UNA NUEVA IGLESIA EN CHAD, EN TUKRA Y NO SOLO UNA COLMENA EN PLENA ACTIVIDAD
Mucho trabajo en tan solo 8 años
En la vasta periferia sur de Yamena, la capital del Chad, entre dos grandes ríos procedentes de Camerún y de Centroáfrica, se encuentra una zona en constante expansión, habitada por casi dos millones de personas. Aquí, desde hace ocho años, los javerianos llevan a cabo su misión. El padre Marco Bertoni y yo llegamos sin tener una idea precisa de dónde seríamos enviados. Después de un período de exploración y de introducción, nos instalamos en una zona que, hasta hace unos años, parecía no ser apta para ser habitada, ya que el suelo arcilloso se utilizaba únicamente para arrozales. Sin embargo, la creciente presión demográfica ha transformado esta zona en un inmenso barrio en obras al aire libre, donde las casas surgen como champiñones. Los barrios se siguen añadiendo unos tras otros, aunque la infraestructura aún es inexistente. Nuestra misión se hizo realidad en noviembre de 2017.
Los milagros siguen realizándose
Al principio encontramos pequeñas comunidades cristianas que se reunían los domingos, a menudo sin sacerdote. Los nuevos vecinos del barrio, acostumbrados a asistir a las iglesias del centro de la ciudad, comenzaron a involucrarse. Nuestra presencia, las misas regulares y las primeras actividades comunitarias han atraído cada vez a más gente: bautizados, catecúmenos, curiosos y simpatizantes. En Tukra, donde inicialmente sólo había dos pequeñas comunidades de base, CEB, reunidas en patios de casas particulares, estos espacios pronto se volvieron demasiado reducidos. Milagrosamente y podemos decir que gracias a la intercesión de San Guido María Conforti, logramos comprar una hectárea de terreno en un sitio estratégico. La comunidad, con gran entusiasmo, construyó inmediatamente un precario cobertizo que, en poco tiempo, fue ampliado varias veces para acoger al creciente número de fieles. Hoy en día, más de 400 catecúmenos asisten regularmente a catequesis y más de 500 personas asisten a la misa dominical.
Mientras tanto, han nacido otras ocho comunidades de base o de barrio que se reúnen semanalmente para orar, escuchar la Palabra y organizar actividades caritativas. Se está construyendo una iglesia porque la comunidad, compuesta principalmente por familias jóvenes, es muy dinámica y participativa. Incluso en zonas vecinas, como Ngonba y Dassa, hemos vivido una historia muy parecida. En Ngonba, la pequeña capilla rápidamente se quedó pequeña, obligando a la comunidad a celebrar bajo los árboles y luego construir nuevos cobertizos para protegerse del sol abrasador. Hemos conseguido comprar un nuevo terreno, otro milagro atribuido a San Guido María Conforti, donde se construirá la futura estructura de una nueva parroquia. En Dogore, un poco más al sur, había una comunidad de pescadores que vivía casi aislada y en raras ocasiones se celebraban misas. Hemos relanzado la vida de esa comunidad con misas mensuales y actividades comunitarias.
No nos desanimamos
Pero en noviembre de 2022, las inundaciones devastaron toda la zona, derribando árboles y destruyendo las estructuras existentes. A pesar de la desolación, la comunidad reaccionó con valentía: se trasladó a nueva parcela de tierra y reanudó las celebraciones bajo un sencillo cobertizo hecho con un techo de paja. Actualmente se está recaudando para la construcción de una nueva iglesia, una estructura metálica recubierta de uralitas de chapa. La gente, con mucha dedicación, aporta una cuota mensual para llevar adelante esos trabajos. Además de estos tres sectores, los javerianos animan otras áreas más descentralizadas. El trabajo es inmenso, pero los trabajadores son pocos. Aun así, en los últimos años han nacido innumerables iniciativas: celebraciones, catequesis, atención a ancianos y enfermos, proyectos de desarrollo e incluso la creación de una escuela. Se trata de una colmena en plena actividad o, para ser más cercanos al entorno local, una colonia de termitas que nunca se detiene. Siete años después de nuestra llegada se notan grandes cambios. Todo esto fue posible gracias al compromiso de muchos. «Tú, Señor, fortaleces la obra de nuestras manos», dice el salmo. Y nosotros, llenos de gratitud, seguimos sembrando.
