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Ivanildo Quaresma 11 Abril 2025 707

Perdónales porque no saben lo que hacen


La puerta de entrada a la gran semana de los cristianos es el Domingo de Ramos. Cada año viajamos a Jerusalén no sólo nosotros, sino también Jesús; en concreto, hoy lo aclamamos con nuestros Ramos cuando llegue a Jerusalén; y durante la semana, seguiremos en Jerusalén y andaremos por sus calles alambicadas, nos uniremos al grupo de gente que va con Jesús, dormiremos y comeremos en Betania, pasaremos el día en Jerusalén, escucharemos con atención lo que dice Jesús, contemplaremos lo que hace… vamos con Él queriendo vivir esta semana como Él la vivió: anclado en Dios. Así, cada detalle de lo que ocurre en esta semana contiene en sí un retazo de este anclaje y está saturado del misterio de la muerte y del misterio de la vida. Nada queda fuera de este esquema ni tan siquiera el propio Jesús.

Jesús pasa la vida: amando a sus hermanos, existiendo a favor de los otros y no buscando el beneficio propio. Jesús es el que logra entender que el sentido de la vida, el sueño de Dios para cada ser humano es justamente no guardarse la vida para uno sino entregarla por amor a los demás.

Por ese motivo va a la Cruz. Por eso va a padecer. Por eso en definitiva va a morir. Va a aprovechar la traición del amigo, el proceso jurídico más injusto de la historia, los golpes, los insultos, la flagelación, la corona de espinas, las burlas, todo el dolor, toda la impotencia, toda la Cruz, para usarlo como elemento de salvación humana. Dios nos salva del Pecado por la muerte injusta de Jesús, pero que Jesús elige para que ninguna situación de injusticia, de traición y de muerte quede sin ser asumida por Dios. Dios elige morir para que el hombre no muera y viva.

            Por eso me parece importante destacar que lo que motoriza y motiva a Jesús a entregar en la Cruz su vida es el amor. Y Dios elige morir en  una Cruz porque tú, para Dios, eres importante. Tú, para Dios, vales la pena.  Te invito en este Semana a tomar conciencia del enorme amor que Dios te tiene, que lo que mantuvo firme a Jesús en la Cruz es el amor que tiene por ti y por mí… que elige morir Él, para que nosotros tengamos vida, vida nueva y vida en abundancia.

            Frente a este Jesús puedes preguntarte entonces: me voy a seguir guardando la vida celosamente para mí buscando mi propio bienestar y confort, asegurándome la vida, calculando seguridades y guiado por miedo; o me quiero jugar la vida por amor a todos y cada uno de mis hermanos, sabiendo que en el servicio y en una vida de acuerdo con los valores del Evangelio hay más gracia y más libertad que en una vida que se encierra y se enquista para pudrirse en el egoísmo y la autorreferencialidad.

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