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Javerianos 05 Agosto 2025 533

DEJA DE SER OBSERVADOR Y CONVIÉRTETE EN PROTAGONISTA


Cuenta la historia que un anciano vivía cerca de la playa y que todos los días salía a caminar muy temprano por la playa. Una mañana, mientras caminaba, vio a lo lejos a un joven que agarraba algo y lo arrojaba al mar… Le llamó la atención, ya que a esa hora casi nunca se encontraba a nadie, y menos todavía a un joven.

Al verlo se preguntó qué estaría haciendo. Se acercó a él y después de saludarlo le preguntó:

– Te he visto desde muy lejos y me ha llamado la atención ¿Qué haces? 

El joven le dijo:

 Hoy amanecieron muchas estrellas de mar tiradas sobre la playa, la marea empieza a bajar, si no las recojo y las arrojo al mar, se van a secar y se van a morir; por eso las estoy recogiendo y echando al mar.

El señor le dijo;

– Se nota que eres muy joven todavía. Son miles las estrellas de mar que están tiradas en este momento sobre las playas. ¿Crees que vale la pena tu esfuerzo, de estar arrojándolas, una por una? 

El joven no le dijo nada. Se agachó, agarró una estrella y con el mismo entusiasmo la arrojó muy lejos al mar. Luego regresó y le dijo a aquel señor: Para aquella estrella que cayó al agua valió la pena. Hoy no morirá, ya regresó al mar y tendrá una nueva oportunidad.

Ante aquella respuesta, el señor no supo qué contestar, sintió vergüenza; por lo que se dio media vuelta y, sin decir más, se fue.

Cuenta la historia que fue tarde, en la noche, que comprendió que él nunca había hecho nada por los demás; que únicamente había sido un observador en su vida y que, en cambio, aquel joven, con esa acción tan sencilla, –de estar arrojando estrellas al mar–, estaba dejando su huella en el universo.

Al amanecer, se fue a caminar a la playa como lo hacía todos los días. De pronto, se encontró al joven arrojando estrellas al mar.

Y mientras se acercaba a él, comprendió que lo importante no eran los grandes proyectos o acciones que hacía por los demás, sino que con pequeñas acciones tan sencillas como esa, de arrojar estrellas, participaba activamente en la vida.

Se acercó junto a él, recogió también una estrella… Se fue corriendo y la arrojó muy lejos, al mar…

Comprendió que la grandeza estaba en la sencillez.

Se sintió feliz.

Y así se puso a ayudar al joven a arrojar estrellas al mar durante todo el día. Decidió ya no ser un observador. Decidió participar…

Y junto al joven, decidió “dejar su huella en el universo”.

Cuando pienso que no es importante o necesario el hacer algo, me doy cuenta de que estoy muy equivocado. Que nuestras acciones, por más sencillas que estas sean, tienen mucho sentido y que pueden dar vida.

¿Arrojamos también nosotros estrellas al mar?

¿Estamos convencidos de que son los pequeños gestos los que pueden cambiar el mundo y dan sentido a nuestra vida? 

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