Jesucristo durante su vida terrena, no tuvo una sola transfiguración, sino que hubo más revelaciones o manifestaciones de su divinidad: el Nacimiento anunciado a los pastores, la voz que clama al salir Él de las aguas después de su bautismo, la entrada en Jerusalén, la Eucaristía, su muerte en la Cruz, su resurrección y ascensión a los cielos... Pero, ¿cuáles son las transfiguraciones de Cristo en estos días? Parece ser que hay una que todos los días se lleva a cabo: la Consagración del pan y del vino en su Cuerpo y su Sangre. Esa es la mayor manifestación que hay en nuestros días. Allí no están presentes ni Elías ni Moisés, sino solamente la Trinidad que nos da la certeza de estar presenciando un acto misterioso y milagroso a la vez. Cristo nos invita a verle en la Eucaristía con ojos de fe, y decirle como Pedro: ¡qué bien se está aquí, Señor! Él nos está esperando para que le encontremos en el sagrario. Él está allí, y se te transfigurará sólo si estás dispuesto a seguirle con humildad y amor.
Vicente Martínez: El fuego invisible. Un espacio de luz en el que poder estar mejor con la vida, con el misterio, con Dios, con lo que nos refuerza, con los demás, con nosotros mismos.
José Luis Sicre: La anticipación del triunfo de Jesús. La Cuaresma es etapa de preparación a la Pascua; no sólo al recuerdo de la muerte de Jesús, sino también a su resurrección.
Fray Marcos: El AT quedó superado por Jesús. Lo malo es que nos identificamos más con el Dios del AT que con el de Jesús.
José Antonio Pagola: Liberar la fuerza del evangelio. Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.
Dolores Aleixandre: Habla un miembro de la comunidad de Roma. ¿No creéis que también le dio fuerza a él? Porque no plantó su tienda en la montaña como quería Pedro, sino que bajó de nuevo al camino que iba a conducirle a Jerusalén.