeriana:
"Procuremos
vivir siempre aquella vida de fe que debe ser la vida del justo en general, y
mucho más del sacerdote y del apóstol, y que debe llevamos a buscar ya querer
la Voluntad de Dios antes que la nuestra. Viviremos de esta vida si tomamos la
fe como norma indeclinable de nuestra conducta, de modo que informe nuestros
pensamientos, intenciones, sentimientos, palabras y obras. Viviremos de esa vida
si en toda ocasión tenemos a Cristo
ante los ojos de nuestra mente y si Él nos acompaña
por doquier; en la oración, en el altar; en el estudio, en las múltiples
ocupaciones del ministerio apostólico, en el contacto frecuente con el prójimo,
en el desaliento, en el dolor y en la tentación. Y así, en todo, recibiremos de
Él inspiración para que nuestras acciones sean la manifestación de la vida de
Cristo en nosotros".
Los que lo conocieron nos dicen que estas frases de su testamento son la mejor fotografía de Guido María Conforti. Así era él y así quería que fuesen sus hijos, los Misioneros Javerianos.