Venid a un lugar desierto a descansar
“Venid vosotros solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Cuántas veces sucede que estamos atareados, vamos deprisa, pensamos que todo depende de nosotros y, al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús y ponernos siempre nosotros en el centro. Por eso Él invita a los suyos a reposar un poco en otro lugar, con Él. No se trata solo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones. Jesús no se sustraía a las necesidades de la multitud, pero cada día, antes que nada, se retiraba en oración, en silencio, en la intimidad con el Padre. Su tierna invitación —descansad un poco— debería acompañarnos: guardémonos del eficientismo, paremos la carrera frenética que dicta nuestras agendas. Aprendamos a detenernos, a apagar el teléfono móvil, a contemplar la naturaleza, a regenerarnos en el diálogo con Dios.
El Evangelio narra que Jesús y los discípulos no pueden descansar como querían. La gente los encuentra y acude desde todas partes. Entonces el Señor se compadece. La compasión, que es el estilo de Dios. El estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura. Conmovido, Jesús se dedica a la gente y comienza a enseñar. Parece una contradicción, pero en realidad no lo es. De hecho, solo el corazón que no se deja secuestrar por la prisa es capaz de conmoverse, es decir, de no dejarse llevar por sí mismo y por las cosas que tiene que hacer, y de darse cuenta de los demás, de sus heridas, de sus necesidades. La compasión nace de la contemplación.
Si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera; si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud rapaz de quien quiere poseer y consumir todo; si nos mantenemos en contacto con el Señor y no anestesiamos la parte más profunda de nuestro ser, las cosas que hemos de hacer no tendrán el poder de dejarnos sin aliento y devorarnos. Necesitamos, necesitamos una “ecología del corazón” compuesta de descanso, contemplación y compasión. ¡Aprovechemos el tiempo estivo para ello! Nos ayuda mucho.
COMENTARIOS:
- Miguel Ángel Munárriz: Fascinante Jesús. Y aquí Jesús muestra su talante.
- José Luis Sicre: Descanso merecido y frustrado. Lo primero que subraya Marcos es el enorme interés de la gente por Jesús. Un segundo aspecto es la dedicación de Jesús a la gente. Por último, destaca que Jesús, al sentir compasión, no se dedica a hacer milagros, sino a enseñar.
- Enrique Martínez Lozano: Descanser. Me gusta el neologismo que escuché en alguna ocasión y que habla de “descanser”: dejar de hacer para aprender a ser.
- José Antonio Pagola: Descanso renovador. Es gozoso para un creyente encontrarse con un Jesús que sabe comprender las necesidades más hondas del ser humano.
- Pepa Torres Pérez: Descansar como Jesús. La ecología del corazón. Jesús, tras un periodo intenso de trabajo, invita a los suyos a estar con él en un lugar más apartado y tranquilo; a tomar distancia de la realidad para descubrirla con nuevos ojos y volver con renovada energía y sentido.
- Fidel Aizpurúa: Le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús los llama a un “desierto”, lugar de purificación y de reorientación, para que retomen la senda de la propuesta de Jesús: una oferta de humanidad para todos, incluso para los paganos.
