En este domingo (XVII Domingo del Tiempo Ordinario, C), el Señor nos enseña algo fundamental para nuestra vida como hijos de Dios: la oración. Los discípulos ven a Jesús orar y, al terminar, uno de ellos le dice: “Señor, enséñanos a orar”. Ellos veían que Jesús oraba con una confianza, con una intimidad, con una paz que les atraía. Jesús vivía una relación viva con el Padre. No oraba por obligación, sino porque amaba al Padre y se dejaba amar por Él.
Jesús responde enseñándoles el Padrenuestro. No les da una fórmula mágica, sino palabras que nos introducen en su misma relación con el Padre. Al decir “Padre”, nos recuerda que no hablamos con un Dios lejano, sino con un Padre que nos ama y nos cuida. Le pedimos que su nombre sea santificado, que su Reino venga, que se haga su voluntad, que nos dé el pan de cada día, que perdone nuestros pecados y que no nos deje caer en la tentación. Esta oración abraza toda nuestra vida, nuestras necesidades materiales y espirituales, nuestras luchas, nuestro deseo de perdonar y de ser perdonados.
Luego, Jesús nos invita a orar con confianza y perseverancia. Nos cuenta la parábola del amigo insistente que, aun a medianoche, recibe lo que pide porque insiste sin rendirse. Y si un amigo es capaz de levantarse para darle lo que pide por su insistencia, ¡cuánto más Dios, que es nuestro Padre y nos ama infinitamente! Por eso Jesús nos dice: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá”.
Pero aquí viene lo más profundo: Jesús dice que el Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. Nos recuerda que lo más grande que podemos recibir no son solo cosas materiales o soluciones rápidas a nuestros problemas, sino el mismo Espíritu de Dios que nos fortalece, nos consuela, nos guía y nos llena de vida verdadera.
En este domingo, Jesús nos invita a orar con confianza, con perseverancia, sin desanimarnos. Muchas veces creemos que orar es repetir palabras, pero Jesús nos enseña que orar es abrir el corazón al Padre, hablarle como hijos y dejar que Él nos transforme.
José Luis Sicre: Aprendiendo a rezar.El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).
José Antonio Pagola: Padre nuestro.Del Padrenuestro se ha dicho todo. Es la oración por excelencia. El mejor regalo que nos ha dejado Jesús. La invocación más sublime a Dios.