En el Evangelio de este domingo, Jesús dice: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis”. Son cinco palabras. ¿Pero por qué anunciar? Porque gratuitamente yo he recibido y debo dar gratuitamente. El anuncio no parte de nosotros, sino de la belleza de lo que hemos recibido gratis, sin mérito: encontrar a Jesús, conocerlo, descubrir que somos amados y salvados. Es un don tan grande que no podemos guardarlo para nosotros, sentimos la necesidad de difundirlo; pero con el mismo estilo, es decir con gratuidad. En otras palabras: tenemos un don, por eso estamos llamados a hacernos don; hemos recibido un don y nuestra vocación es hacernos nosotros don para los otros; está en nosotros la alegría de ser hijos de Dios, ¡debe ser compartida con los hermanos y las hermanas que todavía no lo saben! Este es el porqué del anuncio. Ir y llevar la alegría de lo que nosotros hemos recibido.
“Id proclamando que el Reino de los cielos está cerca”. Esto es lo que hay que decir, ante todo y siempre: Dios está cerca. …La cercanía es una de las cosas más importantes de Dios. Son tres cosas importantes: cercanía, misericordia y ternura. ¿Quién es Dios? El Cercano, el Tierno, el Misericordioso. Esta es la realidad de Dios. Nosotros, predicando, a menudo invitamos a la gente a hacer algo, y esto está bien; pero no nos olvidemos que el mensaje principal es que Él está cerca: cercanía, misericordia y ternura. Acoger el amor de Dios es más difícil porque nosotros queremos estar siempre en el centro, nosotros queremos ser protagonistas, estamos más inclinados a hacer que a dejarnos moldear, a hablar más que a escuchar. …El anuncio debe dar el primado a Dios, en el primer lugar Dios, y dar a los otros la oportunidad de acogerlo, de darse cuenta que Él está cerca (Fuente: Papa Francisco)
José Luis Sicre: Compasivo hasta la muerte.El número doce recuerda a los doce hijos de Jacob y las doce tribus de Israel. Es una forma de indicar que va a comenzar un nuevo pueblo de Dios.
Enrique Martínez Lozano: El proyecto de Jesús.Jesús no fundó la iglesia ni quiso iniciar ninguna religión nueva sino renovar a su propio pueblo, sobre los fundamentos de la filiación divina y la fraternidad.