“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”
El pasaje de este domingo es la conclusión narrativa de todo el discurso del pan de vida que hace Jesús después de la multiplicación de los panes, y muestra las reacciones opuestas de dos grupos, por un lado «muchos de los que habían seguido a Jesús», es decir muchos de sus discípulos y por otro los doce.
Jesús había dicho que era el Pan bajado del cielo y que daría su carne como alimento y su sangre como bebida, aludiendo al sacrificio de su misma vida. Estas palabras suscitaron desilusión en la gente, que las juzgó indignas del Mesías… Ni siquiera los discípulos logran aceptar ese lenguaje inquietante del Maestro. Y el pasaje de hoy relata su malestar: «¡Este modo de hablar es duro! — decían — ¿Quién puede hacerle caso?».
En realidad, ellos entendieron bien el discurso de Jesús. Tan bien que no quieren escucharlo, porque es un lenguaje que pone en crisis su mentalidad. Siempre las palabras de Jesús nos hacen entrar en crisis; en crisis, por ejemplo, ante el espíritu del mundo.
Jesús ofrece la clave para superar la dificultad: Primero, su origen divino. Él ha bajado del cielo y subirá «adonde estaba antes». Segundo: sus palabras se pueden comprender sólo a través de la acción del Espíritu Santo, «quien da vida». Es el Espíritu Santo el que nos hace comprender bien a Jesús. Tercero: la verdadera causa de la incomprensión de sus palabras es la falta de fe: «hay algunos de entre vosotros que no creen», dice Jesús.
Desde ese momento, dice el Evangelio «muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él». Frente a estas deserciones, Jesús no regatea ni atenúa sus palabras, es más obliga a hacer una elección clara: o estar con Él o separarse de Él, y les dice a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?».
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de Vida eterna». No dice: «¿dónde iremos?», sino «¿a quién iremos?». El problema de fondo es… a quién ir. De esa pregunta de Pedro, nosotros comprendemos que la fidelidad a Dios es una cuestión de fidelidad a una persona, a la cual nos adherimos para recorrer juntos un mismo camino. Y esta persona es Jesús.
Todo lo que tenemos en el mundo no sacia nuestra hambre de infinito. ¡Tenemos necesidad de Jesús, de estar con Él, de alimentarnos en su mesa, con sus palabras de vida eterna! Creer en Jesús significa hacer de Él el centro, el sentido de nuestra vida. (Fuente: Papa Francisco)
COMENTARIOS
- Dominicos
- Miguel Ángel Munárriz: Vanguardias y retaguardias. Por encima de todos, el hijo de José y María, el carpintero crucificado.
- José Luis Sicre: Abandono, seguimiento y traición. Lo primero que hace Pedro es reconocer que necesitan a Jesús, no pueden vivir sin él. Luego sigue la confesión de fe.
- José Antonio Pagola: ¿También vosotros queréis marcharos? El mundo en que vivimos no puede ya ser considerado como cristiano.
- Mari Paz Lopez Santos: Paso atrás o paso adelante. Abrirse a la escucha del Espíritu, abrirse a Tu palabra, es abrirse al “no-control”, exponerse a la intemperie.
- Fidel Aizpurúa: Muchos discípulos suyos se echaron atrás. Convivamos con quien no cree. La fraternidad y el respeto nos ayudarán a situar mejor nuestra fe.
