Skip to main content
Ivanildo Quaresma 24 Febrero 2021 1066

NUESTRO LUGAR ES EL MUNDO


En este segundo domingo de Cuaresma leeremos el relato de la Transfiguración y las lecturas nos presentan unos caminantes en tensión. Por un lado, Abrahán que junto a Isaac camina hacia el monte Moría, por otro lado, Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan al monte Tabor. Leídos en el contexto de la cuaresma es claro que ambos relatos nos indican lo difícil y desafiante que es el camino de la vida. Un camino que no recorremos solos, sino que Dios está a nuestro lado. Para Abrahán esta subida es renuncia que implica una gran confianza. En él la fe es confianza vivida esperanzadamente. No hay confianza sin esperanza, ni esperanza que no sea confiada. Hay quienes buscan a Dios sin preocuparse de buscar un mundo mejor y más humano. Y hay quienes se esfuerzan por construir una tierra nueva sin Dios. En Jesús, esta disociación no es posible. Nunca habla de Dios sin preocuparse del mundo, y nunca habla del mundo sin el horizonte de Dios. Jesús habla del "reino de Dios en el mundo". En las cartas escritas por Dietrich Bonhoeffer dice: "Solo puede creer en el reino de Dios quien ama a la tierra y a Dios en un mismo aliento". La "escena de la transfiguración" es particularmente significativa, y nos revela algo que es una constante en el evangelio. "Cristo no lleva al hombre a la huida religiosa del mundo, sino que lo devuelve a la tierra como su hijo fiel" (Jürgen Moltmann). Jesús conduce a sus discípulos a una "montaña alta", lugar por excelencia de encuentro con Dios según la mentalidad semita. Allí vivirán una experiencia religiosa que los sumergirá en el misterio de Jesús. La reacción de Pedro es explicable: "¡Qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas...". Pedro quiere detener el tiempo, instalarse cómodamente en la experiencia de lo religioso, huir de la tierra. Jesús, sin embargo, los bajará de la montaña al quehacer diario de la vida. Y los discípulos tendrán que comprender que la apertura al Dios trascendente no puede ser nunca huida del mundo. La fidelidad a Dios no nos ha de alejar de la lucha por una tierra más justa, solidaria y fraterna.

COMENTARIOS

 

¿Te ha gustado este artículo?

compártelo