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Gabriel Rodríguez Armas 19 Abril 2026 705

Semana Santa en Marruecos: una experiencia fuera de lo habitual


Esta Semana Santa la he vivido lejos de casa, en Fnideq (Marruecos), y creo que lo que más la define no es lo que hicimos, sino lo que dejó en mí.

No ha sido una experiencia intensa en el sentido emocional. De hecho, en muchos momentos ha sido bastante normal: oraciones por la mañana, celebraciones por la tarde, convivencia sencilla… Pero precisamente ahí está lo significativo. Todo ocurría en un contexto donde ser cristiano no es lo habitual, y eso cambia completamente la percepción.

Celebrar el Triduo en una comunidad pequeña, casi invisible dentro de la sociedad, te hace darte cuenta de que la fe no necesita grandes estructuras para sostenerse. Allí no había ruido, ni grandes montajes, ni mucha gente. Y, sin embargo, había verdad. Quizá más desnuda, pero también más clara.

Me ha llamado especialmente la atención lo natural que han sido los encuentros con personas de otra religión. No han sido momentos “extraordinarios”, sino conversaciones normales, compartiendo tiempo, mesa, vida. Y en esa normalidad es donde uno descubre que muchas de las barreras que uno tiene son más mentales que reales.

No he tenido la sensación de estar “haciendo misión” en el sentido clásico. Más bien lo contrario: la impresión de estar aprendiendo. Aprendiendo a no dar por supuesto lo que creo, a escuchar sin necesidad de responder, a estar sin tener que justificarme constantemente.

También me llevo una cierta incomodidad buena. La de darme cuenta de que muchas veces vivo la fe desde la costumbre más que desde una decisión real. Estar en un lugar donde no todo te empuja a creer te obliga a preguntarte por qué crees tú.

Si tuviera que decir qué ha sido lo más importante de estos días, no hablaría de actividades concretas. Diría más bien que ha sido una experiencia que me ha descolocado un poco por dentro. Y eso, aunque no siempre apetezca, suele ser señal de que algo se ha movido.

No sé si sabría explicar exactamente qué ha cambiado. Pero sí tengo claro que no he vivido esta Pascua igual que otras.

Y quizá con eso es suficiente.

Gabriel Rodríguez Armas

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