“ ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ”
La Palabra de Dios es algo distinto, algo que no es igual a una palabra humana, a una palabra sabia, a una palabra científica, a una palabra filosófica. La Palabra de Dios es otra cosa, viene de otro modo: es «distinta» porque «así habla Dios». Lo confirma el pasaje del evangelio de este domingo que relata sobre Jesús en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado y donde todos lo conocían desde pequeño.
Jesús vuelve a Nazaret, va a la sinagoga y comienza a hablar. En un primer momento toda la gente lo escuchaba con amor, feliz y estaba asombrada de las palabras de Jesús: estaban contentos. Pero Él prosigue con su discurso y reprende la falta de fe de su pueblo.
“…Ningún profeta es aceptado en su pueblo”. Así, pues, a cuantos lo escuchaban en la sinagoga «al inicio» les parecía algo hermoso y aceptaban ese estilo de conversación y de acogida. Pero cuando Jesús comenzó a dar la Palabra de Dios se enfurecieron. Así, se pasaron de una parte a la otra, porque la Palabra de Dios es algo distinto respecto a la palabra humana, incluso de la palabra humana más elevada, la palabra humana más filosófica.
¿Qué quería esta gente, estos de la sinagoga? Jesús les reprende la falta de fe, tanto que el Evangelio subraya cómo Jesús allí, en ese lugar, no hizo milagros, por la falta de fe… Querían el espectáculo. Pero el estilo de Dios no es hacer espectáculo: Dios actúa en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas… Y si vemos toda la historia de la salvación, encontraremos que siempre el Señor obra así, siempre, con las cosas sencillas».
Nos hará bien reconocer cómo el Señor nos ayudó en nuestra vida, cómo nos hizo seguir adelante, y encontraremos que siempre lo hizo con cosas sencillas. Incluso podrá parecernos que todo sucedió «como si fuera una casualidad». Porque el Señor hace las cosas sencillamente. Te habla silenciosamente al corazón.
Resulta útil recordar las numerosas veces que en nuestra vida «el Señor nos visitó con su gracia» y entendimos que la humildad y la sencillez son su estilo. Esto vale no solo en la vida diaria, sino también en la celebración litúrgica, en los sacramentos, en los cuales es hermoso que se manifieste la humildad de Dios y no el espectáculo mundano. (Fuente: Papa Francisco).
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: La incomprensión. La vida de Jesús nunca fue un camino de rosas.
- José Luis Sicre: El misterio de la incredulidad. El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe.
- José Antonio Pagola: Aprender a vivir de Jesús. La vida de un cristiano comienza a cambiar el día en que descubre que Jesús es alguien que le puede enseñar a vivir.
- Carmen Notario: En mi debilidad siento tu fuerza. Es fácil señalar la injusticia del otro sin mirarnos a nosotrxs mismxs. No nos resulta fácil aceptar que caemos en los mismos patrones aunque los critiquemos.
- Fidel Aizpurúa: No desprecian a un profeta más que en su tierra. Jesús tuvo gente que le quiso y le admiró. Pero otros muchos lo despreciaron simplemente por ser pobre, por ser del montón, por no tener avales ni títulos de gloria.
