Desde hace 80 años en los caminos del mundo
Nosotras, las Misioneras de María - Javerianas, recordamos ese sí de fe, que hace 80 años dio origen a nuestra familia misionera. En un pueblo del Apenino, en un clima de intensa oración, Celestina Bottego supera las resistencias iniciales y acepta la propuesta del misionero javeriano Giacomo Spagnolo de colaborar en la fundación de la rama femenina de los misioneros javerianos. Ella es una mujer de casi cincuenta años, con un proyecto de vida ya definido. Él, un joven misionero de treinta y dos años y así realiza el proyecto incompleto del obispo san Guido María Conforti.
Fue el 24 de mayo de 1944 que comenzó nuestra familia misionera. En una carta, padre Giacomo nos escribía: Desde el principio de la congregación hemos estado convencidos y realmente experimentamos que debía ser obra de Jesús. Le correspondía entonces seguir adelante y a nosotros seguirlo, dándole carta blanca con docilidad y perfecta disponibilidad en todo, a pesar de las inevitables dificultades. Siempre fue nuestra disposición, mía y de la Madre, no ir delante de Jesús sino esperar su invitación, como se manifestaba en las circunstancias y en los signos de los tiempos (17.11.1975).
DISPONIBLIDAD A LA VOLUNTAD DE DIOS
La fe, la dócil disponibilidad a la voluntad de Dios, son una constante en la vida de nuestros Fundadores. Y las encontramos en las primeras hermanas enviadas a misión.
Rosetta Serra tuvo el privilegio de vivir un año con la Madre en los inicios de la presencia en Estados Unidos en 1954. Se ocupaban de la cocina y del guardarropa en la casa apostólica de los Javerianos: La Madre era ella quien cocinaba, aunque no sabía. Ella lavaba los platos. Quería que yo tomara tiempo para estudiar inglés. Era una mujer de fe, de confianza y esperanza, también respecto al futuro de la Congregación: “Si el Señor quiere, seguirá adelante”.
INVENTANDO Y CREANDO
Partí sin conocer ni el francés ni el Kirundi. Dos meses después de mi llegada, comencé a enseñar costura a las chicas... Éramos las primeras, teníamos que inventar trabajo y estilo... En contacto con los Misioneros de África, con los sacerdotes locales, con la gente, aprendimos la misión (Rina Mondin, misionera en Burundi).
Al llegar a Apucarana (Brasil), en 1957, las hermanas daban sus primeros pasos con sencillez y coraje... Siempre estaban alegres, vivían sobriamente y la Providencia nunca les faltó. Al verlas tan jóvenes, lejos de su patria, trabajando con tanto amor, deseé realizar con ellas mi sueño de consagrarme al Señor (Eliza Colombo, una de las primeras hermanas brasileñas).
LLAMADA A LA ALEGRÍA
Me gusta pensar que la llamada a ser misionera javeriana es una llamada a la alegría: "La alegría es el termómetro de la caridad, de vuestra vida interior. Debemos ser en todas partes apóstoles de la alegría", escribía Madre Celestina.
A las primeras hermanas se unieron otras, primero en Italia, luego en Japón, Brasil, México, Congo, Chad, Camerún, Tailandia, Burundi. A ochenta años de los inicios, tras las primeras décadas prósperas de vocaciones, ahora conocemos una fase de debilidad. Resuena fuerte la llamada, reflejo de lo que nuestra Madre vivió de manera ejemplar: ¿No es toda nuestra vida misionera un acto de fe? ... Sentirnos impotentes porque siempre somos demasiado pocas, siempre demasiado incapaces y sin medios y, sin embargo, continuar creyendo que nuestro amor, nuestros sacrificios, nuestra presencia, nuestra pobre acción en el plan de Dios servirán para la extensión de su reino.
¿No es acaso un gran ejercicio de fe creer que el Señor nos ha elegido y hará grandes cosas, sirviéndose de nuestro nada si tenemos fe en Él, incluso cuando las fuerzas físicas disminuyan, incluso cuando nos sintamos tan lejos del ideal?
