En el evangelio de este domingo Jesús nos ayuda a repensar cómo verificamos nuestra experiencia y relación con Dios. No basta con observar o cumplir sus “mandamientos”, no es preciso acumular. Esa es una perspectiva que se queda corta. Hay que ir más allá, liberarnos del miedo y procurar amar al Amor que es fuente y criterio de nuestro estilo de vida. Y decirlo poniendo la vida al servicio de lo que genera vida. Sobre todo, ahí donde esté más amenazada. Podemos compartir, repartir, pero sobre todo estamos llamados a “darnos”. Esa es la sabiduría de Jesús, sabiduría de la cruz.
Las riquezas, poseerlas, amarlas, buscarlas es un modo de vida que define una actitud contraria a la praxis del Reino de Dios y a la vida eterna: es poder, seguridad, placer... todo eso no es la felicidad. La alternativa, en este caso, es seguir a Jesús en vez de los preceptos de la ley, que le han permitido ser un hombre rico. En la mentalidad judía, ser un hombre de riquezas y ser justo iban muy unidos. Es eso, por lo mismo, lo que desbarata Jesús para este joven con su planteamiento del seguimiento como radicalidad. Pensar que el seguimiento de Jesús es una opción de miseria sería una forma equivocada de entender lo que nos propone este historia evangélica. Este joven es rico en bienes materiales, pero también morales, porque cumple los mandamientos. ¿Es eso inmoral? ¡No! Pero esa riqueza moral no le permite ver que sus riquezas le están robando la verdadera sabiduría y el corazón. No tiene la sabiduría que busca, porque debe estar todavía muy pendiente de “sus riquezas”. Siguiendo a Jesús aprenderá otra manera de ver la vida, de vez las riquezas.
Junto a ello también nos podemos centrar hoy no tanto en fijarnos en lo que nos “falta” como aquel joven rico, sino en reconocer lo que somos y tenemos y desde lo que podemos “dar-nos”. Para traer alegría, esperanza, ánimo, allí donde estamos y vivimos. Pero sin perder la conexión con todo lo que nos afecta desde cualquier parte del mundo. “Todo está conectado” recuerda el papa Francisco. En el viaje de la vida hay momentos en que hemos de desprendernos de lo que nos impida caminar más ligeros tras las huellas de Jesús.
José Antonio Pagola: Un dinero que no es nuestro. No es una suerte tener dinero, sino un verdadero problema, pues el dinero nos impide seguir el verdadero camino hacia Jesús y hacia su proyecto del reino de Dios.