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Robertus Kardi 11 Abril 2026 956

Semana Santa Misionera en Fnideq: encuentro, fe y fraternidad


Del 1 al 5 de abril tuve la gracia de vivir la Semana Santa en Fnideq, Marruecos, junto con tres jóvenes españoles de la diócesis de Canarias. Fuimos acogidos por la comunidad javeriana de Fnideq para vivir este tiempo de comunión y misión, compartiendo además la experiencia con dos jóvenes cristianos que viven en Fnideq y Martil.

Una Semana Santa vivida desde el encuentro con Dios y con los hermanos

 Ha sido, sobre todo, una semana misionera vivida desde el encuentro: encuentro con Dios y encuentro con los hermanos de diferentes culturas y religiones. Una experiencia que nos ha ayudado a crecer en la fe y en la fraternidad, reconociéndonos como miembros de una misma familia humana.

Cada mañana tuvimos momentos de oración y reflexión en la comunidad javeriana de Fnideq. Estos espacios nos ayudaron a preparar el corazón para celebrar el misterio pascual de Cristo: su entrega hasta el extremo, su pasión, muerte y resurrección. Y por las tardes, celebramos el Triduo Pascual con la pequeña comunidad cristiana en la iglesia de San Francisco de Asís de Mdiq. Allí, en esa comunidad aparentemente insignificante, pero muy significativa por su presencia como testigo vivo del evangelio entre los hermanos marroquíes, nos unimos como familia a celebrar el misterio de la salvación en Jesucristo.

Diálogo interreligioso e intercultural

Uno de los aspectos más enriquecedores de esta experiencia ha sido el encuentro interreligioso con los hermanos musulmanes que venían de Tetuán. El jueves por la tarde, después de la celebración del Jueves Santo, tuvimos un significativo encuentro de diálogo y oración con un grupo de hermanos sufíes. En un ambiente de escucha y fraternidad, compartimos nuestras experiencias de vida y nuestras riquezas espirituales. Y el encuentro terminó con una cena juntos, donde continuamos el diálogo en un ambiente de amistad. 

El sábado, vivimos una experiencia de encuentro intercultural con jóvenes de Fnideq. Fue una jornada de convivencia fraterna: desayunamos juntos, compartimos nuestras tradiciones, nos acercamos unos a otros desde la acogida mutua y celebramos la riqueza de la diversidad. Momentos como estos nos ayudan a entender que, en Dios, todos somos hermanos, y que es posible caminar juntos, aun siendo diferentes en creencias. Es posible, sin duda, ser constructores de paz y fraternidad.

Una experiencia misionera que abre caminos de fraternidad universal

Personalmente, esta experiencia me ha ayudado a descubrir que la fe, cuando nace del encuentro personal con Dios, también se profundiza y crece siempre más en el encuentro con el otro, especialmente con aquel que piensa, cree o vive de manera diferente. El otro no es amenaza, sino don; no es distancia, sino oportunidad de crecimiento. He experimentado cómo el encuentro sincero rompe barreras de miedo, prejuicio y desconocimiento. La vida vivida desde Dios se convierte en una vida fecunda, capaz de generar esperanza, amistad, comprensión y paz.

Esta Semana Santa ha sido una experiencia profundamente misionera, vivida desde la presencia gratuita, el testimonio de vida y la amistad. Una misión donde el amor de Dios se transmite no tanto con palabras, sino con la apertura, la amistad, el respeto, la escucha, la cercanía y el compartir la vida con el otro.  El amor de Dios es misionero por naturaleza: no se encierra en sí mismo ni en los límites de una comunidad. Es un amor que sale al encuentro, que cruza fronteras, que derriba muros y une lo que está separado. Un amor verdaderamente universal.

Robertus, sx

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