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América, la del norte y la del sur, mientras recuerdan las luces y las sombras de la Evangelización, redescubren su vocación misionera. Los obispos americanos en sus documentos programáticos han reafirmado el compromiso de anunciar a Jesús, el Señor, a los no-cristianos de todo el mundo.

Dice la Iglesia de EE.UU. :

“Los pobres, los marginados y los que no tienen poder en el mundo nos ayudan a ver, a ponderar los males que una sociedad inflige a otra. La opción por los pobres implica también la necesidad de evangelizar a los potentes, a los que son más influyentes. Si la llamada del Evangelio a la conversión alcanza sus corazones, ellos ayudarán a construir una nueva sociedad. En nuestra opción por los pobres unimos nuestras aspiraciones y nuestro empeño al de nuestros hermanos de América Latina, de África, de Asia y de Oceanía”.

(Carta Pastoral de los obispos USA:

“Hasta los confines de la tierra”).

Dicen las  Iglesias Latinoamericanas:

“Renovamos el compromiso por la acción misionera “ad gentes” sabiendo que no puede existir una nueva evangelización sin una proyección hacia el mundo, ya que, como dice el Papa, la nueva evangelización de los pueblos cristianos encontrará inspiración y apoyo en el empeño por la misión universal. Podemos decir con satisfacción que el reto de la misión “ad gentes” lanzado en Puebla ha sido asumido a partir de nuestra pobreza, compartiendo las riquezas de la fe con las que el Señor nos ha bendecido. No obstante, reconocemos que la conciencia misionera “ad gentes” es aun insuficiente y débil”.

(Santo Domingo.1991).

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