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Ivanildo Quaresma 10 Febrero 2022 2722

TOMAR EN SERIO A LOS POBRES


A los cristianos de los países ricos, se nos hace duro leer el texto de las bienaventuranzas que nos ofrece Lucas. Al parecer, este evangelista pertenecía a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jesús, Lucas lo presenta de manera más provocativa. Junto a las «bienaventuranzas» a los pobres, el evangelista recuerda las «malaventuranzas» a los ricos: «Dichosos los pobres... los que ahora tenéis hambre... los que ahora lloráis». Pero, «ay de vosotros, los ricos... los que ahora estáis saciados... los que ahora reís». El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. ¿Cómo escuchar este mensaje en nuestras comunidades cristianas? Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más llega al corazón de Dios. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel, de la que en buena parte somos cómplices nosotros. ¿Queremos continuar alimentando el autoengaño o abrir los ojos a la realidad de los pobres? Los cristianos no hemos descubierto todavía la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan más luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan a la conversión. Nos pueden hacer más humanos: más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad. El abismo que separa a ricos y pobres sigue creciendo de manera imparable. O tomamos en serio a los pobres o nos olvidamos del Evangelio. En los países ricos nos resultará cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Se nos hará insoportable.

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