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Ivanildo Quaresma 02 Julio 2020 3064

UN DIOS CERCANO: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados


En el evangelio de este domingo, San Mateo, sorprende a su vez, hablando de los sentimientos de Jesús, que se conmueve ante gente descarriada, o ante los enfermos, paralíticos, paganos, o de mal vivir. Hoy alaba y da gracias a Dios porque el mensaje es comprendido por sus destinatarios, los que están preparados para dejarse sorprender por Dios y sus criterios de liberación universal. Jesús no tuvo problemas con las gentes sencillas del pueblo. Sabía que le entendían. Aquellos campesinos que vivían defendiéndose del hambre y de los grandes terratenientes le entendían muy bien: Dios los quería ver felices, sin hambre ni opresores. Los enfermos se fiaban de él y, animados por su fe, volvían a creer en el Dios de la vida. Las mujeres que se atrevían a salir de su casa para escucharle intuían que Dios tenía que amar como decía Jesús: con entrañas de madre. La gente sencilla del pueblo sintonizaba con él. El Dios que les anunciaba era el que anhelaban y necesitaban. La actitud de los "entendidos" era diferente. Caifás y los sacerdotes de Jerusalén lo veían como un peligro. Los maestros de la ley no entendían que se preocupara tanto del sufrimiento de la gente y se olvidara de las exigencias de la religión. Por eso, entre los seguidores más cercanos de Jesús no hubo sacerdotes, escribas o maestros de la ley. Un día, Jesús descubrió a todos lo que sentía en su corazón. Lleno de alegría le rezó así a Dios: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla". Siempre es igual. La mirada de la gente sencilla es, de ordinario, más limpia. No hay en su corazón tanto interés torcido. Van a lo esencial. Saben lo que es sufrir, sentirse mal y vivir sin seguridad. Son los primeros que entienden el evangelio. El "yugo" del que Jesús nos habla en el evangelio es el compromiso con los valores del Reino. Es una "carga ligera" porque brota del amor y del encuentro con Jesús; va mucho más allá de las normas y obligaciones. La vida del creyente es una vida de amor entregado por los demás. Todos estamos invitados y convocados a construir este proyecto de amor: un mundo de hermanos, que se construye día a día desde lo cotidiano de nuestra vida. El encuentro con Jesús no deja a nadie indiferente.

 

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Cansancios que no curan las vacaciones - 14º Domingo Tiempo Ordinario, Ciclo A

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