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Robertus Kardi 25 Septiembre 2020 1363

HIJO, VE HOY A TRABAJAR EN LA VIÑA


Jesús cuenta esta historia a los jefes del pueblo, afirmando con claridad que son ellos que no han querido escuchar la voz de Dios a través de Juan y que por esto, en el Reino de los cielos serán superados por publicanos y prostitutas, que en cambio han creído en Juan. «Irán los primeros al reino de los cielos». Precisamente ellos serán los primeros en ir si tu corazón no es un corazón que se arrepiente y si tú no escuchas al Señor, si no aceptas la corrección y no confías en Él, si no tienes un corazón arrepentido.

Este juicio, sobre el que la liturgia de hoy nos hace pensar, es un juicio que da esperanza al mirar nuestros pecados. Todos somos pecadores. Cada uno de nosotros conoce bien la lista de los propios pecados, y podemos decir: «Señor te entrego mis pecados, la única cosa que podemos ofrecerte». 

Cuando nosotros seamos capaces de decir al Señor: “Señor, estos son mis pecados, no son los de éste o los de áquel… son los míos. Tómalos tú”. Así estaremos salvados, entonces seremos ese hermoso pueblo, pueblo humilde y pobre que confía en el nombre del Señor.

Con esta parábola Jesús reafirma su predilección por los pecadores que se convierten, y nos enseña que se requiere humildad para acoger el don de la salvación. También san Pablo, en el pasaje de la carta a los Filipenses, nos exhorta a la humildad: «No hagáis nada por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismos». 

 

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