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Robertus Kardi 29 Noviembre 2024 2393

“ Estad despiertos en todo tiempo ”


Este Domingo, empieza el Adviento, el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, invitándonos a levantar la mirada y abrir nuestros corazones para recibir a Jesús. En Adviento, no vivimos solamente la espera navideña, también estamos invitados a despertar la espera del glorioso regreso de Cristo —cuando volverá al final de los tiempos— preparándonos para el encuentro final con él mediante decisiones coherentes y valientes. Recordamos la Navidad, esperamos el glorioso regreso de Cristo y también nuestro encuentro personal: el día que el Señor nos llame. Durante estas cuatro semanas, estamos llamados a despojarnos de una forma de vida resignada y rutinaria y a salir alimentando esperanzas, alimentando sueños para un futuro nuevo. El evangelio de este domingo va precisamente en esta dirección y nos advierte de que no nos dejemos oprimir por un modo de vida egocéntrico o de los ritmos convulsos de los días. Resuenan de forma particularmente incisiva las palabras de Jesús: “. Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; […] Estad en vela, pues, orando todo el tiempo”.

Estar despiertos y orar: he aquí como vivir este tiempo desde hoy hasta la Navidad. Estar despiertos y orar. El sueño interno viene siempre de dar siempre vueltas en torno a nosotros mismos, y del permanecer encerrados en nuestra propia vida con sus problemas, alegrías y dolores, pero siempre dando vueltas en torno a nosotros mismos. Y eso cansa, eso aburre, esto cierra a la esperanza. Esta es la raíz del letargo y de la pereza de las que habla el Evangelio. El Adviento nos invita a un esfuerzo de vigilancia, mirando más allá de nosotros mismos, alargando la mente y el corazón para abrirnos a las necesidades de la gente, de los hermanos y al deseo de un mundo nuevo. Es el deseo de tantos pueblos martirizados por el hambre, por la injusticia, por la guerra; es el deseo de los pobres, de los débiles, de los abandonados. Este es un tiempo oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién gastamos nuestras vidas.

La segunda actitud para vivir bien el tiempo de la espera del Señor es la oración. “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación»” (v. 28), es la admonición del evangelio de Lucas. Se trata de levantarse y rezar, dirigiendo nuestros pensamientos y nuestro corazón a Jesús que está por llegar. Uno se levanta cuando se espera algo o a alguien. Nosotros esperamos a Jesús, queremos esperarle en oración, que está estrechamente vinculada con la vigilancia.  Nosotros esperamos a Jesús y queremos esperarle en oración, que está estrechamente vinculada con la vigilancia. (Fuente: Papa Francisco)

Por tanto, vivamos este Adviento como un tiempo de gracia, atentos y en oración, con el corazón abierto a Dios y a los demás. Que nuestra vigilancia despierte la esperanza y nuestra oración fortalezca nuestra fe, para que, al llegar el Señor, nos encuentre preparados, con nuestras lámparas encendidas y el corazón dispuesto a acogerle.

 

COMENTARIOS

  • Dominicos
  • Miguel Ángel Munárriz: ¿Puede Dios fracasar? El camino hacia la libertad es mucho más largo de lo que podemos imaginar.
  • José Luis Sicre: Justicia, paz y liberación. Al principio se hablaba de la pronta vuelta de Jesús. Como esa esperanza no se cumplía, la iglesia pasó de celebrar su última venida a celebrar la primera, el nacimiento.
  • Fidel Aizpurúa: Estad despiertos en todo tiempoJesús es para nosotros un modelo de fe despierta: ora con pasión durante la noche, se encuentra con la gente en los caminos y toma partido por los desfavorecidos, se entrega con valentía sin medir las consecuencias, respira con todo lo creado.
  • José Antonio Pagola: Sin matar la esperanza. Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser.
  • Inma Eibe: Despiertos en todo tiempo. La Iglesia elige este evangelio al comienzo de un nuevo año litúrgico, en el inicio del Adviento, tiempo de espera y esperanza, para animarnos a alzar nuestras cabezas y mantenernos alerta, en vigilia; para despejar nuestra mirada de modo que ésta sea capaz de atravesar el dolor y el miedo para descubrir al Señor que está en medio de su pueblo.

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