“Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos”
En estos días hemos vivido un acontecimiento histórico que permanecerá siempre en nuestro corazón. Hemos recibido la visita del Santo Padre, el Papa León XIV, a nuestra tierra, España (Madrid, Barcelona (y Montserrat), Gran Canaria y Tenerife). Su presencia entre nosotros ha sido una verdadera gracia de Dios y un signo de comunión para toda la Iglesia.
Su visita nos ha fortalecido en la esperanza, nos ha confirmado en la fe y nos ha animado a vivir la caridad con mayor entrega y generosidad. Con sus palabras nos ha recordado que Cristo camina siempre con su pueblo y que ninguna dificultad puede apagar la luz del Evangelio. Nos ha invitado a levantar la mirada hacia Dios para encontrar en Él la fuerza necesaria para servir a los hermanos, especialmente a los más pobres, a los más frágiles y a los más necesitados.
En su encuentro con las organizaciones y los inmigrantes en La Laguna, Tenerife (12/06/2026), el Papa nos dejó unas palabras que merecen ser meditadas. Nos dijo que “toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan” y añadió: “Todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno”.
Y lo que hemos escuchado del Papa durante su visita en estos días nos ayuda a entrar más profundamente en el mensaje que Jesús mismo nos transmite en el Evangelio de este domingo. San Mateo nos presenta a Jesús recorriendo pueblos y aldeas, anunciando la Buena Noticia y curando a los enfermos. Pero hay un momento que llama especialmente la atención. El evangelista Mateo nos dice que Jesús, al ver a la multitud, sintió compasión de ella porque estaban cansados y abandonados, como ovejas que no tienen pastor. Y en esta situación, Jesús no los mira desde lejos. No pasa de largo ante su necesidad. Mira con los ojos del corazón. Ve sus preocupaciones y sus necesidades. Y siente compasión.
También hoy Jesús sigue mirando así a nuestro mundo. Ve a quienes sufren la soledad, a quienes viven agobiados por las dificultades económicas, a los enfermos, a los ancianos, a las familias que atraviesan momentos difíciles, a quienes han tenido que abandonar su tierra buscando una vida mejor. Ve a todos aquellos que necesitan un futuro mejor de su vida y de su familia.
Cuando el Papa León, en su discurso en La Laguna, nos recuerda que todos somos peregrinos y que debemos hacer más humana esta travesía de la vida, nos está invitando a mirar y tratar a los demás con la misma compasión con la que los mira Cristo.
Jesús no se queda solamente en la compasión. Da un paso más. Llama a sus discípulos y los envía. Les confía una misión. Les dice que anuncien que el Reino de Dios está cerca, que curen, que acompañen, que alivien el sufrimiento y que entreguen gratuitamente lo que gratuitamente han recibido, “Gratis habéis recibido, dad gratis”.
También nosotros somos enviados. No hace falta ir lejos. La misión comienza en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestro barrio y en nuestra parroquia. Allí donde hay una persona que necesita ser escuchada, consolada o acompañada, allí nos espera el Señor.
Muchas veces pensamos que tenemos poco que ofrecer. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que cada uno puede aportar algo. Un gesto de acogida, una visita a un enfermo, un poco de tiempo para quien está solo, una ayuda a quien pasa necesidad, etc. Son pequeños gestos que hacen presente el amor de Dios.
Pidamos al Señor que la visita del Papa no quede solo como un recuerdo bonito, sino que dé fruto en nuestra vida. Que nos ayude a crecer en la fe, a vivir una esperanza firme y a practicar una caridad concreta y generosa. Y que María, Madre de la Iglesia, nos enseñe a mirar a cada persona con los ojos compasivos de Jesús y a responder con generosidad a la misión que hoy nos confía.
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COMENTARIOS
- Miguel Ángel Munárriz Casajús: Máximo compromiso, máxima confianza. Ahora es nuestro turno de responder a lo recibido.
- José Luis Sicre: Compasivo hasta la muerte. La misión de los discípulos es idéntica a la de Jesús: hablar y actuar. Lo importante no es lo que se encarga, sino la idea de que los discípulos continúan plenamente la obra del Mesías.
- José Antonio Pagola: Programa liberador. Muchos cristianos piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas leyes morales y unas normas eclesiásticas.
- Fidel Aizpurúa Donazar: No vayáis a tierra de paganos. A la primera comunidad cristiana le costará entender algo muy sencillo: que la oferta del reino que hace Jesús es para todos, incluso para esos paganos que creíamos destinados al infierno.
- Mª Guadalupe Labrador: ¿Esclavos de nuestros miedos o discípulos y discípulas de Jesús? Claves para vivir sin miedo, como discípulos y discípulas de Jesús, es lo que nos ofrece y regala el evangelio de hoy.
