TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE ENTREGÓ A SU HIJO ÚNICO
Se acerca la Pascua y es tiempo de irse centrando en lo que es más importante y fundamental. ¿En nuestros pecados? No. Más bien en el amor de Dios. Ahí está el centro del Evangelio y el centro de la vida cristiana. El de Dios es un amor loco, sin medida. No hay mucho más que decir. Simplemente creer en la Palabra de Dios, acogerla en nuestro corazón y dejar que ella nos vaya quitando de la cabeza las muchas ideas preconcebidas que tenemos sobre un Dios castigador, que está atento a nuestros más pequeños fallos para castigarnos, que nos mira con desconfianza, que no cree en nosotros, etc. En nuestras manos está rechazar el amor y la vida que Dios nos regala en Jesús. Lo podemos hacer pero seríamos tontos si lo hiciéramos. Porque Dios no nos pide nada a cambio. Nos regala el amor para que lo vivamos y lo compartamos sin medida. ¿Qué más se puede pedir? Cuaresma es levantar la mirada, reconocer el amor con que Dios nos ama y darnos cuenta de que seguirle a él es lo mejor que podemos hacer con nuestra vida.
LA PALABRA
COMENTARIOS
- Vicente Martínez: Amanecer en Puerta Oscura. El hombre ha de valerse por sí mismo. Se libera la fuente de la vida, y las palabras de Juan han cambiado de sentido quedando clavadas en el desierto del AT para memoria de otros tiempos
- José Luis Sicre: Amor de Dios y respuesta humana. Dios perdona siempre. Como una madre, parece decirnos: “Hagas lo que hagas, terminaré perdonándote”. Ante nuestra debilidad e impotencia podemos hacer como el avestruz que esconde la cabeza en tierra o bien acudir a la luz, buscando en ella la salvación y un sentido a la vida.
- Fray Marcos: Estoy salvado. Nadie tiene que venir a salvarme desde fuera. Soy ya plenitud. Solo debo descubrirla dentro de mí y vivirla.
- José Antonio Pagola: Acercarnos a la luz. Puede parecer una observación excesivamente pesimista, pero lo cierto es que las personas somos capaces de vivir largos años sin tener apenas idea de lo que está sucediendo en nosotros.
- Inma Eibe: Luz en la noche. Así como Jesús acogió a Nicodemo en medio de la noche, hoy también nos acoge a nosotros si -en medio de nuestras noches- nos atrevemos a ir en su busca.
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Saludos
misioneros javerianos
