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Jesús Diaz Herrera 22 Junio 2026 347

EXPERIENCIA DE LA PASCUA DEL ENCUENTRO EN MARRUECOS


La vorágine diaria y excusas varias han hecho que me pierda en el tiempo, en el cronos…, con sus minutos y segundos pasando sobre mí. Pese al martillo pilón que dibujan las agujas del reloj, no he olvidado lo vivido mientras germinaba en mi corazón la semilla de estas letras. Ahora entiendo que hay un tiempo para todo: (Eclesiastés 3,1). También para escribir con reposo. Un Kairós perfecto para cada cosa.

MIÉRCOLES SANTO

Teresa de Calcuta decía que un corazón limpio puede ver el bien. Tras visitar la maternidad de las misioneras de la Madre Teresa me preguntaba qué grado de limpieza hay en mi corazón. Esta propuesta de oración y acción de santa Teresa de Calcuta nos empuja a un sincero intento de imitación tanto hacia fuera como hacia dentro. En esos micromundos donde nos escondemos, olvidamos la “casa común” que se nos presentó en Laudato Si’, y es que bajo el sol todos nuestros anhelos son vanos; estamos llamados a hacer el bien y a cuidar la creación en pos de la vida eterna.

JUEVES SANTO

Hoy cenamos con nuestros hermanos musulmanes haciendo familia. En la eucaristía de la tarde les tenemos en nuestras oraciones y pedimos por nuestra propia conversión; no estamos aquí para convertirlos a ellos sino a nosotros mismos. El “otro” también ha sido tocado por Dios, que tiene un proyecto para todos. Los avatares de la vida y más de un sufrimiento nos une en esta caótica realidad.

Comparto mi pesar por lo inevitable del dolor humano cuando un rezo sufí resuena rítmicamente, nos sobrecoge y se eleva sobre nuestras cabezas en Tetuán.

  • ¿Pretendes llegar al cielo sin haber sido puesto a prueba? ¿Cuánto sufrieron los pueblos que nos precedieron?
  • … (guardo silencio)
  • Cosa buena sería que preparásemos la llegada del Mesías juntos.

VIERNES SANTO

El sufismo es uno de los movimientos más místicos y reflexivos del mundo musulmán. Hacer lo bello, perseguir el bien y la unión con Dios a través del arte y la oración. Buscan hacer poesía con la propia vida, escribir un bello verso cotidiano, como se pueda: con borrones o renglones torcidos si es preciso, ya se sabe…

Con Fe y silencio en el corazón, en un amago de oración, encuentro serenidad paseando por los alrededores hasta llegar a una zona retirada. Camino detrás de mis compañeros. Sigo las huellas de unos y sé que otro seguirá las mías, aunque no quiera pensarlo mucho; cada uno con su cruz y viacrucis correspondiente. Escucho lenguas diferentes y siento algo de miedo, pero al levantar la mirada he visto a un niño sonreír… Siempre los niños. Hago un resumen de mi vida intentando recordar quién soy y de dónde vengo y finalmente también sonrío porque la cara de ese niño me dice que el amor mueve el mundo, efectivamente, aunque a veces aporreemos con nuestra mala cabeza las mismísimas puertas del infierno.

SÁBADO SANTO

Marruecos, puerta del mediterráneo, está hermanado sin remedio con España por su historia más reciente y por procesos migratorios soportados por cayucos que llegan incesantemente a nuestras costas. Parafraseando a uno de los moteros que el bueno de Miquel Silvestre se encontró en este país: creo que volver a Marruecos es como volver a Europa... Pero siguen siendo africanos en lo que a su percepción del tiempo y concepto de puntualidad se refiere. El desayuno tardío que nos prometieron en la asociación vecinal fue prácticamente un almuerzo aderezado con bailes y algarabía, y solo nos pudimos sentar cuando llegamos a la casa de su presidente para saborear el cuscús tradicional. El ambiente de fraternidad fue el denominador común, finalmente, y disfrutamos de un día lleno de encuentros entre miradas y apretones de mano.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Poner luz en la oscuridad y vivir con esperanza… nos pide el padre François. ¿Por qué aferrarnos al pasado y buscar entre los muertos al que vive? No nos acostumbramos a salir del corsé de nuestra limitada lógica aunque tengamos motivos razonables para saber que estamos en lo cierto cuando vemos la mano de Dios en tantos momentos…

Vivir la Pascua en tierras del islam me permite acoger y ser acogido por el otro dejándome hacer desde una posición humilde para comprender que lo evidente se manifiesta cuando compartimos lo que somos, con nuestra historia a cuestas, saboreando a Dios en lo cotidiano, incluso en los conflictos y en la añoranza que sentimos por ese amor que nos hizo vulnerables ante el otro. Es paradójico que un acto tan valiente nos deje tan indefensos; parece una temeridad. De estas “temeridades” nos reímos cuando salimos a tomar el té. Las risas forman parte de nuestra historia de salvación y compruebo con alivio que no soy el único que carga su cruz con humor. Dios quiere nuestra historia, Jesús, hay que abrazarla, me espeta el padre François justo antes de dormir…

LUNES DE PASCUA

Al despertarnos celebramos en la intimidad. No hablo mucho. Me sorprendo pensando en los porqués, los mismos que supongo tendrán nuestros hermanos musulmanes… ¿Por qué he pisado de nuevo África por la parte más cercana a nuestra burbuja occidental? ¿Por qué no consigo dormir regularmente y resulta que por estos lares cada minuto de actividad es un descanso? No hay respuestas fáciles en los “porqués” y la verdad, me importa un bledo. Llega un momento en que lo importante es el “para”. He venido para encontrar el amor verdadero. Lo hallo en la mirada del otro, en el encuentro. Quiero un amor de los que anidan en personas que odian vivir en un continuo viernes santo porque resucitan cada día hablando de Dios aunque no quieran reconocer que lo conocen y lo niegan con la boca pequeña porque no tienen valor ni ganas para hacerlo con rotundidad. Yo veo en esa duda una gran esperanza.

Ha muerto el papa Francisco. No me deshago en lágrimas, pero asumo el alcance de la noticia. Su mensaje fue capital para muchos procesos de conversión, a pesar de la rancia ortodoxia – como si él no la tuviera – con la que algunos le atizaron.

El mismo papa Francisco nos decía en su homilía de ayer – que ya parece una eternidad – que la fe no es estática, instalándonos necesariamente en seguridades. Nos impulsa al movimiento. ¡Por eso he venido! Para abrir bien los ojos y salir veloz a su encuentro, mucho más rápido y más lejos cuanto más crea que lo he perdido. Él siempre nos espera y en el fondo sabemos dónde está. No lo dudes: ¡Corre! Da igual el tiempo que pasaste sin Él. ¡Ahora! Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche, Señor. Que nuestra naturaleza transitoria no nos impida esculpir un bello mundo con obras que no puedan ser abrasadas por el fuego del fin de los tiempos. Que algún día tú también puedas decir: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3,10-15)

Jesús Diaz Herrera

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