En este domingo, celebramos la solemnidad del Corpus Christi, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, presencia real de Jesús en la Eucaristía. El Evangelio que escuchamos en esta celebración nos presenta la multiplicación de los panes, un signo profundamente eucarístico.
Jesús ve a la multitud, los acoge, les habla del Reino y cura a los que lo necesitan. Esta es la actitud del Buen Pastor: se preocupa por el alma y por el cuerpo. Y cuando cae la tarde, no los despide, sino que les da de comer. Frente a la propuesta lógica de los discípulos —"despide a la gente"—, Jesús dice: "Dadles vosotros de comer".
Este mandato de Jesús no solo muestra su compasión, sino que anticipa lo que hará en la Última Cena: tomar el pan, bendecirlo, partirlo y darlo. Son los mismos gestos que repetimos en cada Misa. En la Eucaristía, Cristo sigue alimentando a su pueblo, no solo con pan, sino con su Cuerpo entregado por amor.
El milagro de los panes no es solo un acto de poder, es un acto de amor. Y en cada Eucaristía, ese amor se hace presente y se nos da a nosotros. Jesús no nos deja solos ni con hambre: Él mismo se da como alimento que fortalece, une y transforma.
Este domingo, al celebrar esta fiesta, renovemos nuestra fe en la Eucaristía. Pidamos tener el corazón abierto para reconocer a Jesús en el Pan partido y también en nuestros hermanos necesitados. Que el amor que recibimos en la Mesa del Señor, lo llevemos al mundo con generosidad.
José Luis Sicre: Jesús alimenta, la comunidad recuerda.La institución de la Eucaristía se celebra el Jueves Santo y el protagonista es Jesús, que se entrega. En la fiesta del Corpus, el protagonismo es de la comunidad cristiana, que reconoce y agradece públicamente ese regalo.