En el evangelio de este domingose nos narra la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, Lucas, esta vez, no se detiene en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos y, una vez más, nuestra fe queda cuestionada. Jesús sale al encuentro de los oprimidos y marginados de cualquier clase. Se preocupa por todos a quienes se encuentra en su camino y tienen dificultades para ser ellos mismos. Sin la compasión de Jesús, el relato sería imposible. La compasión es lo primero para ser humanos. No necesita otra justificación. No hace falta fundamentarla en religión alguna. Viene exigida por quienes tienen la máxima autoridad sobre nosotros: "la autoridad de los que sufren". Según el relato de Lucas, un grupo de leprosos, excluidos social y religiosamente, se detienen a distancia y "desde lejos" le piden a gritos lo que no encuentran en la sociedad: "Ten compasión de nosotros". La reacción de Jesús es inmediata. Hay que acogerlos: nada ha de ser obstáculo para atender a los que sufren. Son muchos los que sufren hoy en el mundo. Su grito nos llega "desde lejos", desde otras razas y otros pueblos que no son los nuestros. Podemos encerramos en nuestras fronteras, pero si no escuchamos su grito, nuestro corazón no es cristiano.
José Luis Sicre: “Malos”, pero agradecidos.Diez son curados, y solo uno, el samaritano, el “malo”, vuelve a dar gracias a Jesús. Nueve han mejorado su salud, sólo uno ha mejorado en su cuerpo y en su espíritu, ha vuelto a dar gloria a Dios.
Rosario Ramos: Una sanación que transforma.Jesús nos enseña que experimentar la sanación-salvación de Dios nos “pone en pie”, conscientes de nuestro valor como personas, para rescatar la dignidad de los que son nuestros hermanos y hermanas.