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Asia es un verdadero desafío para la Iglesia: solamente el 2% de la población es cristiana en la actualidad. Un continente que pone aprueba la misionariedad de la Iglesia en lo referente a su capacidad de penetrar en las diversas culturas y de entrar en diálogo con las diversas religiones. El Asia de las civilizaciones milenarias ha estado siempre en el centro de la atención de los grandes misioneros, desde los apóstoles Pablo y Tomás hasta San Francisco Javier y Mateo Ricci. Es aquí que el Fundador de los Javerianos quiso tener el primer campo de misiones para sus hijos, en China desde el 1899. Más tarde el Señor se encargó de completar este proyecto con la llegada de los Javerianos al Japón (1949), siguieron Indonesia (1951), Bangla Desh (1952) y la isla de Taiwán (1990) y, recientemente, el archipiélago de las Filipinas (1992). La misma Providencia mantiene vivo aún hoy, en el corazón de los Javerianos, el mismo deseo de regresar a China de la cual fueron expulsados cuando la revolución comunista. No faltan motivos de esperanza para el futuro de la Iglesia en este Continente. Esta esperanza se fundamenta en la religiosidad de las grandes masas de población asiática, en la estima de que goza la Iglesia, en el actual aumento de los católicos y en el florecer de institutos misioneros en aquellas tierras. Los obispos asiáticos “Hacia el tercer milenio” 1990 : “La misión puede encontrar su reto más grande en Asia. Nosotros afirmamos, junto a otros, que la proclamación de Jesucristo es el centro y el principal elemento de la Evangelización. La proclamación de Jesucristo en Asia significa, en primer lugar, el testimoniar, como cristianos y como comunidades cristianas, los valores del Reino de Dios, es decir, una proclamación que pasa a través del comportamiento de los cristianos. Para los cristianos de Asia proclamar a Cristo significa, sobre todo vivir como El en medio del prójimo de otra fe, en realizar sus obras con la fuerza de su gracia. Proclamar el Evangelio a través del testimonio y del diálogo: esta es la primera tarea de la Iglesia en Asia”. |
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