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Ángel De La Victoria León, sx 27 May 2026 362

NADIE DA LO QUE NO TIENE


Vivimos tiempos donde vemos con urgencia la necesidad de cambiar el mundo. Se habla mucho de que hace falta más justicia, más honestidad, más compromiso. Se reclaman cambios en lo político, en lo económico, en lo social, en lo religioso.

Todo eso es válido y pertinente; pero hay una verdad sencilla, casi obvia, que muchas veces pasamos por alto: nadie puede ofrecer algo que no posee o que no ha cultivado primero en sí mismo.

¿Cómo podemos soñar con una sociedad justa, pacífica y solidaria si no somos capaces de actuar con coherencia en nuestro día a día cotidiano? ¿Cómo podemos pedir transparencia si nosotros mismos ocultamos, manipulamos o evadimos responsabilidades?

¿Cómo vamos por la vida buscando una comunidad de fe viva, si nuestra relación con Dios está dormida?

“Nadie da lo que no tiene” no es una frase pesimista que nos invita a la pasividad, sino que es una invitación clara a implicarnos, a hacer de nuestra vida algo que agrade a los que se encuentren con nosotros.

Es una llamada que nos impulsa a mirar hacia dentro. A preguntarnos cómo estamos viviendo nuestra vida y qué tipo de persona estamos siendo. Porque cualquier cambio duradero comienza en lo interior.

Si queremos ver respeto, debemos aprender a respetar. Si queremos paz, necesitamos aprender a vivir en paz con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Si deseamos una economía más humana, debemos revisar cómo usamos lo que tenemos, cómo compartimos, cómo consumimos.

En medio de todo esto, la figura de Jesús de Nazaret sigue siendo profundamente actual. No es algo que tenga que imponerse a la fuerza, sino que es algo que tiene que proponerse y que debe enamorar. Está claro que Jesús con su forma de vivir nos muestra un camino distinto. Él no solo habló del amor, lo practicó; no solo señaló la verdad, la vivió; no solo predicó el perdón, sino que desde la cruz lo ofreció a los que lo crucificaron.

Su vida entera fue coherencia entre lo que creía y lo que hacía. Y esa autenticidad es lo que sigue tocando corazones más de dos mil años después.

Jesús no vino a exigir perfección sino a ofrecer un modo nuevo de ser humanos.

Un modo más compasivo, más justo, más libre. Y lo hizo en lo cotidiano: en un gesto, una palabra, una comida compartida, un perdón ofrecido. Él mismo tomó el tiempo para formarse, para escuchar, para orar, para amar. Y desde ahí pudo ofrecer al mundo una luz diferente.

Si queremos que nuestra sociedad cambie necesitamos personas que se tomen en serio su propio crecimiento interior. Hoy sigue siendo actual la frase “cambia tú para que el mundo cambie”. Así podrás estar más disponible para los demás. Porque es verdad: nadie da lo que no tiene. Pero también es cierto que todos podemos cultivar lo que nos falta.

En este tiempo de Pascua y de Pentecostés, de alegría esperanzada; este mensaje no tiene la intención de desanimarnos sino de inspirarnos. Es una invitación a cuidar lo que hay en nuestro interior. Porque cuando una persona cambia, su entorno también empieza a cambiar. Y así, paso a paso, podemos ir construyendo un mundo más humano, más justo, más fraterno. A la manera de Jesús.

Ángel De La Victoria León, sx

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