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Robertus Kardi 04 Octubre 2024 783

“ Ya no son dos, sino una sola carne ”


En el Evangelio de este domingo (Marcos 10, 2-16), Jesús nos habla del compromiso en el matrimonio y de la sencillez y humildad de los niños, quienes son el ejemplo para entrar en su Reino. En este relato, Jesús nos transmite mensajes importantes en nuestro camino de fe: el amor, la fidelidad, y la apertura de corazón a la gracia de Dios.

En primer lugar, los fariseos se acercan a Jesús con la intención de ponerle una prueba, preguntándole si es lícito que un hombre se divorcie de su mujer. ¿Cómo responde Jesús? Nos lleva de vuelta al principio, al plan original de Dios: "Desde el principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer... lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre."

Aquí, Jesús no está imponiendo una ley estricta para condenar, sino recordándonos el hermoso propósito del matrimonio. El matrimonio es un regalo de Dios, una unión de amor que refleja el amor fiel de Dios hacia nosotros. Sabemos que en la vida puede haber dificultades, y Jesús no ignora las heridas ni los sufrimientos que pueden surgir en las relaciones. Pero su mensaje es claro: el amor verdadero requiere compromiso, sacrificio, y una entrega total al otro. El matrimonio no es solo un contrato, sino una alianza. Es una vocación en la que dos personas están llamadas a caminar juntas en la vida, apoyándose mutuamente, perdonándose, y creciendo en el amor. Y este amor debe ser un reflejo del amor de Dios, que es fiel y nunca nos abandona.

Pero el Evangelio no termina aquí. Después de hablar sobre el matrimonio, vemos cómo la atención se dirige hacia los niños. A Jesús le traen niños para que los bendiga, pero los discípulos tratan de impedirlo. ¿Y qué hace Jesús? Se indigna y dice: "Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios." ¿Qué significa esto? Jesús nos muestra que el Reino de Dios pertenece a los sencillos, a los que tienen un corazón humilde, como el de los niños. Los niños no tienen grandes pretensiones, no buscan el poder o el reconocimiento; confían, aman y dependen de los demás con una inocencia pura. Y Jesús nos invita a tener esa misma actitud ante Dios. Debemos aprender a confiar más en Él, a ser humildes, a reconocer que lo necesitamos en nuestra vida, como un niño confía en sus padres.

En resumen: el Evangelio de este domingo nos habla de dos cosas fundamentales: el amor fiel y la humildad. Nos recuerda que Dios nos ha llamado a amar como Él ama, con fidelidad, entrega y sacrificio. Y nos pide que tengamos un corazón abierto, como el de los niños, un corazón que confía en Dios.

 

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