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Cristina Cortés 06 Septiembre 2016 1674

Regalo de Dios. Testimonio de @veranomision


Testimonio del campo de trabajo en Ceuta

En estos días he comprendido más de cerca el amor que todo lo puede, gracias a la ayuda de los voluntarios, de los misioneros javerianos por su entrega, apoyo, dedicación, de Maite por su trabajo y esfuerzo y sobre todo de los inmigrantes que vinieron al centro San Antonio. Su ejemplo me dio una lección de fortaleza y fe en Dios. Sanaa es un ejemplo de valentía, fuerza de Dios y confianza, su testimonio de vida me marcó profundamente.

Todos los días hacíamos oración por la mañana y por la tarde. El primer día de presentación, vinieron muchas personas, estuvimos haciendo juegos, bailando todos juntos danzas tradicionales africanas. Por las mañanas dábamos clases de español en el Centro San Antonio a los inmigrantes, también clases de informática, manualidades, artes marciales, lengua de signos... Los inmigrantes nos daban su mejor sonrisa cada día, su alegría y sobretodo su amor.

La segunda semana nos dedicamos a hacer un curso de empoderamiento de la mujer en el CETI. Fue un tesoro, porque nuestra idea era crear comunión y unión entre ellas, que nos contaran aquello que les preocupaba cuando llegaran a la Península y se abrieron a contarnos un poco de sus vidas, sus sueños, sus esperanzas. También pudimos bailar, danzar, cantar...

En el taller surgieron muchas preguntas vinculadas a la península: qué principios se regían en esta, qué derechos tenía la mujer, si había trabajo allí, qué asociaciones les podían ayudar etc. Se creó poco a poco un vínculo entre ellas y nosotras, nos llamó la atención todo el amor que llevan dentro y que desprenden en sus ganas de seguir adelante. En los siguientes días de taller ahondamos en el valor de la autoestima. Para ello cada mujer realizó un autorretrato de sí misma y más tarde lo expuso al grupo hablando de sus propias cualidades. Fue muy interesante porque la mayoría dibujaron su propio poblado para representarse a sí mismas.

En los demás talleres estuvimos hablando sobre los proyectos que queríamos para el futuro, nuestros sueños, de dónde partíamos, cuál era nuestro sostén, etc. Para ello creamos nuestro propio árbol, donde las raíces eran nuestras cualidades, el tronco lo que nos sostenía y las ramas nuestros sueños o hacia dónde queríamos llegar. El último día de taller conseguimos animar a las chicas a que vinieran al Centro de inmigrantes San Antonio: fue una fiesta para todos, creo que nos sentimos en fraternidad los unos con los otros.

La experiencia de haber creado un grupo de empoderamiento femenino nos ayudó a coger más fuerza, confianza y valentía para seguir nuestro camino. Todas las voluntarias pensamos en continuar nuestro curso en nuestras ciudades de origen, con el sueño de contribuir a la construcción del Reino de Dios en la tierra.

Por las tardes íbamos a templos de diferentes confesiones religiosas. Me gustó en la Mezquita cómo nos hablaron de un proyecto para niños y jóvenes con el fin de explicarles las distintas religiones, educarles en el respeto, el amor y la paz. También las distintas oraciones que rezamos en la Sinagoga o el templo Hindú, para poder conocer otras confesiones y poder convivir en paz con ellas.

Un día estuvimos en la valla entre Ceuta y Marruecos, nos impactó a todos mucho. Yo la contemplaba desde la impotencia y la tristeza, pensando en las miles de personas que quieren cruzar cada día, muchas que mueren en el camino: todos somos hijos de Dios, todos merecemos vivir una vida digna y en plenitud. Rezamos por todos aquellos que pierden la vida en el mar. Pudimos conocer de primera mano a las hermanas Vedrunas y las hermanitas de Jesús, que nos enseñaron la fuerza de la acogida, de la fraternidad, las enseñanzas de Carlos de Foucauld, del Amor de Dios a todos nuestros hermanos... El viaje a Tetuán nos ayudó a conocer de primera mano la realidad que vive una minoría cristiana en un país musulmán, también me impactó la vida en la Medina, los hermanos franciscanos...

Gracias a todos por estos días vividos, ha sido un regalo de Dios y creo que a todos nos ha dejado huella, la huella de Cristo en nuestro interior.

“Porque la caridad de Cristo nos apremia, pensando que si uno murió por muchos, fue para que los que viven no vivan para sí, sino para quien murió y resucitó por ellos.

Así que de ahora en adelante no consideramos a nadie según criterios meramente humanos. Aunque antes conocimos a Cristo de esta manera, ya no lo conocemos así.  Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”  (2Corintios 5)

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