LA SANTA PASION EN EL ITINERARIO ESPIRITUAL DE SAN FRANCISCO JAVIER
Estamos por terminar este itinerario espiritual del patrono de las misiones, san Francisco Javier. Hay que decir que nos sucede muy a menudo el pensar que la vida de los santos no pasa por dificultades o que, si las pasan, ellos son especiales y no las sufren como nosotros. Sin embargo, lo que anima a un cristiano de a pie y a todo ser humano es descubrir que todos, de alguna manera, somos capaces de pasar por esas dificultades y de salir fortificados gracias a un espíritu de confianza en Dios y una gran humildad, necesarias para afrontar las contrariedades en nuestro propio itinerario de fe y seguimiento de Cristo. El de san Francisco Javier después de once años y ocho meses desde que salió de Lisboa hasta la isla de Sancián, en donde llega a su término y en donde sus sueños tomarán el rumbo de la eternidad para encontrarse con Cristo el Señor, va a estar marcado por lo que llamaremos la santa pasión, siguiendo a Xavier Léon-Dufour sj.
Queremos narrar estos últimos momentos que muestran a Francisco Javier muriendo a las puertas de China y que ha inspirado a tantos artistas, y también a futuros misioneros, como a nuestro fundador, san Guido María Conforti, a continuar la obra de Francisco Javier y entrar en China para anunciar a Jesús.
Preliminares de la santa pasión
Por segunda vez, Francisco Javier hace escala en la India. Siendo superior de la Compañía de Jesús en el Extremo Oriente y padre de la misión está preocupado en organizar todo, en arreglar los problemas de los religiosos jesuitas: despide a algunos de la compañía y comunica con Lisboa y Roma para pedir personal y dar consejos acerca de la misión.
El tiempo del Domingo de Ramos
Desea hacer avanzar las fronteras de la Iglesia. En Japón ha sacado provecho personal y una gran estima de ese gran pueblo, aunque no ha logrado predicar en las universidades japonesas y ha pasado por la humillación de las traducciones erróneas. Sin embargo, pide refuerzos misioneros y continúa soñando. Ahora su mirada se dirige a China porque si China se convierte también lo hará Japón.
De China él escribirá lo siguiente:
“Es la China tierra muy grande, pacífica, sin tener guerras ningunas, tierra de mucha justicia, según lo que escriben los portugueses que en ella están; es de más justicia que ninguna de toda la cristiandad. La gente de la China, la que hasta aquí tengo vista, así en Japón como en otras partes, es muy aguda, de grandes ingenios, mucho más que los japones, y hombres de mucho estudio. La tierra está muy abastada, en grandísima manera, de todas las cosas, y muy poblada de grandes ciudades, casas de piedra muy labradas, y lo que todos dicen, tierra muy rica de muchas sedas. Tengo por noticia de los chinos, que hay mucha gente en la China de diversas leyes; y según la información que de ellos tengo, parece que deben ser moros o judíos. No me saben decir si hay cristianos”.
Francisco Javier insiste en la gran confianza que le anima. Piensa en hacer una embajada del rey de Portugal para el rey de China llevándole regalos. Tiene el presentimiento que con este viaje no volverá a ver Goa.
El Santa Cruz
Se encuentra la oposición de don Álvaro Ataide de Gama en Malaca que no tiene miedo ni del rey ni de la excomunión. Francisco Javier sufre este revés pero no hay amargura. El párroco de Malaca se pone del lado de don Álvaro y la tripulación se divide, unos con él y otros con don Álvaro.
Javier escribe que va a las islas de Cantón en “el Santa Cruz” que le permitió don Álvaro y porque no quiere llegar a tierra firme esperará allí quien lo lleve a China.
Un islote desierto
A finales de agosto 1552 llega a Sancián. Ahí los mercaderes portugueses y chinos intercambiaban mercancías. Pero nadie acepta llevar a Francisco Javier porque temen la muerte y porque ningún europeo podía entrar en China por orden del rey.
Hay un hombre que se presta a llevarlo en una pequeña embarcación con miembros de su familia pero también existe la contingencia de que una vez en el mar se deshaga de ellos o los lleve a un islote desierto. Si son descubiertos el peligro es que los metan en el calabozo. Francisco Javier no se rinde y continúa esperando poder entrar en China y está determinado a intentarlo a costa de mil peligros.
El 12 de noviembre, fecha de la última carta que nos ha llegado, dice que “si no llegase a China iría a Siam, un islote y de ahí buscaría llegar a tierra China”. No se rinde.
Pero el 21 de noviembre enferma. A los ocho días pierde el conocimiento. El día 1 de diciembre recobra el conocimiento y entra en diálogo con la Trinidad, a la que menciona mucho en muchas lenguas que había aprendido. Morirá al cuidado de Antonio, el chino que le acompaña. Sus ojos se cierran para abrirse a la dicha plena del encuentro con el que anunció en tan diversos y lejanos países y que tanto le amó.
San Francisco Javier nos ha acompañado a través de estos artículos que terminan aquí y que retratan su itinerario espiritual, dándonos lucidez en nuestro caminar cristiano. Nos invita a abandonarnos en la CONFIANZA de un Dios tan bueno que nunca nos abandonará a pesar de los muchísimos peligros por los que pasemos, de las muchas incertidumbres y miedos que a veces nos acechan, pero que nos dan seguridad en nuestro seguimiento cristiano. Y terminamos repitiendo lo que Francisco Javier escribía a Barceo, su discípulo más fiel y a quien aconsejó HUMILDAD en la vida porque TODO ES GRACIA.
Los Misioneros Javerianos, China y sus reveses
Los misioneros javerianos tomamos inspiración en la vida de Francisco Javier, así como la ha tomado también nuestro fundador san Guido María Conforti, quien también pasó por muchos reveses en su propio itinerario de fe. Es cierto que después de cada fracaso recomenzaba el caminar y sin desanimarse continuaba con humildad el camino que Dios a través de los acontecimientos le iba marcando.
La primera misión de los javerianos ha sido China. En marzo de 1899, pocos meses después de la aprobación del Instituto, partieron los dos primeros javerianos hacia China. Un destino que dio lugar a una de las experiencias más significativas del carisma misionero javeriano. Los primeros, P. Caio Rastelli y el estudiante Odoardo Manini, fueron arrastrados por la furiosa Revolución de los Bóxers y, después de pocos meses, en 1900, tuvieron que huir. El padre Rastelli murió a consecuencia de los sufrimientos padecidos durante la huida y Conforti no dudó en reconocer al primer misionero de su "Instituto" el "mérito" del martirio.
En 1904 la misión se reanudó en Henan. Los javerianos se encontraron involucrados en los acontecimientos de un pueblo afligido por guerras civiles y hambrunas. Participaron en sus sufrimientos y trataron de aliviarlos. Con la llegada de la República Popular, los javerianos, tras numerosas vicisitudes y persecuciones, tuvieron que abandonar China. El 1 de mayo de 1954 monseñor Bassi, el último obispo javeriano en China, después de siete meses en la cárcel y quince días con las esposas continuamente, incluso durante las comidas y el sueño, fue expulsado. Así terminaba la primera misión javeriana en China. Pero renacían otras misiones en Japón, Indonesia, Formosa, Brasil, Zaire y Sierra Leona, y ahora nos encontramos ya en veintiún países como fruto de aquel sueño llamado “el audaz proyecto” pasando por la cruz y los reveses de la vida.
