Los frutos del año jubilar
El Jubileo 2025 nos ha enseñado cómo cultivar la esperanza de un mundo nuevo: convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas. De hecho, es con este estilo que Dios mismo habita la historia y la rescata del olvido, dando al mundo al Redentor: Jesús. Él es el Hijo Unigénito que se hace nuestro hermano e ilumina las conciencias de buena voluntad, para que podamos construir el futuro como casa acogedora para todo hombre y toda mujer que nace.
El corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer. Por el que está dispuesto a acogerlo, como los pastores, y por el que no lo quiere, como Herodes. Su corazón no es indiferente ante quien no tiene corazón para el prójimo: palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz.
El Salvador viene al mundo naciendo de una mujer; detengámonos a adorar este acontecimiento, que resplandece en María Santísima y se refleja en cada recién nacido, revelando la imagen divina impresa en nuestro cuerpo.
Construyamos la paz
En esta Jornada oremos todos juntos por la paz; sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor. Comencemos desde hoy a construir un año de paz, desarmando nuestros corazones y absteniéndonos de toda violencia. Con la certeza de que Cristo, nuestra esperanza, es el sol de justicia que nunca declina, supliquemos confiados la intercesión de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. (Ángelus, 1 de enero de 2026)
«Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo» (Mt 11,12). Esta misteriosa expresión de Jesús, indicada en el Evangelio de Mateo, nos hace pensar en los numerosos conflictos con los que los hombres pueden resistirse e incluso atacar la novedad que Dios ha reservado para todos. Amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño. A nuestro alrededor, una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar. ¡El Señor nos sigue sorprendiendo! Se deja encontrar. Sus caminos no son nuestros caminos y los violentos no consiguen dominarlos, ni los poderes del mundo los pueden obstruir… Es hermoso convertirse en peregrinos de esperanza. Y es hermoso seguir siéndolo, juntos. La fidelidad de Dios siempre nos sorprenderá. (Homilía, 6 de enero de 2026)
Octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís
Al comienzo de este año, en el que se conmemora el octavo centenario de la muerte de san Francisco, quisiera hacer llegar a cada persona su bendición, tomada de la Sagrada Escritura: «El Señor te bendiga y te guarde; haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga misericordia de ti; vuelva hacia ti su mirada y te conceda la paz». (Ángelus, 1 de enero de 2026)
