El Evangelio de este domingo nos revela la identidad de Jesús: el pan que da sentido a la vida y sacia el hambre del hombre. El pan es indispensable para vivir. Jesús lo sabe. El pan es lo primero. Sin comer no podemos subsistir. Por eso se preocupa tanto de los hambrientos y mendigos que no reciben de los ricos ni las migajas que caen de su mesa. Por eso maldice a los terratenientes insensatos que almacenan el grano sin pensar en los pobres. Por eso enseña a sus seguidores a pedir cada día al Padre pan para todos sus hijos. Pero Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre, no para hartarnos de comida sino "para dar vida al mundo".
Vicente Martínez: Pan de vida. Ilusiones cargadas de panes, de vino y de amores. Expresión evangélica que significa que el ser humano participa también, uniéndose a Jesús, en esta donación de su cuerpo y sangre para que los demás tengan vida.
José Luis Sicre: Eucaristía e inmortalidad. El contenido de este domingo es un tema recurrente para el autor del cuarto evangelio: La «vida eterna» (vv.27.40.47.54), «la vida» (v.33.53), «vivir para siempre» (v.51.58), «el verdadero pan que da la vida al mundo» (v.33.51).
Magdalena Bennásar: La otra orilla. Sentimos que llegamos a la otra orilla cuando descubrimos una experiencia personal y comunitaria de fe en la persona de Jesús, que nos resucita por dentro.